Nuevos marcadores del flujo sanguíneo cerebral podrían detectar el alzhéimer antes de los síntomas

Científicos descubren que alteraciones sutiles en el flujo sanguíneo y la oxigenación cerebral están asociadas a señales precoces del alzhéimer, incluso antes del deterioro cognitivo. La investigación refuerza la idea de que la salud vascular del cerebro podría convertirse en una herramienta clave para detectar el riesgo de la enfermedad décadas antes de los síntomas.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La imagen muestra la acumulación de placas de beta-amiloide en el cerebro, uno de los rasgos característicos del alzhéimer: los colores más cálidos indican mayores niveles.

La imagen muestra la acumulación de placas de beta-amiloide en el cerebro, uno de los rasgos característicos del alzhéimer: los colores más cálidos indican mayores niveles. El estudio halló que las personas con mejor flujo sanguíneo y oxigenación cerebral presentaban menor carga de amiloide, lo que sugiere un vínculo entre la salud vascular y la enfermedad. Cortesía: Stevens INI

El alzheimer comienza mucho antes de que aparezcan los primeros olvidos. Durante años —e incluso décadas— el cerebro acumula cambios silenciosos que, cuando finalmente se manifiestan como deterioro cognitivo, ya están muy avanzados. Detectar esas señales sutiles y precoces se ha convertido en uno de los grandes objetivos de la investigación neurológica.

Ahora, un nuevo estudio apunta a una pista prometedora: el modo en que el encéfalo regula su flujo sanguíneo y su oxigenación podría ofrecer señales precoces del riesgo de desarrollar el alzhéimer, una enfermedad que afecta a casi 55 millones de personas en todo el mundo, y cuya incidencia, según la Alzheimer's Disease International (ADI), aumentará drásticamente en los próximos años: hasta 78 millones en 2030 y 139 millones en 2050.

Un equipo internacional de investigadores ha identificado una serie de marcadores hemodinámicos —indicadores del funcionamiento del sistema vascular cerebral— que se asocian con cambios cerebrales característicos de esta enfermedad neurodegenerativa, incluso en personas sin síntomas cognitivos. El trabajo, publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia, sugiere que medir cómo circula la sangre y el oxígeno en el cerebro podría convertirse en una herramienta relativamente sencilla y no invasiva para detectar los primeros síntomas del alzhéimer.

La salud vascular del cerebro, clave en el riesgo de alzhéimer

Tradicionalmente, el alzhéimer se ha estudiado como una enfermedad neurodegenerativa dominada por la acumulación de proteínas anómalas, como la beta-amiloide y la tau, y la muerte progresiva de neuronas.

No hay que olvidar que la beta-amiloide forma placas tóxicas entre las neuronas que alteran la comunicación cerebral y desencadenan inflamación, y que la proteína tau se acumula dentro de las neuronas formando ovillos que dañan su estructura y acaban provocando su muerte.

Sin embargo, en los últimos años ha cobrado fuerza una hipótesis complementaria: la llamada hipótesis vascular. Según esta idea, el deterioro de los vasos sanguíneos cerebrales podría ser uno de los primeros pasos en la cadena de acontecimientos que conduce a la enfermedad.

El cerebro, un ávido consumidos de oxígeno

El cerebro, que representa apenas el 2% del peso corporal, consume alrededor del 20% del oxígeno del organismo. Para funcionar correctamente necesita un suministro continuo y estable de sangre y oxígeno. Ese equilibrio se mantiene gracias a mecanismos de regulación extremadamente finos, capaces de ajustar el flujo sanguíneo cerebral en función de las necesidades del tejido cerebral.

Cuando estos mecanismos fallan, por ejemplo, por la hipertensión, el envejecimiento vascular y las alteraciones metabólicas, se producen episodios de hipoperfusión cerebral, o sea, un menor riego sanguíneo, y falta de oxígeno. A largo plazo, estas condiciones pueden favorecer la inflamación, el daño neuronal y la acumulación de proteínas tóxicas. Diversos estudios han mostrado que factores de riesgo vascular, como la citada hipertensión y la diabetes, aumentan la probabilidad de que surja una demencia.

El nuevo estudio se centra precisamente en medir de forma precisa esa regulación vascular cerebral.

🗣️ En palabras de la investigadora principal del trabajo, Amaryllis A. Tsiknia, del Instituto de Neuroimagen e Informática Mark y Mary Stevens, en la Universidad del Sur de California, «las proteínas amiloide y tau suelen considerarse los protagonistas principales en la enfermedad de Alzheimer, pero el flujo sanguíneo y el aporte de oxígeno también son fundamentales. Nuestros resultados muestran que cuando el sistema vascular del cerebro funciona más como lo hace en un envejecimiento saludable, también observamos características cerebrales asociadas con una mejor salud cognitiva».

En España, más de la mitad de los casos leves de alzhéimer siguen sin diagnosticar, y el retraso medio supera los dos años

En España, más de la mitad de los casos leves de alzhéimer siguen sin diagnosticar, y el retraso medio supera los dos años; además, entre el 30% y el 50% de las personas con demencia no reciben un diagnóstico formal y menos del 20% de los casos se identifican actualmente mediante biomarcadores, según la Sociedad Española de Neurología. Foto de Philippe Leone en Unsplash‍ ‍

Cómo se midieron los nuevos biomarcadores del alzhéimer

Para investigar la relación entre la dinámica vascular cerebral y esta demencia, los científicos exploraron a más de doscientos adultos mayores, tanto con deterioro cognitivo como sin él. Utilizaron una combinación de técnicas no invasivas: ultrasonidos Doppler transcraneales (TCD, por sus siglas en inglés), para medir la velocidad del flujo sanguíneo en el cerebro; y espectroscopia de infrarrojo cercano (NIR), para evaluar la oxigenación del tejido cerebral.

A diferencia de métodos tradicionales que requieren que los participantes contengan la respiración o inhalen CO₂ para provocar cambios medibles en el encéfalo, este enfoque se basa en registrar fluctuaciones fisiológicas espontáneas en reposo. Los investigadores aplicaron modelos matemáticos avanzados para analizar cómo variaban la presión arterial y el dióxido de carbono y cómo respondían a estos cambios el flujo sanguíneo y la oxigenación cerebral.

De ese análisis surgieron cinco índices hemodinámicos que reflejan distintos aspectos de la regulación vascular cerebral. Algunos miden la capacidad de los vasos para adaptarse a cambios en el dióxido de carbono —lo que se denomina reactividad vascular— y otros evalúan la autorregulación cerebral, es decir, la habilidad de mantener un flujo sanguíneo estable pese a variaciones en la presión arterial.

Estos índices permiten estimar cómo de cerca está el funcionamiento vascular de una persona del patrón considerado normal o saludable.

Qué encontraron los científicos: relación directa con el riesgo de alzhéimer

Los resultados mostraron una relación consistente entre estos marcadores vasculares y varios indicadores cerebrales asociados al alzhéimer. En general, las personas con valores más cercanos a un funcionamiento vascular normal presentaban también perfiles cerebrales más saludables.

Por ejemplo, los participantes con mejores índices hemodinámicos tendían a tener un mayor volumen del hipocampo, una región clave para la memoria que se reduce en fases tempranas del alzhéimer. También mostraban menor carga de beta-amiloide en el cerebro, medida mediante tomografía por emisión de positrones (PET), uno de los biomarcadores del alzhéimer más utilizados.

Además, algunos de estos marcadores se correlacionaron con mayor grosor cortical en regiones cerebrales típicamente afectadas por el Alzheimer y con un mejor rendimiento cognitivo general.

El patrón era claro: cuanto más saludable era la dinámica vascular cerebral, más favorable era el perfil neurobiológico. Por el contrario, los participantes con deterioro cognitivo leve o demencia mostraban sistemáticamente valores más bajos en estos índices hemodinámicos.

Aunque el estudio es transversal —es decir, analiza datos de un único momento en el tiempo— los resultados refuerzan la idea de que la disfunción vascular cerebral podría desempeñar un papel temprano en la enfermedad.

🗣️ «Estas medidas vasculares están captando algo significativo sobre la salud cerebral —explica Meredith N. Braskie, autora senior del estudio que también trabaja en el Instituto de Neuroimagen e Informática Mark y Mary Stevens. Y añade—: Parecen alinearse con lo que observamos en las resonancias magnéticas y en las tomografías PET que se utilizan habitualmente para estudiar la enfermedad de Alzheimer, aportando información importante sobre cómo pueden estar relacionadas la salud vascular y las medidas cerebrales estándar del riesgo de alzhéimer».

Por qué el hipocampo es especialmente vulnerable

Uno de los hallazgos más llamativos de este trabajo es la relación entre la regulación vascular y el volumen del hipocampo. Esta estructura, situada en el lóbulo temporal, resulta fundamental para la formación de nuevos recuerdos y es una de las primeras en sufrir los daños de la demencia.

Los investigadores señalan que el hipocampo podría ser particularmente sensible a alteraciones en el flujo sanguíneo cerebral, debido a la singularidad de su microvasculatura. Pequeños cambios en el suministro de oxígeno o nutrientes podrían tener efectos acumulativos sobre su integridad estructural.

También observaron vínculos entre algunos índices vasculares y la cantidad de proteína amiloide cerebral. La relación podría ser bidireccional: por un lado, una mala perfusión cerebral puede favorecer la acumulación de amiloide; por otro, la presencia de amiloide puede deteriorar la función vascular, creando un círculo vicioso.

Un posible método de detección precoz del alzhéimer

Más allá del interés científico, el estudio abre la puerta a aplicaciones clínicas potenciales. Las técnicas utilizadas —ultrasonidos y espectroscopia infrarroja— son mucho más baratas y accesibles que pruebas como la resonancia magnética o el PET cerebral. Además, no requieren procedimientos invasivos ni la cooperación activa del paciente.

Esto las convierte en candidatas a convertirse en herramientas de cribado o seguimiento en consultas clínicas o estudios poblacionales. Detectar alteraciones en la regulación vascular cerebral podría ayudar a identificar a personas con mayor riesgo de deterioro cognitivo antes de que aparezcan síntomas.

🗣️ «Estos hallazgos se suman a la creciente evidencia de que el alzhéimer implica contribuciones vasculares relevantes además de los cambios neurodegenerativos clásicos —señala Arthur W. Toga, director del instituto donde se ha desarrollado la investigación. Y continúa—: Comprender cómo el flujo sanguíneo y la regulación del oxígeno interactúan con el amiloide y con la estructura cerebral abre nuevas vías para la detección precoz y, potencialmente, para la prevención del alzhéimer».

Los autores subrayan, sin embargo, que aún es necesario realizar estudios longitudinales para comprobar si estos marcadores predicen de forma fiable la aparición futura del alzhéimer o el ritmo de progresión de la enfermedad. También reconocen limitaciones: la muestra estaba formada mayoritariamente por personas blancas y relativamente sanas desde el punto de vista cardiovascular, lo que podría limitar la generalización de los resultados.

El estudio utilizó tomografía por emisión de positrones con amiloide (Amyloid PET) para medir la acumulación de placas en el cerebro: los colores más cálidos indican mayores niveles de amiloide, una de las señales características del alzhéimer. Los participantes con patrones más saludables de flujo sanguíneo y regulación del oxígeno cerebral presentaban menor carga de amiloide, lo que refuerza la idea de que la función vascular podría estar estrechamente relacionada con los cambios cerebrales asociados a la enfermedad.

Próximos pasos: ¿pueden predecir el alzhéimer antes de que aparezca?

En cualquier caso, los hallazgos se suman a una tendencia creciente en la investigación: considerar el alzhéimer no solo como una enfermedad de las neuronas, sino también de los vasos sanguíneos y del metabolismo cerebral.

Si se confirma que las alteraciones en el flujo sanguíneo y la oxigenación cerebrales preceden a los cambios estructurales y cognitivos, el foco preventivo podría ampliarse. Controlar la presión arterial, mejorar la salud cardiovascular o promover el ejercicio físico podrían tener un impacto directo en la salud neurnal a largo plazo.

La posibilidad de medir estos procesos con técnicas no invasivas abre una nueva ventana para la detección temprana del Alzheimer. En una enfermedad que puede incubarse durante décadas, disponer de señales de alerta accesibles es crucial.

El cerebro, en definitiva, no solo depende de sus neuronas: también de la red invisible de vasos que lo alimenta. Y en esa red podría esconderse una de las claves para anticipar el Alzheimer antes de que la memoria empiece a fallar.

Como concluye Tsiknia, «si podemos seguir estas señales a lo largo del tiempo, podríamos identificar antes a las personas con mayor riesgo y comprobar si mejorar la salud vascular puede ralentizar o reducir los cambios cerebrales relacionados con el alzhéimer».▪️(25-febrero-2026)

  • Información facilitada por la Keck School of Medicine of USC

  • Fuente: Amaryllis A. Tsiknia, Jamie A. Terner, Zoe E. Tsokolas, Dae C. Shin, Elizabeth B. Joe, Peter S. Conti, Rebecca J. Lepping, Brendan J. Kelley, Rong Zhang, Sandra A. Billinger, Helena C. Chui, Vasilis Z. Marmarelis, Meredith N. Braskie. Cerebrovascular regulation dynamics and Alzheimer's neuroimaging phenotypes. Alzheimer’s and Dementia (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/alz.71146

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