Cada mosquito tiene a su persona favorita a la que picar: por qué tú puedes ser irresistible para uno e invisible para otro
No existe un imán universal para los mosquitos: cada especie parece tener sus propios seres humanos favoritos. La clave está escrita sobre nuestra piel, en una combinación única de olores, moléculas y bacterias que puede convertirnos en un objetivo irresistible… o hacer que pasemos completamente desapercibidos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un mosquito es examinado al microscopio en el laboratorio de Matthew DeGennaro, neurogenetista de la Universidad Internacional de Florida (FIU), donde su equipo estudia las señales químicas y olfativas que determinan por qué estos insectos se sienten más atraídos por unas personas que por otras. Cortesía: Christopher Necuze / Florida International University
Que en la terraza del bar los mosquitos parezcan cebarse con una persona mientras ignoran a quien está sentado a su lado no es solo una impresión. Los seres humanos no resultamos igual de atractivos para estos insectos. Pero la historia es todavía más complicada: alguien puede ser un imán para una especie de mosquito y dejar prácticamente indiferente a otra. Dicho de otro modo, no parece existir el «manjar humano universal» para los mosquitos.
Esta es la principal conclusión de un estudio dirigido por investigadores de la Universidad Internacional de Florida (FIU), en Miami, que comparó por primera vez de forma sistemática cómo tres importantes especies de mosquitos vectores de agentes patógenos responden ante las mismas personas.
El trabajo, publicado en iScience, analizó a 119 voluntarios y encontró algo llamativo: ninguno de los participantes situados entre los más atractivos lo fue para las tres especies estudiadas. Cada mosquito parecía tener, por así decirlo, su propio gusto.
Las tres especies de moquito elegidas para el estudio
Los protagonistas del experimento no son precisamente insectos irrelevantes. Las tres especies seleccionadas por los investigadores participar en la transmisión de algunos de los microbios que más preocupan a la salud pública mundial: los virus del dengue, zika, fiebre amarilla y virus del Nilo Occidental, entre otros. Además, se prevé que este trio amplíe su distribución por América y otras regiones del mundo, lo que supone exponer a más gente a los agentes patógenos que inculan al chupar la sangre:
1️⃣ Aedes aegypti. Es uno de los mosquitos más estrechamente asociados al ser humano y un importante vector de enfermedades como el dengue, el zika y la fiebre amarilla. Está especialmente adaptado a reconocer nuestro olor y utiliza una combinación de señales como el CO₂, los compuestos volátiles de la piel, el calor y la humedad para localizarnos. En el estudio fue, con diferencia, la especie que mostró una mayor atracción general hacia los participantes, con una media del 89%.
2️⃣ Aedes albopictus. Conocido como mosquito tigre asiático, es una especie más generalista y flexible a la hora de elegir hospedador. A diferencia de Aedes aegypti, sus preferencias parecen estar especialmente relacionadas con la presencia de determinados compuestos químicos, entre ellos cetonas, alcoholes cíclicos y terpenoides. Algunos están vinculados a ambientes vegetales, algo que podría reflejar su historia evolutiva y su comportamiento oportunista.
3️⃣ Culex quinquefasciatus. Este mosquito, relacionado con la transmisión del virus del Nilo Occidental, presenta hábitos principalmente nocturnos y es menos especializado en humanos: puede alimentarse también de aves, cerdos y reptiles. El estudio sugiere que su elección de hospedador está muy vinculada a nuestra particular firma química y microbiana, y que la ausencia de determinados olores potencialmente repelentes podría favorecer que decida acercarse a una persona.
DeGennaro trabaja en su laboratorio con mosquitos utilizados para investigar cómo estos insectos detectan y seleccionan a sus huéspedes humanos a partir del olor corporal y otras señales químicas. Cortesía: Florida International University
Qué es el volatiloma humano
La explicación de las preferencias por atacar a una u otra persona radica en buena medida en algo que llevamos encima sin poder verlo: nuestra firma química personal. La piel humana libera una complejísima nube de moléculas. El llamado volatiloma humano incluye más de mil compuestos orgánicos volátiles, muchos de ellos todavía poco caracterizados.
A esto se suma la actividad de las bacterias que viven sobre nosotros y que transforman sustancias inicialmente poco olorosas del sudor y el sebo en compuestos volátiles que actúan como imanes para los mosquitos hembra, que son los que nos chupan la sangre, para que sus huevos puedan madurar y desarrollarse.
Por otro lado, géneros bacterianos habituales en nuestra dermis, como el Cutibacterium, el Staphylococcus y el Corynebacterium contribuyen así a construir el olor particular de cada individuo.
Para un mosquito, por tanto, una persona no es simplemente una fuente de sangre. Es una mezcla química extraordinariamente compleja que debe interpretar.
🗣️ «Aislar los componentes del olor humano que atraen o repelen a los mosquitos podría conducir a nuevas estrategias para combatir las enfermedades transmitidas por vectores», explica Matthew DeGennaro, neurogenetista de la FIU, director del equipo de investigación y del Biomolecular Sciences Institute de esta universidad.
Cómo se realizó el experimento con 119 personas
El equipo, cuyo estudio está liderado por la investigadora doctoral Kaylee Marrero, reclutó a 119 adultos de entre 18 y 59 años. El grupo incluía 61 hombres y 58 mujeres, y presentaba una composición demográfica diversa.
El corazón del experimento fue un olfatómetro, un dispositivo diseñado para medir la respuesta de los mosquitos a determinados olores. Para estudiar al Aedes aegypti y al Aedes albopictus, cada participante introducía el antebrazo izquierdo en un compartimento situado en un extremo del aparato, mientras que en el otro esperaban mosquitos hembra. Una corriente controlada de aire, humedad y dióxido de carbono transportaba las señales químicas hacia los insectos. Los investigadores medían entonces cuántos se dirigían hacia la fuente del olor.
Cómo estudiaron al Culex quinquefasciatus
Con el Culex quinquefasciatus tuvieron que modificar el procedimiento. Esta especie busca alimento fundamentalmente durante la noche, de modo que los voluntarios utilizaron mangas de nailon capaces de capturar su olor corporal. Después, las mangas se enfrentaron a los mosquitos bajo condiciones de iluminación nocturna. Durante la misma visita se recogieron también muestras del olor y del microbioma cutáneo de los participantes, reduciendo así el riesgo de que cambios producidos con el paso del tiempo alteraran las comparaciones.
Las diferencias iniciales entre las especies ya fueron considerables. El Aedes aegypti, un mosquito fuertemente especializado en alimentarse de seres humanos, mostró una atracción media del 89 %. En el Culex quinquefasciatus fue del 43 %, mientras que el Aedes albopictus se quedó en un 27 %.
Pero el descubrimiento importante apareció cuando los científicos dejaron de preguntar cuánto atraía el ser humano en general y comenzaron a preguntarse qué persona prefería cada mosquito.
Y las listas no coincidían.
Larvas de mosquitos del género Culex suspendidas bajo la superficie del agua, donde transcurre esta fase de su desarrollo antes de convertirse en pupas y, posteriormente, en mosquitos adultos. Cortesía: CDC
Cada mosquito mostró un grado diferente de atracción hacia la gente
Los investigadores clasificaron para cada especie al 10% de los participantes con mayor atracción y al 10% con menor atracción. Al comparar después los resultados comprobaron que algunos individuos podían resultar muy apetecibles para dos especies, pero nadie estaba entre los más atractivos para las tres. Tampoco ocurrió lo contrario: ninguna persona figuró entre las menos atractivas para las tres especies simultáneamente. Las correlaciones entre sus preferencias fueron, en general, débiles o prácticamente inexistentes.
«Cuando comenzamos el estudio no esperábamos que las especies prefirieran a personas diferentes», reconoce Marrero. «Que cada especie tuviera una firma microbiana distinta que utiliza como señal me resultó sorprendente».
Es una diferencia importante respecto a la imagen popular del individuo que asegura que «los mosquitos siempre me pican a mí». La pregunta que surge ahora es: ¿qué mosquitos?
Los datos sugieren que cada especie ha desarrollado una especie de código olfativo propio para interpretar el gigantesco cóctel químico que desprende nuestra piel. La selección de una víctima no depende, por tanto, de una única sustancia mágica, sino probablemente de combinaciones de moléculas, bacterias y señales sensoriales.
Los mosquitos, de hecho, no utilizan únicamente el olfato. Integran el dióxido de carbono que expulsamos al respirar con el olor corporal, el calor, la humedad e incluso estímulos visuales para localizar a sus víctimas.
Aedes aegypti: una ligera preferencia por los hombres
Una de las sorpresas del trabajo apareció con Aedes aegypti. Este mosquito mostró una ligera pero estadísticamente significativa preferencia por los hombres: la atracción media fue del 91,5% frente al 87,4% registrado en las mujeres. La diferencia no apareció en las otras dos especies. Los propios investigadores, sin embargo, advierten de que harán falta nuevos estudios para determinar la verdadera importancia biológica del sexo a la hora de elegir una víctima.
Los análisis químicos y microbianos encontraron diferencias entre hombres y mujeres, pero no permiten señalar un único culpable:
✅ Ellos presentaban, por ejemplo, una mayor abundancia de algunas bacterias del género Corynebacterium, relacionadas con la producción de compuestos volátiles derivados de ácidos grasos.
✅ Ellas, en cambio, mostraron más Pseudomonas aeruginosa, una bacteria que en investigaciones anteriores se había relacionado con una menor atracción de algunos mosquitos.
En Aedes aegypti puede importar tanto lo que olemos como lo que no olemos
Los autores reconocen que todavía no saben cuál de esas diferencias explica la pequeña preferencia masculina de Aedes aegypti.
Más revelador resulta que para esta especie la atracción parezca depender en parte de la ausencia de determinadas sustancias. Los participantes poco atractivos para el Aedes aegypti presentaban niveles elevados de ocho compuestos característicos de ese grupo. La interpretación de los autores es sugerente: como este mosquito está extraordinariamente especializado en nosotros, su sistema olfativo podría estar afinado para reconocer nuestra firma química y ciertas moléculas que no encajen en ella podrían reducir su interés.
Ciclo de vida de los mosquitos del género Aedes, que pasan por cuatro etapas: huevo, larva, pupa y adulto. Cortesía: CDC
El mosquito tigre utiliza otro «diccionario químico»
En lo que respecta a Aedes albopictus, este jugaba con reglas diferentes. La elevada atracción estaba relacionada con la presencia de compuestos potencialmente atractivos, entre ellos cetonas, alcoholes cíclicos y terpenoides. El equipo identificó trece compuestos específicos más asociados al grupo de personas muy atractivas para esta especie.
Algunos tienen una particularidad interesante: recuerdan químicamente a sustancias presentes en ambientes vegetales. Los investigadores creen que esto podría encajar con la historia evolutiva del mosquito tigre, una especie más generalista y flexible que Aedes aegypti a la hora de escoger hospedador.
Es decir, dos especies estrechamente emparentadas pueden estar leyendo nuestro olor con diccionarios diferentes.
El microbioma de la piel puede influir en quién recibe más picaduras
El tercer actor del estudio, el Culex quinquefasciatus, añadió otra capa de transparencia a la historia. Los científicos encontraron una fuerte relación entre sus preferencias y la composición del microbioma cutáneo.
La diversidad encontrada entre los voluntarios fue enorme. En total aparecieron 246 taxones bacterianos distintos, y de todos ellos solo uno estaba presente en los 119 participantes.
Estas bacterias no son simples pasajeros. Se alimentan de componentes del sudor, del sebo y de la capa superficial de nuestra piel y, durante su metabolismo generan moléculas volátiles. El resultado es que parte de aquello que llamamos nuestro olor es, en realidad, producto de una colaboración química entre nuestras células y los microorganismos que nos colonizan.
Para los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, los autores creen que la atracción puede depender tanto de bacterias asociadas con sustancias atractivas como de otras relacionadas con compuestos repelentes. En Culex quinquefasciatus, en cambio, podría tener especial importancia la ausencia de microorganismos capaces de producir señales repelentes.
🗣️ «Esto encajó muy bien con las diferencias que observamos en las bacterias de la piel y en los olores —señala DeGennaro—. Ahora tengo claro que nuestros microbiomas cutáneos definen nuestra firma de olor humano. Cada especie encontró su propia manera de descifrar esa firma».
Una hembra de mosquito tigre (Aedes albopictus), reconocible por su característico patrón de bandas blancas y negras. Esta especie invasora, activa principalmente durante el día, puede transmitir virus como los del dengue, zika y chikunguña. Cortesía: CDC
Qué significa el estudio para las enfermedades transmitidas por mosquitos
El resultado tiene implicaciones que van más allá de explicar por qué alguien regresa de una cena de verano cubierto de picaduras mientras su acompañante sale indemne. Las enfermedades transmitidas por mosquitos dependen de encuentros muy concretos entre un vector, un agente patógeno y una persona. Comprender qué señales químicas utiliza cada especie de moquito para elegir a quién acercarse podría ayudar a interferir en ese encuentro.
Una posibilidad sería desarrollar una nueva generación de repelentes específicos para determinadas especies. En lugar de buscar únicamente sustancias que resulten desagradables para cualquier mosquito, se podría manipular el código químico utilizado por el vector dominante en una región: añadir señales repelentes, bloquear las atractivas o incluso intervenir sobre las comunidades microbianas responsables de producirlas.
Los propios autores apuntan hacia la posibilidad de crear estrategias basadas en microorganismos capaces de generar sustancias repelentes o de disminuir las señales químicas atractivas. Las firmas bacterianas y odoríferas identificadas en el estudio podrían convertirse así en puntos débiles con los que interrumpir el encuentro entre mosquito y ser humano.
Qué limitaciones tiene el estudio
Todavía queda bastante camino. El experimento midió la atracción de los mosquitos hacia personas individuales, no qué persona escogerían si varias estuvieran juntas. Además, Culex quinquefasciatus fue estudiado mediante olor acumulado en mangas de nailon y no directamente sobre brazos humanos.
Los autores señalan también que las distintas especies podrían responder de manera diferente a pequeñas variaciones ambientales y reclaman nuevos experimentos de laboratorio y, sobre todo, estudios de campo.
No todos olemos igual para todos los mosquitos
Pero el trabajo cambia una pregunta aparentemente sencilla. Durante años hemos intentado averiguar por qué algunas personas atraen más a los mosquitos que otras. Quizá la pregunta estaba incompleta.
No existe necesariamente la persona que atrae a los mosquitos. Existen personas cuya combinación particular de moléculas, sudor, sebo y microorganismos resulta irresistible para determinados mosquitos y poco interesante para otros. De las aproximadamente 3.500 especies conocidas, solo unas pocas han evolucionado hacia una marcada preferencia por el Homo sapiens, y es probable que no todas llegaron hasta nosotros siguiendo el mismo camino evolutivo.
Así que la próxima vez que alguien presuma de que los mosquitos nunca le pican, quizá haya que matizar la afirmación. Puede que simplemente todavía no haya conocido al mosquito para el que es exactamente su tipo.▪️(10-agosto-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Mosquitos y Picaduras
🦟 ¿Por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras?
Una de las principales razones es la química corporal. La piel libera cientos de sustancias volátiles y alberga comunidades diferentes de bacterias que modifican nuestro olor. Algunas combinaciones parecen resultar más atractivas para determinadas especies de mosquito.
🦟 ¿Existe una persona que atraiga a todos los mosquitos?
El estudio no encontró ninguna. Entre 119 participantes, ninguna persona estuvo entre las más atractivas para las tres especies estudiadas.
🦟 ¿El microbioma de la piel influye en las picaduras de mosquito?
Sí. Las bacterias de la piel metabolizan el sudor y el sebo y producen sustancias volátiles que contribuyen al olor corporal. El estudio encontró firmas bacterianas distintas asociadas con una mayor o menor atracción según la especie de mosquito.
🦟 ¿Los mosquitos prefieren a los hombres o a las mujeres?
No existe una regla general. En este estudio, Aedes aegypti mostró una ligera mayor atracción hacia los hombres, pero Aedes albopictus y Culex quinquefasciatus no mostraron diferencias significativas entre sexos.
🦟 ¿Todos los mosquitos utilizan las mismas señales para elegir a una persona?
No. Los resultados indican que cada especie utiliza combinaciones diferentes de olores y microorganismos cutáneos. Aedes aegypti, Aedes albopictus y Culex quinquefasciatus clasificaron de manera distinta a las mismas personas.
🦟 ¿Puede este descubrimiento conducir a nuevos repelentes?
Potencialmente sí. Identificar las moléculas y bacterias que atraen o repelen a cada especie podría permitir desarrollar repelentes más específicos, capaces de bloquear determinadas señales químicas o favorecer otras que reduzcan la atracción.
Información facilitada por la Universidad Internacional de Florida
Fuente: Marrero K., Castillo J., Lucas-Barbosa D. et al. Individual humans are more attractive to certain mosquito species. iScience (2026). DOI: 10.1016/j.isci.2026.117006

