Juntos en la eternidad: el misterio del perro momificado sobre una pareja en Egipto

Una cámara funeraria de Luxor reutilizada durante siglos conserva una escena que combina afecto, ritual y memoria de los muertos. «Es un detalle muy bello y realmente excepcional», afirma el equipo que ha reconstruido la historia del enterramiento.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística del momento en que una perra momificada es depositada sobre las piernas de un hombre y una mujer en la cámara lateral 3 de la tumba tebana TT 209, durante el periodo persa.

Recreación artística del momento en que una perra momificada es depositada sobre las piernas de un hombre y una mujer en la cámara lateral 3 de la tumba tebana TT 209, durante el periodo persa. La escena se basa en la disposición arqueológica descrita por los investigadores. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Un perro momificado descansa sobre las piernas de un hombre y una mujer en una cámara funeraria frente a Lúxor. La escena, preservada durante más de dos milenios, parece contener una historia íntima: quizá el animal perteneció a la pareja. Pero también puede tener un significado religioso, como guía hacia el otro mundo.

Los arqueólogos no pueden decidir aún entre una u otra posibilidad. Sí saben que la disposición no fue casual. La secuencia obliga a revisar una idea extendida: que una tumba reutilizada y llena de cuerpos era necesariamente caótica.

El hallazgo procede de la tumba tebana TT 209, situada en la necrópolis de la orilla occidental del Nilo, un paisaje funerario con más de cuatrocientas tumbas. La investigación, publicada en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, reconstruye la historia de la cámara lateral 3 desde la dinastía XXV (754-656 antes de nuestra era) hasta el periodo ptolemaico (305-30 antes de nuestra era).

Durante esos siglos, la estancia se abrió repetidamente y cambió su organización sin que los enterramientos anteriores desaparecieran por completo.

Una tumba reutilizada, pero no caótica

El equipo, dirigido por investigadores de la Universidad de La Laguna, en Santa Cruz de Tenerife (España), documentó dieciséis individuos humanos momificados, un perro momificado y un depósito alterado por el fuego con al menos otras cuatro personas.

En total, un mínimo de veinte seres humanos. Sus posiciones, los restos de ataúdes y los objetos funerarios dibujan una transición: de sepulturas individuales delimitadas a un sistema colectivo, denso y organizado en vertical.

«No encontramos una acumulación caótica ni una pérdida del ritual original», explica Jared Carballo-Pérez, investigador del Departamento de Geografía e Historia de la citada universidad y primer autor del trabajo, en declaraciones difundidas por Frontiers.

Lo que aparece es una lógica espacial: cada nuevo cuerpo fue acomodado a la presencia de los anteriores. El investigador lo describe como una suerte de «memoria funeraria», aunque la expresión no presupone que quienes reabrieron la tumba conocieran la identidad de todos los muertos. Se refiere, de forma más prudente, a la persistencia material de cuerpos, ataúdes, objetos, sedimentos y límites arquitectónicos que condicionaba cada nueva inhumación.

De los ataúdes individuales a los enterramientos colectivos

La TT 209 fue construida probablemente al comienzo de la dinastía XXV para Nisemro, un alto funcionario de origen nubio activo en Tebas. Su superestructura de adobe se distribuía en tres terrazas sobre el uadi Hatasun —un valle árido próximo a Lúxor— y daba acceso a una red subterránea. La estancia estudiada, de unos 5,10 metros por 3,15 metros, se encuentra al final de un eje lateral. No había sido perturbada por excavaciones de comienzos del siglo XX, circunstancia que permite estudiar cómo se reutilizaba una tumba desde dentro.

Para adentrarse en el misterio, los investigadores echaron mano de la arqueotanatología, una disciplina que lee la posición de los restos humanos como la reconstrucción de una escena. Registra qué articulaciones conservan su conexión, hacia dónde se orienta el cuerpo, cómo están colocados brazos y manos y qué relación mantiene con ataúdes, vendas, amuletos o vasijas.

Caballero-Pérez y sus colegas excavaron por capas finas, fotografiaron los restos y elaboraron planos detallados de todo lo que iba apareciendo. Al menos catorce personas conservaban conexiones anatómicas parciales o completas.

Momias de la cámara lateral 3 de la tumba tebana TT 209.

Momias de la cámara lateral 3 de la tumba tebana TT 209. Las diferentes orientaciones y posiciones de los brazos —desde las manos sobre la pelvis hasta los brazos cruzados en postura osiríaca— reflejan la evolución de las prácticas funerarias durante siglos de reutilización. Crédito: Proyecto dos cero nueve, Universidad de La Laguna / Jared Carballo-Pérez.

Los primeros difuntos descansaban en ataúdes

En los niveles correspondientes a la dinastía XXV, los fallecidos fueron depositados en sectores separados y dentro de ataúdes. Dos hombres jóvenes ocupaban la zona oriental de la cámara, mientras que dos mujeres se encontraban en el sector suroccidental.

Esta posible distribución por sexos resulta sugerente, pero los autores advierten de que la muestra es demasiado pequeña para considerarla una norma funeraria.

Los primeros enterramientos estaban acompañados por escarabeos, cuentas de fayenza, amuletos, figurillas funerarias y cerámicas. También aparecieron ánforas fenicias, recipientes importados y costosos que apuntan a la elevada posición social de quienes inauguraron la cámara.

Cuando el ataúd perdió su función organizadora

Con el paso del tiempo, el ataúd perdió su función de frontera. No desapareció de golpe, pero dejó de definir una unidad cerrada formada por un cuerpo y su ajuar.

Desde el final de la dinastía XXV y, sobre todo, durante la dominación persa, los nuevos fallecidos fueron introducidos en los huecos disponibles o colocados directamente sobre enterramientos previos.

En dos tercios de los depósitos se documenta alguna superposición. La propia cámara, con su relieve, sus sedimentos y sus ocupantes anteriores, terminó desempeñando el papel organizador que antes correspondía al féretro.

Por qué cambiaron las posturas de las momias

Los arqueólogos también observaron modificaciones en la colocación de los brazos. En los enterramientos iniciales, las manos podían descansar sobre la pelvis, los muslos o las piernas. En las fases posteriores predominan los brazos cruzados sobre el pecho, la llamada posición osiríaca, vinculada visualmente con Osiris, dios de la muerte y la regeneración.

Sin embargo, los autores del estudio evitan explicar el cambio únicamente por razones religiosas. La postura también pudo depender de nuevas técnicas de embalsamamiento, del sistema de vendaje o de la preparación del cadáver.

La orientación de los cuerpos, en cambio, no siguió una evolución tan nítida. Todos estaban tumbados boca arriba y alineados con el eje este-oeste de la cámara, pero unos dirigían los pies al este y otros al oeste.

Dos individuos momificados de la cámara lateral 3 muestran alteraciones y desplazamientos producidos después del enterramiento.

Dos individuos momificados de la cámara lateral 3 muestran alteraciones y desplazamientos producidos después del enterramiento. Las reaperturas de la tumba, la entrada de sedimentos y las inundaciones dificultan reconstruir la posición original de algunos restos. Cortesía: Proyecto dos cero nueve, Universidad de La Laguna / Jared Carballo-Pérez.

El perro momificado sobre un hombre y una mujer

La escena más conmovedora pertenece a un conjunto del periodo persa. Una mujer de entre 25 y 35 años y un hombre de entre 35 y 45 fueron dispuestos uno sobre otro, sin ataúdes pero cuidadosamente momificados. Sobre las piernas de ambos se colocó una perra momificada, con las extremidades flexionadas.

🗣️ «Es un detalle muy bello y realmente excepcional», señala Carballo-Pérez. La proximidad del animal puede reflejar un vínculo afectivo, una interpretación fácil de reconocer para quien haya convivido con un perro.

Pudo actuar el perro como guía hacia el más allá

Miguel Ángel Molinero Polo, profesor de Egiptología de la Universidad de La Laguna y coautor de la investigación, plantea una segunda posibilidad: el animal pudo ejercer como psicopompo.

Un psicopompo es una figura mitológica o religiosa encargada de acompañar a los muertos durante su tránsito al más allá. En el antiguo Egipto, los cánidos estaban estrechamente relacionados con el mundo funerario y con divinidades como Anubis, protector de las necrópolis y asociado a la momificación.

El perro pudo representar, por tanto, tanto una relación afectiva como una función ritual. Las dos hipótesis no son necesariamente incompatibles, pero los investigadores insisten en que la disposición de los cuerpos permite formular posibilidades, no convertirlas en certezas.

Las momias M6 y M7, una mujer y un hombre, aparecen estrechamente superpuestas, con la perra momificada M9 colocada sobre sus piernas, una organización vertical que revela la reutilización planificada del espacio funerario.

Reconstrucción de la disposición de varios individuos en la cámara lateral 3 de la tumba TT 209. Las momias M6 y M7, una mujer y un hombre, aparecen estrechamente superpuestas, con la perra momificada M9 colocada sobre sus piernas, una organización vertical que revela la reutilización planificada del espacio funerario. Dibujo: Jared Carballo-Pérez.

Inundaciones, incendios y reaperturas

Sobre este conjunto se incorporaron después otros cuerpos. En los niveles ptolemaicos, las momias ya no tenían ataúd, pero seguían mostrando una preparación cuidadosa y aparecían asociadas a vasijas colocadas en posición vertical y a figurillas funerarias.

La acumulación, por tanto, no equivale a abandono de las creencias. Sugiere que cambió la manera de materializarlas: importaba menos aislar a cada difunto dentro de un contenedor y más conservar el cuerpo e integrarlo en un espacio funerario que seguía activo.

Leer esa secuencia es difícil, porque la tumba no permaneció congelada. Su ubicación dentro de un cauce natural la expuso a inundaciones repentinas, humedad y entradas de sedimento. Hubo reaperturas, desplazamientos de materiales y al menos un incendio.

Un depósito secundario contiene 1.775 fragmentos óseos de cuatro individuos como mínimo; el 88,6% presenta alteraciones térmicas y algunos restos se acercaron a la calcinación. El agua, el fuego y la acción humana mezclaron relaciones originales y obligan a considerar provisionales algunas interpretaciones.

Qué aporta el hallazgo sobre el antiguo Egipto

Esa cautela refuerza, en vez de debilitar, la conclusión central. Las tumbas egipcias no fueron siempre recintos sellados para un único propietario y un solo momento ceremonial. Podían tener una larga biografía, reactivarse y cambiar de significado con cada generación.

«Tenemos pocos detalles sobre cómo se comportaban quienes entraban en ellas y cuáles eran sus motivaciones», reconoce Molinero Polo. La cámara 3 ofrece una respuesta material: quienes depositaron nuevos cadáveres no borraron necesariamente el pasado, sino que negociaron con él.

Para Carballo-Pérez, el resultado permite reinterpretar depósitos descritos como desordenados. Bajo la aparente confusión puede existir una secuencia socialmente regulada. El perro tendido sobre aquella pareja concentra la fuerza del hallazgo: la posible huella de un afecto y una pieza de un ritual perdido. Más de dos mil años después, recuerda que incluso una tumba saturada podía conservar orden, memoria y cuidado.▪️(19-agosto-202&)

LAS CLAVES DE ESTE ESTUDIO ARQUEOLÓGICO

  • Título: From individualized mummies to collective accumulations: an archaeothanatological analysis of funerary reuse in Theban Tomb 209.
  • Autores: Jared Carballo-Pérez y Miguel Ángel Molinero Polo.
  • Instituciones: Universidad de La Laguna y Universidad de Leiden.
  • Revista: Frontiers in Environmental Archaeology.
  • Publicación: 18 de agosto de 2026.
  • DOI: 10.3389/fearc.2026.1888379.
  • Método: excavación microestratigráfica, arqueotanatología, análisis osteológico, fotogrametría y estudio tafonómico.
  • Financiación: Gobierno de Canarias, Fundación Palarq, Universidad de La Laguna, Ministerio de Cultura de España y Asociación Española de Egiptología, entre otras aportaciones.
  • Conflictos de intereses: los autores declararon no tener relaciones comerciales o financieras que pudieran influir en el estudio.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Perro momificado y Antiguo Egipto

🐶 ¿Dónde apareció el perro momificado?

Fue encontrado en la cámara lateral 3 de la tumba tebana TT 209, situada en la necrópolis occidental de Lúxor, en Egipto.

🐶 ¿El perro pertenecía a la pareja?

No se puede demostrar. Su posición sobre las piernas de un hombre y una mujer sugiere una relación estrecha, pero también pudo desempeñar una función religiosa como guía de los muertos.

🐶 ¿De qué época es el enterramiento?

El conjunto formado por el hombre, la mujer y el perro se atribuye al periodo persa de Egipto. La cámara continuó recibiendo enterramientos hasta la época ptolemaica.

🐶 ¿Por qué se acumulaban las momias unas sobre otras?

La tumba fue reutilizada durante siglos. Al reducirse el espacio disponible, los nuevos difuntos se colocaron sobre enterramientos anteriores siguiendo una organización vertical, no necesariamente caótica.

🐶 ¿Qué aporta esta investigación?

Demuestra que algunas acumulaciones de momias consideradas desordenadas pueden responder a una lógica funeraria planificada, basada en la reutilización del espacio y en la adaptación de cada nuevo enterramiento a los anteriores.

  • Información facilitada por Frontiers

  • Fuente: Carballo-Pérez J. and Molinero Polo M. Á. From individualized mummies to collective accumulations: an archaeothanatological analysis of funerary reuse in Theban Tomb 209 (Twenty-Fifth Dynasty–Ptolemaic Egypt). Environmental Archaeology (2026). DOI: 10.3389/fearc.2026.1888379

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