La ciencia confirma que la piel de muchas frutas y verduras es realmente sana para la salud

La piel del kiwi, las semillas de la calabaza y la corteza de la sandía esconden un tesoro nutricional que solemos tirar a la basura. Un estudio confirma que algunas de estas partes contienen hasta cinco veces más fibra que la pulpa que nos comemos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Consumir frutas con piel, siempre que sean comestibles y estén bien lavadas, puede aumentar considerablemente el aporte de fibra alimentaria, esencial para la salud intestinal.

Consumir frutas con piel, siempre que sean comestibles y estén bien lavadas, puede aumentar considerablemente el aporte de fibra alimentaria, esencial para la salud intestinal. Foto de cottonbro studio

Cada vez que pelamos un kiwi, vaciamos una calabaza o retiramos el pedúnculo o tallo de un pimiento, podemos estar tirando a la basura una parte especialmente rica en fibra. Lo que parece un simple desperdicio de cocina puede contener una concentración de este nutriente considerablemente superior a la de la pulpa que conservamos para comer. En algunos vegetales, la diferencia supera el ¡400 %!

La creencia popular de que la piel de las frutas y verduras es buena para la salud acaba de encontrar un nuevo respaldo científico, aunque con matices importantes. Un equipo de investigadores del King’s College de Londres, en el Reino Unido, ha demostrado que muchas de las partes vegetales que desechamos habitualmente contienen más fibra alimentaria que las porciones de ellos que solemos consumir.

El estudio, publicado en la revista científica International Journal of Food Sciences and Nutrition, analizó doce frutas y hortalizas. Sus resultados revelan que en diez de los doce alimentos examinados, las pieles, semillas, tallos y otras partes descartadas presentaban una mayor concentración de fibra por cada cien gramos.

El descubrimiento no significa que todas las pieles sean comestibles ni que debamos consumirlas de menera indiscriminada. Ahora bien, invita a reconsiderar una costumbre muy arraigada: eliminar determinadas partes de los alimentos vegetales antes de cocinarlos.

«Tenemos que cambiar realmente nuestros hábitos de compra, adquirir frutas y verduras enteras y aprovechar todas sus partes para preparar nuestros platos», explica Rachel Gibson, nutricionista del King’s College de Londres y coautora del trabajo, en declaraciones a New Scientist.

Qué frutas y verduras tienen más fibra en la piel que en la pulpa

Gibson y sus colegas analizaron el contenido de fibra de doce alimentos vegetales. Entre ellos, el kiwi, la piña, la sandía, la calabaza cacahuete, el brócoli, la coliflor, el pimiento, la remolacha, el puerro, el apiorrábano, el hinojo y la col rizada.

Para determinar sus diferencias nutricionales, compararon las partes que normalmente se consumen con aquellas que suelen desecharse durante su preparación.

Los resultados muestran que algunas de estas estructuras vegetales constituyen fuentes de fibra mucho más concentradas de lo que se pensaba.

La piel del kiwi contiene casi tres veces más fibra que su pulpa, según el estudio del King’s College de Londres.

La piel del kiwi contiene casi tres veces más fibra que su pulpa, según el estudio del King’s College de Londres. Una parte nutritiva que solemos desechar. Foto de Nicola Barts

La piel del kiwi contiene casi tres veces más fibra que su pulpa

El kiwi fue uno de los alimentos más llamativos. Su piel aportaba 7,96 gramos de fibra por cada cien gramos, frente a los 2,7 gramos presentes en la pulpa. Es decir, aproximadamente un 195 % más.

La característica piel ligeramente peluda de esta fruta, que muchas personas retiran de forma automática, contiene una proporción considerable de fibra insoluble, que está relacionada con el funcionamiento normal del tránsito intestinal.

Esto no significa que sea necesario consumir grandes cantidades de piel de kiwi. Su contribución real dependerá del tamaño de la fruta y de la cantidad de piel ingerida. Sin embargo, comer un kiwi bien lavado sin pelarlo puede aumentar su aporte total de fibra.

La piel, las semillas y los filamentos interiores de la calabaza cacahuete contienen conjuntamente hasta 4,6 veces más fibra que su pulpa.

La piel, las semillas y los filamentos interiores de la calabaza cacahuete contienen conjuntamente hasta 4,6 veces más fibra que su pulpa. Foto de Jan Canty

La calabaza: hasta 4,6 veces más fibra en las partes descartadas

La calabaza cacahuete, también conocida como butternut, presentó la mayor concentración absoluta de fibra entre las fracciones descartadas analizadas.

Su piel, semillas y filamentos internos contenían conjuntamente 9,26 gramos de fibra por cada cien gramos, frente a los 2 gramos de la pulpa.

Esto representa aproximadamente un 363 % más de fibra, o una concentración 4,6 veces superior.

El resultado sugiere que determinados componentes de la calabaza, que generalmente eliminados durante su preparación, podrían aprovecharse en recetas adecuadas en lugar de acabar en el cubo de la basura

La pulpa roja de la sandía contiene apenas 0,4 gramos de fibra por cada cien gramos, una cantidad muy inferior a la de su corteza.

La pulpa roja de la sandía contiene apenas 0,4 gramos de fibra por cada cien gramos, una cantidad muy inferior a la de su corteza. Foto de Joanna Kosinska en Unsplash

La piña y la sandía acumulan las mayores diferencias relativas

Por su parte, la piña destacó especialmente por su piel y su corazón. Ambas partes, analizadas conjuntamente, contenían 6,64 gramos de fibra por cada cien gramos, mientras que la pulpa aportaba 1,2 gramos.

La diferencia alcanzaba aproximadamente el 454 %, lo que equivale a 5,5 veces más fibra.

La corteza de la sandía también sorprendió a los investigadores, ya que encontraron 2,10 gramos de fibra por cada cien gramos, frente a los 0,4 gramos presentes en la pulpa roja. En términos relativos, supone un 425 % más.

No obstante, en ambos casos hay que considerar las características físicas de estas estructuras. La piel de la piña, especialmente dura, no debe interpretarse como un ingrediente que pueda comerse de forma directa. Además, los investigadores señalan que es necesario evaluar la seguridad de determinadas partes vegetales antes de recomendar su consumo generalizado.

NUTRICIÓN | LO QUE DICE LA CIENCIA

La fibra que tiramos a la basura: qué frutas y verduras esconden más en su piel

Un estudio del King's College de Londres revela que muchas pieles, semillas y tallos que desechamos contienen más fibra que las partes que solemos comer. Estas son las diferencias por cada 100 gramos de alimento, según los análisis publicados en 2026.

Alimento Parte descartada Fibra en la parte descartada Fibra en la parte habitual
Calabaza cacahuete Piel, semillas y filamentos 9,26 g 2,0 g
Kiwi Piel 7,96 g 2,7 g
Apiorrábano Piel 6,79 g 3,7 g
Pimiento Tallo, semillas y tejidos internos 6,68 g 2,0 g
Piña Piel y corazón 6,64 g 1,2 g
Puerro Hojas verdes y raíces 4,95 g 2,8 g
Coliflor Hojas y corazón 3,82 g 1,8 g
Sandía Corteza 2,10 g 0,4 g

Cómo interpretar los datos: cantidades de fibra en gramos por cada 100 gramos de cada fracción vegetal. Las cifras no representan la cantidad consumida por pieza ni significan que todas las partes descartadas sean aptas para comer.

Fuente científica: Browne, G. y colaboradores (2026). International Journal of Food Sciences and Nutrition. Consultar el estudio original .

El pimiento, el puerro y la coliflor también atesoran fibra

Entre las hortalizas, las partes descartadas del pimiento —tallo, semillas y tejidos internos— aportaban 6,68 gramos de fibra por cada cien gramos, frente a los 2 gramos de su parte carnosa.

En el caso del puerro, las porciones verdes superiores y las raíces alcanzaban conjuntamente los 4,95 gramos, frente a los 2,8 gramos de la parte habitualmente utilizada.

De las hojas y el corazón de la coliflor hay que decir que también mostraron una concentración notable: 3,82 gramos de fibra por cada cien gramos, frente a los 1,8 gramos de sus flores.

Sin embargo, el estudio encontró dos excepciones: el tallo del brócoli y las capas exteriores del hinojo tenían menos fibra por cien gramos que las partes habitualmente consumidas.

Por tanto, no todas las pieles, tallos o semillas contienen más fibra que la pulpa. El resultado depende de la especie vegetal y de la estructura analizada.

Por qué las pieles, semillas y tallos suelen contener más fibra

La explicación se encuentra en la propia biología de las plantas. Hay que tener presente que las pieles actúan como barreras protectoras frente al entorno, los tallos proporcionan soporte y determinadas estructuras externas ayudan a mantener la integridad de los tejidos vegetales.

Para cumplir estas funciones, las plantas construyen paredes celulares resistentes mediante sustancias como la celulosa, las hemicelulosas y las pectinas, que forman parte de la fibra alimentaria.

La fibra alimentaria es el conjunto de carbohidratos y otros componentes vegetales resistentes a la digestión en el intestino delgado que pueden ejercer efectos beneficiosos en el aparato digestivo y el metabolismo.

Los investigadores comprobaron que todas las fracciones descartadas examinadas contenían una mayor proporción de fibra insoluble que soluble, algo coherente con su función estructural y protectora.

Un estudio del King’s College de Londres revela que los tallos, las semillas y los tejidos internos del pimiento contienen conjuntamente más de tres veces la fibra de su parte carnosa.

Un estudio del King’s College de Londres revela que los tallos, las semillas y los tejidos internos del pimiento contienen conjuntamente más de tres veces la fibra de su parte carnosa. Foto de Thilina Alagiyawanna en Unsplash

Qué diferencia hay entre la fibra soluble y la insoluble

La fibra insoluble, presente en numerosos tejidos vegetales, contribuye a aumentar el volumen de las heces y favorece el tránsito intestinal.

La fibra soluble incluye compuestos que, dependiendo de sus propiedades, pueden formar soluciones viscosas, influir en la absorción de nutrientes y ser utilizados por determinadas bacterias intestinales.

Parte de la fibra que llega al colon es fermentada por la microbiota intestinal, que produce ácidos grasos de cadena corta, sustancias relacionadas con la salud de la barrera intestinal y distintos procesos metabólicos.

Por eso, no solo importa cuánta fibra contiene un alimento. También resulta relevante su composición, su estructura física y la manera en que se prepara.

Por qué comer más fibra es importante para la salud

El hallazgo adquiere especial interés porque buena parte de la población de los países industrializados consume menos fibra de la recomendada.

En el Reino Unido, según los datos recogidos en la investigación, solo el 4 % de los adultos alcanza los 30 gramos diarios de fibra recomendados por las autoridades sanitarias británicas. La ingesta media es de 16,4 gramos al día, poco más de la mitad de esa cantidad.

En España, la situación tampoco invita al optimismo. El estudio científico ANIBES, realizado con población española y publicado en 2017, encontró una ingesta media de apenas 12,7 gramos diarios de fibra, aproximadamente la mitad de los 25 gramos recomendados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Aunque los datos proceden de una investigación anterior, el problema continúa vigente. En julio de 2024, la Real Academia Nacional de Medicina de España advertía de que los españoles llevaban décadas consumiendo 20 gramos o menos de fibra al día. «La fibra es la gran olvidada en nutrición, sigue siendo un patito feo que solo se suele relacionar con la reducción del estreñimiento», señalaba Jara Pérez, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC), quien recordaba que no sufrir estreñimiento no significa necesariamente consumir suficiente fibra. La paradoja resulta especialmente llamativa en un país cuya dieta mediterránea tiene entre sus pilares las frutas, las verduras, las legumbres y los cereales integrales.

La importancia de la fibra va mucho más allá de prevenir el estreñimiento. Numerosas investigaciones han encontrado asociaciones entre su consumo habitual y un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2 y determinadas enfermedades crónicas.

Además, algunas fibras contribuyen a regular la absorción de glucosa, influyen en la respuesta del colesterol y favorecen el funcionamiento de la microbiota intestinal.

Sin embargo, estos beneficios proceden de un conjunto amplio de investigaciones sobre el consumo de fibra y patrones alimentarios saludables. El nuevo estudio no demuestra que comer piel de kiwi o corteza de sandía prevenga por sí solo ninguna enfermedad.

Su aportación consiste en identificar fuentes adicionales de fibra que podrían aprovecharse para mejorar la alimentación.

Las frutas aportan fibra alimentaria, aunque su cantidad y composición varían según la especie y la parte del fruto que consumimos.

Las frutas aportan fibra alimentaria, aunque su cantidad y composición varían según la especie y la parte del fruto que consumimos. Foto de Alice Passos

Comer de la raíz a la punta: la propuesta de los científicos para aprovechar las verduras

Los investigadores defienden una filosofía gastronómica conocida como root-to-tip, que significa literalmente «de la raíz a la punta».

El concepto propone utilizar tantas partes comestibles de las frutas y verduras como sea posible, incluidos componentes que normalmente se eliminan durante la preparación.

No se trata de una práctica completamente nueva. Numerosas cocinas tradicionales han aprovechado durante generaciones hojas, tallos, semillas y otras partes vegetales que hoy se consideran desperdicios.

Lo novedoso es que la investigación proporciona datos concretos sobre su contenido de fibra y permite valorar su potencial nutricional. Según recoge New Scientist, el comedor del King’s College de Londres ensayó un menú inspirado en esta filosofía.

Entre las preparaciones figuraba un estofado de cacahuetes de inspiración africana occidental elaborado con una calabaza entera, tallos de col rizada y hojas verdes de puerro. También se sirvió una ensalada de sandía que incorporaba corteza de sandía encurtida.

Estas recetas muestran que algunas partes tradicionalmente descartadas pueden convertirse en ingredientes culinarios mediante técnicas como la cocción, el triturado, el rallado y el encurtido.

Pero es imprescindible seleccionar solo estructuras cuya seguridad alimentaria esté suficientemente establecida.

¿Es seguro comer la piel de todas las frutas y verduras?

Hay que señalar que no, según los expertos. Que una piel o semilla contenga mucha fibra no significa que sea segura o adecuada para el consumo humano.

Algunas estructuras vegetales pueden resultar demasiado duras, presentar compuestos naturalmente tóxicos o contener residuos de contaminantes. Los investigadores mencionan, entre otras cuestiones, la necesidad de estudiar los compuestos cianogénicos —sustancias naturales presentes en algunas plantas que, al descomponerse, pueden liberar cianuro— de determinadas pieles, así como posibles residuos de pesticidas y metales pesados.

Por eso, antes de consumir una parte vegetal que normalmente se descarta conviene comprobar que es apta para la alimentación, lavarla adecuadamente y emplear una preparación segura.

Además, las personas con determinadas enfermedades digestivas o restricciones dietéticas pueden necesitar recomendaciones individualizadas sobre la cantidad y el tipo de fibra que consumen.

Los consumidores quieren alimentos saludables, pero no siempre aceptan comer las pieles

La investigación no se limitó al análisis de laboratorio. Los científicos también estudiaron las actitudes de cuarenta estudiantes y trabajadores del King’s College de Londres, distribuidos en seis grupos de discusión. Querían comprender qué saben los consumidores sobre la fibra y qué podría animarlos a incorporar partes vegetales habitualmente descartadas.

Los participantes identificaron numerosos alimentos ricos en fibra y reconocieron algunos de sus beneficios, como facilitar la digestión o contribuir a la sensación de saciedad. Sin embargo, también manifestaron dudas sobre las propiedades nutricionales de determinados ingredientes y sobre la fiabilidad de la información alimentaria difundida en redes sociales.

Una de las conclusiones más interesantes fue que los beneficios para la salud resultaban más convincentes que los argumentos medioambientales.

Para muchos consumidores, saber que una piel contiene más fibra que la pulpa podría ser un incentivo mayor que conocer su contribución a reducir el desperdicio alimentario. Aun así, algunos participantes reconocieron que la textura o el rechazo psicológico a comer determinadas pieles y tallos podrían impedirles cambiar sus costumbres.

Los autores del estudio consideran que la información nutricional debe acompañarse de recetas agradables, sencillas y culturalmente aceptables.

Conviene señalar que estos grupos de discusión no constituyen una muestra representativa de la población general, por lo que sus resultados deben interpretarse como una exploración cualitativa de las actitudes alimentarias.

Aprovechar las pieles también puede reducir el desperdicio de alimentos

El estudio plantea un beneficio adicional: aprovechar mejor las frutas y verduras permitiría reducir parte de los residuos alimentarios.

Según los datos citados por los autores, en el Reino Unido se desperdician alrededor de diez millones de toneladas de alimentos anualmente (En España, 1,12 millones de toneladas al año), con una contribución importante de los productos vegetales.

Aprovechar más partes comestibles podría mejorar el rendimiento de los cultivos y reducir los recursos desperdiciados durante la producción, el transporte y la distribución de alimentos.

Gibson también considera que esta estrategia podría contribuir a reforzar la resistencia del sistema alimentario frente a las alteraciones climáticas. «Todo lo que sacamos de la tierra y que podemos comer, deberíamos comerlo», afirma la investigadora en New Scientist.

No obstante, Christian Reynolds, experto n política alimentaria de la City St George’s University of London, introduce una precisión importante. En declaraciones a la misma revista, califica el trabajo como una «investigación apasionante», aunque recuerda que el desperdicio de carne y productos lácteos tiene una huella de carbono especialmente elevada.

Reducir los residuos vegetales es «parte de la solución, pero no es lo único que debemos hacer», señala Reynols.

La observación subraya que mejorar la sostenibilidad alimentaria requiere combinar distintas estrategias, desde aprovechar mejor los ingredientes hasta reducir el desperdicio de alimentos con mayor impacto ambiental.

Consumir frutas con su piel comestible y bien lavada puede contribuir a aumentar la ingesta diaria de fibra, importante para la salud intestinal. Foto de Ian Taylor en Unsplash

Consumir frutas con su piel comestible y bien lavada puede contribuir a aumentar la ingesta diaria de fibra, importante para la salud intestinal. Foto de Ian Taylor en Unsplash

Qué demuestra realmente el estudio y qué queda por investigar

Los resultados proporcionan nuevas pruebas de que determinadas pieles, semillas, hojas y tallos contienen concentraciones elevadas de fibra. Sin embargo, todavía existen interrogantes.

Los investigadores analizaron doce productos vegetales y compararon las fracciones descartadas con datos nutricionales de referencia de las partes habitualmente consumidas. Además, las muestras procedían de ejemplares concretos, por lo que los resultados no permiten establecer valores universales para todas las variedades y condiciones de cultivo.

También queda por determinar cómo influye la cocción en el contenido, la estructura y las propiedades fisiológicas de estas fibras. Y falta comprobar mediante estudios de intervención si introducir habitualmente esas partes vegetales en la alimentación aumenta de manera significativa el consumo de fibra y produce beneficios medibles para la salud.

La investigación tampoco analizó directamente el contenido de vitaminas, minerales o antioxidantes de las pieles examinadas. Por tanto, no permite concluir que todas las partes descartadas sean globalmente más nutritivas que la pulpa.

Lo que sí demuestra es que muchas de ellas concentran cantidades importantes de un componente que suele escasear en nuestra alimentación.

El mensaje de los investigadores no consiste en transformar las pieles en nuevos superalimentos ni en recomendar que comamos indiscriminadamente todo lo que retiramos de las frutas y verduras. Es mucho más sencillo: aprovechar las partes vegetales comestibles y seguras que normalmente desechamos puede ser una manera práctica de aumentar el aporte de fibra y reducir el desperdicio alimentario.

Quizá, la próxima vez que preparemos una calabaza o un kiwi, merezca la pena preguntarnos si aquello que estamos a punto de tirar podría formar parte de nuestra comida.▪️(31-octubre-2026)

NUTRICIÓN Y SALUD | PREGUNTAS FRECUENTES

Todo lo que debes saber sobre la piel de las frutas y verduras

¿Es saludable comer las frutas con piel? ¿Qué partes contienen más fibra? ¿Son todas seguras? Un estudio del King's College de Londres aporta nuevas respuestas sobre los beneficios nutricionales de las pieles, semillas y tallos que solemos desechar.

¿Es bueno comer la piel de las frutas y verduras?

Comer la piel de algunas frutas y verduras puede aumentar el aporte de fibra alimentaria, siempre que sea comestible, esté bien lavada y resulte adecuada para el consumo. No todas las pieles son seguras ni tienen necesariamente más nutrientes que la pulpa.

¿Qué fruta tiene más fibra en la piel que en la pulpa?

Según un estudio del King's College de Londres publicado en 2026, la piel del kiwi contiene 7,96 gramos de fibra por cada cien gramos, frente a los 2,7 gramos de su pulpa. Esto representa aproximadamente un 195 % más.

¿Se puede comer el kiwi con piel?

Sí. La piel del kiwi es comestible y aporta fibra adicional. Se recomienda lavar bien la fruta antes de consumirla y evitar la piel si provoca molestias o reacciones alérgicas.

¿La corteza de la sandía tiene fibra?

Sí. Los investigadores encontraron 2,10 gramos de fibra por cada cien gramos de corteza de sandía, frente a los 0,4 gramos presentes en la pulpa roja. La parte blanca de la corteza puede incorporarse a determinadas preparaciones culinarias.

¿La piel de la piña es buena para la salud?

La piel y el corazón de la piña contienen conjuntamente más fibra que su pulpa, pero eso no significa que sea recomendable consumir la piel directamente. Su dureza y las consideraciones de seguridad alimentaria exigen precaución.

¿Qué beneficios tiene consumir suficiente fibra?

La fibra alimentaria favorece el tránsito intestinal, ayuda a mantener una microbiota saludable y, dependiendo de sus propiedades, puede contribuir al control de la glucosa y el colesterol. Una alimentación rica en fibra también se asocia con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes de tipo 2.

¿Comer pieles y tallos puede reducir el desperdicio alimentario?

Sí. Aprovechar las partes vegetales que sean comestibles y seguras puede disminuir los residuos de cocina y aumentar el rendimiento de los alimentos comprados. Su impacto real dependerá de la preparación y de la cantidad de residuos evitados.

¿El estudio demuestra que comer pieles previene enfermedades?

No. El trabajo midió el contenido de fibra de distintas partes vegetales y analizó actitudes de consumidores. No realizó ensayos clínicos destinados a demostrar que consumir estas pieles prevenga enfermedades.

Fuente científica: Browne, G. y colaboradores (2026). The dietary fibre content of fruit and vegetable kitchen preparation waste and UK consumers' dietary fibre-related attitudes regarding its consumption. International Journal of Food Sciences and Nutrition. Consultar el estudio original .
  • Fuente: Browne, G., Nie, X., Brooks, G., Wang, F., Collie, G., Wu, E. C., … Bajka, B. The dietary fibre content of fruit and vegetable kitchen preparation waste and UK consumers’ dietary fibre-related attitudes regarding its consumption. International Journal of Food Sciences and Nutrition (2026). DOI: https://doi.org/10.1080/09637486.2026.2734852

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