¿Puede el campo magnético de la Tierra influir en cómo envejecemos? Esto es lo que dice un estudio con moscas
Un equipo de científicos sometieron a unas moscas a vivir casi aisladas del campo magnético terrestre y comprobaron que aumentó su esperanza de vida. Pero su mayor longevidad tuvo un precio: perdieron capacidad para moverse. El hallazgo apunta a que detrás de esta historia están las mitocondrias y abre una pregunta fascinante sobre el envejecimiento que aún no tiene respuesta para los seres humanos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
El campo magnético terrestre nos acompaña toda la vida, pero aún no sabemos si influye en cómo envejecemos. Crédito: IA-DALL-ER / RexMolón Producciones
Una mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) que vive casi sin campo magnético terrestre puede vivir más tiempo, pero moverse peor. Otra, sometida a las mismas condiciones, puede trepar mejor sin que aumente su esperanza de vida.
La diferencia entre ambas radica en un pequeño actor, esto es, un gen relacionado con el funcionamiento de sus mitocondrias, las estructuras celulares que suministran buena parte de la energía necesaria para vivir. Ese resultado, tan sugerente como difícil de interpretar, es el centro de una investigación de la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido, publicada en el último número de la revista Aging.
El estudio abre una pregunta poco explorada: si el campo magnético que nos acompaña desde siempre interviene en procesos celulares vinculados al envejecimiento. Por ahora, las pistas para reponder a este interrogante procede de experimentos con moscas, no con personas.
Por qué estudiar el campo magnético terrestre
Todos sabemos que la Tierra está rodeada por un campo magnético generado principalmente por el movimiento del hierro líquido en su núcleo externo. Ese campo se extiende al espacio, ayuda a desviar partículas cargadas procedentes del Sol y, en la superficie, tiene una intensidad que varía según el lugar: aproximadamente entre 25 y 60 microteslas.
Aunque nos rodea constantemente, el campo magnético terrestre es débil comparado, por ejempolo, con el de un aparato de resonancia magnética clínica, que puede ser decenas de miles de veces más intenso. Los biólogos conocen bien su papel como referencia de orientación para algunas especies migratorias, pero su posible relación con funciones celulares generales, como la producción de energía, está mucho menos clara.
🗣️ «Vivimos toda nuestra vida dentro del campo magnético de la Tierra. Atraviesa nuestro cuerpo, nuestras células y todos los organismos del planeta, y, sin embargo, sabemos sorprendentemente poco sobre si afecta a su funcionamiento y cómo lo hace», explica la bioquímica Lisa Chakrabarti, profesora de la Universidad de Nottingham, en un comunicado difundido por la institución y al que ha tenido acceso RexMolón.
Cuál es el papel del gen Pink1
Para abordar este fascinante enigma, el equipo de Chakrabarti introdujo moscas de la fruta, también llamadas moscas del vinagre, en un dispositivo de blindaje que reducía el campo magnético a unos 0,0056 microteslas: casi diez mil veces menos que el valor terrestre de referencia utilizado en el trabajo. Los investigadores compararon ejemplares machos sin la mutación estudiada con otros que carecían de una versión funcional del gen Pink1.
Cuando funciona de forma correcta, este gen participa en el control de calidad de las mitocondrias. Ahora bien, los insectos portadores de la versión mutante presentan problemas mitocondriales, dificultades de movimiento y una vida más corta, características que las convierten en un modelo experimental útil para estudiar ciertos aspectos de la neurodegeneración.
Hay que decir que el gen Pink1 también está relacionado con formas hereditarias de inicio temprano de la enfermedad de Parkinson en los seres humanos. Eso hace útil a la mosca como modelo para investigar algunos mecanismos de la neurodegeneración, aunque una mosca con el Pink1 alterado no reproduce por completo la enfermedad humana.
Pink1: vivir más, pero trepar peor
Entre las moscas mutantes expuestas a un campo casi nulo, los autores comunicaron un aumento de alrededor del 20 % en la duración de la vida; una mosca del vinagrevive en promedio entre 30 y 50 días en condiciones óptimas. El resultado estadístico más sólido correspondió al grupo que comenzó la exposición a los veinte días de edad: durante el seguimiento, su riesgo de morir fue aproximadamente la mitad que el del grupo mutante mantenido bajo el campo habitual. Cuando el blindaje empezó a los diez días, la reducción observada en el riesgo no alcanzó significación estadística.
El momento de la exposición, por tanto, parece importar; el experimento no permite todavía explicar por qué.
La sorpresa apareció al observar cómo se movían. Para medirlo, los investigadores golpeaban suavemente el recipiente de las moscas y registraban cuántas lograban superar una marca al trepar por sus paredes. Las mutantes expuestas al campo casi nulo sobrevivían más tiempo, pero subían peor que sus equivalentes expuestas al campo magnético terrestre.
Vivir más tiempo y conservar mejor la capacidad física, dos ideas que solemos reunir bajo la expresión envejecimiento saludable, tomaron aquí direcciones opuestas.
Moscas bajo el campo magnético terrestre y en un dispositivo que lo reduce casi a cero. El estudio comparó su supervivencia, capacidad de movimiento y función mitocondrial. Ilustración: Universidad de Nottingham.
¿Y qué pasó con las moscas sin la mutación?
En las moscas con el gen normal sucedió algo distinto. En determinados días del experimento, las moscas sin la alteración de Pink1 treparon mejor cuando estaban bajo el campo casi nulo. Su supervivencia exige una lectura más cuidadosa. Aunque el resumen del artículo afirma que su vida se acortó, los análisis detallados no encontraron una diferencia estadísticamente significativa frente al grupo de referencia.
Por ello, los datos no permiten afirmar con seguridad que la reducción del campo magnético acortara la vida de estas moscas.
La comparación entre ambos grupos apunta a una pregunta central: ¿depende la respuesta al campo magnético del estado previo de las mitocondrias? Los resultados son compatibles con esa posibilidad, pero todavía no explican el mecanismo.
Las mitocondrias ofrecen una pista
Para investigar qué podía haber cambiado en el interior de las moscas, el equipo midió la respiración mitocondrial: el consumo de oxígeno asociado a los procesos con los que las células obtienen energía. En las moscas sin la alteración genética encontró un aumento significativo de la actividad vinculada al complejo II, una parte de la maquinaria mitocondrial.
En las moscas con el gen Pink1 mutante también aparecieron cambios en la respiración mitocondrial. Sin embargo, los investigadores no pudieron confirmar estadísticamente que hubiera aumentado la actividad del complejo II. Para medirla, analizaron solo cuatro muestras por grupo, cada una preparada a partir de tres moscas.
Es un resultado interesante, pero necesita comprobarse con un número mayor de muestras..
Detalle de la cabeza de Drosophila melanogaster, la mosca de la fruta utilizada para estudiar cómo responde el organismo a un campo magnético casi nulo. Cortesía: Fedaro
Los radicales libres entran en escena
Los investigadores analizaron también señales relacionadas con la formación de radicales libres, como el superóxido. Para ello, emplearon sensores basados en diminutos diamantes con defectos controlados en su estructura. Esos sensores permitieron estudiar muestras preparadas a partir de las moscas; no identificaron directamente el mecanismo por el que un organismo percibiría el campo magnético.
Los radicales libres pueden causar daño cuando se producen en exceso, pero también intervienen en señales con las que las células responden a su entorno. Los autores plantean que una modificación de esas señales podría activar respuestas distintas según el estado de las mitocondrias. Es una explicación posible de los resultados, aún pendiente de demostración.
🗣️ «Nuestros resultados plantean la intrigante posibilidad de que el campo magnético terrestre forme parte del entorno biológico al que la vida se ha adaptado durante la evolución», señala Chakrabarti.
Es una hipótesis sobre la que trabajar, más que una conclusión establecida para todas las especies.
Qué dicen otros estudios sobre magnetismo, mitocondrias y envejecimiento
La nueva investigación se suma a trabajos que han encontrado respuestas biológicas al modificar la exposición magnética, aunque las especies, intensidades y variables estudiadas son diferentes.
En 2021, un equipo de investigadores coordinado por Yongxin Pan, del Grupo de Biogeomagnetismo de la Academia China de Ciencias de Pekín, Beijing (China), anunció en la revista Nature Communications, que unos ratones adultos mantenidos durante largo tiempo bajo un campo magnético muy reducido mostraron alteraciones en la formación de nuevas neuronas del hipocampo y un peor rendimiento en pruebas cognitivas. Los autores relacionaron esos efectos con cambios en procesos celulares sensibles al estado oxidativo.
Es verdad que se trataba de otra especie, otro tejido y otras variables medidas, así como que no examinó la longevidad como sí se hixo en el experimento de Nottingham, pero no menos cierto es que el trabajo de Pan refuerza la idea de que una reducción del campo magnético puede afectar a otros procesos relevantes para la salud.
La profesora Lisa Chakrabarti, de la Universidad de Nottingham, dirigió el estudio sobre los efectos de reducir el campo magnético terrestre en moscas de la fruta. Cortesía: Lisa Chakrabarti
Más cerca del experimento de Nottingham es una investigación de 2026 en la revista Biology en la que sus autores estudiaron moscas que mostraban una menor actividad de frataxina, una proteína importante para la función mitocondrial. El campo magnético reducido modificó su tiempo de desarrollo y algunas respuestas al estrés por frío o calor. Varios efectos dependieron de si las moscas presentaban o no esa alteración, en consonancia con la idea de que el estado biológico previo importa. Ese estudio no permite, por sí mismo, sacar conclusiones sobre la duración de la vida.
Otros investigadores han probado el cambio opuesto: aumentar la intensidad del campo magnético terrestre. En 2022, un estudio publicado en Scientific Reports encontró que un campo magnético estático moderado prolongaba la vida del gusano Caenorhabditis elegans y mejoraba algunas medidas de movimiento y función mitocondrial. Aumentar un campo y eliminarlo casi por completo son intervenciones distintas; sus efectos no deben interpretarse como si fueran dos dosis de un mismo tratamiento.
¿Influye el campo magnético de la Tierra en nuestro envejecimiento?
Todavía no se sabe. El estudio de Nottingham demuestra efectos de una exposición experimental extrema en moscas de la fruta. Se realizó solo con machos, algunos análisis celulares tuvieron muestras pequeñas y aún se desconoce qué mecanismo podría conectar la intensidad del campo magnético con los cambios observados en la supervivencia y el movimiento.
Tampoco hay pruebas derivadas de este trabajo de que reducir o aumentar la exposición magnética retrase el envejecimiento humano o sirva para tratar el Parkinson. Jacob Reed, doctorando y coautor, explica en el comunicado de la Universidad de Nottingham que gran parte de la investigación sobre magnetismo y seres vivos se ha centrado en la orientación de los animales y en los viajes espaciales. Estudiar organismos con problemas mitocondriales amplía ese campo de investigación, pero las posibles aplicaciones médicas siguen siendo una perspectiva lejana.
La pregunta que dejan las moscas es más precisa que una promesa de longevidad: ¿puede el mismo cambio ambiental favorecer la supervivencia y perjudicar una capacidad física, según el estado de las células? En este experimento, sí ocurrió. Saber por qué, y comprobar si sucede en otros animales, será el siguiente paso.▪️(24-septiembre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un experimento con moscas: investigadores de la Universidad de Nottingham redujeron casi a cero el campo magnético terrestre alrededor de moscas de la fruta.
- Más vida, menos movilidad: las moscas con una alteración en el gen Pink1 vivieron alrededor de un 20% más, pero empeoró su capacidad para trepar.
- Otra respuesta en las moscas sin la mutación: treparon mejor en determinados momentos. No se demostró un cambio significativo en su supervivencia.
- Las mitocondrias ofrecen una pista: la exposición modificó algunas medidas de producción de energía y señales relacionadas con los radicales libres. Aún se desconoce el mecanismo exacto.
- En humanos, la pregunta sigue abierta: el estudio no demuestra que el campo magnético terrestre influya en cómo envejecemos ni propone un tratamiento para el Parkinson.
GENÉTICA Y SENECTUD
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Campo Magnético Terrestre y Longevidad
🪰 ¿Se ha demostrado que el campo magnético terrestre regula nuestra edad biológica?
No. Se han observado cambios en moscas expuestas a un campo magnético casi nulo. El estudio no midió el envejecimiento en seres humanos.
🪰 ¿Las moscas que vivieron más estaban más sanas?
No necesariamente. Las moscas con Pink1 alterado expuestas al blindaje vivieron más, pero treparon peor. El resultado separa la duración de la vida de una medida concreta de capacidad física.
🪰 ¿Qué relación tiene Pink1 con el Parkinson?
El gen Pink1 participa en el mantenimiento de las mitocondrias. Algunas alteraciones de este gen están asociadas con formas hereditarias de Parkinson de inicio temprano. La mosca mutante sirve para estudiar aspectos de ese proceso, pero no equivale a una persona con Parkinson.
🪰 ¿Podría utilizarse un campo magnético reducido como tratamiento?
No existe una aplicación clínica respaldada por este estudio. Antes habría que reproducir los resultados, aclarar el mecanismo, evaluar sus posibles efectos perjudiciales y comprobar qué sucede en modelos más próximos a los humanos.
Información facilitada por la Universidad de Nottingham
Fuente: Reed J., Fromhold M., Moisoi N., Mather M., Chakrabarti L. Hypomagnetic fields modulate lifespan, physical ability and mitochondrial metabolism in a Pink1 model of neurodegeneration. Aging 2026). DOI: https://doi.org/10.18632/aging.206424
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