Antes de pelear, se abrazan: el sorprendente lenguaje del tacto de chimpancés y bonobos
Los abrazos no son solo una muestra de afecto: también pueden ser una herramienta para evitar conflictos. Un estudio demuestra que los chimpancés y los bonobos recurren al tacto para reforzar la confianza antes de competir, un comportamiento que podría tener un origen evolutivo compartido con los seres humanos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un joven bonobo consuela con un abrazo a otro juvenil tras un episodio de agresión. Este tipo de contacto físico ayuda a reducir la tensión, reforzar los vínculos sociales y favorecer la convivencia. Cortesía: Zanna Clay / Lola ya Bonobo Sanctuary.
A pocos segundos de que aparezca una bandeja repleta de cacahuetes, la tensión se adueña del grupo. Los chimpancés saben que tendrán que competir por un recurso limitado y que cualquier movimiento en falso puede desencadenar una pelea. Sin embargo, antes de que llegue la comida ocurre algo inesperado. Algunos se abrazan. Otros se cogen de la mano. Hay quien acaricia a un compañero y quien, en un gesto de confianza casi temerario, introduce un dedo en la boca de otro macho. Solo después comienza la competición.
Lejos de ser simples muestras de afecto, estos gestos parecen cumplir una función muy concreta: reducir la tensión antes de que aparezca el conflicto. Cuanto más contacto físico intercambian los animales durante esos minutos de espera, más tiempo permanecen alimentándose juntos y menos probabilidades hay de que la competencia desemboque en enfrentamientos.
Esa es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, que aporta una de las pruebas más sólidas hasta la fecha de que el tacto cumple una función preventiva: no solo sirve para consolar después de un conflicto, sino también para evitar que este llegue a producirse. El hallazgo, además, tiene implicaciones que van mucho más allá del comportamiento de chimpancés y bonobos. Al tratarse de nuestros parientes vivos más cercanos, los investigadores creen que esta forma de comunicación podría formar parte de una antigua estrategia evolutiva heredada de un ancestro común que vivió hace entre seis y siete millones de años.
Como se hizo el experimento
Para comprobar si el contacto físico podía modificar la conducta de los grandes simios en situaciones de tensión, un equipo de psicólogos de la Universidad de Durham (Reino Unido) observó a 116 chimpancés (Pan troglodytes) y bonobos (Pan paniscus), distribuidos en cinco grupos que viven en los santuarios Lola ya Bonobo, en la República Democrática del Congo, y Chimfunshi, en Zambia.
Los investigadores recurrieron a una prueba experimental conocida como peanut swing. El procedimiento era sencillo, pero muy eficaz. Primero hacían sonar una llamada familiar para que los animales acudieran al borde del recinto. Todos sabían perfectamente lo que iba a ocurrir: unos minutos después aparecería una bandeja cargada de cacahuetes.
Durante esos cinco minutos de espera, mientras aumentaba la expectación, los científicos registraban todas las interacciones sociales. Después liberaban la comida en un espacio reducido, obligando a los animales a compartir una zona donde el alimento era limitado y, por tanto, susceptible de generar competencia.
Una competición cuidadosamente diseñada
En total, el equipo analizó 45 sesiones experimentales y más de diez horas de grabaciones de vídeo, y anotaron de forma sistemática:
1️⃣ Quién iniciaba el contacto físico.
2️⃣ Qué tipo de gesto utilizaba.
3️⃣ Cómo influía posteriormente en el comportamiento durante la alimentación compartida.
Este minucioso trabajo permitió cuantificar por primera vez el efecto del tacto tranquilizador antes de una situación potencialmente conflictiva.
Dos jóvenes chimpancés se funden en un abrazo en un santuario forestal. El estudio demuestra que estos gestos de contacto físico no son simples muestras de afecto, sino una estrategia para reforzar la confianza y reducir la tensión antes de situaciones potencialmente conflictivas. Cortesía: Jake Brooker / Chimfunshi Wildlife Orphanage Trust.
Qué observaron los investigadores
Los resultados fueron llamativos. Los individuos que habían intercambiado más abrazos, caricias y otros contactos físicos tranquilizadores antes de la llegada de la comida permanecían después más tiempo alimentándose unos junto a otros y mostraban una mayor tolerancia hacia sus compañeros. En otras palabras, un simple gesto de cercanía parecía favorecer la convivencia precisamente en uno de los momentos de mayor tensión del día.
Los resultados fueron consistentes tanto en chimpancés como en bonobos. Como resumen los propios autores en el artículo científico, un mayor contacto afiliativo antes de la llegada de la comida aumentó la tolerancia durante la alimentación compartida. En la práctica, cuanto más reforzaban sus vínculos antes de competir, más capaces eran de compartir el alimento sin que aparecieran enfrentamientos.
🗣️ «El contacto social es una herramienta de comunicación extraordinariamente poderosa y probablemente existía mucho antes de la aparición del lenguaje —explica el primatólogo Jake Brooker, primer autor del estudio. Y añade—: El hecho de que chimpancés y bonobos recurran al tacto de una forma tan parecida a la nuestra sugiere que este comportamiento tiene raíces evolutivas muy profundas».
Para este especialista del Departamento de Psicología de Durham, «la comparación entre los bonobos y los chimpancés —nuestros dos parientes más cercanos— ofrece una perspectiva fascinante sobre las raíces evolutivas de la conducta social y sobre cómo ellos, y nosotros, gestionamos la tensión, la competencia y la cooperación».
Mucho más que celebrar la llegada de la comida
Hasta ahora, algunos primatólogos interpretaban estas conductas como una especie de celebración colectiva cuando aparecía un recurso valioso. Sin embargo, el nuevo estudio propone una explicación muy distinta.
Los autores observaron que esos abrazos, besos corporales, caricias y otros gestos de contacto físico aparecían precisamente cuando la tensión comenzaba a aumentar, antes incluso de que surgiera el menor conflicto. La llegada de la comida representaba tanto una oportunidad como una posible fuente de enfrentamientos, una situación muy similar a la que estos animales viven en libertad cuando encuentran un árbol cargado de fruta madura.
🗣️ Según la profesora Zanna Clay, experta en grandes simios y autora sénior del estudio, estas conductas constituyen una estrategia preventiva para comunicar intenciones pacíficas antes de competir por un recurso limitado: «Nuestro trabajo demuestra que el tacto desempeña un papel profundo y antiguo en la regulación de las relaciones sociales, especialmente cuando aumentan la tensión y la competencia por los recursos».
Una hembra adulta de chimpancé reconforta a una cría angustiada mediante el contacto físico. Más allá del cuidado maternal, estos gestos desempeñan un papel clave para calmar el estrés, fortalecer los vínculos sociales y mantener la cohesión del grupo. Cortesía: Jake Brooker / Chimfunshi Wildlife Orphanage Trust.
No todos los abrazos son iguales
El estudio también revela que cada especie adapta estas muestras de afecto a su propia organización social.
✅ Entre los bonobos fueron sobre todo las hembras quienes intercambiaron más gestos tranquilizadores entre ellas. No resulta sorprendente. Las sociedades de bonobos están organizadas alrededor de fuertes alianzas femeninas que desempeñan un papel decisivo en la estabilidad del grupo y limitan la agresividad de los machos.
✅ En los chimpancés ocurrió justo lo contrario. Los principales protagonistas de estas muestras de contacto fueron los machos, cuya cooperación resulta esencial para formar coaliciones, defender posiciones dentro del grupo y gestionar las complejas relaciones de poder que caracterizan a esta especie.
Estas diferencias no significan que una especie sea más afectuosa que la otra. Más bien reflejan que cada una utiliza el contacto físico para reforzar los vínculos sociales que resultan más importantes para mantener la cohesión de su comunidad.
¿En qué se diferencian bonobos y chimpancés?
¿Por qué meter un dedo en la boca de otro chimpancé es una muestra extrema de confianza?
Entre todas las conductas observadas hubo una que llamó especialmente la atención de los investigadores. Algunos machos de chimpancé introducían deliberadamente sus dedos, las manos o incluso otras partes del cuerpo en la boca de otro individuo durante los momentos previos a la competición por la comida.
Para cualquier observador podría parecer una conducta temeraria. Y, de hecho, lo es.
Los chimpancés poseen una mordida extraordinariamente potente, y durante los conflictos pueden llegar a amputar dedos o causar heridas muy graves. Precisamente por eso, permitir que otro individuo coloque un dedo dentro de la propia boca constituye una demostración excepcional de confianza.
Los científicos consideran que este comportamiento representa una de las señales de cooperación más extremas descritas hasta ahora en grandes simios. Exponer voluntariamente una parte tan vulnerable del cuerpo solo tiene sentido cuando existe la certeza de que el otro individuo no aprovechará esa situación para atacar.
🗣️ «Los chimpancés suelen asociarse con la agresividad, pero estos comportamientos revelan un nivel muy profundo de confianza y una disposición a mostrarse vulnerables para gestionar momentos de tensión», explica Brooker.
Una hembra introduce la mano en la boca de un macho de chimpancé, un gesto de enorme vulnerabilidad que solo se produce cuando existe un alto grado de confianza entre ambos. Cortesía: Jake Brooker / Chimfunshi Wildlife Orphanage Trust.
Una herramienta social con millones de años de historia
El hecho de que tanto bonobos como chimpancés —dos especies con organizaciones sociales muy distintas— recurran a estrategias tan parecidas resulta especialmente revelador para los investigadores. Si ambos linajes han conservado estos comportamientos, la explicación más probable es que ya estuvieran presentes en el último ancestro común que compartimos con ellos, mucho antes de la aparición de Homo sapiens.
Bonobos y chimpancés representan nuestros parientes vivos más cercanos. Compartimos con ellos un antepasado que vivió hace entre seis y siete millones de años. Por eso, cuando ambas especies muestran una misma coonducta compleja, los biólogos suelen considerar que quizá ya formaba parte del repertorio social de aquel antepasado.
Los autores sostienen que el contacto físico tranquilizador podría constituir una de las herramientas más antiguas para gestionar la convivencia dentro de grupos sociales complejos. Si esta interpretación es correcta, los abrazos, las caricias o el hecho de cogerse de la mano para transmitir calma serían comportamientos muy anteriores a nuestra propia especie.
🗣️ Para la profesora Clay, estos resultados también invitan a revisar una idea muy extendida sobre la evolución humana: «A menudo prestamos mucha atención a la agresividad y al conflicto, pero nuestro linaje también desarrolló estrategias conductuales extraordinariamente sofisticadas para proteger las relaciones sociales y mantener la cooperación cuando aumentaba la tensión».
Tocar antes de hablar
Uno de los aspectos más sugerentes del estudio es que sitúa el origen del contacto físico tranquilizador en una etapa muy anterior a la aparición del lenguaje.
Antes de que existieran las palabras, nuestros antepasados ya necesitaban comunicar intenciones, resolver tensiones y demostrar que podían confiar unos en otros. En ese contexto, un abrazo, una caricia o una mano entrelazada podían transmitir un mensaje inmediato y universal: «No represento una amenaza».
Los investigadores creen que el tacto pudo convertirse así en una de las primeras formas de comunicación social de los grandes simios, grupo en el que también están los gorilas y los orangutanes. Frente a otros sistemas de comunicación, el contacto físico ofrece una ventaja evidente: reduce la incertidumbre de forma inmediata y ayuda a reforzar la confianza precisamente cuando las emociones están más a flor de piel.
Tal vez por eso el tacto sigue desempeñando un papel tan importante entre los seres humanos. Desde los primeros minutos de vida, el contacto piel con piel favorece el vínculo entre padres e hijos. Más adelante, un abrazo, una mano sobre el hombro o un simple apretón de manos ayudan a reducir el estrés, aumentar la confianza y facilitar la cooperación incluso entre personas que apenas se conocen.
Dos jóvenes bonobos huérfanos se reconfortan con un abrazo en el santuario Lola ya Bonobo. Cortesía: Zanna Clay / Lola ya Bonobo Sanctuary.
El tacto como herramienta para evitar conflictos
El estudio también cambia la forma de interpretar estas conductas. Hasta ahora, por ejemplo, muchas investigaciones se habían centrado en el contacto físico que aparece después de una pelea, cuando sirve para reconciliar a los individuos enfrentados. Sin embargo, este trabajo demuestra que el tacto también puede actuar antes de que el conflicto llegue a producirse.
Es una diferencia importante. En lugar de limitarse a reparar relaciones dañadas, los abrazos y las caricias parecen funcionar como una herramienta preventiva que reduce las probabilidades de que la agresividad llegue a estallar.
Los científicos comprobaron además que este efecto era especialmente evidente en los grupos más tolerantes. Allí, los individuos que intercambiaban más contacto físico antes de la llegada de la comida convivían después con mayor tranquilidad alrededor del alimento. En las comunidades más jerárquicas o con relaciones sociales más tensas, en cambio, ese efecto era mucho menos acusado.
Todo ello sugiere que el tacto no actúa de manera aislada, sino que forma parte de un clima social basado en la confianza. Cada gesto de cercanía contribuye a reforzar relaciones que, llegado el momento de competir por un recurso valioso, hacen menos probable que el conflicto termine estallando.
Una pieza más para entender la evolución de la cooperación
El hallazgo encaja con una idea que cada vez gana más peso entre los biólogos evolutivos: la historia de nuestra especie no puede explicarse únicamente por el desarrollo de la inteligencia, las herramientas o el lenguaje. La capacidad para cooperar y mantener relaciones sociales estables también fue una ventaja evolutiva decisiva.
El contacto físico desempeña un papel importante en muchas otras especies sociales. Elefantes, delfines, lobos e incluso algunos pequeños mamíferos utilizan el contacto corporal para aliviar el estrés, reforzar alianzas o coordinar la vida del grupo.
Sin embargo, el comportamiento observado en chimpancés y bonobos posee un interés especial, porque se trata de nuestros parientes vivos más próximos. Sus gestos ofrecen una ventana privilegiada para comprender cómo pudieron surgir algunas de las estrategias sociales que todavía hoy utilizamos para resolver tensiones y fortalecer nuestras relaciones.
Los autores consideran que este trabajo abre además nuevas líneas de investigación. Entre otras cuestiones, quieren averiguar si estos gestos producen cambios fisiológicos medibles, como una disminución de los niveles de cortisol —la principal hormona relacionada con el estrés—, cuánto tiempo dura ese efecto y si depende del grado de amistad o parentesco entre los individuos que intercambian el contacto.
Un abrazo puede transmitir confianza, aliviar el estrés y reforzar los vínculos sociales incluso antes de que aparezca un conflicto. El nuevo estudio sugiere que esta forma de comunicación no verbal, tan habitual entre los seres humanos, tiene profundas raíces evolutivas compartidas con chimpancés y bonobos. Foto de Rachel Coyne en Unsplash
Un espejo de nosotros mismos
Los abrazos, las caricias o las manos entrelazadas suelen interpretarse como simples muestras de afecto. Sin embargo, este estudio invita a contemplarlos desde otra perspectiva. También son herramientas de comunicación capaces de reducir la incertidumbre, reforzar la confianza y facilitar la convivencia cuando aumenta la tensión.
Quizá esa sea una de las lecciones más interesantes que dejan los chimpancés y los bonobos. Cuando dos individuos se abrazan antes de competir por un recurso escaso, no están protagonizando una escena anecdótica ni un gesto impulsivo de cariño. Están poniendo en práctica una sofisticada estrategia social que aumenta las probabilidades de cooperación y fortalece la estabilidad del grupo.
Después de millones de años de evolución, es posible que nosotros sigamos haciendo exactamente lo mismo. Cada abrazo que calma una discusión, cada mano que busca otra en un momento difícil o cada gesto de consuelo que evita un enfrentamiento podría ser mucho más que una simple expresión de afecto. Tal vez sea la versión moderna de una antigua herramienta evolutiva que nuestros antepasados ya utilizaban para transformar la competencia en cooperación.▪️(23-julio-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un estudio analizó a 116 chimpancés y bonobos distribuidos en cinco grupos de dos santuarios africanos.
- Los abrazos, las caricias y otros gestos de contacto físico reducen la tensión antes de competir por la comida.
- Los animales que intercambiaban más contacto físico tranquilizador compartían el alimento durante más tiempo y mostraban menos conflictos.
- El comportamiento aparece tanto en chimpancés como en bonobos, lo que apunta a un origen evolutivo común.
- Los investigadores creen que esta forma de contacto ya existía hace entre seis y siete millones de años en el ancestro compartido con los humanos.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Chimpancés, Bonobos y Contacto Físico
🐒 ¿Por qué se abrazan los chimpancés antes de competir por la comida?
Porque el contacto físico reduce la tensión social y aumenta la tolerancia entre individuos, disminuyendo el riesgo de conflictos durante la alimentación.
🐒 ¿Los bonobos también utilizan abrazos para evitar conflictos?
Sí. El estudio demuestra que los bonobos recurren a abrazos, caricias, manos entrelazadas y otros gestos tranquilizadores antes de situaciones competitivas.
🐒 ¿Qué significa que un chimpancé meta un dedo en la boca de otro?
Es una extraordinaria muestra de confianza. Los chimpancés pueden infligirse graves mordeduras durante los conflictos, por lo que permitir este contacto indica una relación social muy sólida.
🐒 ¿Qué especies participaron en el estudio?
116 chimpancés (Pan troglodytes) y bonobos (Pan paniscus) distribuidos en cinco grupos sociales.
🐒 ¿Dónde se realizó la investigación?
En los santuarios Lola ya Bonobo (República Democrática del Congo) y Chimfunshi (Zambia).
🐒 ¿Qué revista publicó el estudio?
Proceedings of the Royal Society B.
🐒 ¿Qué implicaciones tiene para entender la evolución humana?
Los resultados sugieren que el contacto físico tranquilizador ya existía en el ancestro común de humanos, chimpancés y bonobos hace entre seis y siete millones de años.
Información facilitada por la Universidad de Durham
Fuente: Jake S. Brooker, Zoë Goldsborough, Edwin J. C. van Leeuwen, Stephanie Kordon, Christine E. Webb, Zanna Clay. Reassuring body contact promotes social tolerance in bonobos and chimpanzees. Proceedings of the Royal Society B (2026). DOI: https://doi.org/10.1098/rspb.2025.3190

