Exoplaneta LHS 3844 b: el James Webb descubre la composición de una supertierra sin atmósfera

El telescopio espacial James Webb logra algo inédito: analizar directamente la superficie de un mundo rocoso más allá del Sistema Solar. El exoplaneta LHS 3844 b revela un paisaje extremo, oscuro y sin atmósfera que desafía lo que creíamos sobre las supertierras.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística de la superficie de LHS 3844 b: un paisaje rocoso, oscuro y abrasado por la radiación de su estrella, sin atmósfera y sometido a temperaturas extremas en su cara permanentemente iluminada.

Recreación artística de la superficie de LHS 3844 b: un paisaje rocoso, oscuro y abrasado por la radiación de su estrella, sin atmósfera y sometido a temperaturas extremas en su cara permanentemente iluminada. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

Un gran avance en el estudio de exoplanetas rocosos

En la silenciosa frontera de los exoplanetas rocosos, donde hasta hace poco solo era posible especular, el telescopio espacial James Webb empieza a ofrecer algo más parecido a certezas. Recordemos que un exoplaneta rocoso es un mundo situado fuera de nuestro Sistema Solar cuya composición está dominada por materiales sólidos —como silicatos y metales—, similares a los de la Tierra, Marte o Mercurio, en contraste con los gigantes gaseosos, como Júpiter y Saturno.

Un equipo internacional liderado por Sebastian Zieba, del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian (Estados Unidos); y Laura Kreidberg, del Instituto Max Planck de Astronomía (Alemania), ha logrado descifrar la composición superficial de una supertierra cercana, el planeta conocido como LHS 3844 b. Para ello, ha utilizado el espectrógrafo MIRI (Mid-Infrarred Instrument) a bordo del telescopio espacial.

El estudio, publicado en la revista Nature Astronomy, abre, sin duda alguna, una nueva etapa en la exploración espacial: no solo estudiar atmósferas, sino explorar directamente la geología de mundos muy lejanos.

Qué sabemos de LHS 3844 b: un mundo extremo y cercano

Situado a unos 48,5 años luz de la Tierra, LHS 3844 b es un planeta rocoso algo mayor que el nuestro —aproximadamente un 30% más grande— que orbita una estrella enana roja en apenas once horas. Su proximidad es extrema: gira a solo tres diámetros estelares de su estrella, lo que ha provocado que esté acoplado gravitacionalmente.

Como la Luna con la Tierra, siempre muestra la misma cara a su astro, lo que genera un hemisferio diurno permanente donde la temperatura ronda los 1.000 kelvin, unos 725 ºC.

🗣️ Lo que han visto los astrónomos es, en palabras de Kreidberg, un mundo extremo y desnudo: «Gracias a la increíble sensibilidad del James Webb, podemos detectar luz que proviene directamente de la superficie de este planeta rocoso distante. Vemos una roca oscura, caliente y estéril, desprovista de cualquier atmósfera».

Esa ausencia de envoltura gaseosa convierte a LHS 3844 b en un laboratorio natural para estudiar directamente la superficie de un exoplaneta, algo hasta ahora fuera de alcance.

Espectro infrarrojo de la cara diurna del exoplaneta LHS 3844 b obtenido a partir del contraste de brillo con su estrella. Los datos de los telescopios James Webb  y Spitzer (puntos) indican una superficie compatible con rocas del manto o basalto.

Espectro infrarrojo de la cara diurna del exoplaneta LHS 3844 b obtenido a partir del contraste de brillo con su estrella. Los datos de los telescopios James Webb y Spitzer (puntos) indican una superficie compatible con rocas del manto o basalto, y descartan una corteza similar a la terrestre rica en silicatos. Cortesía: Sebastian Zieba et al./MPIA.

Cómo se ha estudiado su superficie: espectros infrarrojos

El análisis se basa en la radiación infrarroja emitida por la cara iluminada del planeta. Aunque el telescopio no puede distinguirlo visualmente de su estrella, sí es capaz de medir pequeñas variaciones en el brillo total del sistema a lo largo de la órbita. El instrumento MIRI descompone esa luz en diferentes longitudes de onda —un espectro— que actúa como una huella química del material superficial.

A partir de esos datos, y combinándolos con modelos geológicos basados en la Tierra, la Luna o Marte, los investigadores han descartado que la superficie de LHS 3844 b se parezca a la corteza terrestre rica en silicatos como el granito. Esto, aunque no sorprende, tiene implicaciones profundas.

🗣️ «Dado que LHS 3844 b carece de una corteza rica en silicatos, se puede concluir que la tectónica de placas similar a la de la Tierra no se aplica a este planeta, o es ineficaz —explica Zieba en un comunicado emitido por el Instituto Max Planck de Astronomía—. Este planeta probablemente contiene muy poca agua».

El papel del «weathering espacial»

En su lugar, los datos apuntan a una superficie oscura, posiblemente rica en basalto o materiales del manto terrestre, con abundancia de hierro, magnesio y minerales como el olivino. El análisis estadístico sugiere que grandes extensiones de roca sólida encajan mejor con las observaciones, aunque también podrían ser compatibles con materiales fragmentados como grava o regolito.

Aquí entra en juego otro proceso clave: el llamado weathering espacial, el desgaste provocado por la radiación intensa de la estrella y el bombardeo de meteoritos.

«Resulta que estos procesos no solo descomponen lentamente las rocas duras en regolito, una capa de granos finos o polvo como la que encontramos en la Luna —explica Zieba. Y añade—: También oscurecen esa capa al añadir hierro y carbono, haciendo que sus propiedades coincidan mejor con las observaciones».

Ilustración del exoplaneta LHS 3844 b orbitando muy cerca de su estrella enana roja.

Ilustración del exoplaneta LHS 3844 b orbitando muy cerca de su estrella enana roja. Este mundo rocoso, 1,3 veces mayor que la Tierra, presenta temperaturas extremas superiores a los 500 °C en su cara diurna y probablemente carece de atmósfera, con una superficie oscura rica en rocas basálticas según las observaciones del James Webb. Cortesía: NASA, ESA, CSA, Dani Player (STScI)

Dos escenarios posibles para LHS 3844 b

Con estos elementos, el equipo plantea dos escenarios posibles:

1️⃣ La superficie estaría dominada por roca sólida relativamente joven, renovada por actividad geológica reciente como el vulcanismo.

2️⃣ En el segundo escenario, más compatible con los datos actuales, el planeta presentaría una superficie antigua, cubierta por una capa de regolito oscurecido tras largos periodos de inactividad.

La clave para distinguir entre ambas opciones podría estar en los gases volcánicos. En planetas activos, el dióxido de azufre (SO₂) suele ser un indicador claro de vulcanismo. Sin embargo, el James Webb no ha detectado rastro de este gas en LHS 3844 b. Esta ausencia inclina la balanza hacia el segundo escenario: un mundo geológicamente inactivo, cuya superficie recuerda más a la de Mercurio o la Luna que a la Tierra.

Importancia científica: nace la geología de exoplanetas

Aun así, la investigación está lejos de concluir. El equipo ya trabaja con nuevas observaciones del Webb para analizar cómo la superficie refleja y emite la luz en función de su textura. Este enfoque, utilizado con éxito en asteroides del Sistema Solar, podría permitir distinguir entre roca sólida y capas de polvo.

«Estamos convencidos de que la misma técnica nos permitirá aclarar la naturaleza de la corteza de LHS 3844 b y, en el futuro, de otros exoplanetas rocosos», concluye Kreidberg.

Este estudio inaugura una nueva disciplina: la geología de exoplanetas, un campo científico que estudia la composición, estructura y evolución de planetas fuera del Sistema Solar. La idea que emerge es que ya no solo buscamos planetas habitables; ahora también empezamos a entender cómo son realmente.

En ese horizonte, la geología planetaria deja de ser un campo restringido al vecindario solar. Gracias al James Webb, empieza a extenderse, por primera vez, a mundos que orbitan otras estrellas. Y lo que emerge no es una Tierra lejana, sino una diversidad de paisajes extremos que obligan a replantear lo que entendemos por planeta.▪️(4-mayo-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: LHS 3844 b y Exoplanetas

🪐 ¿Qué es LHS 3844 b?

Un exoplaneta rocoso tipo supertierra situado a 48,5 años luz.

🪐 ¿Tiene atmósfera?

No. Los datos indican que está completamente desprovisto de atmósfera.

🪐 ¿Cómo se estudia su superficie?

Mediante espectros infrarrojos obtenidos con el telescopio Webb.

🪐 ¿Es habitable?

No. Sus temperaturas extremas y la ausencia de atmósfera lo hacen inhabitable.

🪐 ¿Por qué es importante?

Porque permite estudiar directamente la superficie de un exoplaneta, algo sin precedentes.

Siguiente
Siguiente

Café y salud: la vía biológica que explica por qué puede alargar la vida