Ni siquiera el consumo ocasional de cannabis parece estar libre de riesgos cardiovasculares. Una ambiciosa investigación encuentra una preocupante asociación con los accidentes cerebrovasculares, mientras nuevos estudios revelan cómo esta droga podría afectar al corazón y a los vasos sanguíneos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una creciente cantidad de estudios científicos relaciona el consumo de cannabis, incluso ocasional, con un mayor riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y otros problemas cardiovasculares. Cortesía: RDNE Stock project
Los riesgos del consumo de cannabis suelen asociarse principalmente con sus efectos sobre el cerebro, la memoria y la salud mental. Sin embargo, cada vez más investigaciones están dirigiendo la atención hacia otra parte del organismo: el sistema cardiovascular. Una sustancia habitualmente vinculada a la relajación también podría estar relacionada con alteraciones del corazón y los vasos sanguíneos, algunas de ellas potencialmente graves.
Un nuevo estudio realizado en Estados Unidos con 442.906 adultos ha encontrado que las personas que consumen cannabis presentan mayores probabilidades estadísticas de declarar antecedentes de enfermedades cardiovasculares, especialmente accidentes cerebrovasculares. La asociación aparece incluso entre quienes utilizan la sustancia de manera ocasional, entre uno y cinco días al mes.
Los resultados, difundidos este mes por la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA), se presentarán durante las Sesiones Científicas de esta organización, previstas del 6 al 9 de noviembre en la ciudad de Chicago. La investigación es todavía preliminar y sus conclusiones no deben interpretarse como una demostración de que el cannabis provoque directamente un ictus. No obstante, se suman a otros trabajos recientes que apuntan hacia posibles efectos perjudiciales de esta sustancia sobre el aparato cardiovascular.
Los estudios epidemiológicos publicados hasta la fecha apuntan a una posible relación entre el consumo de cannabis y un mayor riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares, infartos de miocardio y otros trastornos vasculares. Aunque las pruebas científicas son cada vez más numerosas, todavía quedan importantes interrogantes por resolver: si el cannabis contribuye directamente a provocar estas enfermedades, cómo influye la cantidad consumida y hasta qué punto los riesgos varían según se fume, se vapee o se ingieran productos que contienen tetrahidrocannabinol (THC), también conocido como delta-9-tetrahidrocannabinol (Δ 9-THC), el principal constituyente psicoactivo del cannabis.
Qué nos dice el nuevo estudio sobre el cannabis y las enfermedades cardiovasculares
La investigación ha sido dirigida por Aabha Divya, profesora de Cirugía Cardiotorácica de la Facultad de Medicina de la Universidad Tulane, en Nueva Orleans. Su equipo analizó información recopilada entre 2020 y 2024 mediante el Behavioral Risk Factor Surveillance System (BRFSS), un programa estadounidense que estudia los hábitos y factores de riesgo relacionados con la salud.
Los participantes tenían una edad media de 49 años y aproximadamente la mitad eran mujeres. Todos respondieron a entrevistas telefónicas en las que se les preguntaba por sus hábitos de consumo de cannabis durante los últimos treinta días y por posibles diagnósticos médicos previos de enfermedad coronaria, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular.
Los investigadores dividieron a los participantes en cuatro grupos según la frecuencia de consumo: ninguno, entre uno y cinco días, entre seis y quince días, y entre dieciséis y treinta días mensuales.
También tuvieron en cuenta otros factores relacionados con la salud cardiovascular, como el tabaquismo, el alcohol, la obesidad, la diabetes, las enfermedades renales, la actividad física, los ingresos y el nivel educativo.
Los resultados mostraron que quienes consumían cannabis entre uno y cinco días al mes presentaban unas posibilidades estadísticas un 23 % mayores de declarar antecedentes de enfermedad cardiovascular que quienes no lo habían consumido recientemente. Entre los consumidores más frecuentes, aquellos que utilizaban cannabis entre dieciséis y treinta días al mes, la diferencia era del 21 %.
Sin embargo, la asociación más llamativa apareció al analizar los accidentes cerebrovasculares.
El cannabis contiene THC, un compuesto psicoactivo cuyos posibles efectos sobre el corazón y los vasos sanguíneos despiertan una creciente preocupación científica. Foto de RDNE Stock project
El ictus, la principal señal de alarma del consumo de cannabis
El ictus, también conocido como accidente cerebrovascular, infarto cerebral o enfermedad cerebrovascular aguda, ocurre cuando se interrumpe el suministro de sangre a una parte del cerebro o cuando se rompe un vaso sanguíneo cerebral. La falta de oxígeno puede provocar la muerte de neuronas en pocos minutos y ocasionar lesiones irreversibles.
Existen dos grandes tipos de accidentes cerebrovaculares:
✅ El ictus isquémico o infarto cerebral. Es el más frecuente y ocurre cuando una arteria cerebral queda obstruida, generalmente por un coágulo.
✅ El ictus hemorrágico, derrame cerebral o hemorragia cerebral. Este aparece cuando se rompe un vaso sanguíneo y se produce una hemorragia dentro del cráneo.
Ambos tipos de ictus pueden causar dificultades para hablar, pérdida de movilidad, alteraciones de la visión, discapacidad permanente e incluso la muerte.
En el nuevo estudio estadounidense, los investigadores observaron que los consumidores ocasionales de cannabis presentaban unas posibilidades estadísticas un 40 % mayores de declarar antecedentes de ictus que quienes no habían consumido recientemente. Entre los usuarios frecuentes, el incremento era del 25 %.
Estas cifras necesitan una aclaración importante: proceden de una medida estadística denominada odds ratio y no equivalen directamente a un aumento del riesgo absoluto de sufrir un accidente cerebrovascular. Tampoco significan que cuatro de cada diez consumidores vayan a padecerlo.
Por qué los consumidores ocasionales presentaban una asociación mayor
Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación es que no encontró una relación progresiva entre la frecuencia de consumo y los problemas cardiovasculares.
En principio, cabría esperar que una exposición más intensa a una sustancia potencialmente perjudicial se relacionara con mayores alteraciones. Sin embargo, las asociaciones observadas entre los consumidores ocasionales fueron ligeramente superiores a las registradas entre quienes consumían cannabis casi a diario.
🗣️«Esperábamos que las probabilidades de enfermedad cardíaca aumentaran gradualmente a medida que las personas consumieran cannabis con más frecuencia, pero no fue así», explica Divya en el comunicado de la AHA al que ha tenido acceso RexMolón.
La explicación a esta observación médica sigue abierta. Entre las posibilidades que deberán examinarse se encuentran las diferencias individuales, la concentración de los productos utilizados y los cambios de consumo posteriores a un diagnóstico médico. El estudio no permite establecer cuál de estos factores podría explicar los resultados.
Curiosamente, los investigadores tampoco encontraron una asociación estadísticamente significativa entre la frecuencia de consumo y los antecedentes de infarto de miocardio. Esto no descarta que exista un riesgo cardíaco, pero obliga a diferenciar los resultados obtenidos para el infarto de los observados para el ictus.
Los accidentes cerebrovasculares constituyen una de las principales urgencias neurológicas. Nuevos estudios relacionan su aparición con el consumo de cannabis. Cortesía: The University of Chicago Medicine
Cómo podría afectar el THC al corazón y a los vasos sanguíneos
El cannabis contiene más de un centenar de cannabinoides, compuestos químicos capaces de interactuar con distintos sistemas del organismo. Entre ellos destaca el citado tetrahidrocannabinol (THC), principal responsable de los efectos psicoactivos característicos de la marihuana.
El THC actúa sobre los receptores cannabinoides de las neuronas, especialmente los denominados CB1 y CB2, que participan en diferentes procesos fisiológicos. Aunque su acción sobre el sistema nervioso es la más conocida, también puede influir en la regulación de la circulación sanguínea.
Uno de sus efectos inmediatos puede ser la taquicardia, es decir, el aumento de la frecuencia cardíaca. También puede provocar modificaciones de la presión arterial y cambios en la regulación del tono de los vasos sanguíneos.
Los científicos investigan, además, su posible influencia sobre la inflamación vascular, el funcionamiento del endotelio y los mecanismos relacionados con la coagulación.
Recordemos que el endotelio es una capa extraordinariamente fina de células que recubre el interior de las arterias y las venas. Aunque pueda parecer un simple revestimiento, desempeña funciones fundamentales, como es la regula la dilatación de los vasos. También interviene en la inflamación y contribuye a mantener el equilibrio de los mecanismos de coagulación.
Cuando el endotelio deja de funcionar correctamente, los vasos sanguíneos pueden perder parte de su capacidad para adaptarse a las necesidades del organismo. Esta alteración se conoce como disfunción endotelial y se considera un indicador precoz de problemas vasculares.
Sin embargo, todavía no se conoce con precisión qué mecanismos explicarían la asociación entre cannabis e ictus. Las hipótesis biológicas resultan plausibles, pero no equivalen a una demostración de causalidad.
Otros estudios científicos refuerzan las sospechas sobre el cannabis
Los resultados presentados por la Asociación Estadounidense del Corazón no constituyen una observación aislada. Durante los últimos años han aparecido investigaciones que relacionan el cannabis con distintos problemas del sistema circulatorio.
Un estudio de 2024 relacionó el consumo diario con más infartos e ictus
En febrero de 2024, investigadores dirigidos por Abra Jeffers, de la Universidad de California en San Francisco y el Hospital General de Massachusetts, publicaron en el Journal of the American Heart Association un estudio basado en 434.104 adultos estadounidenses.
Los resultados mostraron que quienes consumían cannabis diariamente presentaban unas posibilidades estadísticas un 25 % mayores de haber sufrido un infarto de miocardio y un 42 % mayores de haber padecido un ictus, en comparación con quienes no consumían la sustancia.
Uno de sus hallazgos más relevantes fue que las asociaciones persistían después de tener en cuenta el consumo de tabaco. También se detectaron entre personas que nunca habían fumado tabaco ni utilizado cigarrillos electrónicos.
Jeffers y sus colegas encontraron, además, una relación progresiva entre la frecuencia de consumo y las alteraciones cardiovasculares declaradas, a diferencia de lo observado en el nuevo análisis de 2026.
Conviene señalar, no obstante, que ambos estudios utilizaron información del BRFSS y sus periodos de investigación se solapan parcialmente. Por tanto, sus resultados no proceden de poblaciones completamente independientes.
Un análisis de 24 investigaciones encontró asociaciones con ictus y mortalidad cardiovascular
En 2025, un equipo dirigido por Wilhelm Storck, de la Universidad de Toulouse, en Francia, publicó en la revista científica Heart, del grupo BMJ, una revisión sistemática y metaanálisis de veinticuatro estudios observacionales. Recodemos que este tipo de investigación reúne los resultados de diferentes trabajos científicos para obtener una visión más amplia de las pruebas disponibles.
El equipo de Storck encontró que el consumo de cannabis estaba asociado con un riesgo relativo un 29 % mayor de síndrome coronario agudo, un conjunto de trastornos relacionados con la reducción brusca del flujo sanguíneo que llega al corazón.
La asociación con el ictus fue del 20 %, mientras que el riesgo relativo de mortalidad cardiovascular fue aproximadamente el doble entre los consumidores.
Estas cifras proceden de distintos estudios y no pueden trasladarse automáticamente al riesgo individual de una persona. Además, la revisión presentaba limitaciones importantes, especialmente por las diferencias metodológicas entre las investigaciones incluidas.
Aun así, sus resultados refuerzan la conveniencia de estudiar el consumo de cannabis como un posible factor relevante para la prevención cardiovascular.
Fumar cannabis o ingerir THC podría deteriorar la función vascular
Otra investigación, publicada en mayo del años pasado en JAMA Cardiology, proporcionó información sobre los posibles mecanismos implicados.
El equipo, dirigido por Leila Mohammadi, de la Universidad de California en San Francisco, estudió a 55 adultos aparentemente sanos. Los dividió en tres grupos: personas que fumaban marihuana habitualmente, consumidores frecuentes de productos comestibles con THC y no consumidores.
Los científicos examinaron la capacidad de dilatación de las arterias, una propiedad esencial para mantener una circulación sanguínea adecuada. Los resultados revelaron que la dilatación mediada por flujo era significativamente menor tanto entre los fumadores de cannabis como entre quienes ingerían THC.
La respuesta media de dilatación fue del 10,4 % en los no consumidores, frente al 6 % entre los fumadores y el 4,6 % entre los usuarios de productos comestibles con THC.
Aunque estas diferencias no indican directamente cuántas personas sufrirán después una enfermedad cardiovascular, sí sugieren que el consumo habitual podría estar relacionado con alteraciones tempranas del funcionamiento vascular.
Los investigadores detectaron, además, que el suero sanguíneo de los fumadores de marihuana reducía la producción de óxido nítrico en células endoteliales cultivadas en el laboratorio. Esta molécula desempeña un papel fundamental en la relajación de los vasos sanguíneos.
Curiosamente, no observaron la misma respuesta celular con el suero de quienes consumían THC mediante productos comestibles. Esto sugiere que fumar cannabis e ingerirlo podrían afectar al sistema vascular mediante mecanismos diferentes.
Un estudio de 122.767 personas distingue entre ictus isquémicos y hemorrágicos
Por último, otra investigación, publicada electrónicamente en noviembre de 2025 y recogida en la edición de julio de 2026 del International Journal of Stroke, analizó los datos de 122.767 adultos participantes en el programa estadounidense All of Us, de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).
Los autores, encabezados por Ethan D. L. Brown, estudiaron por separado las asociaciones del cannabis con los ictus isquémicos y hemorrágicos, y descubrieron que los consumidores semanales presentaban unas posibilidades estadísticas un 45 % mayores de tener antecedentes de ictus isquémico, mientras que entre los consumidores diarios la diferencia alcanzaba el 48 %, en comparación con las personas que nunca habían consumido.
En el caso del ictus hemorrágico también aparecieron asociaciones, aunque sin un incremento progresivo y uniforme según la frecuencia de consumo.
Estos resultados sugieren que la relación entre cannabis y enfermedad cerebrovascular podría ser diferente según el tipo de ictus. Sin embargo, se trataba nuevamente de un estudio observacional transversal, incapaz de establecer con seguridad la secuencia temporal entre consumo y enfermedad.
Los productos comestibles con THC, como las gominolas de cannabis, evitan la inhalación de humo, pero no están necesariamente libres de posibles efectos perjudiciales sobre el sistema cardiovascular. Foto de Kindel Media
¿Es más peligroso fumar cannabis que consumirlo en productos comestibles?
La vía de administración es otra cuestión fundamental que aborda el estudio de la AHA. Así es, cuando se fuma cannabis, el organismo queda expuesto no solo a los cannabinoides, sino también a partículas y sustancias producidas por la combustión. Algunas de ellas son similares a las presentes en el humo del tabaco y pueden tener efectos perjudiciales sobre los vasos sanguíneos.
Por eso, fumar marihuana podría incorporar riesgos adicionales asociados a la inhalación de humo.
Sin embargo, el hecho de ingerir THC en alimentos o preparados comestibles no garantiza la ausencia de consecuencias cardiovasculares. El estudio publicado en JAMA Cardiology encontró alteraciones de la función endotelial en ambos grupos de consumidores, aunque posiblemente mediadas por mecanismos distintos.
La concentración de THC, la cantidad ingerida, la duración del consumo y las características individuales son variables esenciales que todavía requieren investigaciones más detalladas.
Por otra parte, no debe confundirse el THC con el cannabidiol (CBD), otro cannabinoide que no produce los mismos efectos intoxicantes y presenta un perfil farmacológico diferente. Los resultados de investigaciones centradas en productos con THC no pueden extrapolarse automáticamente a todos los preparados con CBD.
El consumo de cannabis en España: una cuestión de salud pública
Los resultados científicos adquieren especial relevancia cuando se examina la extensión del consumo.
En Estados Unidos, los datos citados por los responsables de la nueva investigación indican que aproximadamente uno de cada seis adultos había utilizado cannabis durante el último mes de 2024, una proporción superior a la registrada cuatro años antes.
En España, el consumo también está ampliamente extendido. Según la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) de 2024, elaborada por el Ministerio de Sanidad, el cannabis continúa siendo la droga ilegal más consumida entre la población de 15 a 64 años.
Los resultados indican que el 43,7 % de los encuestados lo había probado alguna vez en su vida, el 12,6 % lo había consumido durante los últimos doce meses y el 10,5 % durante el último mes.
Además, un 2,5 % reconocía consumir cannabis a diario.
Estas cifras no permiten calcular cuántos infartos o ictus podrían atribuirse al cannabis en España. Sin embargo, justifican la importancia de conocer mejor sus posibles consecuencias cardiovasculares.
Si futuras investigaciones confirmaran una relación causal, incluso un incremento moderado del riesgo individual podría tener consecuencias sanitarias relevantes debido al elevado número de consumidores.
Ilustración de un coágulo que obstruye una arteria cerebral y puede desencadenar un ictus isquémico. Crédito: American Heart Association.
¿Queda demostrado que el cannabis provoca ictus o infartos?
Esta es la principal pregunta que todavía debe responder la investigación científica.
Los estudios disponibles permiten afirmar que existe una asociación entre el consumo de cannabis y determinados problemas cardiovasculares, pero no demuestran de manera concluyente que el cannabis sea su causa directa.
La diferencia es fundamental.
El nuevo estudio estadounidense se basa en información comunicada por los propios participantes. Los investigadores conocen cuántos días consumieron cannabis durante el último mes y si alguna vez habían recibido determinados diagnósticos médicos. Pero no pueden establecer con certeza si el consumo precedió a la enfermedad.
Una persona podría, por ejemplo, haber reducido o abandonado el cannabis después de sufrir un problema cardiovascular y aparecer clasificada entre quienes no lo consumían recientemente. Tampoco se dispone de información suficientemente detallada sobre la concentración de THC, las cantidades utilizadas o el consumo acumulado durante años.
Aunque los científicos ajustaron estadísticamente numerosos factores de riesgo, siempre pueden existir variables no medidas que influyan en los resultados.
Esto explica por qué resulta imprescindible desarrollar estudios longitudinales, capaces de seguir a los participantes durante años y comprobar quiénes desarrollan enfermedades cardiovasculares después de determinadas exposiciones.
También serán necesarias investigaciones que permitan conocer mejor los mecanismos biológicos implicados y distinguir los efectos de los distintos cannabinoides.
Para Robert L. Page II, profesor de la Universidad de Colorado y responsable del grupo que elaboró la declaración científica sobre cannabis de la Asociación Americana del Corazón en 2020, los resultados actuales justifican prestar más atención al consumo de esta sustancia durante las consultas médicas.
Según señala en el comunicado, el cannabis ha sido considerado durante mucho tiempo un posible acompañante inocuo del tabaquismo al estudiar el riesgo cardiovascular. Sin embargo, las nuevas investigaciones sugieren que también podría constituir un factor de riesgo independiente.
La recomendación que se desprende de esta evidencia es incorporar las preguntas sobre el consumo de cannabis a la valoración de la salud cardiovascular, especialmente entre las personas que presentan hipertensión, enfermedades cardíacas u otros factores de riesgo.
El debate científico ya no se limita a los posibles efectos del cannabis sobre la memoria, la percepción o la salud mental. También alcanza al corazón, a las arterias y a los vasos sanguíneos que mantienen vivo nuestro cerebro.
El interrogante no es menor. En una sociedad donde millones de personas consumen cannabis, esclarecer sus efectos sobre el sistema cardiovascular se ha convertido en una cuestión relevante para la medicina preventiva. La evidencia todavía no permite establecer una relación causal definitiva, pero sí cuestiona la idea de que el consumo de cannabis sea necesariamente inocuo para el corazón y el cerebro.▪️(2-noviembre-2026)
LAS CLAVES DE LA INVESTIGACIÓN
Cannabis, ictus y salud cardiovascular: siete preguntas que la ciencia intenta responder
¿Puede la marihuana perjudicar al corazón o aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular? Las últimas investigaciones ofrecen nuevas pistas sobre sus posibles efectos en las arterias, la circulación y el cerebro, aunque todavía quedan importantes interrogantes por resolver.
1. ¿El consumo de cannabis aumenta el riesgo de sufrir un ictus?
Diversos estudios encuentran una asociación entre el consumo de cannabis y una mayor frecuencia de antecedentes de ictus. Una investigación presentada en 2026, basada en 442.906 adultos estadounidenses, observó unas posibilidades estadísticas un 40 % mayores de declarar antecedentes de accidente cerebrovascular entre quienes consumían cannabis de uno a cinco días al mes. El resultado no demuestra una relación causal.
2. ¿Se puede sufrir un ictus por fumar marihuana ocasionalmente?
El consumo ocasional de cannabis aparece asociado con antecedentes de ictus en algunas investigaciones observacionales. Sin embargo, todavía no se ha demostrado que fumar marihuana ocasionalmente provoque directamente un accidente cerebrovascular ni se conoce con precisión el riesgo absoluto atribuible a ese consumo.
3. ¿Qué efectos tiene el THC sobre el corazón?
El tetrahidrocannabinol (THC), principal compuesto psicoactivo del cannabis, puede aumentar temporalmente la frecuencia cardíaca y modificar la presión arterial. También se investigan sus posibles efectos sobre el endotelio, la regulación de los vasos sanguíneos y otros mecanismos cardiovasculares. Los efectos pueden variar según la dosis, la vía de administración y las características de cada persona.
4. ¿El cannabis puede provocar un infarto de miocardio?
Algunas investigaciones encuentran una asociación entre el consumo frecuente de cannabis y mayores posibilidades estadísticas de haber sufrido un infarto. Un estudio publicado en 2024 observó una diferencia del 25 % entre los consumidores diarios. Sin embargo, el nuevo análisis presentado en 2026 no encontró una asociación significativa entre la frecuencia de consumo y los antecedentes de infarto. La relación causal continúa investigándose.
5. ¿Es más seguro consumir cannabis comestible que fumarlo?
Consumir cannabis mediante productos comestibles evita la exposición al humo de la combustión, pero no elimina necesariamente los posibles efectos cardiovasculares del THC. Un estudio publicado en JAMA Cardiology en 2025 encontró alteraciones de la función vascular tanto en fumadores habituales de marihuana como en consumidores frecuentes de productos comestibles con THC.
6. ¿El CBD también aumenta el riesgo de ictus?
No está demostrado que el cannabidiol (CBD) produzca los mismos efectos cardiovasculares que el THC. Ambos compuestos tienen propiedades farmacológicas diferentes. Las investigaciones sobre cannabis con THC no permiten establecer automáticamente el riesgo cardiovascular de los productos con CBD.
7. ¿Qué investigaciones científicas relacionan el cannabis con las enfermedades cardiovasculares?
Entre las principales investigaciones recientes destacan un estudio de 2024 publicado en el Journal of the American Heart Association con 434.104 adultos, un metaanálisis de 24 estudios publicado en Heart en 2025, un trabajo sobre disfunción endotelial publicado en JAMA Cardiology y un análisis de 122.767 personas sobre el ictus recogido en el International Journal of Stroke. Sus resultados refuerzan la necesidad de investigar el riesgo cardiovascular asociado al cannabis, aunque todavía no resuelven todas las cuestiones causales.
Una distinción fundamental: Que dos fenómenos estén estadísticamente relacionados no significa necesariamente que uno cause el otro. La evidencia científica disponible apunta a posibles riesgos cardiovasculares asociados al cannabis, pero todavía se necesitan investigaciones que permitan establecer relaciones causales.
Fuentes: American Heart Association (2026), Journal of the American Heart Association (2024), Heart (2025), JAMA Cardiology (2025) e International Journal of Stroke (2026).
Información facilitada por la Asociación Estadounidense del Corazón
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