¿Por qué las mujeres tienen los senos voluminosos? Un estudio sugiere que podrían proteger del frío a los recién nacidos

Un atributo exclusivamente humano que siempre se ha asociado al deseo o la maternidad podría tener un origen mucho más básico: la supervivencia. Un nuevo estudio propone que el tamaño y la forma de los senos femeninos ayudaron a mantener calientes a los bebés en los inicios de la evolución humana.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La temperatura del pecho de una madre en lactancia puede ayudar a mantener el calor corporal del recién nacido, según un estudio

La temperatura del pecho de una madre en lactancia puede ayudar a mantener el calor corporal del recién nacido, según un estudio que sugiere que el tamaño y la forma del pecho humano pudieron evolucionar también como protección térmica para los bebés. Imagen de Capsula Nudes en Pixabay

La pregunta ha flotado como un enigma persistente de nuestra anatomía en congresos de antropología y manuales de evolución humana: ¿por qué las mujeres tienen pechos permanentemente hinchados, incluso cuando no están embarazadas ni amamantando?

A diferencia de otros primates, en los que las mamas se agrandan solo durante la lactancia, en nuestra especie el rasgo aparece ya en la pubertad y se mantiene a lo largo de la vida adulta. La explicación dominante ha oscilado entre la selección sexual y un simple subproducto del aumento de grasa subcutánea en el linaje humano.

Pero un nuevo estudio científico propone una hipótesis distinta, tan cotidiana como radical: los pechos podrían haber evolucionado, al menos en parte, para mantener calientes a los recién nacidos.

La nueva hipótesis: los pechos como sistema de termorregulación neonatal

La investigación, publicada en la revista Evolutionary Human Sciences, explora la idea de que el tejido mamario actúa como una superficie de calentamiento en el contacto piel con piel entre madre e hijo. El trabajo está firmado por un equipo de la Universidad de Oulu y del Instituto Finlandés de Salud Ocupacional, encabezado por el bioarqueólogo Juho-Antti Junno.

La hipótesis parte de un enigma evolutivo. El tamaño y la forma prominentes de los pechos humanos no son necesarios para producir leche materna. De hecho, la mayor parte del volumen mamario se debe al tejido adiposo que rodea las glándulas, no a las estructuras glandulares en sí mismas. Además, los pechos se desarrollan en la pubertad, mucho antes del primer embarazo. Entonces ¿qué ventaja adaptativa pudo justificar este rasgo anatómico?

Los autores sugieren que la clave puede estar en la termorregulación. Hace aproximadamente dos millones de años, con la aparición del género Homo, nuestros antepasados perdieron el grueso del pelaje corporal. Ese cambio, posiblemente relacionado con el clima y con nuevas estrategias de actividad en la sabana africana, dejó a los recién nacidos más expuestos a la pérdida de calor.

Al mismo tiempo, los bebés humanos nacen relativamente inmaduros —una consecuencia de la combinación de cerebros grandes y pelvis adaptadas al bipedismo— y son especialmente vulnerables a la hipotermia neonatal.

En ese contexto, el contacto piel con piel habría sido una fuente crucial de calor antes de la invención del fuego o de la ropa. El pecho femenino, prominente y elástico, multiplica la superficie de contacto respecto a un tórax plano. Pero la cuestión no es solo geométrica. ¿Podría el tejido mamario, especialmente durante la lactancia, comportarse como una fuente activa de calor?

El experimento: medir la temperatura del pecho en distintas condiciones

Para poner a prueba esta idea, el equipo diseñó un estudio experimental en una cámara climática. Reclutaron a veintisiete voluntarios que dividieron en tres grupos: ocho mujeres que estaban amamantando a sus bebés, doce mujeres que no lo hacían (algunas sin hijos y otras que habían dejado la lactancia al menos un año antes) y siete hombres, todos entre veinte y cuarenta años.

En total, Junno y sus coolegas registraron 243 mediciones en tres condiciones térmicas distintas: 32 °C, 27 °C y 18 °C .

Las personas participantes permanecían veinte minutos en cada temperatura, con el torso descubierto, mientras una cámara termográfica registraba la temperatura superficial del pecho en distintos momentos. Entre cada exposición, descansaban media hora a temperatura ambiente. Dado el tamaño reducido de la muestra y la distribución de los datos, los investigadores utilizaron pruebas estadísticas no paramétricas para comparar los grupos.

Una gorila de montaña amamanta a su cría en los montes Virunga (Ruanda). En los grandes simios, los pechos solo se vuelven visibles durante la lactancia

Una gorila de montaña amamanta a su cría en los montes Virunga (Ruanda). En los grandes simios, los pechos solo se vuelven visibles durante la lactancia y siguen siendo pequeños en comparación con los humanos, una diferencia clave para entender la evolución del pecho femenino. Foto: Juho-Antti Junno

Resultados clave: los pechos de las mujeres lactantes conservan mejor el calor

Los resultados muestran dos patrones claros:

1️⃣ Los hombres y las mujeres no lactantes presentan comportamientos térmicos muy similares: cuando la temperatura ambiente desciende, la superficie de sus pechos pierde calor en una magnitud comparable.

2️⃣ Las mujeres lactantes amamantan a sus bebés muestran una notable resistencia al enfriamiento corporal.

Tras 20 minutos a 18 °C, las mujeres lactantes habían perdido, de media, 2,5 °C en la superficie mamaria. En cambio, las mujeres no lactantes perdieron 4,7 °C y los hombres, 4,3 °C . También a 27 °C, la caída de temperatura fue significativamente menor en el grupo de lactancia. Además, al final del experimento, a 18 °C, la temperatura superficial de las mujeres lactantes era significativamente distinta —más alta— que la de los otros dos grupos .

La diferencia no parece explicarse únicamente por el aislamiento que proporciona la grasa. Si así fuera, cabría esperar que las mujeres no lactantes —que también poseen tejido adiposo mamario— mostrasen una ventaja similar. Sin embargo, sus datos se asemejan más a los de los hombres.

Un tejido mamario que reserva grasa y que además irradia calor

Los autores interpretan que la actividad metabólica de la glándula mamaria y los cambios vasculares asociados al embarazo y la lactancia podrían desempeñar un papel determinante.

En otras palabras, el pecho lactante no solo es una reserva pasiva de grasa, sino un tejido dinámico capaz de conservar y posiblemente irradiar calor de forma más eficaz. Esta idea encaja con observaciones clínicas previas: durante el contacto piel con piel —lo que en neonatología se conoce como método canguro— la temperatura del pecho materno puede ajustarse a las necesidades térmicas del recién nacido.

La literatura médica ha documentado que incluso en hospitales modernos la hipotermia neonatal sigue siendo un riesgo serio.

El estudio finlandés es, como indican sus autores, una prueba de concepto. La muestra es pequeña y no se examinaron otros rangos de temperatura más extremos, en parte por razones éticas y de bienestar de las participantes. Tampoco se midió directamente la transferencia de calor al bebé, sino solo la capacidad de la superficie mamaria para resistir el enfriamiento. Aun así, los datos sugieren que el pecho en lactancia constituye un microambiente térmico relativamente estable.

Implicaciones evolutivas: ¿una ventaja para la supervivencia infantil?

Ahora bien ¿Cómo encaja esto en el debate evolutivo? Durante años, la explicación más popular ha sido la de la selección sexual: los pechos prominentes actuarían como señales de fertilidad o de buena salud.

El zoólogo británico Desmond Morris sostuvo en El mono desnudo que los pechos femeninos permanentemente voluminosos son una característica única de la especie humana que no se explica solo por la lactancia. Según su interpretación, habrían evolucionado principalmente por selección sexual como una señal visual constante de fertilidad y madurez, favoreciendo la atracción y el vínculo de pareja.

Morris llegó a sugerir que los pechos funcionarían como un equivalente frontal de las nalgas tras la adopción de la postura erguida, aunque hoy sus teorías se consideran solo una parte del debate sobre el origen evolutivo del pecho humano.

Es más, esta hipótesis y sus variantes no están universalmente aceptadas. En muchas culturas, el pecho no ocupa el mismo lugar central en la sexualidad, y algunos autores han defendido que el tamaño mamario pudo surgir como efecto colateral del aumento general de grasa subcutánea en el linaje humano.

Termografía del pecho humano que muestra cómo el tejido mamario mantiene una temperatura elevada: un estudio sugiere que esta capacidad térmica pudo ayudar a proteger del frío a los recién nacidos en la evolución de nuestra especie.

¿Qué aporta este estudio frente a teorías anteriores?

La nueva propuesta no excluye estas ideas, pero introduce un matiz funcional. Es posible que el aumento de tejido adiposo proporcionara inicialmente una mayor superficie de contacto y aislamiento, y que la actividad glandular durante la lactancia materna añadiera una capacidad termorreguladora adicional.

Si los recién nacidos humanos —más desnudos y más inmaduros que los de otros primates— dependían críticamente del calor materno para sobrevivir, cualquier rasgo que mejorara esa protección habría sido favorecido por la selección natural.

«Esto podría mejorar las probabilidades de supervivencia de un recién nacido y proporcionar una explicación con base evolutiva para el desarrollo de los pechos externos en los seres humanos», afirma Junno. Su interpretación subraya el posible valor adaptativo del rasgo: el pecho como fuente térmica que habría contribuido a la supervivencia infantil en los orígenes de nuestra especie.

La hipótesis abre, además, nuevas preguntas. Si la termorregulación desempeñó un papel relevante, cabría esperar diferencias comparables en otras especies de primates durante la lactancia. Los autores sugieren que estudios similares en chimpancés podrían arrojar luz sobre el origen del rasgo . También sería necesario ampliar la muestra humana, explorar temperaturas más variadas y medir directamente la transferencia de calor al neonato.

Más allá de un emblema de fertilidad, erotismo o maternidad

En última instancia, el trabajo invita a reconsiderar un rasgo anatómico que ha sido cargado de simbolismo cultural y sexual durante siglos. Desde la medicina hasta el arte, el pecho femenino ha sido interpretado como emblema de fertilidad, erotismo o maternidad. Pero bajo esa capa de significados puede esconderse una función básica y silenciosa: mantener vivo al recién nacido en un mundo donde la pérdida de calor podía ser fatal.

Junno no oculta su entusiasmo ante las implicaciones del hallazgo. «Este es uno de los descubrimientos más interesantes sobre la evolución humana temprana realizados en Finlandia», sostiene, convencido de que la investigación abre una vía novedosa para entender la anatomía humana desde la biología evolutiva.

La evolución no diseña con intención, sino que conserva lo que funciona. Si los pechos humanos contribuyeron a estabilizar la temperatura de los bebés en un entorno sin ropa ni incubadoras, ese beneficio —por pequeño que fuera— pudo inclinar la balanza en favor de su permanencia y prominencia. En ese sentido, la anatomía femenina no sería solo un resultado de la mirada adulta o del deseo, sino también una respuesta a la fragilidad extrema del comienzo de la vida.

El estudio no cierra el debate, pero lo desplaza. Frente a explicaciones centradas exclusivamente en la atracción sexual, introduce una dimensión termodinámica y materna. Tal vez la pregunta no sea solo por qué los pechos son visibles, sino qué calor escondido guardan.▪️(25-febrero-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Mujer y senos voluminosos

🤱 ¿El tamaño del pecho influye en la producción de leche?

No. La producción de leche depende del tejido glandular, no del volumen total del pecho.

🤱 ¿Por qué las mujeres tienen pechos permanentes?

Un nuevo estudio sugiere que podrían haber evolucionado para ayudar a mantener la temperatura corporal de los recién nacidos.

🤱 ¿Los pechos generan calor?

En mujeres en periodo de lactancia, la superficie mamaria muestra mayor resistencia al enfriamiento, lo que indica actividad metabólica asociada a la termorregulación.

🤱 ¿Esta hipótesis sustituye a la teoría de la selección sexual?

No necesariamente. Podría complementarla añadiendo una función biológica relacionada con la supervivencia infantil.

  • Información facilitada por la Universidad de Oulu

  • Fuente: Kuvaja T., Väre T., Rissanen S., Rintamäki H., Lehenkari P., Junno J.-A. Infant’s thermal balance and the evolution of the human breast – a proof-of-concept study. Evolutionary Human Sciences (2026). DOI: 10.1017/ehs.2025.10024

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