¿Cómo era el universo cuando nacieron las primeras galaxias y se encendieron las estrellas? Una gigantesca simulación reconstruye la infancia del cosmos con un detalle nunca visto y promete ayudar a descifrar los sorprendentes hallazgos del telescopio James Webb.
Por Enrique Coperías, periodista científico
La red cósmica recreada por la simulación Lumina en una región de unos 650 millones de años luz de extensión. Los finos filamentos representan la materia oscura, mientras que los tonos amarillos y anaranjados señalan las zonas donde el gas se desplaza a mayor velocidad entre los cúmulos de galaxias. Cortesía: Oliver Zier / Center for Astrophysics | Harvard & Smithsonian
Hubo un tiempo en que el universo no tenía galaxias como las que conocemos, ni estrellas iluminando el espacio, ni agujeros negros gigantescos devorando materia. Durante millones de años tras el big bang el cosmos fue un inmenso océano de gas primordial sumido en la más absoluta oscuridad. Y fue así hasta que comenzaron a encenderse las primeras estrellas. Su luz empezó a abrirse camino entre el hidrógeno y el helio que llenaban el espacio, y desencadenó una transformación decisiva: el universo dejó atrás sus edades oscuras y comenzó a convertirse en el escenario cósmico que observamos actualmente.
Reconstruir aquella metamorfosis es uno de los grandes desafíos de la cosmología. Los astrónomos pueden observar galaxias tan lejanas que escapan a nuestra imaginación, así como analizar la radiación que todavía nos llega de los primeros tiempos, pero no pueden contemplar directamente, como si se tratara de una película, todo lo que ocurrió durante aquellos cientos de millones de años.
Ahora, un equipo internacional de investigadores encabezado por científicos del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, en Estados Unidos, ha conseguido algo extraordinario: recrear mediante una gigantesca simulación informática una parte considerable de la infancia del universo, siguiendo la evolución de la materia, las galaxias y la radiación durante sus primeros 2.000 millones de años.
Una herramienta fundamental para la astronomía del futuro
El proyecto se llama Lumina y constituye, según sus responsables, la mayor simulación cosmológica de su clase que combina la evolución del gas, la gravedad y el transporte de radiación. Su volumen es más de cien veces superior al de simulaciones anteriores comparables, sin renunciar al detalle necesario para estudiar cómo se forman y evolucionan las galaxias.
El trabajo, publicado en la revista científica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, podría convertirse en una herramienta fundamental para interpretar algunos de los descubrimientos más desconcertantes del telescopio espacial James Webb y los que proporcionará el Nancy Grace Roman, que fue lanzado por la NASA el 30 de agosto de 2026 y que todavía se halla en fase de puesta en servicio.
🗣️ «Con el James Webb, el universo primitivo se ha convertido en una nueva y apasionante frontera de la astrofísica —comenta Oliver Zier, investigador del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y autor principal del estudio, en la nota de prensa difundida por el Smithsonian a la que ha tenido acceso RexMolón. Y añade—: Para comprender lo que estamos viendo con este telescopio, necesitamos transformar nuestras teorías en predicciones detalladas.
Oliver reconoce el esfuerzo que ha supuesto el proyecto: «Después de varios años de trabajo, con muchos altibajos, resulta increíblemente gratificante ver los resultados de la simulación y contemplar cómo nuestras predicciones cobran vida en vídeo».
Qué es Lumina y cómo funciona la simulación del universo primitivo
Lumina no es una fotografía del cosmos primitivo ni una reconstrucción artística realizada a partir de las imágenes de los telescopios. Es algo mucho más complejo. Estamos ante un universo virtual gobernado por las leyes de la física, en el que miles de millones de elementos de cálculo interactúan a medida que transcurre el tiempo cósmico. Su principal innovación es que permite estudiar de manera simultánea la formación de galaxias y la transformación del gas intergaláctico provocada por la radiación de estrellas y agujeros negros.
Los investigadores parten de unas condiciones iniciales compatibles con las observaciones cosmológicas y dejan que la gravedad, la dinámica de los gases y la radiación determinen cómo evolucionan las estructuras. El resultado permite observar cómo la materia oscura comienza a concentrarse, cómo el gas cae hacia las regiones más densas, cómo surgen las galaxias y cómo la energía emitida por estrellas y agujeros negros modifica el espacio que las rodea.
Un cosmos virtual de más de 1.600 millones de años luz
Para conseguirlo, el equipo ha simulado una región equivalente a un cubo de aproximadamente 1.630 millones de años luz de lado, expresados en distancias cosmológicas comóviles, una medida que tiene en cuenta la expansión del universo.
Es una extensión difícil de imaginar. Cada uno de sus lados representa más de quince mil veces el diámetro aproximado de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Y, sin embargo, dentro de ese volumen descomunal, el programa puede identificar galaxias individuales, seguir su crecimiento y estudiar cómo interactúan con su entorno.
En términos científicos, Lumina utiliza unos 432.000 millones de elementos iniciales de resolución, repartidos entre materia oscura y gas. No significa que pueda reconstruir cada estrella de forma individual, pero sí que dispone de una representación extraordinariamente extensa y detallada de los ingredientes fundamentales del cosmos.
La importancia de combinar tamaño y detalle resulta crucial. Las simulaciones anteriores podían representar pequeñas regiones del universo con enorme precisión o estudiar volúmenes gigantescos sacrificando buena parte de la física más compleja. Lumina consigue avanzar al unísono en ambas direcciones.
Y esto permite estudiar algo que hasta ahora resultaba harto difícil: cómo los fenómenos que ocurren dentro de las galaxias terminan modificando regiones inmensas del espacio intergaláctico.
La simulación Lumina permite acercarse progresivamente desde la inmensa red cósmica hasta una de sus mayores concentraciones de materia, mostrando los filamentos de gas que la alimentan y la estructura estelar compacta de su centro. Cortesía: Zier y colaboradores (2026) / Monthly Notices of the Royal Astronomical Society
La época de la reionización: cuando la luz acabó con la oscuridad cósmica
Uno de los principales objetivos de Lumina es investigar un episodio decisivo de la historia cósmica conocido como la época de la reionización.
Para entender su importancia hay que retroceder unos 380.000 años después del big bang. Hasta entonces, el universo estaba tan caliente que los electrones no podían permanecer unidos de manera estable a los núcleos atómicos. La materia formaba un plasma y la luz interactuaba todo el tiempo con las partículas cargadas.
Cuando el cosmos se enfrió lo suficiente, los electrones pudieron combinarse con los núcleos para formar átomos neutros, principalmente de hidrógeno y helio. La luz quedó entonces libre para viajar por el espacio. El vestigio de aquella radiación es lo que hoy conocemos como radiación de fondo de microondas, una de las pruebas fundamentales de la teoría del big bang, el modelo científico que explica que el universo surgió hace unos 13.800 millones de años de un estado extremadamente caliente y denso y que, desde entonces, el espacio se expande y se enfría, permitiendo la formación de átomos, estrellas, galaxias y planetas.
Pero el cosmos todavía no estaba iluminado por estrellas. Durante las edades oscuras, la gravedad fue concentrando lentamente el gas en regiones cada vez más densas, hasta que se dieron las condiciones necesarias para que nacieran los primeros astros.
Cómo las primeras estrellas transformaron el hidrógeno
Aquellas estrellas primitivas comenzaron a emitir una intensa radiación ultravioleta. Sus fotones tenían suficiente energía para arrancar electrones de los átomos de hidrógeno, un proceso denominado ionización.
Al principio, cada grupo de estrellas produjo una especie de burbuja de gas ionizado a su alrededor. Con el nacimiento de nuevas generaciones estelares y galaxias, aquellas burbujas crecieron, se expandieron y terminaron por fusionarse. Gran parte del hidrógeno del espacio intergaláctico pasó así de su estado neutro a uno ionizado.
No fue un fenómeno instantáneo ni ocurrió de manera uniforme. Algunas regiones recibieron radiación mucho antes que otras. Mientras determinadas zonas estaban completamente ionizadas, otras conservaban grandes reservas de hidrógeno neutro.
Lumina permite seguir esta transformación en 3D, y observar cómo avanza la radiación a través de una inmensa red de filamentos cósmicos.
¿Cuándo terminó la reionización del hidrógeno?
Uno de los resultados más importantes del estudio es que la reionización del hidrógeno terminó relativamente tarde y de forma desigual. En la simulación, la mitad de las subregiones analizadas había completado el proceso cuando el universo tenía aproximadamente 1.100 millones de años. Sin embargo, algunas bolsas de gas neutro persistieron hasta unos 1.300 millones de años después de la gran explosión.
Este resultado resulta compatible, en términos generales, con diferentes observaciones astronómicas que apuntan a una reionización tardía y prolongada.
La simulación también identifica a los principales responsables: las estrellas de las primeras galaxias fueron las grandes protagonistas de la reionización del hidrógeno. Los núcleos galácticos activos, alimentados por agujeros negros, desempeñaron un papel secundario, aunque su contribución aumentó hacia el final del proceso.
De hecho, el modelo calcula que, en una de sus etapas finales, estos núcleos activos aportaban alrededor del 15 % de la radiación capaz de ionizar el hidrógeno.
La red cósmica recreada por la simulación Lumina muestra, en color cian, las regiones donde el helio experimentó su segunda reionización, impulsada principalmente por la radiación de los agujeros negros activos del universo primitivo. Cortesía: Oliver Zier / Center for Astrophysics | Harvard & Smithsonian
Los agujeros negros también transformaron el universo: la segunda reionización del helio
Uno de los aspectos más novedosos de Lumina es que no se limita a seguir la historia del hidrógeno. También reconstruye, de forma acoplada con el gas y las galaxias, una segunda gran transformación: la reionización del helio.
No hay que olvidar que el helio es el segundo elemento más abundante del universo. Al igual que el hidrógeno, experimentó cambios en su estado de ionización conforme aparecieron las primeras fuentes de radiación.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental. Para arrancar el segundo electrón de un átomo de helio se necesita una radiación mucho más energética que la requerida para ionizar el hidrógeno. Las poblaciones estelares ordinarias no producen suficientes fotones de esa energía como para completar el proceso a escala cosmológica.
Aquí entran en escena los agujeros negros supermasivos.
Cuando uno de estos objetos atrae gas y materia de su entorno, puede formarse a su alrededor un disco supercaliente que emite enormes cantidades de radiación. Si el agujero negro está acumulando suficiente materia, el núcleo de su galaxia puede convertirse en una de las fuentes de energía más luminosas del universo.
Los astrónomos denominan núcleos galácticos activos a estas regiones extraordinariamente energéticas. Los cuásares constituyen algunos de sus ejemplos más espectaculares.
Según Lumina, fueron principalmente estas fuentes las que proporcionaron la radiación necesaria para completar la segunda ionización del helio, en un proceso que comenzó mucho después de que se encendieran las primeras estrellas y que se prolongó durante cientos de millones de años.
Por qué la reionización del helio es importante para comprender las galaxias
El modelo sitúa el comienzo de esta etapa en torno a los primeros 1.000 millones de años de historia cósmica, mientras que su final se aproxima a los 2.200 millones de años posteriores al big bang.
Esta segunda reionización no se limitó a modificar la estructura electrónica del helio. También inyectó grandes cantidades de energía en el gas intergaláctico, y elevó su temperatura y alteró las condiciones en las que podían evolucionar las galaxias.
Y aquí reside uno de los avances técnicos fundamentales del proyecto. Lumina no calcula primero la evolución del universo y después incorpora los efectos de la radiación. Ambos fenómenos se desarrollan en paralelo: la radiación modifica el gas y esos cambios repercuten sobre su comportamiento posterior.
🗣️ «Nos sentimos increíblemente afortunados de poder construir simulaciones como Lumina —afirma Aaron Smith, profesor de Física de la Universidad de Texas en Dallas y coautor del trabajo. Y añade—: Por primera vez podemos seguir cómo tanto el hidrógeno como el helio adquirieron sus estados actuales a través de un volumen tan enorme del universo, sin dejar de distinguir las galaxias y otros objetos luminosos que impulsaron esa transformación».
Vista del superordenador Frontier, instalado en el Laboratorio Nacional de Oak Ridge (Estados Unidos), cuya extraordinaria potencia de cálculo permitió desarrollar Lumina y recrear los primeros 2.000 millones de años del universo. Cortsía: Oak Ridge National Laboratory.
Frontier, el superordenador que hizo posible recrear el universo primitivo
Recrear semejante historia cósmica exige una potencia de cálculo extraordinaria. Los investigadores recurrieron a Frontier, el superordenador instalado en el Laboratorio Nacional de Oak Ridge, en Tennessee (Estados Unidos), una de las máquinas científicas más potentes del mundo.
El artículo científico proporciona cifras que permiten comprender la magnitud del desafío: la simulación utilizó 1.884 nodos de cálculo, más de 105.000 núcleos de procesador y 7.536 aceleradores AMD Instinct MI250X. Cada uno incorpora dos unidades de procesamiento gráfico, lo que equivale a más de 15.000 unidades GPU.
Durante la ejecución, la memoria utilizada alcanzó aproximadamente 600 terabytes, mientras que cada punto completo de recuperación de la simulación ocupaba unos 250 terabytes de almacenamiento.
Pero el desafío no consistía únicamente en procesar cantidades descomunales de información. También había que resolver las ecuaciones que describen la gravedad, el movimiento de los gases, los procesos de formación estelar, la evolución de los agujeros negros y la propagación de la radiación.
Para conseguirlo, los investigadores combinaron tres herramientas principales:
✅ AREPO: un código cosmológico que utiliza una malla móvil capaz de adaptarse al movimiento del gas.
✅ IllustrisTNG: un modelo físico que reproduce procesos fundamentales de formación y evolución de galaxias.
✅ AREPO-RT: un sistema de transporte de radiación acelerado mediante procesadores gráficos que calcula cómo viaja la energía y cómo interactúa con la materia.
La integración de estos sistemas permite representar cómo evolucionan conjuntamente las galaxias y el medio intergaláctico.
El enorme volumen de Lumina también ofrece una ventaja científica decisiva: permite incluir objetos relativamente escasos, como los cuásares extremadamente luminosos, cuya presencia puede modificar regiones gigantescas del universo. En simulaciones más pequeñas, algunos de estos objetos podrían estar ausentes por simple azar.
Cómo ayudará Lumina a explicar los descubrimientos del telescopio James Webb
El desarrollo de Lumina llega en un momento particularmente interesante para la astronomía. Desde que comenzó sus observaciones científicas, el telescopio espacial James Webb ha identificado galaxias que existían cuando el universo tenía apenas unos cientos de millones de años. Algunas parecen sorprendentemente brillantes, masivas o evolucionadas para épocas tan tempranas.
Estos descubrimientos han abierto un acalorado debate científico. ¿Se formaron las primeras galaxias más rápidamente de lo que predecían los modelos? ¿Estamos interpretando correctamente su luz? ¿Influyeron los agujeros negros en su brillo? ¿O necesitamos modificar alguno de los ingredientes de nuestras teorías cosmológicas?
No existe todavía una respuesta única.
El propio artículo científico de Lumina examina diferentes hipótesis propuestas para explicar estas observaciones: una formación estelar especialmente intensa o intermitente, características diferentes de las primeras generaciones de estrellas, estimaciones inciertas de las masas galácticas y posibles contribuciones de los núcleos galácticos activos.
Una herramienta para comprobar si nuestras teorías cosmológicas son correctas
En este contexto, Lumina puede funcionar como un laboratorio virtual para poner a prueba las teorías sobre la formación de las primeras galaxias.
En lugar de limitarse a interpretar cada galaxia observada de forma aislada, los investigadores pueden comparar grandes poblaciones de objetos reales con las galaxias que surgen en la simulación. También pueden investigar qué distribución de estrellas, gas y agujeros negros sería compatible con las observaciones. Si las predicciones coinciden con estas, los modelos teóricos ganan respaldo. Si aparecen discrepancias persistentes, será necesario examinar qué aspectos de la física incorporada a la simulación podrían estar incompletos.
Esto no significa que Lumina haya resuelto ya todos los enigmas planteados por el James Webb.
El estudio presenta fundamentalmente la nueva infraestructura de simulación y sus primeros resultados cosmológicos. Las comparaciones observacionales más específicas forman parte del trabajo que el equipo podrá desarrollar a partir de ahora.
La simulación Lumina muestra una gigantesca región de gas donde la radiación de los agujeros negros ha ionizado el helio. Las ampliaciones permiten observar cuatro galaxias y el gas que las rodea, revelando sus distintas formas y estructuras. Cortesía: Zier y colaboradores (2026) / Monthly Notices of the Royal Astronomical Society
El telescopio Nancy Grace Roman ampliará la exploración del universo primitivo
El telescopio espacial Nancy Grace Roman aportará otra pieza importante. Lanzado en agosto de 2026, combina observaciones infrarrojas con un campo de visión extraordinariamente amplio. Mientras el James Webb puede estudiar con gran detalle objetos individuales, el Roman está diseñado para examinar grandes extensiones del firmamento y obtener enormes muestras estadísticas de galaxias. La NASA prevé publicar sus primeras imágenes a comienzos de 2027.
Con ambos observatorios, los astrónomos podrán combinar profundidad y amplitud: estudiar galaxias muy lejanas con un detalle excepcional y, al mismo tiempo, investigar cómo se distribuyen sus poblaciones a escala cósmica.
Lumina permitirá confrontar esas observaciones con un universo virtual en el que las galaxias evolucionan dentro de un entorno físico complejo.
Qué limitaciones tiene Lumina y qué preguntas científicas quedan abiertas
Aunque representa un salto tecnológico importante, Lumina no es una reproducción perfecta del universo. Como sucede con cualquier simulación cosmológica, sus resultados dependen tanto de las leyes físicas incorporadas como de determinadas aproximaciones matemáticas.
Los investigadores no pueden reproducir de forma individual todos los procesos que ocurren dentro de cada estrella o nube de gas. Algunos fenómenos demasiado pequeños para ser resueltos directamente deben representarse mediante modelos aproximados.
Por ejemplo, el equipo ha utilizado un valor efectivo del 18 % para la proporción de radiación ionizante estelar que consigue escapar de las galaxias, ajustado para obtener una historia de la reionización del hidrógeno compatible con las observaciones.
También emplea una velocidad efectiva de propagación de la luz reducida en determinadas etapas del cálculo, una técnica que disminuye considerablemente el coste computacional. En este sentido, los autores advierten de que esta aproximación podría contribuir a que algunas pequeñas regiones de hidrógeno neutro persistan durante más tiempo en la simulación.
Esto resulta importante porque que una simulación reproduzca determinadas observaciones no demuestra que todos sus mecanismos físicos sean necesariamente correctos. Lumina es, ante todo, un instrumento para investigar hipótesis, identificar relaciones entre fenómenos y formular predicciones que puedan contrastarse con datos astronómicos.
Su potencial, además, va mucho más allá de los resultados publicados hasta ahora.
En un comunicado independiente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), institución que también ha participado en la investigación, Mark Vogelsberger, profesor de Física y coautor del estudio, resume una de sus grandes ventajas: «Lumina abarca desde la formación de estrellas y galaxias a pequeña escala hasta la reionización del hidrógeno y el helio a gran escala, en un volumen cien veces mayor que el de las mejores simulaciones anteriores».
Las próximas investigaciones con Lumina
Los investigadores prevén aprovechar el nuevo modelo para profundizar en distintas cuestiones todavía abiertas:
✅ Formación de galaxias: cómo se acumula la materia y cómo evolucionan las primeras poblaciones estelares.
✅ Gas intergaláctico: cómo circula el gas entre galaxias y cómo cambia su temperatura.
✅ Radiación primordial: cómo las primeras fuentes luminosas modificaron la materia cósmica.
✅ Agujeros negros y cuásares: qué papel desempeñaron en la reionización del helio.
✅ Hidrógeno neutro: qué señales observables dejó su distribución durante la reionización.
✅ Estructura cósmica: cómo influye el entorno de gran escala en el nacimiento y evolución de las galaxias.
El potencial del proyecto reside en investigar todos estos fenómenos dentro de un mismo marco físico.
Oliver Zier, investigador del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y autor principal de Lumina, la gigantesca simulación informática que reconstruye los primeros 2.000 millones de años de historia del universo. Cortesía: Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian
Un nuevo laboratorio para comprender los primeros capítulos del universo
Durante décadas, la cosmología ha avanzado mediante el diálogo entre la teoría y la observación. Los científicos elaboran modelos que explican cómo debería evolucionar el universo, mientras los telescopios buscan señales capaces de ponerlos a prueba.
Lumina representa un avance importante en esa estrategia.
Su valor no reside únicamente en las espectaculares imágenes que produce, sino en la posibilidad de comparar un universo virtual construido mediante ecuaciones físicas con el universo real que están descubriendo los telescopios.
Si ambos coinciden, los científicos tendrán nuevas razones para confiar en sus explicaciones sobre el origen de las primeras estructuras cósmicas.
Si no lo hacen, las diferencias podrían revelar procesos todavía desconocidos o mecanismos que aún no comprendemos suficientemente.
Hace más de 13.000 millones de años, la luz de las primeras estrellas comenzó a transformar el gas primordial. Después, la radiación de galaxias y agujeros negros modificó profundamente el hidrógeno y el helio que llenaban el espacio.
Ahora, con Lumina, los investigadores pueden seguir ambas transformaciones dentro de un mismo universo virtual de dimensiones gigantescas.
Y cada nueva galaxia descubierta por el James Webb o el Nancy Grace Roman ofrecerá una oportunidad para comprobar hasta qué punto esa reconstrucción se parece a la verdadera historia del cosmos.▪️(27-octubre-2026)
CIENCIA Y ASTRONOMÍA
🌌 Lumina: las claves para comprender los primeros 2.000 millones de años del universo
¿Cómo nacieron las primeras galaxias? ¿Qué papel desempeñaron las estrellas y los agujeros negros? Descubre qué es Lumina, cómo funciona esta gigantesca simulación del cosmos y por qué ayudará a interpretar los descubrimientos del telescopio James Webb.
¿Cuál es la simulación más detallada del universo primitivo?
Lumina es una de las simulaciones cosmológicas más grandes y detalladas realizadas hasta ahora. Destaca por combinar el transporte de radiación, la dinámica del gas y la evolución de las galaxias en un volumen sin precedentes para este tipo de simulación.
¿Qué antigüedad tiene el universo que reproduce Lumina?
La simulación sigue aproximadamente los primeros 2.000 millones de años de historia cósmica, desde las primeras etapas de formación de estructuras hasta una época en la que la segunda reionización del helio estaba prácticamente completada.
¿Qué es la reionización del universo?
Es el proceso por el cual la radiación de las primeras estrellas, galaxias y agujeros negros arrancó electrones de los átomos del gas primordial. Transformó progresivamente el hidrógeno y el helio del espacio intergaláctico y modificó su temperatura y estado físico.
¿Qué relación tiene Lumina con el telescopio James Webb?
Lumina ofrece predicciones sobre cómo debieron formarse y evolucionar las primeras galaxias. Los astrónomos pueden comparar esas predicciones con las observaciones del James Webb para comprobar y perfeccionar sus modelos cosmológicos.
¿Qué papel tuvieron los agujeros negros en el universo primitivo?
Los agujeros negros supermasivos activos emitieron radiación extremadamente energética mientras acumulaban materia. Según Lumina, estas fuentes fueron especialmente importantes para arrancar el segundo electrón del helio y calentar el gas intergaláctico.
¿Es Lumina una reproducción exacta del universo?
No. Es una simulación científica basada en leyes físicas y modelos numéricos que incluyen aproximaciones. Su valor consiste en permitir predicciones contrastables con observaciones, no en representar perfectamente cada fenómeno ocurrido en el cosmos.
Fuente científica: Zier y colaboradores (2026), Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Consultar el estudio original.
Información facilitada por Smithsonian
Fuente: Oliver Zier, Aaron Smith, Xuejian Shen, Rongrong Liu, Rahul Kannan, Sonja M Koehler, Volker Springel, Rüdiger Pakmor, Mark Vogelsberger, Teodora-Elena Bulichi, Lars Hernquist. Introducing the lumina project: large-volume radiation-hydrodynamic simulations of the epochs of hydrogen and helium reionization. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (2026). DOI: https://doi.org/10.1093/mnras/stag1469
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