Microplásticos en Barcelona: la costa urbana se ahoga en basura marina flotante
Un estudio científico detecta niveles de contaminación por plásticos en las playas de Barcelona comparables a los del Giro del Pacífico Sur y denuncia que la ciudad se ha convertido en un epicentro de basura flotante en el Mediterráneo.
Por Enrique Coperías
Durante dos años y medio, se ha realizado un seguimiento del transporte de residuos en la costa de Barcelona mediante boyas de deriva. Cortesía: Universitat Politècnica de Catalunya / BarcelonaTech (UPC)
Las aguas del litoral de Barcelona ocultan un problema invisible pero masivo: cada año, miles de millones de partículas de microplásticos y residuos plásticos flotantes regresan a su costa.
Un nuevo estudio científico liderado por investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y la Universidad de Barcelona (UB) demuestra que algunas playas urbanas del Mediterráneo concentran más basura marina que zonas remotas del océano, como el llamado Giro del Pacífico Sur. Este es una gran corriente oceánica en forma de espiral que se mueve en sentido antihorario en el hemisferio sur del océano Pacífico, entre Sudamérica y Oceanía, y que actúa como una enorme trampa para los residuos flotantes, especialmente plásticos, que quedan atrapados durante años en su centro debido a la baja dinámica del agua en esa zona.
Durante dos años y medio, el proyecto TRACE, financiado por el Ministerio de Ciencia y la Agencia Estatal de Investigación, ha monitorizado con alta precisión la contaminación por plásticos en el litoral barcelonés. La investigación ha identificado los principales puntos de entrada de residuos: los ríos Llobregat y Besòs, y las descargas de sistemas unitarios (DSU), donde se mezclan aguas residuales y pluviales sin tratar antes de llegar al mar.
40.000 millones de partículas al año: un vertido plástico constante
Los datos son alarmantes. Se estima que estos tres focos vierten al mar Mediterráneo unos 40.000 millones de partículas plásticas cada año, equivalentes a aproximadamente siete toneladas. De ellas, el río Llobregat aporta el 70%, con más de 28.000 millones de partículas anuales. El río Besòs y los DSU completan el balance con 11.000 y 550 millones de partículas, respectivamente.
La investigación ha demostrado que el 90% de esta basura flotante no desaparece mar adentro, sino que regresa a las playas en un ciclo de apenas veintiocho días, impulsada por las corrientes marinas, el oleaje y la orientación de la costa.
Esto es así especialmente tras episodios de lluvias intensas, cuando el caudal de salida aumenta y con él, la concentración de plásticos flotantes, afirman los autores del estudio
Algunas playas de Barcelona registran una alta concentración de microplásticos flotantes, con picos de hasta 44 fragmentos por metro cuadrado. Cortesía: Universitat Politècnica de Catalunya / BarcelonaTech (UPC)
Los residuos más comunes: polietileno, toallitas y césped artificial
Entre los desechos más frecuentes se han encontrado fragmentos y películas de polietileno y polipropileno, junto con elementos de origen identificable como toallitas húmedas y fibras de césped artificial, que representan por sí solos una entrada anual de más de doce millones de partículas.
«Además del volumen, nos preocupa su persistencia ambiental y su incorporación a la cadena trófica marina», advierte José Alsina Torrent, investigador del Laboratorio de Ingeniería Marítima (LIM) de la UPC.
No hay que olvidar que a incorporación de plásticos y microplásticos en la cadena trófica marina es uno de los impactos más preocupantes de la contaminación por residuos plásticos en los océanos, ya que afecta tanto a la biodiversidad marina como, potencialmente, a la salud humana.
Un peligro para la cadena trófica marina
Los microplásticos (fragmentos menores de 5 mm) y nanoplásticos (incluso más pequeños) pueden ingresar a la cadena alimentaria marina de varias formas. Estas son las más importantes:
✅ Ingestión directa por organismos marinos: criaturas como el zooplancton, los peces pequeños, los moluscos, los crustáceos, los mamíferos y las aves marinas confunden estos fragmentos con alimento. También los ingieren sin querer al filtrar agua para alimentarse, como ocurre con los bivalvos.
✅ Bioacumulación y biomagnificación: una vez ingeridos, los microplásticos pueden acumularse en el tracto digestivo e incluso atravesar tejidos y entrar en órganos vitales. Cuando un depredador consume a una presa contaminada, los plásticos —y las sustancias químicas adheridas a ellos— pueden acumularse a lo largo de la cadena trófica.
✅ Contaminantes adheridos: los plásticos actúan como esponjas químicas, ya que absorben compuestos tóxicos del entorno como metales pesados, bifenilos policlorados (PCB) y pesticidas. Estos contaminantes pueden liberarse dentro de los organismos tras la ingestión, aumentando de este modo su toxicidad biológica.
Los microplásticos no solo contaminan el mar: también alteran la vida que lo habita y podrían afectar nuestra salud. Sus efectos, ya visibles en especies marinas, comienzan a detectarse también en el cuerpo humano, aunque aún se desconoce su verdadero alcance:
✅ En organismos marinos: reducción del apetito, alteraciones en el crecimiento, inflamación de tejidos, cambios en el comportamiento y en la reproducción. Incluso se han observado daños celulares y genéticos en algunos estudios de laboratorio.
✅ En los seres humanos: aunque la investigación está en fases tempranas, se sabe que los microplásticos pueden llegar a los alimentos (como pescados, mariscos o sal marina) y al agua potable. Se han detectado microplásticos en placentas humanas, sangre, pulmones, cerebros y heces, pero los efectos a largo plazo en nuestra salud aún no están completamente claros.
El proyecto ha incorporado una iniciativa de ciencia ciudadana, con voluntarios que recolectaron muestras de microplásticos en diversas playas de la Ciudad Condal. Cortesía: Universitat Politècnica de Catalunya / BarcelonaTech (UPC)
Tecnología, ciencia ciudadana y modelado predictivo
Para recopilar los datos, el equipo ha utilizado un sistema mixto de muestreo costero, boyas de deriva, análisis de turbidez del agua y redes de pesca adaptadas para capturar tanto microplásticos como macroplásticos. Las muestras se tomaron no solo en el mar, sino también en la desembocadura de los ríos y en los puntos de descarga de los DSU.
El proyecto ha incorporado una innovadora dimensión de ciencia ciudadana en colaboración con Surfrider Europe, en la que voluntarios han recolectado muestras de microplásticos en diferentes playas mediante kayaks, paddle surf y directamente desde la arena.
Gracias a estos datos, los investigadores han desarrollado una herramienta de modelización numérica que permite simular el recorrido de los residuos desde tierra hasta el mar abierto. Esta tecnología no solo identifica las zonas de acumulación de plásticos, sino que servirá para diseñar estrategias de prevención y gestión de la contaminación marina.
«Barcelona es un caso de estudio paradigmático para entender los retos de la contaminación plástica costera en ciudades densamente pobladas», concluye Anna Sánchez Vidal, del grupo de Geociencias Marinas de la Universidad de Barcelona. ▪️
Información facilitada por la Universidad Politécnica de Cataluña