El telescopio perdido de Galileo que puede cambiar la historia de la astronomía
Un manuscrito español de 1666 describe con asombroso detalle un telescopio de cuatro lentes atribuido a Galileo. Si se confirma su autoría, el hallazgo obligaría a reescribir uno de los capítulos fundamentales de la astronomía.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Imagen artísitica de Galileo Galilei examinando un telescopio experimental de cuatro lentes en su taller de Florencia hacia 1630, en una recreación del misterioso instrumento descrito décadas después en un manuscrito español. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Un telescopio de Galileo aparece en un manuscrito de 1666
El 8 de agosto de 1666, en Ciudad de México, el virrey de Nueva España entregó un telescopio a un fraile dominico recién llegado de Filipinas y le ordenó que lo examinara pieza por pieza. El instrumento tenía cuatro lentes, siete tubos encajados unos dentro de otros y una posible procedencia extraordinaria. Según anotó el religioso en latín, había sido fabricatum a Galilaeo, o sea, fabricado por Galileo.
Más de tres siglos y medio después, aquella breve frase podría obligar a revisar un capítulo esencial de la historia del telescopio y de la óptica moderna.
La descripción permanecía oculta entre las 944 páginas del Observationes diversarum artium, un voluminoso manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional, en Madrid (España) bajo la signatura Mss/7111. Su autor fue Ignacio Muñoz, un erudito español con conocimientos de matemáticas, astronomía, navegación, arquitectura y otras disciplinas.
El historiador José María Moreno Madrid, investigador de la Universidad de Limerick, en Irlanda, ha localizado y estudiado ahora el pasaje en un trabajo publicado en la revista Annals of Science.
El artículo reproduce las páginas originales, transcribe el texto latino, ofrece una traducción al inglés y reconstruye las medidas del aparato a partir de los dibujos realizados por Muñoz. Es, según el investigador, el análisis técnico más minucioso conocido de un telescopio que el propio documento atribuye a Galileo Galilei, astrónomo, físico y matemático italiano considerado uno de los padres de la ciencia moderna. Descubrió los principales satélites de Júpiter, defendió que la Tierra gira alrededor del Sol y perfeccionó el telescopio, entre otras cosas.
¿Demuestra el manuscrito que Galileo construyó el telescopio?
La afirmación, sin embargo, exige una cautela fundamental: el manuscrito demuestra que en 1666 existía un telescopio de cuatro lentes considerado obra del científico italiano, pero no prueba definitivamente que saliera de sus manos. No se conserva el instrumento, tampoco ha aparecido una factura, una carta de entrega o un inventario que permita seguir su recorrido completo.
La relevancia del hallazgo depende, por tanto, de que aquella atribución contemporánea fuera correcta. Si lo era, Galileo habría experimentado con telescopios terrestres de cuatro lentes alrededor de 1630, al menos trece años antes de lo que indican las cronologías aceptadas.
El propio Moreno Madrid reconoce las dificultades documentales, pero considera que la claridad de la atribución y los vínculos del propietario con la corte española justifican que se investigue esta posibilidad.
Página del manuscrito Observationes diversarum artium (1666), de Ignacio Muñoz, con anotaciones y diagramas ópticos del telescopio de cuatro lentes atribuido a Galileo. Cortesía: Biblioteca Nacional de España, Mss/7111.
Cómo funcionaba el telescopio de cuatro lentes
El telescopio que hoy asociamos al nombre de Galileo era un aparato relativamente sencillo. Combinaba un objetivo convexo, que estaba situado en la parte frontal, con un ocular cóncavo próximo al ojo. Producía una imagen derecha, pero tenía un campo visual muy estrecho. El diseño astronómico propuesto por el astrónomo alemán Johannes Kepler utilizaba dos lentes convexas y ampliaba el campo de visión, aunque mostraba los objetos invertidos.
Para observar paisajes, barcos, fortificaciones o ceremonias cortesanas, esa inversión resultaba incómoda. Los fabricantes terminaron incorporando lentes adicionales que volvían a enderezar la imagen.
El aparato descrito por Muñoz pertenece a esta última familia: era un telescopio terrestre de cuatro lentes con un ocular erector. El fraile anotó el diámetro y la curvatura de las lentes, las separaciones entre ellas, la posición del ojo y la estructura del tubo.
Según su descripción, el cuerpo estaba formado por siete segmentos telescópicos de papel o cartón, reforzados con anillos de madera. En los extremos había tapas enroscadas y pequeñas aberturas semejantes al tamaño de la pupila. La lente más alejada del observador —el objetivo— era plana por una cara y convexa por la otra. Los esquemas conservan incluso líneas que funcionan como patrones de medida.
Por qué el hallazgo puede cambiar la historia del telescopio
La aparición del telescopio terrestre de cuatro lentes suele situarse entre los años 1643 y 1645, y se relaciona principalmente con el capuchino bohemio Anton Maria Schyrleus de Rheita y con el fabricante alemán Johannes Wiesel. Este último escribía en 1647 que los telescopios de ese tipo eran muy recientes.
Durante la segunda mitad del siglo XVII, constructores como Eustachio Divini y Giuseppe Campani contribuyeron a extenderlos por Europa. Pero si el aparato examinado en México procedía realmente del taller de Galileo, habría que retroceder su origen hasta 1630. El científico italiano pasaría a ocupar también un lugar destacado en el nacimiento del telescopio terrestre de cuatro lentes, no solo en el perfeccionamiento del instrumento de dos lentes que lleva su nombre.
La paradoja es llamativa: el análisis técnico más completo de un posible telescopio de Galileo no describiría un telescopio galileano, sino un diseño óptico diferente y mucho más complejo.
Segunda página de De Tellescopiis Stellarum (1666), en la que Ignacio Muñoz completa la descripción del telescopio atribuido a Galileo; el resto contiene notas sobre una obra astronómica de Cristoforo Borri. Cortesía: Biblioteca Nacional de España, Mss/7111.
La conexión entre Galileo y Felipe IV
La posible explicación conduce a la corte de Felipe IV. Entre 1612 y 1631, Galileo intentó que la monarquía española premiara su método para determinar la longitud geográfica en alta mar. El problema era vital para los grandes imperios marítimos: sin un modo fiable de conocer la posición este-oeste de un barco, las travesías acumulaban errores capaces de provocar naufragios o hacer desaparecer flotas enteras.
Galileo propuso utilizar como un reloj celeste los eclipses y movimientos de los satélites de Júpiter que había descubierto en 1610. Para aplicarlo, los navegantes tendrían que observarlos desde los barcos con sus telescopios, una tarea extremadamente complicada sobre una cubierta en movimiento.
El método era ingenioso, pero requería observar las lunas jovianas con un telescopio desde la cubierta inestable de un barco. En la práctica, resultaba extremadamente difícil.
Los tres telescopios enviados a España
En un intento de ganarse el favor de Felipe IV, Galileo envió a Madrid un gran telescopio y otro más pequeño. El mayor medía aproximadamente tres braccia florentinas, unos 1,75 metros. Llegó el 31 de agosto de 1630 y fue instalado sobre un soporte fabricado por el ingeniero florentino Cosimo Lotti. El rey lo probó el 10 de septiembre en El Escorial y quedó impresionado porque permitía distinguir desde el palacio una cruz situada a una legua de distancia.
La experiencia duró poco: dos días después, la lente principal se desprendió, cayó al suelo y se hizo añicos.
Felipe IV pidió a Galileo una lente de repuesto y un nuevo telescopio pequeño para la reina Isabel de Francia. Ambos llegaron a Madrid a finales de 1631, transportados por Francesco de Médici. A partir de ese momento se pierde el rastro de los instrumentos. El telescopio grande no puede ser el descrito por Muñoz porque sus dimensiones no coinciden, pero alguno de los dos aparatos pequeños sí podría serlo. Su configuración óptica nunca quedó registrada en la correspondencia conservada.
José María Moreno Madrid, investigador de la Facultad de Historia y Geografía de la Universidad de Limerick y descubridor del manuscrito que describe un telescopio atribuido a Galileo. Cortesía: Becky Holladay / Universidad de Limerick.
La posible ruta del telescopio: de Florencia a México
Aquí entra en escena Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar, segundo marqués de Mancera y virrey de Nueva España entre 1664 y 1673.
Antes de viajar a México había sido embajador en Venecia, desempeñado cargos en Milán y mantenido estrechos vínculos con la corte española. Moreno Madrid plantea que pudo recibir uno de los telescopios como recompensa por sus servicios.
Existe, no obstante, una explicación menos extraordinaria. El marqués pudo comprar en Europa un telescopio fabricado después de 1640 cuyo vendedor, aprovechando la fama de Galileo, lo presentó como una pieza auténtica. Las atribuciones prestigiosas también servían entonces para aumentar el valor de los objetos científicos.
Ignacio Muñoz, el fraile sometido a examen
El otro protagonista de la historia, Ignacio Muñoz, tampoco era un observador casual. Nacido en Espinosa de los Monteros, en Burgos, entre 1608 y 1612, ingresó en los dominicos y viajó en 1634 a Filipinas.
Su participación en el intento no autorizado de crear una nueva congregación religiosa acabó llevándolo al exilio en la India portuguesa. Años después prometió a Felipe IV una revolucionaria propuesta náutica para mejorar el funcionamiento de las flotas hispánicas.
A cambio, el rey aceptó financiar su regreso a España a través de la ruta del Galeón de Manila.
Cuando Muñoz llegó a Nueva España en 1666, el marqués de Mancera sospechó que el fraile podía estar exagerando sus conocimientos para conseguir un viaje pagado por la Corona. Decidió someterlo a varias pruebas científicas, entre ellas desmontar y analizar el telescopio. Esa desconfianza produjo, paradójicamente, un documento de extraordinario valor. Aquella desconfianza produjo, paradójicamente, uno de los documentos técnicos más valiosos sobre la óptica del siglo XVII.
Por qué existen tan pocos datos sobre los telescopios de Galileo
Galileo no dejó una descripción técnica completa de sus telescopios. Mencionó algunos aumentos y explicó de forma general cómo utilizaba los instrumentos, pero no publicó información precisa sobre la distancia focal, los diámetros de las lentes, los materiales de los tubos o los sistemas de montaje.
Este silencio probablemente fue deliberado. El telescopio no era solo una herramienta científica: también constituía un instrumento de prestigio, influencia política y acceso a las cortes europeas. Revelar todos sus secretos habría facilitado que otros constructores copiaran sus avances.
Ni siquiera los dos telescopios conservados en el Museo Galileo de Florencia resuelven definitivamente el misterio. Aunque se atribuyen tradicionalmente al científico, su autoría no está aceptada de manera unánime. De los ocho telescopios fabricados durante la primera mitad del siglo XVII que han llegado hasta nuestros días, ninguno posee una cadena documental que permita adjudicárselo inequívocamente.
Los dos telescopios del siglo XVII atribuidos a Galileo Galilei y conservados en el Museo Galileo de Florencia. Su autoría, sin embargo, no está aceptada de forma unánime por los especialistas. Cortesía: Museo Galileo, Florencia.
Qué dicen los estudios recientes sobre los instrumentos de Galileo
Las investigaciones actuales combinan documentos históricos, análisis ópticos y reconstrucciones experimentales para determinar qué podía verse realmente con aquellos primeros telescopios.
En 2024, Antonio Marzoa y Santiago Vallmitjana reconstruyeron un telescopio galileano en el laboratorio. El experimento permitió estudiar cómo las aberraciones ópticas, la calidad de las lentes, la resolución y el estrecho campo visual condicionaban las observaciones astronómicas.
Un años después, una investigación publicada en Journal for the History of Astronomy examinó el telescopio representado por Jusepe de Ribera en su alegoría de la vista. El estudio cuestionó su supuesta relación con los instrumentos conservados en Florencia y mostró lo arriesgado que resulta identificar un telescopio únicamente mediante semejanzas visuales.
Otro análisis disponible como prepublicación en arXiv ha comparado con simulaciones astronómicas modernas los 64 dibujos de los satélites de Júpiter publicados por Galileo en el Sidereus Nuncius. Los resultados indican que, pese a las limitaciones del telescopio, sus observaciones permitían obtener periodos orbitales sorprendentemente próximos a los valores actuales.
Un descubrimiento importante, aunque la autoría no se confirme
El manuscrito de Ignacio Muñoz no reescribe todavía la historia de Galileo, pero abre una vía de investigación inesperada. Para confirmar la atribución será necesario localizar correspondencia, inventarios de la corte española, registros de regalos diplomáticos o alguna pista material sobre el paradero del telescopio.
Incluso si se demuestra que el instrumento no fue fabricado por Galileo, De Tellescopiis Stellarum seguirá siendo una de las descripciones más completas de un telescopio del siglo XVII. También confirma que el conocimiento científico no circulaba únicamente por Florencia, Roma, París o Londres.
Los telescopios viajaban como herramientas de observación, regalos diplomáticos, símbolos de poder y objetos de prestigio por una red que conectaba Florencia, Madrid, Manila y Ciudad de México. La frase escrita por Muñoz es contundente; las pruebas disponibles todavía no lo son. Pero el hallazgo obliga a contemplar la historia del telescopio con una lente diferente.
La frase escrita por Muñoz es contundente; las pruebas disponibles, todavía no. Resolver el misterio requerirá encontrar nueva correspondencia, inventarios cortesanos o, en el escenario más improbable, el propio telescopio. Hasta entonces, el hallazgo no reescribe la historia de Galileo, pero sí obliga a volver a leerla con una lente distinta. ▪️(3-septiembre-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un manuscrito desconocido: un documento de 1666 conservado en la Biblioteca Nacional de España describe detalladamente un telescopio atribuido a Galileo Galilei.
- Un diseño de cuatro lentes: el instrumento tenía cuatro lentes y siete tubos encajados, una configuración más compleja que la del telescopio galileano convencional.
- Podría adelantar la historia: si Galileo lo fabricó realmente, habría experimentado con esta tecnología hacia 1630, unos 15 años antes de lo aceptado hasta ahora.
- Una posible conexión española: el aparato podría ser uno de los telescopios que Galileo envió a la corte de Felipe IV.
- Analizado en México: el dominico español Ignacio Muñoz desmontó y estudió el instrumento en Ciudad de México por orden del virrey de Nueva España.
- La autoría no está confirmada: el telescopio no se conserva y el manuscrito es la única fuente que lo atribuye directamente a Galileo.
- Un documento excepcional: incluso si la atribución resultara incorrecta, constituye una de las descripciones técnicas más completas de un telescopio del siglo XVII.
Información facilitada por la Universidad de Limerick
Fuente: Moreno Madrid, J. M. (2026). De Tellescopiis Stellarum (1666). Was Galileo experimenting with four-lens terrestrial telescopes by 1630? Annals of Science (2026). DOI: https://doi.org/10.1080/00033790.2026.2661195

