El parto apareció en los antepasados de los mamíferos hace al menos 236 millones de años

Casi todos los mamíferos dan a luz en lugar de poner huevos, y ahora disponemos de nuevas pistas sobre cuándo comenzaron a hacerlo. Un fósil hallado en Argentina confirman que algunos precursores de los mamíferos ya parían en lugar de poner huevos en pleno Triásico. Una diminuta señal conservada en sus huesos adelanta hasta 95 millones de años el origen conocido de la viviparidad en nuestro linaje evolutivo.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una maternidad de hace 236 millones de años. Reconstrucción de un grupo de Chiniquodon theotonicus, con una hembra gestante (izquierda) y otra amamantando a varias crías relativamente grandes (derecha). Crédito: IA_DALL-E-RexMolón producciones. Basado en una ilustración de María de los Ángeles Miceli Baro

La imagen resulta tan cotidiana que cuesta imaginar que detrás de ella se esconda una de las grandes innovaciones de la evolución. Una gata pariendo a sus cachorros, una elefanta dando a luz o una ballena alumbrando en el océano comparten una característica fundamental: sus crías completaron buena parte de su desarrollo dentro del cuerpo materno.

Casi todos los mamíferos actuales nacen así. Las excepciones son los monotremas —el ornitorrinco y los equidnas—, que todavía ponen huevos. Pero ¿cuándo abandonaron nuestros antepasados evolutivos la puesta de huevos y comenzaron a traer al mundo crías mediante el parto de hijos en la fase de fetos bien desarrollados?

Un fósil encontrado en Argentina acaba de retrasar de forma espectacular ese momento. Un equipo de paleontólogos sostiene que el Chiniquodon theotonicus, un pequeño pariente remoto de los mamíferos que vivió hace unos 236 millones de años, ya era vivíparo. Si la interpretación es correcta, el parto habría aparecido en la línea evolutiva de los mamíferos entre 90 y 95 millones de años antes de lo que se reconocía hasta ahora. El estudio, publicado en la revista Frontiers in Mammal Science, cuestiona así una de las ideas más asentadas sobre el origen de la reproducción de los mamíferos.

🗣️ «Demostramos por primera vez que el nacimiento de crías vivas estaba presente en al menos un antepasado de los mamíferos, Chiniquodon theotonicus, que vivió hace aproximadamente 236 millones de años —explica en la nota de prensa de Frontiers el paleontólogo Leandro Gaetano, investigador del CONICET argentino y autor principal del trabajo. Y añade—: Esto implica que la viviparidad entre los primeros cinodontos se originó en el linaje de los mamíferos al menos entre 90 y 95 millones de años antes de lo que se pensaba».

Qué era el «Chiniquodon theotonicus»

Para comprender el alcance del hallazgo hay que viajar al Triásico. Los mamíferos propiamente dichos todavía no dominaban el planeta y los dinosaurios comenzaban su expansión. Entre los vertebrados terrestres vivían los cinodontos, un amplio grupo de sinápsidos —gran grupo de vertebrados terrestres que incluye a los mamíferos y a todos sus antepasados evolutivos más cercanos— que ocupa una posición crucial en nuestra historia evolutiva. No eran mamíferos modernos, pero entre sus descendientes terminarían apareciendo los primeros mamíferos.

En distintas ramas de este árbol evolutivo fueron surgiendo características que hoy asociamos con ellos, desde modificaciones del cráneo y la dentición hasta el pelo, los bigotes sensorialesy la lactancia.

Hasta ahora se había supuesto generalmente que los cinodontos no mamíferos eran ovíparos, esto es, que ponían huevos en los que se desarrollaban los embriones. El problema es que esa afirmación descansaba más en la ausencia de pruebas que en pruebas directas. Los huevos de aquellos animales pudieron tener cubiertas blandas y, por tanto, muy pocas posibilidades de fosilizar.

De hecho, el registro fósil apenas permite reconstruir cómo se reproducían estos animales. Los autores recuerdan que ni siquiera la abundancia de fósiles de sinápsidos encontrados en yacimientos extraordinariamente bien conservados ha proporcionado los huevos que cabría esperar si todos ellos los pusieran.

Cráneo del ejemplar de Chiniquodon theotonicus analizado en el estudio. Sus huesos han conservado señales microscópicas que indican que este cinodonto de hace unos 236 millones de años probablemente daba a luz en lugar de poner huevos.

El fósil que ha cambiado la historia del parto en los mamíferos. Cráneo del ejemplar de Chiniquodon theotonicus analizado en el estudio. Sus huesos han conservado señales microscópicas que indican que este cinodonto de hace unos 236 millones de años probablemente daba a luz en lugar de poner huevos. Cortesía: Leandro Gaetano.

El indicio estaba oculto en los huesos

La pista decisiva apareció donde quizá menos cabría buscarla: dentro de un hueso.

El protagonista del estudio es el ejemplar catalogado como CRILAR-PV109 de Chiniquodon theotonicus, que fue recuperado en la formación Chañares, en el noroeste de Argentina, y que se remonta al comienzo del Triásico Superior. Se trata de un esqueleto parcialmente articulado que conserva el cráneo y numerosos elementos del resto del cuerpo. Su cráneo mide unos 160 milímetros y pertenece a uno de los individuos más grandes conocidos de la especie.

La fuerte unión entre los huesos craneales, la dentición completamente erupcionada y la osificación del esqueleto indican además que se trataba probablemente de un adulto.

Al estudiar secciones microscópicas del fémur y el cúbito, los paleontólogos encontraron algo excepcional. Las cavidades medulares de ambos huesos eran extraordinariamente pequeñas y habían sufrido poca remodelación durante el crecimiento. Gracias a esa peculiaridad sobrevivieron tejidos formados durante las primeras etapas de la vida del animal, algo que normalmente desaparece a medida que el hueso adulto se transforma.

Qué es una línea neonatal

En ese tejido apareció una frontera microscópica. A un lado se encontraba hueso formado durante el desarrollo embrionario; al otro, tejido depositado posteriormente a un ritmo mucho más rápido. Los investigadores interpretaron esa discontinuidad como una línea neonatal, una huella que puede quedar registrada en el esqueleto cuando el organismo atraviesa el brusco cambio fisiológico asociado al nacimiento.

Es, en cierto sentido, el equivalente óseo de una marca de nacimiento.

Estas líneas son extremadamente raras en el registro fósil, porque el crecimiento de la cavidad medular suele destruir muy rápido el tejido embrionario. En el Chiniquodon theotonicus, una combinación poco habitual de escasa remodelación y reducida cavidad interna permitió que aquella señal sobreviviera durante 236 millones de años.

Los autores señalan que hasta ahora no se habían identificado tejidos embrionarios en ninguna de las veinticinco especies de cinodontos no mamíferos cuyo tejido óseo había sido estudiado histológicamente.

Imagen del tejido óseo de Chiniquodon theotonicus en la que se identifica la línea neonatal, una marca asociada al cambio de crecimiento producido alrededor del nacimiento.

La huella microscópica de un nacimiento ocurrido hace 236 millones de años. Imagen del tejido óseo de Chiniquodon theotonicus en la que se identifica la línea neonatal, una marca asociada al cambio de crecimiento producido alrededor del nacimiento y una de las principales pistas que apuntan a que este antiguo cinodonto daba a luz en lugar de poner huevos. Cortesía: Gaetano et al., 2026.

Un recién nacido sorprendentemente grande

Pero había un problema fundamental. Una marca semejante también podría corresponder a la eclosión de un huevo. El microscopio por sí solo no permite distinguir si aquel animal salió de un huevo o del cuerpo de su madre. Los científicos necesitaban una segunda prueba.

Y la encontraron en el tamaño del recién nacido.

La línea neonatal conserva aproximadamente la circunferencia que tenía el hueso en el momento del nacimiento. Utilizando esa medida y diferentes ecuaciones que relacionan el grosor del fémur con la masa corporal, el equipo reconstruyó cuánto pesaba Chiniquodon cuando nació y cuánto llegó a pesar posteriormente. El resultado fue sorprendente: alrededor de 1,68 kilos al nacer y unos 11,99 kilos en el individuo adulto estudiado. Es decir, la cría habría tenido aproximadamente el 14 % de la masa corporal que alcanzó el ejemplar.

Esa proporción resulta difícil de encajar con un animal que saliera de un huevo.

Los investigadores compararon las estimaciones de Chiniquodon theotonicus con una enorme base de datos de animales actuales: 1.869 mamíferos, 2.619 reptiles no avianos y 782 aves. Cuando relacionaron el peso de las crías con el de los adultos, el fósil argentino cayó repetidamente dentro del territorio estadístico de los mamíferos placentarios. Los distintos análisis estadísticos llegaron a la misma conclusión: por el tamaño relativo de sus crías, este animal del Triásico encaja con alta probabilidad entre los mamíferos placentarios actuales.

La diferencia resulta especialmente clara al compararlo con animales de tamaño parecido. Reptiles actuales de entre aproximadamente ocho y 14,5 kilos producen crías diminutas en relación con su cuerpo. Algo semejante sucede con las aves: incluso especies relativamente grandes salen del huevo con una fracción reducida de la masa adulta. Los mamíferos placentarios, en cambio, pueden producir recién nacidos proporcionalmente enormes.

Chiniquodon se comporta estadísticamente como estos últimos.

«Nos sorprendió descubrir que el Chiniquodon theotonicus se agrupaba con los mamíferos placentarios actuales y se diferenciaba claramente de otros amniotas, como reptiles o aves», señala Gaetano en la información difundida por Frontiers.

Por qué este hallazgo apunta al nacimiento de crías vivas

Una línea microscópica en un hueso no basta, por sí sola, para demostrar viviparidad. También podría marcar la eclosión de un huevo.

La fuerza del estudio reside en combinar dos tipos de evidencias.

Por un lado, la paleohistología muestra una transición ósea compatible con el nacimiento. Por otro, la reconstrucción del peso de la cría indica que era demasiado grande, en términos relativos, para parecerse a las crías de reptiles ovíparos de tamaño comparable.

La conclusión de los autores es que el Chiniquodon theotonicus quizá no salió de un huevo, sino que nació directamente del cuerpo de la madre.

Eso no significa que tuviera una placenta idéntica a la de los mamíferos modernos ni permite reconstruir los detalles de su gestación. Pero sí ofrece la primera evidencia sólida de que la viviparidad ya existía en un cinodonto tan antiguo.

Una ventaja evolutiva en el mundo del Triásico

El hallazgo también obliga a mirar de otra manera al mundo en el que apareció esta innovación.

Los cinodontos prosperaron durante el Triásico, cuando los ecosistemas terrestres todavía se estaban reorganizando tras la devastadora extinción masiva del final del Pérmico. Era un planeta sometido a intensa competencia, depredación y, en numerosas regiones, a condiciones cada vez más áridas y estacionales.

En ese escenario, mantener al embrión dentro del cuerpo podía ofrecer una ventaja formidable.

🗣️ «La elevada competencia por los recursos y la fuerte presión de los depredadores, combinadas con una tendencia hacia la aridez y una marcada estacionalidad, habrían permitido que los embriones de las especies vivíparas estuvieran mejor protegidos que los de las especies ovíparas», explica Adriana Mancuso, investigadora del CONICET y autora sénior del estudio.

Reconstrucción del esqueleto de Chiniquodon theotonicus que muestra la gran diferencia de tamaño entre una cría y un individuo adulto.

De bebé a adulto. Reconstrucción del esqueleto de Chiniquodon theotonicus que muestra la gran diferencia de tamaño entre una cría y un individuo adulto. En amarillo aparecen los huesos recuperados del ejemplar CRILAR-PV109 y, en naranja, los analizados histológicamente. El estudio de estos últimos permitió identificar la línea neonatal que aporta pistas sobre su posible viviparidad. Cortesía: Gaetano et al., 2026.

¿Cuándo apareció realmente el parto en los mamíferos?

La viviparidad podría haber sido, por tanto, una pieza más de un conjunto de innovaciones que comenzaron a construir el modelo biológico de los mamíferos mucho antes de que estos existieran tal como los conocemos. Los propios autores relacionan el descubrimiento con otras características modernas, como el hocico móvil, las vibrisas, un cerebelo agrandado, el pelo y la lactancia, cuyos orígenes se han situado también cerca de la base de los probainognatios (Probainognathidae), la familia a la que pertenecía el Chiniquodon theotonicus.

Pero el fósil argentino abre además una cuestión evolutiva mucho más provocadora: ¿cuántas veces apareció el parto en nuestra historia?

El estudio plantea dos escenarios igualmente compatibles con los datos:

1️⃣ El primero mantiene la interpretación tradicional: Chiniquodon theotonicus habría desarrollado la viviparidad de forma independiente y, muchos millones de años después, esta habría vuelto a surgir en los mamíferos terios (Theria), el grupo que reúne marsupiales y placentarios. La evolución de crías nacidas por parto no tendría entonces un único origen en nuestro linaje.

2️⃣ La segunda posibilidad es todavía más sorprendente. La viviparidad podría haber surgido una sola vez entre aquellos antiguos probainognatios del Triásico y haberse transmitido a los antepasados de los mamíferos modernos. En ese caso, los monotremas —ornitorrincos y equidnas— habrían recuperado posteriormente la puesta de huevos.

El árbol evolutivo tendría que reinterpretarse casi al revés de como se ha contado tradicionalmente. Los autores subrayan, sin embargo, que ambos escenarios son igualmente parsimoniosos y que los datos actuales no permiten elegir entre ellos.

equidna de hocico corto (Tachyglossus aculeatus)

Una excepción entre los mamíferos. El equidna de hocico corto (Tachyglossus aculeatus) pertenece a los monotremas, el reducido grupo de mamíferos actuales que, a diferencia de marsupiales y placentarios, se reproducen poniendo huevos.

Las limitaciones del estudio

También existen cautelas importantes. Las estimaciones de masa se basan en ecuaciones desarrolladas a partir de mamíferos modernos y pueden sobreestimar el tamaño de individuos muy pequeños. Los propios investigadores reconocen esta limitación.

Aun así, sostienen que cualquier desviación afectaría tanto a la estimación neonatal como a la adulta y que la relación entre ambas seguiría siendo informativa. Incluso teniendo en cuenta esa incertidumbre, el Chiniquodon theotonicus continúa pareciéndose mucho más a los mamíferos placentarios que a cualquier otro grupo de amniotas vivos.

Por eso el descubrimiento no significa que todos los cinodontos dieran a luz. Otros fósiles apuntan a estrategias reproductivas distintas y el propio estudio advierte contra la tentación de construir una secuencia evolutiva demasiado sencilla con los escasos casos disponibles. Algunas ramas pudieron seguir poniendo huevos mientras otras experimentaban con retención embrionaria o viviparidad.

La transición entre huevo y parto pudo ser mucho más antigua, compleja y diversa de lo imaginado.

Qué cambia este descubrimiento

🗣️ «Es muy posible que el Chiniquodon theotonicus no represente un caso aislado de viviparidad entre los cinodontos —dice Gaetano. Y concluye—: Podría ser la evidencia de un cambio general desde la puesta de huevos hasta el nacimiento de crías vivas muy temprano en el linaje de los mamíferos. Pero necesitamos más pruebas para comprobar esta hipótesis».

La clave para encontrarlas quizá vuelva a estar escondida en el interior de otros huesos fósiles. Durante millones de años, la historia de cómo nacían nuestros antepasados parecía prácticamente inaccesible porque huevos, placentas y otros tejidos reproductivos rara vez llegan a fosilizar. Chiniquodon demuestra que el esqueleto puede conservar una memoria mucho más íntima: la diminuta frontera microscópica que separa la vida embrionaria de la vida después del nacimiento.

Y esa línea sugiere que parir crías vivas podría ser una herencia casi tan antigua como la propia historia de los mamíferos.▪️(13-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un parto mucho más antiguo: Chiniquodon theotonicus, un antepasado lejano de los mamíferos, probablemente daba a luz hace unos 236 millones de años, en pleno Triásico.
  • 95 millones de años antes: el descubrimiento adelanta entre 90 y 95 millones de años la evidencia conocida de viviparidad en el linaje de los mamíferos.
  • La pista estaba en sus huesos: los científicos identificaron en el fémur y el cúbito una línea neonatal, una marca microscópica asociada al brusco cambio de crecimiento que se produce alrededor del nacimiento.
  • Una cría sorprendentemente grande: el animal habría pesado unos 1,68 kilos al nacer y cerca de 12 kilos de adulto. El recién nacido representaba aproximadamente el 14% de su masa adulta.
  • Más parecido a un mamífero que a un reptil: al comparar estos datos con miles de especies actuales, el tamaño relativo de la cría encajó mucho mejor con el de los mamíferos placentarios que con el de reptiles o aves.
  • La evolución podría tener que reescribirse: el parto pudo surgir muy pronto en los antepasados de los mamíferos. Una posibilidad planteada por los investigadores es incluso que los monotremas, como el ornitorrinco y las equidnas, recuperaran posteriormente la puesta de huevos. Por ahora, esta hipótesis necesita más pruebas.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: «Chiniquodon theotonicus» y Viviparidad

🦝 ¿Cuál es el principal descubrimiento del estudio?

Los investigadores han encontrado evidencias de que Chiniquodon theotonicus, un antepasado lejano de los mamíferos que vivió hace unos 236 millones de años, probablemente daba a luz crías vivas.

🦝 ¿Cómo saben que Chiniquodon era vivíparo?

El equipo identificó una línea neonatal en el fémur y el cúbito y estimó el peso del animal al nacer. La proporción entre el peso neonatal y el adulto coincide mucho mejor con la de mamíferos placentarios que con la de reptiles o aves.

🦝 ¿Cuánto pesaba Chiniquodon al nacer?

Los autores estiman una masa aproximada de 1,68 kilos al nacimiento, frente a unos 11,99 kilos en el ejemplar adulto estudiado. La cría habría pesado alrededor del 14 % de la masa adulta.

🦝 ¿Por qué es importante este descubrimiento?

Porque retrasa entre 90 y 95 millones de años la evidencia conocida de viviparidad en la línea evolutiva de los mamíferos.

🦝 ¿Significa que todos los antepasados de los mamíferos daban a luz?

No. El estudio demuestra, como mínimo, que la viviparidad estaba presente en una especie de cinodonto. La estrategia reproductiva de otros grupos sigue siendo incierta y pudo ser muy diversa.

🦝 ¿Los monotremas siempre pusieron huevos?

No se sabe. Uno de los escenarios planteados por el estudio propone que la viviparidad pudo aparecer tempranamente y que los monotremas recuperaron después la oviparidad. El escenario alternativo propone que la viviparidad evolucionó independientemente más de una vez.

🦝 ¿Dónde fue encontrado el fósil?

El ejemplar procede de la formación Chañares, en el noroeste de Argentina, una unidad geológica del Triásico Superior rica en fósiles de vertebrados.

🦝 ¿En qué revista se ha publicado el estudio?

El trabajo, titulado Early origin of viviparity in the mammalian lineage, ha sido publicado en Frontiers in Mammal Science por Leandro Carlos Gaetano, María de los Ángeles Miceli Baro, Ignacio Alejandro Cerda y Adriana Cecilia Mancuso.

  • Información facilitada por Frontiers

  • Fuente: Gaetano L. C., Miceli Baro M. Á., Cerda I. A. and Mancuso A. C. Early origin of viviparity in the mammalian lineage.Frontiers in Mammal Science (2026). DOI: 10.3389/fmamm.2026.1845319

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