Cómo consiguen estas serpientes rodar a 13 km/h sin perder el control de su cabeza
Sin patas ni ruedas, unas pequeñas serpientes del sudeste asiático han desarrollado una asombrosa técnica de escape que desafía las limitaciones de su anatomía. Un estudio nos descubre la extraordinaria coreografía de giros, impulsos y torsiones que les permite avanzar a toda velocidad sin perder la orientación.
Por Enrique Coperías, periodista científico
En las selvas de Borneo vive una pequeña serpiente capaz de hacer algo que parece desafiar las posibilidades de su anatomía. Cuando necesita escapar, en lugar de deslizarse entre las hojas como cualquier otra serpiente, arquea el cuerpo, levanta parte de él del suelo y comienza a rodar sobre sí misma. En cuestión de segundos se transforma en una especie de rueda viviente que avanza a una velocidad sorprendente.
Pero lo verdaderamente extraordinario no es que ruede, sino que consigue mantener la cabeza orientada hacia delante mientras el resto de su cuerpo gira de forma vertiginosa. Es como si un acróbata pudiera ejecutar una sucesión de volteretas sin dejar de mirar al frente.
Este comportamiento, tan insólito que podría parecer una ilusión óptica, acaba de encontrar una explicación científica. Un equipo internacional de herpetólogos encabezado por investigadores de la Universidad de Toho, en Japón, ha reconstruido los movimientos de estas serpientes mediante grabaciones desde distintos ángulos.
Sus resultados, publicados en la revista Current Biology, muestran que los reptiles ejecutan una compleja coreografía de giros, impulsos y torsiones que les permite alcanzar velocidades de hasta 13,3 kilómetros por hora, aproximadamente cuatro veces superiores a las que consiguen reptando de manera convencional.
El hallazgo no solo revela una estrategia de escape excepcional. También plantea una pregunta fascinante para la biomecánica: ¿cómo puede un animal sin patas, articulaciones circulares ni un eje de rotación independiente desplazarse como una rueda sin perder el control de su trayectoria?
Por qué es tan difícil que un animal se desplace rodando
La rueda es uno de los inventos más eficaces de la humanidad, pero constituye una rareza casi absoluta entre los mecanismos naturales de locomoción. No es difícil entender por qué. Para girar continuamente, una rueda necesita rotar alrededor de un eje que permanece separado de aquello que transporta. En un automóvil, por ejemplo, las ruedas giran mientras los pasajeros permanecen relativamente estables.
Los animales carecen de esa solución mecánica. Sus tejidos, músculos, nervios y vasos sanguíneos forman sistemas continuos que no pueden girar indefinidamente alrededor de un eje sin afrontar importantes limitaciones anatómicas y fisiológicas.
Algunas especies han encontrado alternativas parciales. Ciertos animales se enrollan y aprovechan la gravedad para descender rodando por pendientes. Otros adoptan posturas que favorecen movimientos circulares. Sin embargo, rodar activamente, a gran velocidad y manteniendo el rumbo representa un desafío mucho mayor.
El reto de no «perder la cabeza»
El problema principal está en la cabeza. Si todo el cuerpo gira como una única estructura, también lo hacen los ojos y los demás órganos sensoriales. Mantener la orientación y realizar correcciones durante la huida se vuelve entonces especialmente difícil.
Las pequeñas serpientes del género Pseudorabdion, conocidas como serpientes enanas de los juncos, parecen haber encontrado una respuesta ingeniosa: hacer que distintas regiones del cuerpo desempeñen funciones diferentes durante el movimiento.
En lugar de comportarse como una rueda rígida, utilizan una parte del cuerpo para generar la rotación mientras mantienen la región anterior relativamente estabilizada. El resultado recuerda más a una acrobacia perfectamente coordinada que al funcionamiento de un mecanismo circular convencional.
Ejemplar de Pseudorabdion saravacense, una de las serpientes enanas de los juncos estudiadas por los investigadores. Esta especie es capaz de escapar rodando sobre su propio cuerpo a gran velocidad mientras mantiene la cabeza estable. Crédito: Yosuke Kojima.
El descubrimiento de unas serpientes que escapan dando volteretas
Estas serpientes viven en el sudeste asiático y pasan buena parte de su existencia ocultas entre la hojarasca y otros refugios naturales. Son animales pequeños, discretos y difíciles de observar, lo que ayuda a explicar por qué su peculiar comportamiento había pasado casi inadvertido para la ciencia.
Aunque existían referencias anteriores a serpientes capaces de rodar, una observación publicada en 2023 en la revista Biotropica permitió documentar fotográficamente esta forma de escape en la especie Pseudorabdion longiceps. El trabajo confirmó que no se trataba simplemente de una interpretación exagerada de sus movimientos.
Aquellas imágenes, sin embargo, no podían mostrar con precisión qué sucedía durante cada giro.
Yosuke Kojima, investigador de la Universidad de Toho y primer autor del nuevo estudio, reconoce que la primera vez que observó estas serpientes se quedó asombrado por su dinamismo y quiso comprender cómo lo conseguían.
La oportunidad llegó con una investigación desarrollada en Borneo durante 2019 y 2022. El equipo estudió trece serpientes del género Pseudorabdion, pertenecientes a tres especies: once ejemplares de Pseudorabdion saravacense, uno de Pseudorabdion collaris y otro de Pseudorabdion longiceps. Como comparación, también examinó seis serpientes del género Calamaria, emparentadas con las anteriores.
La diferencia fue reveladora. Todos los ejemplares de Pseudorabdion realizaron el característico movimiento de rodadura, mientras que ninguno de los seis individuos de Calamaria lo hizo durante las pruebas. Además, cinco de las serpientes capaces de rodar también se desplazaron mediante las ondulaciones laterales habituales, antes o después de sus acrobacias.
Rodar, una alternativa de esplazamiento
Esto indica que rodar no sustituye necesariamente a la locomoción tradiciona, sino que constituye otra posibilidad dentro del repertorio de movimientos de estos animales.
Para analizarla, los investigadores grabaron a las serpientes desde diferentes perspectivas mientras recorrían una pista de apenas 20 centímetros de anchura. La estrechez del recorrido permitió comprobar que los animales podían avanzar rápidamente sin desviarse de manera descontrolada.
Los resultados sorprendieron incluso a los científicos. Durante la rodadura, las velocidades máximas oscilaron entre 1,72 y 3,69 metros por segundo, con una media de 2,29 metros por segundo. El valor superior equivale a unos 13,3 kilómetros por hora: una velocidad notable para animales de dimensiones tan reducidas.
Pero fue el análisis de las imágenes ralentizadas el que desveló el verdadero secreto de su desplazamiento.
Esquema de las acrobacias que permiten a las serpientes enanas de los juncos avanzar rodando. Las dos secuencias muestran cómo alternan los giros hacia ambos lados, mientras mantienen la cabeza orientada hacia delante. Cortesía: Yosuke Kojima y Kanon Tanaka
Una sucesión de volteretas perfectamente sincronizadas
A primera vista, la serpiente parece enrollarse y girar como un aro. Sin embargo, las cámaras revelaron que el movimiento es bastante más sofisticado.
Todo comienza cuando la parte posterior del cuerpo se curva hasta adoptar una forma aproximadamente circular y entra en contacto con el suelo por uno de sus costados. Mientras esa región rueda, la parte anterior permanece levantada y la cabeza continúa mirando hacia delante.
A medida que avanza, el cuerpo se estira y el contacto con el suelo se desplaza hacia la cola. Esta acaba ejerciendo un impulso que puede elevar momentáneamente al animal por completo. Entonces, la serpiente describe una especie de S y forma un arco que pasa por encima de su cabeza.
Llega después el movimiento decisivo: el arco corporal desciende por uno de los lados de la cabeza hasta tocar nuevamente el suelo, iniciando otra rotación. Los investigadores denominan a esta maniobra stroke, término inglés que puede traducirse aproximadamente como golpe de impulso.
Lo sorprendente es que la secuencia no se repite siempre hacia el mismo lado. Si durante un ciclo el cuerpo contacta con el suelo por el costado izquierdo, en el siguiente lo hace por el derecho. Los impulsos también alternan de izquierda a derecha. Esta organización exige una torsión corporal equivalente a media vuelta en cada transición, aunque los investigadores advierten que no pudieron observar directamente esa torsión debido a la extraordinaria rapidez del movimiento.
La alternancia tiene sentido desde el punto de vista anatómico. Las serpientes están especialmente adaptadas para flexionar el cuerpo lateralmente, no tanto para doblarlo de arriba abajo. La maniobra aprovecha precisamente esa capacidad.
El secreto está en mantener la cabeza estable
La observación más interesante apareció cuando los científicos analizaron por separado las trayectorias de la cabeza y de la cola.
Mientras la parte posterior describía movimientos circulares amplios y rápidos, la cabeza permanecía orientada hacia la dirección del desplazamiento. No estaba completamente inmóvil: durante la fase de rodadura avanzaba con rapidez y, al producirse el siguiente impulso, experimentaba una breve desaceleración.
Este patrón recuerda a los movimientos de algunas aves, que alternan desplazamientos rápidos de la cabeza con momentos de relativa estabilidad para facilitar la orientación visual.
Los investigadores descubrieron, además, que la estabilidad mejoraba durante los desplazamientos más veloces. Al comenzar a rodar o hacerlo lentamente, las serpientes apoyaban ocasionalmente zonas próximas al cuello, lo que provocaba oscilaciones verticales de la cabeza. En cambio, cuando aumentaban la velocidad, el apoyo tendía a desplazarse hacia regiones posteriores del cuerpo.
Así conseguían mantener la cabeza más elevada y reducir sus movimientos hacia arriba y hacia abajo.
Esta estabilización podría facilitar la orientación sensorial y el control de la trayectoria durante la huida, aunque el estudio no midió directamente la visión ni la actividad del sistema nervioso.
Una estrategia que recuerda a las serpientes voladoras
El fenómeno tiene un precedente interesante en las serpientes voladoras del género Chrysopelea, capaces de lanzarse desde los árboles y planear. En ellas también se ha observado que la cabeza conserva una orientación relativamente estable durante movimientos corporales intensos.
Para Jessica Tingle, bióloga de la Universidad Brown que no participó en la investigación, resulta especialmente sorprendente que un animal tan alargado consiga rodar de una manera tan explosiva, sometiendo quizá a sus músculos y huesos a exigencias considerables. En declaraciones recogidas por Science News, la investigadora plantea una cuestión todavía abierta: ¿poseen estas pequeñas serpientes alguna particularidad anatómica o neurológica que les permite ejecutar la maniobra, o disponen otras serpientes de capacidades semejantes que sencillamente no utilizan?
Serpiente voladora Chrysopelea paradisi. Cortesía: Alan Couch
Una habilidad extraordinaria que todavía plantea interrogantes
La investigación demuestra cómo se produce la rodadura, pero no resuelve todas las preguntas sobre su funcionamiento y evolución.
Se desconoce, por ejemplo, cuánta energía consume esta forma de locomoción y durante cuánto tiempo pueden mantenerla los animales. Kojima reconoce que el movimiento podría resultar energéticamente costoso, aunque todavía no existen datos suficientes para determinar su resistencia.
Tampoco se ha comprobado experimentalmente hasta qué punto estabilizar la cabeza mejora las posibilidades de escapar de un depredador.
Kanto Nishikawa, coautor del trabajo e investigador de la Universidad de Kioto, subraya otro aspecto del descubrimiento. En una declaración difundida por esta institución, explica que la investigación nació de un comportamiento descubierto accidentalmente durante estudios de historia natural en Sarawak, Malasia, y de las preguntas que suscitó aquella observación.
No se trataba de comprobar una hipótesis previamente establecida, sino de investigar algo completamente inesperado. Para Nishikawa, constituye un ejemplo del valor de la investigación de campo para descubrir fenómenos desconocidos.
Y quizá ahí reside la enseñanza más sugerente del estudio. La evolución no siempre necesita desarrollar nuevas estructuras para producir habilidades sorprendentes. A veces basta con encontrar otra manera de utilizar las que ya existen.
Estas diminutas serpientes no tienen ruedas ni ejes mecánicos. Tampoco han dejado de ser animales alargados, flexibles y sin extremidades. Simplemente han conseguido coordinar su anatomía de una manera que parecía improbable.
No han inventado la rueda: han descubierto cómo comportarse como una sin necesidad de tenerla. Y, mientras el resto de su cuerpo gira a toda velocidad, mantienen la cabeza lo bastante estable como para seguir adelante.▪️(21-octubre-2026)
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¿Existen serpientes que se desplazan rodando?
Sí. Algunas serpientes enanas de los juncos del género Pseudorabdion, presentes en el sudeste asiático, pueden desplazarse mediante movimientos de rodadura activa, especialmente como estrategia de escape.
¿Cuál es la velocidad máxima registrada en estas serpientes?
En el estudio publicado en Current Biology alcanzaron velocidades máximas de entre 1,72 y 3,69 metros por segundo, equivalentes a aproximadamente 6,2 y 13,3 kilómetros por hora. La rodadura les permitió alcanzar velocidades máximas unas cuatro veces superiores, de media, a las registradas durante la reptación convencional.
¿Cómo evitan marearse o desorientarse cuando ruedan?
Las serpientes mantienen la cabeza relativamente estable y orientada hacia delante mientras la parte posterior del cuerpo gira rápidamente. Los investigadores consideran que esta coordinación podría favorecer el control sensorial, aunque no estudiaron directamente si experimentan mareo.
¿Todas las serpientes pueden rodar?
No se ha demostrado. En esta investigación, los 13 ejemplares del género Pseudorabdion realizaron rodaduras, mientras que ninguno de los seis individuos del género Calamaria utilizados como comparación mostró ese comportamiento.
¿Para qué utilizan esta forma de desplazamiento?
Se interpreta principalmente como una estrategia de escape ante posibles depredadores. Las serpientes pueden avanzar rápidamente y terminar su desplazamiento refugiándose debajo de objetos próximos. El estudio no midió directamente su eficacia frente a ataques.
Fuente científica: Kojima, Y. y colaboradores (2026). Locomotor kinematics and head stabilization in rolling snakes. Current Biology. Consultar el estudio original.
Información facilitada por la Universidad de Tōhō
Fuente: Kojima Y., Fukuyama I., Hossman M. et al. Locomotor kinematics and head stabilization in rolling snakes.
Current Biology (2026). DOI: 10.1016/j.cub.2026.08.057
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