Los 280 grabados prehistóricos de una cueva de Tarragona que cambian el mapa del arte paleolítico europeo

Un extraordinario conjunto de arte rupestre, con caballos, ciervos y un insólito oso, permaneció oculto a plena vista durante décadas. Un estudio publicado en Antiquity revela por qué este hallazgo obliga a reconsiderar la historia del arte prehistórico en la península ibérica.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Josep Maria Vergès, investigador del IPHES-CERCA, documenta fotográficamente los grabados paleolíticos de la Cova de la Font Major, en Tarragona.

Josep Maria Vergès, investigador del IPHES-CERCA, documenta fotográficamente los grabados paleolíticos de la Cova de la Font Major, en Tarragona. Cortesía: Míriam Salas-Altès / IPHES-CERCA

El 30 de octubre de 2019, el arqueólogo Josep Maria Vergès entró en una pequeña galería de la Cova de la Font Major, en l'Espluga de Francolí (Tarragona), después de que la presencia de unos turistas en aquel sector despertara su curiosidad. Las paredes estaban cubiertas de nombres, fechas y grafitis modernos. Al iluminarlas lateralmente con su linterna, distinguió unas incisiones que parecían mucho más antiguas. Después aparecieron otras líneas y, finalmente, la silueta de un caballo. Aquella pared aparentemente garabateada escondía uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes de la España mediterránea.

Lo sorprendente es que miles de personas habían pasado durante décadas ante aquellas figuras sin reconocerlas. Algunos visitantes incluso habían grabado sus nombres sobre ellas. Sin saberlo, estaban deteriorando un patrimonio artístico que, según las primeras estimaciones, podría tener más de 19.000 años de antigüedad.

Ahora, una investigación del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) y la Universidad Rovira i Virgili (URV), publicada en la revista científica Antiquity, revela la verdadera dimensión del descubrimiento.

El equipo ha documentado 280 motivos gráficos, entre ellos 55 representaciones de animales, una concentración excepcional que convierte a la Cova de la Font Major en el tercer mayor conjunto de arte parietal paleolítico de la fachada mediterránea ibérica por número de representaciones animales, solo por detrás de las cuevas de Ardales y La Pileta, en Andalucía.

El hallazgo no solo amplía el catálogo del arte prehistórico español. También cuestiona la idea, mantenida durante décadas, de que el nordeste de la península ibérica ocupó un lugar secundario en las expresiones artísticas de las poblaciones del Paleolítico superior.

Qué han descubierto los arqueólogos en la Cova de la Font Major

La investigación, firmada por Josep Maria Vergès Bosch y Míriam Salas-Altès, presenta el análisis detallado de un conjunto de grabados paleolíticos identificados originalmente en 2019.

El arte rupestre paleolítico comprende las figuras de animales y otros motivos, figurativos o abstractos, que nuestros antepasados realizaron sobre superficies rocosas durante el Paleolítico. Cuando se encuentran en paredes y techos de cuevas se denominan también arte parietal.

Cinco datos que explican la importancia del hallazgo

La Cova de la Font Major, en Tarragona, se ha convertido en una referencia del arte paleolítico europeo. Estas son las cifras y características que hacen excepcional su descubrimiento.

280

Motivos gráficos documentados en las paredes y techos de la cueva.

55

Representaciones de animales, entre ellas caballos, ciervos, bóvidos, caprinos y un oso excepcional.

250 m

Desde la entrada actual hasta las galerías de las Gatoneres de Cal Palletes, donde se concentran los grabados.

+19.000 años

Antigüedad estimada para numerosas figuras. La cronología aún no está confirmada mediante dataciones directas.

3.er lugar

En la fachada mediterránea ibérica por número de animales representados en arte parietal paleolítico. Solo lo superan las cuevas de Ardales y La Pileta, ambas en Andalucía.

Fuente: Vergès Bosch, J. M. y Salas-Altès, M. (2026). Antiquity. Consultar el estudio científico . La atribución cronológica de los grabados es provisional.

La excepcionalidad del descubrimiento se aprecia mejor al compararlo con otros yacimientos. Según el estudio, aproximadamente el 75 % de los conjuntos de arte parietal paleolítico conocidos en la fachada mediterránea ibérica contiene como máximo cinco figuras de animales, mientras que más del 90 % no supera las veinte.

La Font Major, con 55 representaciones zoomorfas —es decir, figuras con forma de animal—, se sitúa muy por encima de estos valores.

🗣️ «Hasta ahora, el arte rupestre paleolítico identificado en el nordeste de la península ibérica era muy escaso en comparación con el abundante registro de la región francocantábrica», explica Vergès, investigador del IPHES-CERCA, en el comunicado difundido por la institución.

El misterio de una cueva visitada durante décadas

La Cova de la Font Major forma parte de un extenso sistema de cavidades subterráneas de l'Espluga de Francolí, conectado con el nacimiento del río Francolí. El sistema cuenta con unos 3,6 kilómetros de galerías exploradas y documentadas.

Aunque la cueva se conocía desde el siglo XIX, su entrada principal permaneció bloqueada durante siglos y no fue reabierta hasta 1957. Desde entonces comenzaron a frecuentarla visitantes, espeleólogos y buscadores de objetos antiguos. En 1993 se convirtió en un espacio museístico y turístico.

Paradójicamente, el sector donde aparecieron los grabados formaba parte de un recorrido de aventura que miles de personas habían realizado sin advertir las figuras prehistóricas.

Pero ¿por qué nadie las había identificado antes?

La respuesta está relacionada con las características geológicas de la cavidad. Sus paredes están formadas principalmente por conglomerados, rocas de superficies irregulares, con diferentes colores y relieves. Durante mucho tiempo se consideró que estas condiciones eran poco adecuadas para desarrollar representaciones artísticas.

Sin embargo, los artistas prehistóricos encontraron entre esos conglomerados capas de margas, materiales más blandos y homogéneos sobre los que podían realizar incisiones con instrumentos relativamente sencillos.

La mayoría de los surcos tiene entre tres y siete milímetros de anchura. Aproximadamente el 80 % de las figuras animales mide entre 15 y 45 centímetros de longitud. Son, por tanto, imágenes que pueden pasar inadvertidas entre grietas naturales y grafitis modernos, especialmente cuando la iluminación no permite distinguir sus contornos.

Este descubrimiento demuestra que una cueva muy visitada no tiene por qué ser una cueva arqueológicamente bien conocida.

Caballo grabado en una pared de la Cova de la Font Major, en Tarragona. Los artistas paleolíticos aprovecharon el límite natural del conglomerado rocoso para representar el suelo sobre el que se apoya el animal.

Caballo grabado en una pared de la Cova de la Font Major, en Tarragona. Los artistas paleolíticos aprovecharon el límite natural del conglomerado rocoso para representar el suelo sobre el que se apoya el animal. Cortesía: Josep Maria Vergès / IPHES-CERCA

Caballos, ciervos y un oso: los animales que representaron nuestros antepasados

Las representaciones animales constituyen la parte más reconocible del conjunto. Los arqueólogos han identificado équidos, principalmente caballos; cérvidos, sobre todo ciervas; bóvidos, entre ellos uros, los antepasados salvajes del ganado vacuno; y caprinos, como las cabras monteses.

La mayoría de estas imágenes se realizó mediante incisiones sencillas y, ocasionalmente, raspados de la superficie rocosa. Algunas figuras muestran únicamente el contorno corporal, mientras que otras incorporan detalles como orejas, cuernos o colas.

Los investigadores también han encontrado animales con vientres abultados que podrían representar hembras preñadas. No obstante, la identificación de las especies no siempre resulta sencilla: los arqueólogos no han podido identificar qué animales representa el 30 % de las figuras, mientras que otro 15 % presenta rasgos compatibles con dos grupos zoológicos diferente.

Una cierva que podría estar bebiendo agua

Entre las representaciones más sugerentes destaca la de una cierva con la cabeza inclinada hacia abajo. Su hocico coincide con una grieta horizontal de la pared que los investigadores creen que pudo utilizarse deliberadamente como parte de la escena.

La fisura podría representar el suelo o incluso la superficie del agua de la que estaría bebiendo el animal.

Si esta segunda interpretación se confirmara, la figura constituiría un ejemplo especialmente antiguo de la utilización de elementos naturales de una cueva para representar un paisaje o una acción.

Por ahora, los arqueólogos mantienen abierta esta posibilidad. La coincidencia entre la cabeza del animal y la grieta resulta sugerente, pero no demuestra por sí sola la intención del artista.

Un oso grabado en la Cova de la Font Major, una de las figuras más singulares del conjunto por la rareza de este animal en el arte paleolítico. Destaca por sus orejas representadas de frente y la boca ligeramente abierta.

Un oso grabado en la Cova de la Font Major, una de las figuras más singulares del conjunto por la rareza de este animal en el arte paleolítico. Destaca por sus orejas representadas de frente y la boca ligeramente abierta. Cortesía: IPHES-CERCA

Un oso excepcional en el arte paleolítico

Otra representación llama especialmente la atención por su rareza: un oso grabado con las orejas vistas desde una perspectiva frontal y la boca ligeramente abierta.

Los osos son mucho menos frecuentes que los caballos y los grandes herbívoros en el repertorio artístico del Paleolítico europeo. Su presencia en la Font Major amplía la diversidad temática de este yacimiento.

También destaca un uro del que se representa la parte anterior del cuerpo, incluidos los cuernos y las orejas vistos de frente.

Estas imágenes revelan que los artistas no se limitaron a reproducir contornos animales convencionales. Utilizaron distintas perspectivas anatómicas y, posiblemente, aprovecharon las irregularidades naturales de la roca para completar sus figuras.

Los misteriosos signos prehistóricos que todavía no sabemos interpretar

Aunque las figuras animales resultan especialmente llamativas, la mayoría de los 280 motivos documentados no representa seres vivos reconocibles.

En las paredes aparecen agrupaciones de líneas paralelas, trazos convergentes, círculos, semicírculos y otras formas geométricas. Algunas composiciones contienen entre quince y cuarenta líneas alineadas, mientras que otras se superponen a los contornos de los animales.

Un panel presenta centenares de incisiones en forma de bucle, aisladas o conectadas entre sí. Su significado y cronología siguen siendo inciertos, por lo que no se puede asegurar que todas pertenezcan al Paleolítico.

La interpretación de estos signos constituye uno de los grandes desafíos de la investigación del arte prehistórico. Podrían haber desempeñado funciones simbólicas, comunicativas o rituales, pero no existen pruebas suficientes para determinar qué representaban.

Tampoco sabemos si las diferentes figuras fueron realizadas por las mismas personas o si la cueva recibió visitantes que dejaron sus marcas a lo largo de generaciones.

Míriam Salas-Altès, investigadora del IPHES-CERCA y la Universitat Rovira i Virgili, documenta los grabados paleolíticos de la Cova de la Font Major, en Tarragona, donde se han identificado 280 motivos gráficos.

Míriam Salas-Altès, investigadora del IPHES-CERCA y la Universitat Rovira i Virgili, documenta los grabados paleolíticos de la Cova de la Font Major, en Tarragona, donde se han identificado 280 motivos gráficos. Cortesía: Josep Maria Vergès / IPHES-CERCA

¿Cuántos años tienen los grabados de la Font Major?

La antigüedad es una de las cuestiones más importantes que todavía deben resolver los investigadores, como ellos mismos reconocen.

Las dataciones por radiocarbono de materiales encontrados en las galerías interiores indican episodios de presencia humana entre hace aproximadamente 41.000 y 26.000 años. Entre las evidencias arqueológicas aparece también una pequeña laminilla de sílex recuperada en un nivel de unos 26.000 años de antigüedad.

Estas fechas demuestran que hubo seres humanos en la cavidad durante el Paleolítico superior, pero no permiten establecer directamente cuándo se grabaron las figuras.

Para aproximarse a su cronología, el equipo ha comparado las características estilísticas de los animales con las de otros conjuntos europeos. Algunas representaciones presentan extremidades dibujadas en forma de doble Y y cabezas construidas con tres líneas, convenciones gráficas asociadas a fases anteriores al Magdaleniense.

El Magdaleniense es una etapa del Paleolítico superior europeo que comenzó hace unos 19.000 años y se caracterizó, entre otros rasgos, por la riqueza de sus manifestaciones artísticas.

Los resultados sugieren que numerosas figuras de la Font Major podrían ser anteriores a esa etapa, aunque no permiten descartar que otras se realizaran durante el Magdaleniense o incluso después.

➡️ Pero, ¿está demostrado que los grabados tienen más de 19.000 años? Todavía no. La antigüedad propuesta se basa en el estilo artístico y el contexto arqueológico, no en una datación directa de las figuras. Los investigadores han identificado al menos una representación cubierta por depósitos de calcita que podría estudiarse mediante datación por series de uranio para precisar su cronología.

Grabado paleolítico de un uro, antepasado salvaje y extinto de la vaca, descubierto en la Cova de la Font Major. La animación resalta la mitad anterior del animal, con los cuernos y las orejas representados de frente

Grabado paleolítico de un uro, antepasado salvaje y extinto de la vaca, descubierto en la Cova de la Font Major. La animación resalta la mitad anterior del animal, con los cuernos y las orejas representados de frente. Cortesía: Josep Maria Vergès / IPHES-CERCA

Un descubrimiento que obliga a revisar la historia del arte paleolítico europeo

Durante décadas, el mapa del arte paleolítico europeo ha estado dominado por los grandes conjuntos de la región francocantábrica, especialmente los del norte de España y el sur de Francia.

En Cataluña, en cambio, el registro de arte parietal atribuido al Paleolítico era extraordinariamente escaso. Antes del descubrimiento de la Font Major solo se conocían dos posibles representaciones: un bóvido pintado en la Cova del Tendo, robado poco después de su hallazgo, y una figura incompleta de la Cova de la Taverna, cuyo origen humano sigue siendo incierto.

La magnitud del nuevo conjunto obliga a replantear esa imagen de vacío artístico.

🗣️ «Contrariamente a lo que se pensaba, el nordeste de la península ibérica conserva yacimientos de arte rupestre paleolítico de primer orden», destaca Salas-Altès, investigadora del IPHES-CERCA y la URV.

La arqueóloga añade que «el arte mediterráneo de Europa occidental se enriquece ahora con un conjunto que nos permite caracterizar mejor una tradición gráfica con identidad propia, diferenciada de la francocantábrica».

Esta interpretación no implica que las poblaciones del Mediterráneo ibérico permanecieran aisladas culturalmente. Lo que sugiere es que desarrollaron determinadas preferencias temáticas y convenciones gráficas propias, dentro de un panorama artístico paleolítico mucho más diverso de lo que tradicionalmente se había supuesto.

El descubrimiento también invita a reconsiderar las hipótesis sobre la presencia humana en el nordeste peninsular durante las primeras etapas del Paleolítico superior. Las evidencias de la Font Major, junto con las de otros yacimientos, cuestionan que la región fuera necesariamente un territorio marginal o escasamente ocupado.

Un patrimonio extraordinario que puede desaparecer con solo tocarlo

La importancia del hallazgo contrasta con su extrema fragilidad.

Las capas de marga sobre las que se realizaron los grabados son tan frágiles que el simple contacto de una mano, un golpe accidental o el roce de la ropa pueden deteriorarlas. Durante décadas, la actividad humana deterioró una parte de las superficies grabadas.

Los investigadores consideran probable que el conjunto original contuviera más figuras de las 280 que se han podido documentar.

Para estudiar las imágenes sin dañarlas han recurrido a técnicas de documentación digital y modelos tridimensionales de alta resolución. Estas herramientas permiten examinar los surcos, reconocer superposiciones y analizar las características técnicas de las representaciones.

El hallazgo también ha impulsado nuevas prospecciones en otras cavidades catalanas. Una de ellas, la Cova Simanya, ha proporcionado evidencias adicionales de manifestaciones gráficas paleolíticas, reforzando la necesidad de revisar yacimientos que durante mucho tiempo se consideraron poco prometedores.

La Font Major deja así una enseñanza que trasciende la arqueología. Durante más de seis décadas, miles de personas caminaron ante caballos, ciervos, osos y misteriosos signos sin comprender lo que tenían delante.

Quizá el verdadero vacío del mapa del arte paleolítico no estuviera en las cuevas, sino en nuestra manera de mirarlas. Y puede que todavía queden capítulos enteros de la historia artística de la humanidad esperando a que alguien ilumine una pared desde el ángulo adecuado.▪️(5 de noviembre de 2026)

Preguntas frecuentes sobre los grabados paleolíticos de la Font Major

¿Dónde se descubrieron los grabados? ¿Qué antigüedad tienen? ¿Por qué son tan importantes? Descubre las respuestas a cinco preguntas clave sobre uno de los hallazgos de arte prehistórico más extraordinarios del Mediterráneo ibérico.

¿Dónde se encuentra la Cova de la Font Major?

La Cova de la Font Major está situada en l'Espluga de Francolí, en la comarca de la Conca de Barberà, provincia de Tarragona, Catalunya. Forma parte del sistema subterráneo de las Coves de l'Espluga.

¿Cuántos grabados prehistóricos se han encontrado?

Los investigadores han documentado 280 motivos gráficos, entre ellos 55 figuras de animales. El conjunto incluye también signos geométricos, líneas paralelas y otras composiciones cuya interpretación y, en algunos casos, cronología siguen siendo inciertas.

¿Qué antigüedad tienen los grabados de Tarragona?

Numerosas representaciones podrían tener más de 19.000 años, según el análisis estilístico y el contexto arqueológico. Sin embargo, todavía no existen dataciones directas que permitan establecer con precisión la edad de las figuras.

¿Qué animales aparecen representados?

Entre los animales identificados figuran caballos, ciervas, uros, caprinos y un oso poco habitual en el arte paleolítico. Algunas representaciones no pueden atribuirse con seguridad a una especie concreta.

¿Por qué es tan importante este descubrimiento?

Porque demuestra que el nordeste de la península ibérica conserva conjuntos de arte paleolítico de gran relevancia. La Font Major es el tercer conjunto de arte parietal paleolítico más importante de la fachada mediterránea ibérica por número de figuras animales, después de las cuevas de Ardales y La Pileta, en Andalucía.

Fuente científica: Vergès Bosch, J. M. y Salas-Altès, M. (2026). Filling gaps: the Palaeolithic rock art of the Cova de la Font Major on the north-east Iberian Peninsula. Antiquity. Consultar el estudio original .

  • Información facilitada por el IPHES

  • Fuente: Vergès Bosch J. M., Salas-Altès M. Filling gaps: the Palaeolithic rock art of the Cova de la Font Major on the north-east Iberian Peninsula. Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10447

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