La ciencia descubre que los caballos reconocen a un depredador aunque no lo demuestren: su corazón se acelera, pero mantienen «cara de póquer»
Basta la imagen de un lobo para que salten todas las alarmas en el organismo de un caballo. Sin embargo, lejos de salir huyendo o mostrar miedo, este permanece aparentemente impasible mientras su corazón comienza a latir mucho más deprisa.

