¿El cuerpo crucificado de Jesús fue envuelto en la Sábana Santa de Turín?

La aparición de un documento medieval inédito revela que ya en el siglo XIV se consideraba el Santo Sudario un fraude clerical. El hallazgo aporta la prueba escrita más antigua contra su autenticidad y reabre el debate entre fe, historia y ciencia.

Por Enrique Coperías

¿Fue realmente el cuerpo crucificado de Jesús envuelto en la Sábana Santa de Turín? Un documento medieval recién descubierto aporta la prueba escrita más antigua que sugiere lo contrario.

¿Fue realmente el cuerpo crucificado de Jesús envuelto en la Sábana Santa de Turín? Un documento medieval recién descubierto aporta la prueba escrita más antigua que sugiere lo contrario. El texto, firmado por el influyente teólogo normando Nicole Oresme en el siglo XIV, describe el sudario expuesto en Lirey como un fraude clerical evidente. Cortesía: Dianelos Georgoudis

Pocas reliquias han despertado tanta fascinación como la Sábana Santa de Turín, un lienzo de más de cuatro metros en el que aparece impresa la imagen difusa de un hombre con huellas de flagelación y crucifixión. Para los creyentes, es la prueba tangible de la Pasión de Cristo. Para la mayoría de los historiadores y científicos, se trata de una creación medieval.

Un nuevo hallazgo histórico ha añadido leña al fuego de este debate milenario. El historiador Nicolas Sarzeaud, investigador en la
Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, y becario de la Villa Médicis en Roma, acaba de publicar en el Journal of Medieval History un estudio que adelanta en más de una década las primeras referencias críticas conocidas sobre el sudario.

El descubrimiento procede de un tratado inédito de Nicolás Oresme (1320-1382), filósofo, matemático y obispo de Lisieux, quien ya en los años 1370 hablaba del lienzo de Lirey (antecesor de la Sábana de Turín) como un patente fraude clerical.

La reliquia más controvertida del cristianismo

La historia de la Sábana Santa comienza hacia 1355 en Lirey, un pequeño pueblo de la región francesa de Champaña. Allí, el caballero Geoffroy de Charny fundó una colegiata y colocó en ella un lienzo que mostraba la impresión frontal y dorsal de un cuerpo humano. El atractivo espiritual y devocional fue inmediato: peregrinos acudían con ofrendas, convencidos de que se trataba de la mortaja de Cristo.

Pero la Iglesia local reaccionó con recelo. El predecesor de Pierre d’Arcis, Enrique de Antioquía, investigó el asunto y concluyó que la pieza había sido pintada por un artista. La devoción fue interrumpida y el lienzo, retirado. Décadas más tarde, el nieto del fundador, Godofredo de Charny, intentó reactivar el culto. Para evitar nuevas prohibiciones presentó la pieza como «figura o representación del sudario de Cristo».

Aun así, el entonces obispo Pierre d’Arcis denunció el engaño en un largo memorando al papa Clemente VII, donde acusaba a los canónigos de contratar falsos milagros y de exhibir un «paño fabricado y artificialmente pintado».

Clemente VII concedió en 1390 un permiso ambiguo: la tela podía mostrarse, pero siempre como representación, nunca como reliquia auténtica. Esa ambivalencia marcó la historia posterior del objeto. En 1453, Marguerite de Charny vendió la tela a los duques de Saboya, quienes la trasladaron a Chambéry y luego a Turín en 1578. En 1506, el papa Julio II aprobó oficialmente la fiesta litúrgica en su honor. La memoria de las acusaciones medievales fue borrándose, hasta que en 1898 la célebre fotografía de Secondo Pia convirtió la imagen en icono moderno de devoción y controversia.

El golpe de Nicole Oresme

Lo novedoso ahora es que el dictamen de Oresme, escrito probablemente en la década de 1370, antecede a todos los documentos conocidos. En sus Problemata, el erudito se refiere a la iglesia de Champaña donde «se decía que estaba el sudario de Cristo» como ejemplo de engaño clerical destinado a obtener ofrendas. Su razonamiento es demoledor: «No es necesario creer a cualquiera que afirme haber recibido un milagro, porque muchos eclesiásticos engañan así a los fieles para conseguir donaciones».

Para Sarzeaud, este hallazgo es muy importante: «Oresme no eligió cualquier objeto para ilustrar el fraude, sino precisamente la Sábana de Lirey. Lo significativo es que la presenta como un ejemplo obvio de mentira clerical, en un tratado que buscaba explicar racionalmente los fenómenos maravillosos. Su testimonio se convierte así en la primera negación documentada y respetada de la autenticidad de la Sábana».

El investigador subraya además que Oresme no era un polemista marginal, sino un pensador influyente que escribió sobre economía, física, astronomía o filosofía política. Sus obras intentaban ofrecer explicaciones naturales a lo que otros interpretaban como milagros o señales demoníacas. En ese contexto, el sudario de Lirey le sirvió como ejemplo paradigmático de rumor sin fundamento.

Imagen completa del sudario de Turín.

Imagen completa del sudario de Turín. Cortesía: Giuseppe Enrie

El eco de los expertos en la Sábana Santa

El estudio ha despertado gran interés entre los especialistas en historia del cristianismo. Andrea Nicolotti, profesor en la Universidad de Turín y una de las voces más reconocidas en el campo de la sindonología crítica, lo resume así:

«Este descubrimiento es una prueba más de que incluso en la Edad Media ya sabían que la Sábana Santa de Turín no era auténtica. Lo que Oresme escribe en los años 1370 confirma lo que después dirían otros documentos: que en Lirey se presentó un lienzo como si fuera el sudario de Cristo, y que se trataba de una falsificación. Lo importante es que su opinión llega de alguien sin intereses personales en la disputa, lo que refuerza su credibilidad».

Nicolotti destaca que la noticia del fraude era lo suficientemente conocida como para que Oresme pudiera citarla sin precisar detalles, confiando en que sus lectores sabrían a qué se refería. «Con este documento se confirma perfectamente lo que ya sabíamos por otras fuentes: la Sábana Santa fue un objeto fraudulento cuya fama llegó incluso a París —explica Nicolotti—. Que precisamente este sea el lienzo más famoso hoy en día resulta irónico, porque es el que con más claridad fue descrito como falso en la propia Edad Media».

La importancia histórica del fraude de Lirey

Sarzeaud insiste en que la Sábana Santa es «el caso mejor documentado de reliquia falsificada en la Edad Media y uno de los pocos ejemplos en los que la propia Iglesia intervino para detener un culto». Frente a la idea extendida de que los hombres y mujeres medievales eran crédulos, Oresme aparece como un ejemplo de pensamiento crítico, evaluando testimonios, clasificando la fiabilidad de los testigos y desconfiando de los rumores.

El hallazgo sobre el Santo Sudario se suma a un conjunto cada vez mayor de evidencias históricas y científicas que cuestionan la autenticidad del lienzo. A las pruebas de radiocarbono de 1988, que dataron el tejido entre 1260 y 1390, se añade un estudio publicado en 2024 en la revista Archaeometry, donde investigadores concluyeron, mediante análisis 3D, que la tela había sido colocada sobre una escultura y no sobre un cuerpo real.

En palabras de Sarzeaud, «aunque solemos pensar que la Edad Media era una época de credulidad, la conclusión de Oresme muestra lo contrario: hubo intelectuales capaces de desenmascarar manipulaciones. Lo sorprendente es que, de entre las miles de reliquias medievales, la única descrita con claridad como falsa por la Iglesia es la que hoy se ha convertido en la más famosa del mundo».

Un análisis en 3D reveló que la imagen de la Sábana Santa de Turín probablemente provino de una escultura, no del cuerpo de Jesús.

Un análisis en 3D ha revelado que la imagen de la Sábana Santa de Turín probablemente provino de una escultura, no del cuerpo de Jesús. Cortesía: Cícero Moraes

Entre la fe y la razón

El redescubrimiento del testimonio de Oresme no zanja el debate sobre la Sábana Santa de Turín, pero refuerza el peso de la hipótesis medieval. Para la ciencia histórica, la evidencia es abrumadora: el lienzo surge en el siglo XIV, en un contexto de invención de reliquias y de tensiones entre obispos y nobles locales. Para los fieles, sin embargo, la tela conserva un valor espiritual que trasciende la verificación material.

En cierto modo, la historia de la Sábana Santa es también la historia de cómo las sociedades construyen sus creencias religiosas. El caso muestra cómo un rumor medieval puede expandirse, cómo la autoridad clerical puede conferir credibilidad a un objeto dudoso y cómo la fe popular puede sobrevivir incluso a las denuncias más contundentes.

El propio Oresme lo explicaba con un ejemplo distinto: bastaba que un vecino dijera que habría escasez de trigo para que el rumor inflara los precios en toda una región. Del mismo modo, bastó con que un lienzo circulara en Champaña para que, pese a las advertencias episcopales, se convirtiera en objeto de veneración durante siglos.

Un espejo de nuestras dudas

El hallazgo de este documento medieval obliga a reconocer que la polémica sobre la Sábana Santa no es un invento moderno. Ya en la Francia del siglo XIV hubo quienes la denunciaron como fraude, quienes la defendieron como representación y quienes la veneraron como reliquia sagrada.

Hoy, con la perspectiva que ofrecen la ciencia y la historia, sabemos que aquel lienzo fue probablemente pintado en el siglo XIV y presentado fraudulentamente en Lirey. Pero también sabemos que se convirtió en un símbolo de fe, capaz de atravesar los siglos y de seguir movilizando pasiones.

Quizá, como señala Nicolotti, lo verdaderamente irónico es que la reliquia más cuestionada de la Edad Media sea la que mejor ha sobrevivido en la memoria colectiva. Un lienzo que, más que envolver el cuerpo de Cristo, ha envuelto durante siglos las esperanzas, las dudas y las creencias de millones de personas. ▪️

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