Las aves marinas dibujan el mapa global del mercurio en los océanos
Miles de aves marinas están trazando para los científicos un mapa detallado del mercurio en los océanos al acumular en su sangre la huella de este contaminante global. Un análisis de más de 11.000 ejemplares nos descubre dónde se concentra este metal tóxico y cuestiona cómo lo estábamos midiendo hasta ahora.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un frailecillo transporta peces en su pico durante la época de cría. Como otros depredadores marinos, estas aves acumulan mercurio a través de la cadena alimentaria, lo que permite a los científicos trazar un mapa global de la contaminación en los océanos a partir de muestras de sangre. Foto de Phil Robson en Unsplash
En los confines del planeta, desde las aguas heladas del Ártico hasta los mares australes que rodean la Antártida, hay un mensajero silencioso que recorre miles de kilómetros cada año: las aves marinas. Ahora, un estudio internacional, publicado en la revista Science of The Total Environment, ha demostrado que estos animales no solo surcan los océanos, sino que también dibujan un mapa global de uno de los contaminantes más peligrosos del planeta: el mercurio.
El trabajo, basado en más de 11.000 muestras de sangre de 108 especies distintas de aves marinas, desde albatros hasta pingüinos, constituye la primera gran radiografía mundial de la distribución del mercurio en los océanos obtenida a partir de datos biológicos. Es decir, no se trata de medir directamente el agua o los sedimentos, sino de leer en el propio cuerpo de los animales la huella química del entorno en el que viven.
La idea, aunque poderosa, es sencilla: si el mercurio se acumula a lo largo de la cadena alimentaria, los grandes depredadores marinos, como las aves, actúan como sensores naturales de la contaminación oceánica. Y lo quenos están diciendo no es nada tranquilizador.
¿Por qué es importante el mercurio en los océanos?
El mercurio es un metal pesado presente de forma natural en la Tierra, pero su concentración se ha disparado desde la Revolución Industrial debido a la actividad humana, especialmente la quema de combustibles fósiles y la minería. Hoy, las emisiones humanas superan con creces las naturales, y el ciclo del mercurio se ha intensificado a escala planetaria.
La mayor parte de este metal viaja por la atmósfera y termina depositándose en los océanos. Allí puede permanecer durante siglos y, lo que es más preocupante, transformarse en metilmercurio, una forma altamente tóxica que se incorpora en los tejidos y órganos de los seres vivos.
Este compuesto no se diluye sin más. Al contrario: se concentra y amplifica a medida que asciende en la cadena trófica. Desde el plancton hasta los peces, y de estos a los grandes depredadores, el mercurio se acumula hasta alcanzar niveles peligrosos. Puede afectar al sistema nervioso, alterar el comportamiento y comprometer la reproducción, tanto en animales como en humanos.
Cómo las aves marinas ayudan a medir la contaminación
En este contexto, las aves marinas se convierten en aliadas inesperadas de la ciencia. Estas criaturas ocupan los niveles más altos de la cadena alimentaria, se nutren en amplias regiones del océano y, además, permiten que los científicos puedan tomar muestras sin necesidad de sacrificarlas.
Su sangre, en particular, ofrece una ventana privilegiada: refleja la exposición al mercurio, al incoporar lo que el ave ha ingerido durante semanas o meses. Esto permite vincular la contaminación con zonas geográficas concretas.
El equipo de investigadores recopiló datos de décadas de estudios y los combinaron con nuevas campañas de campo en lugares tan diversos como Japón, Alaska o Nueva Zelanda. El resultado es un conjunto sin precedentes: 478 valores medios de mercurio en sangre, representativos de más de 11.000 individuos.
Aquí es donde radica una de las bondades del estudio.
🗣️ Como explica Akiko Shoji, una de las autoras principales e investigadora de la Facultad de Posgrado de Estudios Ambientales, en la Universidad de Nagoya (Japón), «las aves marinas habitan entornos muy diversos, desde zonas costeras y tropicales hasta regiones polares. Sus variados patrones de alimentación las convierten en indicadores eficaces de la salud global de los océanos».
Mapa global de concentraciones de mercurio en aves marinas basado en más de 11.000 muestras de sangre. Los círculos indican los niveles detectados en distintas regiones oceánicas, revelando patrones de contaminación más elevados en el Atlántico Norte y el Pacífico Norte y más bajos en el Atlántico Sur y el Océano Austral. Cortesía: Nagoya University
Principales hallazgos del estudio
1️⃣ Más mercurio cuanto más alto se está en la cadena alimentaria
El análisis revela un patrón inequívoco: las aves que se sitúan en niveles más altos de la cadena alimentaria presentan mayores concentraciones de mercurio. Es el efecto clásico de la biomagnificación.
Las especies que se alimentan de otros depredadores, como peces grandes, calamares o incluso otras aves, acumulan más contaminantes que aquellas que consumen plancton o pequeños invertebrados.
2️⃣ El tamaño corporal influye
También influye el tamaño corporal: las aves de mayor envergadura tienden a tener niveles más altos de mercurio, tal vez porque consumen presas mayores y de mayor nivel trófico.
Pero no es solo una cuestión de qué comen, sino también de dónde lo hacen.
3️⃣ La profundidad del océano es clave
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio tiene que ver con la llamada zona mesopelágica, situada entre los 200 y los 1.000 metros de profundidad. Allí, en condiciones de poca luz y oxígeno, el mercurio tiende a transformarse en el citado metilmercurio [CH3Hg]+ y a acumularse en mayor medida.
Las aves que se alimentan de presas procedentes de estas profundidades, como ciertos peces y calamares, muestran niveles significativamente más altos de mercurio. Es el caso de albatros y petreles, grandes viajeros oceánicos que recorren miles de kilómetros en busca de alimento.
Este hallazgo subraya que el problema no es uniforme: hay capas del océano más contaminadas que otras, y la dieta de cada especie determina su exposición.
4️⃣ Los océanos menos productivos son más peligrosos
Otro resultado llamativo apunta a la relación entre mercurio y productividad marina. Las aves que habitan regiones con menor concentración de clorofila —un indicador de la abundancia de fitoplancton— tienden a presentar mayores niveles de mercurio.
La explicación es compleja, pero tiene que ver con la estructura de la cadena alimentaria. En aguas pobres en nutrientes, las cadenas tróficas son más largas, lo que amplifica el proceso de biomagnificación. Además, ciertos tipos de plancton en estas regiones pueden absorber más metilmercurio.
En otras palabras: los océanos aparentemente más vacíos pueden ser paradójicamente más peligrosos desde el punto de vista químico.
Mapa global del mercurio en los océanos
A partir de todos estos datos, los investigadores elaboraron modelos para reconstruir la distribución global del mercurio en los océanos. El resultado es un mapa con claras desigualdades:
✅ Las regiones del Atlántico Norte y el Pacífico Norte aparecen como zonas con niveles relativamente altos de contaminación.
✅ También destacan algunas áreas del Pacífico Sur.
✅ En contraste, el Atlántico Sur y el Océano Austral muestran niveles más bajos.
Sin embargo, el panorama no es homogéneo. Incluso dentro de una misma cuenca oceánica hay grandes variaciones, lo que sugiere que factores locales, como corrientes marinas, temperatura o disponibilidad de alimento, juegan un papel importante.
Resultados extrapolados del modelo GAM que estiman la distribución global del mercurio en sangre de aves marinas. Los colores reflejan las diferencias espaciales en la concentración de mercurio, mientras que los puntos negros indican las zonas de muestreo. El panel (A) muestra la predicción para todas las especies analizadas y el (B) para aquellas que se alimentan de presas epipelágicas, evidenciando variaciones regionales en la contaminación oceánica. Cortesía: Jumpei Okado
Diferencias entre modelos científicos
Uno de los objetivos del estudio era comparar este mapa biológico con los modelos oceanográficos tradicionales, que simulan la distribución del mercurio a partir de datos físicos y químicos.
El resultado es, en cierto modo, desconcertante. Cuando se consideran todas las especies, no hay correlación significativa entre ambos enfoques. Solo al centrarse en aves que se alimentan exclusivamente en la superficie (y no en aguas profundas) aparece una correlación débil .
Esto sugiere que los modelos actuales pueden estar captando solo una parte del problema. El mercurio no se distribuye igual en todas las capas del océano ni en todas las formas químicas, y los organismos vivos integran esa complejidad de maneras que los modelos aún no reproducen bien.
🗣️ En este sentido, Shoji subraya la relevancia del enfoque biológico: «el modelo basado en aves marinas se fundamenta en mediciones empíricas obtenidas directamente de organismos vivos y, por tanto, se considera más fiable que los valores derivados de modelos de simulación marina».
Un riesgo desigual para la biodiversidad
Aunque la mayoría de las muestras analizadas se sitúan en niveles considerados de bajo riesgo, el estudio identifica especies y grupos especialmente vulnerables. Entre ellas destacan los albatros, algunos petreles y ciertas aves oceánicas, muchas de ellas ya amenazadas.
En algunos casos, las concentraciones alcanzan niveles que pueden afectar a la reproducción o incluso provocar fallos reproductivos.
Esto añade una nueva presión a especies que ya enfrentan amenazas como la pesca accidental, la pérdida de hábitat o el cambio climático.
Un calamar nada en aguas oceánicas profundas. Estos cefalópodos, clave en la dieta de muchas aves marinas, pueden acumular metilmercurio en la zona mesopelágica, contribuyendo a que el contaminante se concentre en los niveles superiores de la cadena alimentaria. Foto de Jonathan Diemel en Unsplash
Un nuevo enfoque para vigilar el planeta
Más allá de los resultados concretos, el estudio apunta a un cambio de enfoque en la forma de estudiar la contaminación marina.
Frente a las mediciones puntuales o los modelos teóricos, los datos biológicos ofrecen una visión integrada, que refleja lo que realmente ocurre en los ecosistemas.
Las aves marinas en este sentido, se revelan como herramientas valiosas para el seguimiento global del mercurio. Su capacidad para recorrer grandes distancias y acumular contaminantes las convierte en auténticos sensores vivos del estado del océano.
Un océano que guarda memoria
El mercurio que hoy circula por los mares no es solo el resultado de las emisiones actuales, sino también de décadas —incluso siglos— de contaminación acumulada. Su persistencia hace que los efectos se prolonguen en el tiempo, incluso si las emisiones se reducen.
Por eso, comprender su distribución es clave para evaluar la eficacia de acuerdos internacionales como el Convenio de Minamata. De ámbito global y negociado en 2013 en el marco del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), está destinado a reducir la contaminación por mercurio.
Las aves marinas, con sus largos vuelos y su silenciosa exposición, están ayudando a desentrañar ese mapa invisible. Un mapa que no se ve desde satélites ni se mide fácilmente en el agua, pero que está inscrito en la sangre de quienes habitan los océanos.
Y lo que revela es una verdad incómoda: incluso en los lugares más remotos del planeta, la huella humana sigue presente.▪️(10-abril-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Mercurio y Océanos
🐧 ¿Por qué se usa sangre de aves y no agua del océano?
Porque la sangre refleja la contaminación real acumulada en la cadena alimentaria, no solo la concentración puntual en el agua.
🐧 ¿Qué es el metilmercurio?
Es la forma más tóxica del mercurio, que se bioacumula en organismos vivos y se amplifica en la cadena trófica.
🐧 ¿Qué animales acumulan más mercurio?
Los depredadores marinos de alto nivel trófico, como grandes peces, mamíferos marinos y aves como los albatros.
🐧 ¿Dónde hay más mercurio en los océanos?
Principalmente en el Atlántico Norte y Pacífico Norte, aunque varía según condiciones locales.
🐧 ¿Por qué es peligroso el mercurio?
Porque afecta al sistema nervioso, la reproducción y el comportamiento de animales y humanos.
MEDIOAMBIENTE
Información facilitada por la Universidad de Nagoya
Fuente: Jumpei Okado, Bungo Nishizawa, Johannes H. Fischer, Olivia C. Rowley, Yukihiko Toquenaga, Yasuaki Niizuma, Chinatsu Nakajima, Futoshi Ujiie, Toru Kawai, Shannon Whelan, Scott A. Hatch, Paco Bustamante, Graeme Elliott, Graham C. Parker, Kalinka Rexer-Huber, Kate Simister, Grace Tocker, Kath Walker, Heiko U. Wittmer, Igor Debski, Akiko Shoji. Global drivers of variation in blood mercury of seabirds revealed by a meta-analysis. Science of The Total Environment (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2025.181317.

