Cientos de productos químicos usados en los plaguicidas aumentan el riesgo de padecer cáncer de mama

Científicos identifican 485 sustancias presentes o previstas en la composición de los plaguicidas con propiedades biológicas relevantes para el cáncer de mama. Entre ellas figuran principios activos e ingredientes llamados inertes. El hallazgo señala qué compuestos conviene investigar, pero no demuestra que todos causen cáncer en personas.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un tractor pulveriza un cultivo. El nuevo estudio identifica 485 sustancias presentes o previstas en formulaciones plaguicidas que merecen investigarse por sus posibles efectos sobre el cáncer de mama.

Un tractor pulveriza un cultivo. El nuevo estudio identifica 485 sustancias presentes o previstas en formulaciones plaguicidas que merecen investigarse por sus posibles efectos sobre el cáncer de mama. Foto de James Baltz en Unsplash

Cuando se evalúa la seguridad de un plaguicida o pesticida la atención suele dirigirse a la sustancia encargada de matar un insecto, eliminar un hongo o impedir que crezca una mala hierba. Sin embargo, el producto que llega al campo, al jardín o a una vivienda contiene otros ingredientes cuya función principal no es el control de la plaga. Pueden servir para disolver el principio activo, facilitar su aplicación o evitar que se degrade.

En la terminología técnica, estos compuestos se llaman inertes, una palabra que describe su función en el producto, pero que puede sugerir, equivocadamente, que no tienen efectos biológicos.

Un estudio publicado en la revista Environmental Health Perspectives invita a mirar también esos componentes. Investigadoras del Silent Spring Institute y de la Universidad de California, en Estados Unidios, han cruzado bases de datos estadounidenses sobre sustancias químicas, usos comerciales, emisiones y exposición humana.

Qué ha encontrado el nuevo estudio

Tras hacerlo, se encontraron con 485 sustancias presentes o previstas en formulaciones plaguicidas con características que justifican investigar su posible papel en el cáncer de mama. De ellas, 93 habían causado tumores mamarios en animales. Para otras, las señales proceden de ensayos celulares: pueden aumentar la producción de estrógenos o progesterona, o activar el receptor de estrógenos.

La cifra requiere una lectura cuidadosa. El estudio no demuestra que los 485 compuestos causen cáncer de mama en mujeres, ni calcula cuánto aumentaría el riesgo de una persona que se exponga a ellos. Lo que sí hace es reúnir pruebas de distinto tipo para identificar sustancias que merecen más atención por parte de las autoridades sanitarias.

Tampoco significa que todas ellas estén autorizadas hoy en un mismo plaguicida, ni que las 340 que no constan como principios activos actualmente registrados sean, sin más, ingredientes inertes.

Dentro de ese conjunto, 145 sustancias tenían un registro vigente como principios activos ante la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA). Las seis autoras identificaron además 77 sustancias de su lista aprobadas actualmente o en el pasado como ingredientes inertes; otras aparecen en bases de datos de composición de productos o en estimaciones de uso. Es una distinción decisiva para entender el hallazgo y para evitar que una cifra sobre posibles fuentes de exposición se confunda con una lista de ingredientes cuya presencia y dosis se hayan comprobado en todos los envases.

Los plaguicidas también se usan en jardines y hogares. Los ingredientes llamados «inertes» no suelen aparecer identificados por su nombre en la etiqueta.

Los plaguicidas también se usan en jardines y hogares. Los ingredientes llamados «inertes» no suelen aparecer identificados por su nombre en la etiqueta. Cortesía: Environment America Research & Policy Center

Qué significa «ingrediente inerte»

🗣️ «Cuando pensamos en la seguridad de los plaguicidas, tendemos a centrarnos en el ingrediente activo. Pero las personas están expuestas a la formulación completa», explica Jennifer Kay, investigadora del Silent Spring Institute y autora principal, en la nota de prensa difundida por el instituto.

Kay considera que los resultados ponen sobre la mesa «un punto ciego regulatorio» en torno a los componentes denominados inertes.

La propia EPA aclara que «inerte» no significa «no tóxico». Según la agencia, estos ingredientes deben recibir su aprobación antes de incorporarse a un plaguicida, y se revisa información sobre su seguridad. Sin embargo, la etiqueta normalmente no indica cuáles son esos ingredientes: solo muestra qué porcentaje del producto representan todos ellos en conjunto.

La preocupación de las autoras está en si las evaluaciones existentes detectan suficientemente sus posibles efectos sobre la glándula mamaria y los de la mezcla que utiliza el consumidor.

La exposición no procede solo del campo

El trabajo parte de una investigación que el mismo equipo publicó en 2024. Entonces reunió 920 sustancias químicas de interés para el cáncer de mama: 279 habían producido tumores mamarios en animales y otras mostraban actividad en mecanismos hormonales relacionados con la enfermedad.

La nueva pregunta fue dónde aparecen esas sustancias y por qué vías podría entrar la gente en contacto con ellas.

La respuesta desborda a los propios plaguicidas. Las investigadoras encontraron indicios de presencia de quinientas sustancias en productos de consumo, 462 en fuentes alimentarias, 162 en agua potable, 142 en productos farmacéuticos y 106 en materiales de construcción. Las categorías se solapan: una misma sustancia puede tener varios usos o aparecer en distintas fuentes. Por eso tampoco sería correcto sumar las cifras para calcular el número de compuestos a los que está expuesta una persona.

En el caso de los plaguicidas, las posibles vías de contacto van más allá de comer alimentos cultivados con ellos. Incluyen el agua, las aplicaciones profesionales, los insecticidas domésticos, los repelentes y algunos productos desinfectantes. La exposición puede variar enormemente entre quien utiliza un producto de forma ocasional y quien lo aplica durante años en su trabajo o vive cerca de una zona tratada.

La aplicación de plaguicidas puede exponer a los trabajadores a la formulación completa, incluidos los ingredientes que acompañan al principio activo.

La aplicación de plaguicidas puede exponer a los trabajadores a la formulación completa, incluidos los ingredientes que acompañan al principio activo. Foto de Liton Miah

Un paso más hacia su detección y control

El análisis reúne datos útiles para localizar esas situaciones, pero no reconstruye la dosis recibida a lo largo de la vida por cada persona.

«En lo que respecta al cáncer, debemos pensar en la totalidad de nuestras exposiciones», sostiene Kay. La investigadora recuerda que las personas entran en contacto con sustancias procedentes de diversas fuentes y que los organismos reguladores no suelen evaluar todas esas exposiciones de forma conjunta.

Es una dificultad especialmente relevante para una enfermedad que puede tardar años en desarrollarse.

La detección de una sustancia tampoco equivale, por sí sola, a un daño. Importan su concentración, la duración y el momento de la exposición, la forma en que entra en el organismo y sus propiedades biológicas. Importa también la calidad de la prueba: un tumor observado en un animal y una respuesta hormonal en células cultivadas aportan información distinta.

Las autoras reconocen, además, que las bases de datos de productos son incompletas y que algunas estimaciones de exposición dependen de modelos con incertidumbre.

Ruthann Rudel, directora de investigación del Silent Spring Institute y coautora del estudio, defiende evaluar la exposición a la formulación completa de los plaguicidas, incluidos sus ingredientes «inertes».

Ruthann Rudel, directora de investigación del Silent Spring Institute y coautora del estudio, defiende evaluar la exposición a la formulación completa de los plaguicidas, incluidos sus ingredientes «inertes». Cortesía: Kristopher Radder / Brattleboro Reformer

Qué dicen los estudios realizados en mujeres

Las pruebas de laboratorio permiten detectar señales de alerta, pero los estudios de población son necesarios para saber si una exposición se relaciona con más diagnósticos en condiciones reales. Los resultados disponibles exigen manejarlos con prudencia.

En una investigación publicada en 2024 sobre 758 mujeres de una región agrícola de Brasil, la exposición a plaguicidas mostró inicialmente una asociación con el cáncer de mama. Tras ajustar el análisis por otros factores, dicho vínculo dejó de ser estadísticamente concluyente.

Entre las mujeres con cáncer, los investigadores sí observaron una asociación entre la exposición y una afectación de los ganglios linfáticos. Detectaron además restos de plaguicidas en mujeres que no trabajaban en el campo, pero lavaban la ropa o los equipos utilizados allí. Los datos abren líneas de investigación; no establecen por sí solos una causa.

Por otro lado, un estudio francés publicado en el International Journal of Epidemiology analizó la alimentación de 13.149 mujeres posmenopáusicas y estimó a qué plaguicidas podían estar expuestas a través de los alimentos. Los investigadores encontraron que una determinada combinación de plaguicidas se asociaba con una mayor incidencia de cáncer de mama entre las participantes con sobrepeso u obesidad. No observaron esa asociación con las demás combinaciones estudiadas y señalaron que el resultado debía confirmarse en otras poblaciones.

La cuestión de las fuentes múltiples aparece también en una investigación de 2024 sobre materiales en contacto con alimentos (FCM). Sus autoras, Lindsey V. Parkinson, Birgit Geueke y Jane Muncke, detallaban en un artículo en Frontiers in Toxicology que habían conseguido identificar 189 sustancias de posible interés para el cáncer de mama adheridas a dichos materiales, como plásticos, papeles y objetos metálicos. Para 76 de ellas encontraron estudios recientes que documentaban su migración en condiciones normales de uso.

Como sucede con los plaguicidas, detectar una sustancia y demostrar que causa una enfermedad son pasos científicos diferentes.

Una mujer se prepara para una mamografía. El estudio busca identificar sustancias presentes en plaguicidas que merecen investigarse por su posible relación con el cáncer de mama.

Una mujer se prepara para una mamografía. El estudio busca identificar sustancias presentes en plaguicidas que merecen investigarse por su posible relación con el cáncer de mama. Cortesía: UAMS

Qué falta por averiguar

El análisis del Silent Spring Institute reúne datos de procedencias distintas. Algunas sustancias están documentadas en productos; para otras, su presencia se infiere a partir de bases de datos o modelos. Las estimaciones de exposición tienen incertidumbre y los ensayos celulares no reproducen por completo lo que ocurre en el organismo. Las propias autoras reconocen estas limitaciones.

También falta información sobre mezclas. Un ingrediente que acompaña al principio activo puede modificar cómo se comporta el producto completo. Determinar si eso ocurre, a qué dosis y con qué consecuencias para la salud requiere estudios específicos de las formulaciones y mejores mediciones de la exposición humana.

Ruthann Rudel, directora de investigación del Silent Spring Institute y coautora del trabajo, recuerda en la nota de prensa que «el cáncer de mama puede tardar años en desarrollarse». Por ello defiende seguir la exposición a plaguicidas procedentes de distintas fuentes y estudiar especialmente a quienes trabajan con estos productos o viven en lugares donde el contacto puede ser mayor.

La aportación del nuevo estudio es concreta: señala sustancias y lagunas de información que permiten decidir qué investigar y evaluar primero. Su mensaje más inmediato es también el más fácil de pasar por alto al leer una etiqueta: «inerte» no quiere decir que un ingrediente sea biológicamente inactivo.▪️(24-septiembre-2026)

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • 485 sustancias bajo la lupa: los investigadores identificaron compuestos presentes o previstos en formulaciones plaguicidas con propiedades biológicas relevantes para el cáncer de mama.
  • No solo importa el principio activo: 145 de esas sustancias tenían un registro vigente como ingredientes activos. Otras 77 habían sido aprobadas, actualmente o en el pasado, como ingredientes llamados «inertes».
  • «Inerte» no significa inocuo: estos componentes no combaten directamente la plaga, pero pueden tener efectos biológicos. Por lo general, la etiqueta no indica sus nombres.
  • Distintos grados de evidencia: 93 de las 485 sustancias habían causado tumores mamarios en animales. Otras mostraban efectos sobre vías hormonales en ensayos de laboratorio.
  • El riesgo individual sigue sin conocerse: el estudio señala sustancias que conviene investigar, pero no demuestra que los plaguicidas que las contienen causen cáncer de mama en personas ni calcula el riesgo asociado a su uso.
  • La exposición puede venir de varias fuentes: además de los productos agrícolas, el análisis considera posibles contactos a través de productos domésticos, alimentos y agua.
  • Información facilitada por el Silent Spring Institute

  • Fuente: Jennifer E. Kay, Rashmi Shakti, Jillian T. McEneaney, Claudia Polsky, Megan Schwarzman, Ruthann A. Rudel. Guiding Risk Reduction for Breast Cancer-Relevant Chemicals (BC-Chems): Chemical Production Volumes, Sources, Intake Levels, Emissions, and Regulations. Environmental Health Perspectives (2026). DOI: https://doi.org/10.1021/EHP.6c00022

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