El ADN antiguo de miles de individuos europeos respalda una leyenda escrita hace 1.500 años sobre el origen escandinavo de los godos. Las investigaciones reconstruyen sus migraciones hacia el sur, su mezcla con otros pueblos y la expansión de su cultura hasta la península ibérica.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación fotorrealista de una batalla entre soldados romanos y guerreros bárbaros, inspirada en el sarcófago Ludovisi, una obra romana del siglo III. Imagen generada con inteligencia artificial a partir del relieve original. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
En el año 551, el historiador Jordanes, que vivió en el Imperio romano de Oriente, escribió un relato extraordinario sobre el origen de los godos, uno de los pueblos germánicos que habían contribuido a transformar el mundo romano. Según su relato, sus antepasados habían partido siglos atrás de una remota tierra septentrional llamada Scandza, considerada la cuna de las naciones. Después de cruzar el mar Báltico a bordo de tres barcos y desembarcar en las costas de lo que hoy es Polonia, emprendieron una larga migración hacia el sur, hasta alcanzar las regiones próximas al mar Negro.
Durante décadas, numerosos historiadores consideraron aquella narración poco más que un mito destinado a proporcionar un pasado glorioso a un pueblo conquistador. Pero el ADN antiguo extraído de esqueletos de hace casi dos milenios está dando una inesperada credibilidad a aquella leyenda.
Un ambicioso estudio internacional publicado en la revista Nature ha encontrado pruebas genéticas de importantes desplazamientos humanos desde Escandinavia hacia Europa continental durante la Edad del Hierro. La investigación, basada en la secuenciación de 712 genomas antiguos y su comparación con otros 4.009 publicados anteriormente, apunta a que las poblaciones asociadas a los primeros godos en Polonia experimentaron una profunda transformación genética.
Los resultados indican un proceso migratorio mucho más importante de lo que sugerían algunas interpretaciones históricas: no llegaron solo unos pocos guerreros que impusieron sus costumbres, sino grupos de población suficientemente numerosos como para modificar la composición genética de las comunidades existentes.
¿De dónde procedían los godos? La genética apunta a Escandinavia
La investigación está encabezada por Hugh McColl, de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, y cuenta entre sus autores con el lingüista Guus Kroonen, de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, y el genetista Eske Willerslev, de la misma universidad danesa.
Los investigadores combinaron ADN antiguo, arqueología y lingüística histórica para reconstruir las migraciones que acompañaron la expansión de las lenguas germánicas por Europa.
La clave se encuentra en los cementerios de la cultura de Wielbark, que prosperó en el norte de la actual Polonia desde aproximadamente el siglo I de nuestra era y tradicionalmente relacionada con los primeros godos.
Sus enterramientos muestran objetos y costumbres funerarias característicos que los arqueólogos llevaban décadas estudiando sin poder establecer con seguridad quiénes eran aquellas personas y de dónde procedían sus antepasados. Ahora, el análisis de sus genomas revela una fuerte afinidad con poblaciones de Suecia durante la Edad del Hierro.
«Observamos una sustitución poblacional casi completa», explica Kroonen en declaraciones recogidas por la revista Science. Para el investigador, se trata de un indicio muy sólido de que inicialmente hubo «una gran migración desde Escandinavia hacia Polonia».
El descubrimiento encaja con los modelos lingüísticos que sitúan la separación del gótico respecto de otras lenguas germánicas hace aproximadamente 2.000 años.
Encuentro entre el líder godo Atanarico y el emperador romano Valente en el Danubio. Ilustración de Eduard Bendemann (1860). Crédito: AKG Images / Coloreado con Gemini
Una prueba que obliga a revisar la historia de los pueblos bárbaros
Durante buena parte del siglo XX, numerosos historiadores habían restado importancia a las grandes migraciones para explicar la difusión de las culturas germánicas. Según esta interpretación, pequeños grupos de guerreros y dirigentes habrían extendido su lengua y sus costumbres entre poblaciones que ya habitaban las fronteras romanas.
Los datos genéticos obligan ahora a matizar esa explicación. «Lo que muestran los análisis genéticos es lo mismo que cuentan las fuentes antiguas y que buena parte de la historiografía de finales del siglo XX se ha esforzado en negar —señala Noel Lenski, historiador de la Universidad de Yale, en la revista Science. Y añade—: Tenemos que admitir que las fuentes sabían más de lo que pensábamos».
Para Peter Heather, historiador del King's College de Londres, en el Reino Unido, estas investigaciones están desplazando nuevamente el debate hacia una mayor importancia de los movimientos reales de población.
Un estudio anterior, publicado en enero de 2025 en Nature y dirigido por Leo Speidel, del Instituto Francis Crick de Londres, en el Reino Unido, ya había identificado un cambio extraordinario en los habitantes del norte de Polonia.
Conviene recordar que el ADN no permite identificar directamente a una persona como goda. Lo que revela son afinidades genéticas entre poblaciones. La identificación de aquellos individuos con los primeros godos depende también de las pruebas arqueológicas, lingüísticas e históricas.
Mediante una nueva técnica de análisis de 1.556 genomas antiguos, Speidel y sus colegas descubrieron que los individuos asociados a la cultura de Wielbark presentaban más de un 75 % de ascendencia relacionada con poblaciones escandinavas de la Edad del Hierro. En algunos enterramientos antiguos, esa proporción se aproximaba al 100 %.
Los godos no eran un pueblo genéticamente homogéneo
La historia de los godos, sin embargo, no fue la de una comunidad que abandonó Escandinavia y atravesó Europa sin mezclarse con nadie. Una investigación publicada en enero de este año en Genome Biology ha permitido observar esa transformación en los antiguos cementerios de Masłomęcz, en el sureste de Polonia, relacionados con comunidades godas de los siglos II al IV.
El equipo encabezado por investigadores de la Universidad de Varsovia, entre ellos la arqueogenetista Martyna Molak, obtuvo información genómica de 37 individuos pertenecientes a aquella comunidad.
Aproximadamente la mitad mostraba una ascendencia estrechamente relacionada con poblaciones escandinavas. Pero junto a ellos aparecieron personas con componentes genéticos vinculados al Báltico, los Balcanes y otras regiones europeas, incluso del entorno mediterráneo.
Lejos de constituir una sociedad aislada, aquella comunidad parecía haber sido un lugar de encuentro entre individuos procedentes de poblaciones muy distintas.
Distribución geográfica (a) y cronológica (b) de los individuos cuyos genomas antiguos se analizaron, desde finales del Neolítico y comienzos de la Edad del Bronce hasta la época vikinga. En verde, los nuevos genomas secuenciados; en azul, los publicados anteriormente. Crédito: McColl y colaboradores, Nature (2026).
Un padre y su hija revelan cómo se mezclaban las comunidades godas
Una de las historias más reveladoras apareció al identificar dos individuos enterrados en aquel conjunto funerario que, según los análisis, probablemente eran un padre y su hija.
El hombre tenía un linaje paterno asociado a Escandinavia. Su hija, en cambio, mostraba una ascendencia genética diferente, compatible con la existencia de una madre procedente de otra población cuyo origen exacto no ha podido determinarse.
El hallazgo ilustra cómo las comunidades godas incorporaban personas de otras procedencias mediante relaciones familiares. «Podemos ver que algunas personas llegaron desde lugares bastante lejanos y se mezclaron con la población», explica Molak en Science.
La diversidad genética descubierta sugiere que ser godo no dependía exclusivamente de la ascendencia biológica. La identidad también podía construirse mediante vínculos sociales, costumbres compartidas, alianzas políticas y la adopción de una lengua común.
De Escandinavia al saqueo de Roma: cómo se expandieron los godos
Los desplazamientos desde el Báltico hacia el mar Negro tuvieron consecuencias que acabarían afectando al corazón del Imperio romano. Desde el siglo III, las fuentes antiguas describen enfrentamientos cada vez más frecuentes entre los ejércitos imperiales y grupos identificados como godos.
En el año 251, el emperador romano Decio y su hijo Herenio Etrusco murieron combatiendo contra las fuerzas godas dirigidas por Cniva en la batalla de Abrito, en el territorio de la actual Bulgaria.
Siglo y medio después, en 410, los visigodos encabezados por Alarico entraron en Roma y saquearon la ciudad. Aquel acontecimiento simbolizó el debilitamiento del poder imperial, aunque el Imperio romano de Occidente sobreviviría hasta el año 476.
Pero el ADN introduce un matiz fundamental: conforme los godos avanzaban hacia el sur y el oeste, su composición genética se hacía cada vez más diversa. Los autores del estudio cuentan en Nature que se encontraron con que los individuos asociados a comunidades ostrogodas de Ucrania y a enterramientos visigodos de la península ibérica presentaban mayoritariamente ascendencias locales.
«En algún momento aparece una élite que transmite la tradición y conserva la lengua gótica dentro de confederaciones más amplias», explica en Science Joscha Gretzinger, arqueogenetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, en Alemania.
Kroonen describe esta evolución como una historia en dos capítulos: primero hubo una importante migración; después, los grupos se mezclaron y la identidad gótica pasó a difundirse cada vez más mediante mecanismos culturales.
El saqueo de Roma en el año 455 por los vándalos del rey Genserico, ocurrido 45 años después de que los visigodos de Alarico tomaran la ciudad. Pintura de Karl Briulov (1833-1835). Galería Tretiakov, Moscú
¿Qué revela el ADN de los visigodos que llegaron a España?
La península ibérica constituye el último gran escenario de esta historia. Un estudio publicado el 21 de octubre de 2026 en la revista Cell, encabezado por Pablo Carrión y desarrollado por un consorcio internacional con participación española, ha reconstruido la historia genética de Hispania entre los siglos I y VIII.
Los investigadores analizaron 243 genomas antiguos de 31 yacimientos arqueológicos y descubrieron que la llegada suevos y visigodos, pueblos germánicos, y de los alanos, de origen sármata, introdujo ascendencia procedente de Europa central y septentrional, especialmente en determinados contextos asociados a las nuevas élites dirigentes.
Sin embargo, aquella llegada no provocó una sustitución generalizada de la población hispanorromana. La contribución genética estimada de esos grupos osciló entre el 12 % y el 22 %, dependiendo de las regiones y los contextos sociales estudiados.
🗣️ «Lo que más nos ha sorprendido es el contraste entre ambos procesos. Roma creó una sociedad extraordinariamente diversa mediante movimientos de población a través del Mediterráneo. Las migraciones posteriores introdujeron nuevas ascendencias, pero su impacto demográfico fue mucho menor», explica Carrión en un comunicado del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona.
Los análisis también identificaron dos hermanos con ascendencia centroeuropea enterrados a unos 725 kilómetros de distancia, uno en Mérida y otro en la provincia de Castellón.
El hallazgo permite comprender aquellas migraciones no solo como movimientos de grandes grupos humanos, sino también como historias de familias que recorrieron enormes distancias a través de los territorios del antiguo Imperio.
Eske Willerslev, profesor de la Universidad de Copenhague y coautor del estudio publicado en Nature que reconstruye las migraciones de los pueblos germánicos mediante el análisis de ADN antiguo. Cortesía: Villum Foundation
El ADN antiguo también ayuda a reconstruir el origen de las lenguas germánicas
El trabajo publicado en Nature aborda, además, un problema histórico y lingüístico mucho más amplio: cómo se extendieron las lenguas germánicas por Europa. Sus resultados permiten investigar cómo se extendieron las lenguas germánicas, una familia lingüística que incluye el inglés, el alemán, el neerlandés y los actuales idiomas escandinavos.
Los científicos identificaron una expansión genética anterior, posiblemente llegada desde la región báltica hasta Suecia hace unos 4.000 años, que podría haber contribuido a introducir en Escandinavia una forma primitiva de estas lenguas.
También detectaron movimientos posteriores desde el norte de Alemania hacia Dinamarca y el sur de Suecia, coincidiendo con transformaciones lingüísticas relacionadas con la aparición del nórdico antiguo.
No obstante, los investigadores insisten en una distinción esencial: el ADN revela parentescos biológicos y desplazamientos de población, pero no permite saber directamente qué lengua hablaba una persona.
Por eso, las conclusiones sobre la expansión del gótico y de otras lenguas germánicas se construyen combinando los datos genéticos con inscripciones, restos arqueológicos y estudios lingüísticos.
¿Tenía razón Jordanes? Lo que la genética demuestra y lo que sigue siendo una leyenda
La nueva evidencia no significa que todos los episodios narrados por Jordanes deban aceptarse literalmente. El historiador también atribuyó a los godos acontecimientos difíciles de sostener históricamente, como su participación en la conquista de Troya o encuentros con faraones egipcios.
Tampoco se ha demostrado que los primeros emigrantes escandinavos viajaran exactamente en tres barcos, ni que siguieran todas las rutas descritas por el cronista. Además, la cremación de los cadáveres, una práctica frecuente entre numerosas poblaciones antiguas, ha destruido buena parte del material genético que permitiría reconstruir su historia con mayor precisión.
«Es perfectamente posible que esté inventando cosas o uniéndolas para construir el mito del pasado godo», advierte Lenski en Science. Sin embargo, el historiador considera plausible que Jordanes utilizara recuerdos transmitidos durante generaciones y que el origen escandinavo fuera uno de los elementos históricamente auténticos de aquella memoria colectiva.
El ADN antiguo respalda, por tanto, una parte fundamental de la leyenda: hubo movimientos de población desde Escandinavia hacia el territorio de la actual Polonia, compatibles con el origen tradicional de los godos. No confirma todos sus detalles ni demuestra que los grupos posteriores tuvieran una ascendencia exclusivamente escandinava.
El hallazgo sugiere, además, que una tradición oral transmitida durante generaciones pudo conservar el recuerdo de una migración ocurrida siglos antes de que alguien la pusiera por escrito.
Mil quinientos años después, los huesos de personas anónimas enterradas en distintos rincones de Europa están permitiendo contrastar aquella memoria con pruebas que Jordanes jamás habría imaginado.
La genética no ha demostrado que toda su leyenda fuera cierta. Pero sí ha revelado que, detrás de uno de los grandes relatos del final de la Antigüedad, había mucha más historia de la que se creía.▪️(5 de noviembre de 2026)
Los godos y su origen: seis preguntas que responde el ADN antiguo
¿De dónde procedían los godos? ¿Qué relación tenían con Escandinavia? ¿Cómo llegaron hasta Hispania? Las nuevas investigaciones genéticas permiten reconstruir parte de su historia y separar los hechos de las leyendas. Pulsa en cada pregunta para descubrir la respuesta.
1. ¿De dónde eran originarios los godos?
Los estudios de ADN antiguo respaldan que algunos de los primeros grupos asociados a los godos procedían de Escandinavia, especialmente de poblaciones relacionadas con la actual Suecia. Desde allí se habrían desplazado hacia el norte de Polonia durante los primeros siglos de nuestra era.
2. ¿Qué ha descubierto el ADN antiguo sobre los godos?
Ha identificado una importante migración con ascendencia escandinava hacia Polonia, seguida de mezclas con poblaciones del Báltico, Europa central, los Balcanes y otras regiones. Los resultados apoyan un origen migratorio inicial y una posterior expansión cultural de la identidad goda.
3. ¿Quién fue Jordanes y qué escribió sobre los godos?
Jordanes fue un historiador del siglo VI que escribió Getica, una obra sobre el origen y la historia de los godos. En ella narró que sus antepasados partieron de una región septentrional llamada Scandza y cruzaron el mar Báltico antes de establecerse en Europa continental.
4. ¿Cuándo saquearon los visigodos Roma?
Los visigodos, dirigidos por Alarico, saquearon Roma en agosto del año 410. Fue uno de los acontecimientos más simbólicos de la crisis del Imperio romano de Occidente, que desapareció como entidad política en el año 476.
5. ¿Los visigodos cambiaron la genética de los habitantes de España?
Introdujeron ascendencia vinculada a Europa central y septentrional, pero no sustituyeron a la población hispanorromana. Un estudio publicado en Cell en 2026 estima contribuciones genéticas de los grupos migratorios de entre el 12 % y el 22 %, según los contextos estudiados.
6. ¿Puede el ADN antiguo demostrar qué idioma hablaban los godos?
No directamente. El ADN antiguo permite investigar parentescos biológicos y migraciones, pero las lenguas se reconstruyen mediante testimonios escritos, lingüística histórica y arqueología. La combinación de estas disciplinas permite formular hipótesis sobre la expansión del gótico y otras lenguas germánicas.
Fuente: McColl, H., Kroonen, G., Moreno-Mayar, J. V. et al. Tracing the spread of Germanic languages using ancient genomics. Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-025-09064-1
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