Identifican una posible red cerebral específica del lenguaje que funciona incluso cuando no estamos hablando

Una escurridiza red cerebral dedicada al lenguaje permanece reconocible incluso cuando guardamos silencio, escuchamos música o resolvemos un problema. El hallazgo profundiza en una arquitectura neuronal sorprendentemente estable y abre nuevas vías para estudiar la afasia, las lesiones cerebrales y las prótesis del habla.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una mujer escucha música mientras una representación conceptual muestra la red cerebral vinculada al lenguaje, distribuida principalmente por regiones frontales y temporales.

Una mujer escucha música mientras una representación conceptual muestra la red cerebral vinculada al lenguaje, distribuida principalmente por regiones frontales y temporales. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Podemos estar escuchando música, mirando rostros, resolviendo un problema matemático o intentando recordar la posición de unos cuadrados en una pantalla. Incluso podemos permanecer tumbados sin hacer nada especial dentro de un escáner. Y, aun así, la huella de una de las capacidades más extraordinarias de nuestra especie sigue ahí. Un nuevo estudio sostiene que el cerebro humano alberga una red funcional estrechamente ligada al lenguaje que puede identificarse incluso cuando la persona no está realizando ninguna tarea lingüística.

El chocante hallazgo, publicado en la revista Nature Communications, procede de uno de los análisis de neuroimagen más amplios realizados hasta ahora sobre la organización cerebral del lenguaje. Cory Shain, lingüista de la Universidad de Stanford, y Evelina Fedorenko, neurocientífica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, analizaron 1.957 sesiones de resonancia magnética funcional (fMRI) correspondientes a 1.199 personas.

El resultado de este escaneo ofrece un fuerte respaldo a la existencia de una red cerebral predominantemente situada en las regiones frontales y temporales del hemisferio izquierdo, muy integrada internamente y especialmente sensible al lenguaje.

Pero lo más llamativo no es solo que esa red aparezca. Es cómo aparece.

Una red del lenguaje que aparece aunque no utilicemos palabras

🗣️ «El cerebro humano parece tener una red que es selectiva y necesaria para el lenguaje, y podemos encontrarla únicamente a partir de la actividad cerebral —explica Shain en un comunicado difundido por la Universidad de Stanford. Y añade—: El simple hecho de que la actividad cerebral de una persona esté subiendo y bajando constantemente nos permite detectar dónde se encuentra esta red con gran fidelidad. Es una estructura tan importante y estable que podemos encontrarla independientemente de lo que esté haciendo alguien».

La investigación entra de lleno en una discusión que comenzó hace más de siglo y medio. Desde los trabajos pioneros del médico francés Paul Broca y el psiquiatra alemán Carl Wernicke en el siglo XIX, los científicos saben que una lesión cerebral puede destruir selectivamente determinadas capacidades lingüísticas. La afasia —la dificultad o pérdida de la capacidad para producir o comprender el lenguaje después de una lesión cerebral— proporcionó una de las primeras pruebas de que hablar y entender palabras no son facultades distribuidas de manera completamente indiferenciada por el cerebro.

El problema es que localizar con precisión «el lenguaje» ha resultado mucho más difícil.

Esquema del método utilizado para identificar las redes funcionales del cerebro a partir de resonancia magnética funcional (fMRI). Los investigadores analizan cómo fluctúa de forma sincronizada la señal BOLD en distintas regiones y agrupan las áreas con patrones de conectividad similares. Cortesía: Shain y Fedorenko / Nature Communications (2026).

Por qué ha sido tan difícil encontrar la red cerebral del lenguaje

Parte de la confusión procede de la propia definición. ¿El lenguaje es una función única? ¿Debemos separar sintaxis, significado, sonidos, palabras y construcción de frases? Según qué respuesta se adopte, los experimentos se diseñan de manera diferente y terminan buscando cosas distintas. A ello se suma otro problema: la anatomía funcional no es idéntica en todos los cerebros.

Las regiones implicadas en el lenguaje ocupan zonas generales parecidas, pero sus límites exactos pueden variar de forma considerable de una persona a otra. Es por ello por lo que los autores advierten de que las áreas lingüísticas están relativamente poco ligadas a referencias anatómicas fijas, como determinados surcos o circunvoluciones.

🗣️ «El lenguaje es algo muy complejo —señala Shain. Y añade—: Es como una telaraña que conecta casi todo lo que somos. Es difícil ponerse de acuerdo sobre una definición del lenguaje, o incluso sobre si el lenguaje constituye realmente una única cosa. Con este estudio intentamos dejar a un lado nuestras ideas preconcebidas sobre qué es el lenguaje y preguntar qué nos dice el propio cerebro sobre cómo podría estar implementado».

Qué es un conectoma funcional cerebral

La estrategia utilizada por Shain y Fedorenko consiste, en cierto sentido, en dejar que sea el cerebro quien dibuje su propio mapa.

La resonancia magnética funcional (fMRI) no registra directamente los impulsos eléctricos de las neuronas. Detecta cambios asociados a la oxigenación de la sangre —la conocida señal BOLD— que acompañan a la actividad neuronal. Si dos regiones muestran fluctuaciones de actividad sincronizadas a lo largo del tiempo, los investigadores pueden inferir que forman parte de un mismo circuito funcional.

Este enfoque se conoce como conectividad funcional. Cuando se aplica al cerebro de cada persona por separado permite construir lo que los científicos denominan un conectoma funcional individualizado: una especie de mapa de las regiones cuya actividad tiende a variar conjuntamente.

Más de 1.900 resonancias funcionales para buscar la misma red

Como apuntábamos anteriormente, el estudio reunió datos procedentes de 1.957 sesiones de fMRI de 1.199 cerebros, una escala muy superior a la utilizada en trabajos anteriores sobre conectividad funcional y lenguaje. Para ello, los autores desarrollaron un procedimiento automatizado que agrupó pequeños volúmenes cerebrales según esas correlaciones, sin decirle previamente al algoritmo qué tarea estaba realizando la persona ni dónde debía buscar el lenguaje.

Después comprobaron qué hacía realmente la red identificada.

Las sesiones procedían de numerosos experimentos realizados durante años en el laboratorio de Fedorenko y abarcaban actividades muy diferentes: leer frases, escuchar habla, resolver operaciones matemáticas, realizar tareas de memoria espacial, observar caras y escenas, inferir los estados mentales de otras personas o escuchar melodías. En la tarea lingüística clásica, por ejemplo, los participantes leían frases con sentido y listas de pseudopalabras pronunciables; en otra, escuchaban habla comprensible y grabaciones acústicamente degradadas.

El patrón que emergió fue notable. La red identificada a partir de la conectividad funcional respondió con fuerza a las tareas lingüísticas, pero mucho menos a las tareas relacionadas con matemáticas, memoria de trabajo, música, percepción visual o teoría de la mente no verbal. Además, podía distinguirse funcionalmente de redes vecinas dedicadas a la audición, al control ejecutivo o a la cognición social.

El hallazgo clave: encontrar el lenguaje sin utilizar lenguaje

Los investigadores hicieron entonces la prueba más exigente. Eliminaron del análisis los datos procedentes de tareas que implicaban lenguaje y reconstruyeron los mapas utilizando solo actividades no lingüísticas, como ejercicios de memoria espacial y percepción de rostros.

La red volvió a aparecer.

Su distribución espacial y su perfil funcional eran muy similares a los obtenidos cuando se utilizaban todos los datos disponibles. La precisión disminuía algo —entre otras razones porque quedaba menos de un tercio de los datos originales—, pero la arquitectura fundamental seguía siendo reconocible.

Para Shain y Fedorenko, esto indica que las conexiones internas de la red son suficientemente fuertes y estables como para delatar su existencia de manera independiente de lo que esté haciendo el cerebro en ese momento.

Es una diferencia importante. Hasta ahora, para localizar con precisión las áreas lingüísticas de una persona suele recurrirse a tareas específicas: leer frases, escuchar palabras o comparar la respuesta cerebral ante frases y secuencias sin significado. El nuevo método sugiere que esa cartografía podría obtenerse, al menos aproximadamente, a partir de datos de fMRI recogidos con otros propósitos.

Evelina Fedorenko, neurocientífica del MIT que investiga cómo se organiza el lenguaje en el cerebro y hasta qué punto las regiones que lo procesan constituyen una red funcional diferenciada de otros sistemas cognitivos.

Sobre estas líneas, Evelina Fedorenko, neurocientífica del MIT que investiga cómo se organiza el lenguaje en el cerebro y hasta qué punto las regiones que lo procesan constituyen una red funcional diferenciada de otros sistemas cognitivos. Cortesía: Ev Fedorenko's Language Lab at MIT

Una red principalmente situada en el hemisferio izquierdo

La red presenta además una característica clásica de la neurobiología del lenguaje: está fuertemente lateralizada hacia el hemisferio izquierdo, aunque no de manera absoluta. Su núcleo ocupa principalmente regiones frontales y temporales, pero los autores insisten en que existen diferencias individuales y que algunas personas muestran extensiones hacia otras zonas e incluso patrones de lateralización distintos.

Y esa variabilidad es precisamente otra de las claves del estudio. El mapa de la red era más parecido entre diferentes sesiones de una misma persona que entre personas diferentes.

No existe, por tanto, una plantilla lingüística idéntica que pueda superponerse perfectamente sobre cualquier cerebro. Cada individuo parece poseer su propia versión anatómica de una arquitectura funcional común.

El cerebro no parece dividir el lenguaje en grandes compartimentos independientes

El análisis aporta además munición a otro debate histórico. Numerosas teorías han intentado dividir el lenguaje en módulos cerebrales especializados: una región para la sintaxis, otra para las palabras, otra para la fonología o el significado de las frases.

Los nuevos resultados no demuestran que esas operaciones sean inexistentes. Pero sí cuestionan que puedan separarse fácilmente en grandes compartimentos anatómicos mediante fMRI. Cuando los investigadores permitieron que el algoritmo dividiera el cerebro hasta en doscientas redes diferentes, la red lingüística tendió a mantenerse como una sola unidad funcional, en lugar de fragmentarse en numerosos subsistemas.

Eso apunta a una arquitectura estrechamente integrada. Las distintas operaciones necesarias para convertir sonidos o símbolos en pensamientos comprensibles podrían diferenciarse en escalas espaciales más pequeñas, en distintos momentos del procesamiento o mediante patrones distribuidos de actividad, sin corresponder necesariamente a grandes piezas anatómicas independientes.

Los investigadores son prudentes a la hora de posicionarse. El método automático puede introducir errores al dividir el cerebro o asignar etiquetas a las redes, y el estudio utiliza una estrategia concreta de agrupamiento que futuras técnicas podrían mejorar. Tampoco proponen abandonar las tareas lingüísticas tradicionales: cuando pueden realizarse, ofrecen una comprobación independiente y permiten medir directamente cuánto responde una región al lenguaje.

El lenguaje humano permite transmitir pensamientos, emociones e información mediante complejos sistemas de sonidos, palabras y gestos.

El lenguaje humano permite transmitir pensamientos, emociones e información mediante complejos sistemas de sonidos, palabras y gestos. El nuevo estudio aporta evidencias de que esta capacidad se apoya en una red cerebral específica y altamente integrada, cuya organización puede detectarse incluso cuando una persona permanece en silencio y no realiza ninguna tarea lingüística. Foto de Christina Miller en Unsplash

Posibles aplicaciones en afasia, neurocirugía y prótesis del habla

Las posibles aplicaciones van más allá de una discusión académica sobre cómo está organizado el cerebro. Poder localizar la red lingüística de una persona sin obligarla a realizar una tarea verbal podría resultar especialmente útil cuando esa persona no puede hablar, leer o comprender instrucciones con normalidad.

Una posibilidad es estudiar mejor a pacientes que han sufrido un ictus o una lesión cerebral.

🗣️ «Si podemos determinar de manera fiable cómo estaban organizadas las zonas dañadas basándonos en la organización del resto del cerebro que permanece intacto, podríamos descubrir nuevas cosas sobre las causas y las consecuencias de la afasia, lo que podría tener relevancia clínica para muchas personas», explica Shain.

El propio artículo señala otras posibilidades: identificar regiones esenciales para el lenguaje antes de una intervención neuroquirúrgica, decidir dónde colocar sensores destinados a prótesis neuronales del habla o seleccionar zonas cerebrales para técnicas de estimulación relacionadas con el lenguaje.

El procedimiento también permitiría recuperar miles de horas de resonancias funcionales obtenidas en experimentos anteriores y analizarlas de nuevo, aunque originalmente no incluyeran ninguna prueba diseñada para localizar el lenguaje.

Qué demuestra realmente este estudio

No significa que los investigadores hayan descubierto de repente «el lugar del lenguaje» en el cerebro. El resultado es más interesante que eso. Lo que emerge es una red distribuida, individual y extraordinariamente estable, cuyo territorio exacto cambia de una persona a otra pero cuyas partes parecen comportarse como miembros de un mismo sistema.

Un sistema tan profundamente inscrito en la organización funcional del cerebro adulto que no necesita estar hablando para revelar dónde está.

Como resume Shain, basta observar cómo fluctúa espontáneamente la actividad cerebral. Incluso en silencio, mientras resolvemos un puzle o escuchamos una melodía, la arquitectura neuronal que hace posible las palabras continúa dejando su firma.▪️(13-agosto-2026)

ARQUEOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Una posible red específica del lenguaje. El estudio aporta nuevas evidencias de una red cerebral altamente selectiva para el lenguaje, localizada principalmente en regiones frontales y temporales del hemisferio izquierdo.
  • Una muestra excepcionalmente grande. Los investigadores analizaron 1.957 sesiones de resonancia magnética funcional (fMRI) de 1.199 personas, una escala muy superior a la de estudios anteriores sobre conectividad funcional y lenguaje.
  • Puede detectarse sin hablar ni leer. La red aparece incluso cuando se analizan datos obtenidos durante tareas no lingüísticas, lo que indica que su organización funcional es estable y reconocible independientemente de lo que esté haciendo la persona.
  • Cada cerebro tiene su propio mapa. La red sigue un patrón general, pero su localización exacta varía entre individuos y se mantiene relativamente estable dentro de una misma persona.
  • Funciona como un sistema muy integrado. Incluso cuando el análisis permitió dividir el cerebro en hasta 200 redes, la del lenguaje tendió a mantenerse como una unidad, en lugar de fragmentarse en grandes módulos independientes.
  • Podría tener aplicaciones clínicas. En el futuro, esta estrategia podría ayudar a estudiar la afasia y las lesiones cerebrales, planificar intervenciones neuroquirúrgicas y localizar zonas para prótesis neuronales del habla o estimulación cerebral.
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