Reconstrucción en 3D del rostro de «Little Foot»: así era la cara del australopiteco más antiguo de Sudáfrica
Un escáner sincrotrón y miles de cortes digitales han moldeado el rostro de «Little Foot», uno de los homínidos más antiguos y completos jamás hallados. La reconstrucción en 3D revela que su cara se parecía más a la de los australopitecos de África oriental que a la de sus vecinos sudafricanos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
El cráneo original de StW 573 (izquierda), su copia digital obtenida mediante escaneado con radiación sincrotrón (centro) y la reconstrucción virtual en 3D del rostro de Little Foot (derecha), que permite comparar su morfología facial con la de otros australopitecos. Cortesía: Amélie Beaudet.
La primera vez que los paleoantropólogos vieron asomar los huesos de StW 573 en la brecha calcificada de la cueva sudafricana de Sterkfontein, a finales de los noventa, no sabían que estaban ante uno de los esqueletos más completos y antiguos del linaje humano hallados hasta ahora.
Lo bautizaron Little Foot —Pequeño Pie— por los huesos del pie que permitieron identificarlo en el sedimento. Casi tres décadas después, su rostro vuelve a mirar al mundo, esta vez reconstruido digitalmente en tres dimensiones gracias a la luz de un sincrotrón y a un minucioso trabajo de ensamblaje virtual.
El estudio, publicado en la revista Comptes Rendus Palevol, presenta la primera reconstrucción virtual detallada de la cara de StW 573 (así se le conoce técnicamente) y un análisis comparativo con otros australopitecos y con grandes simios actuales. El resultado no es solo una imagen más nítida de un individuo que vivió hace unos 3,67 millones de años. Es también una pieza clave en el rompecabezas de la evolución del rostro humano.
¿Quién era «Little Foot»?
StW 573 fue descubierto en 1998 en la gruta de Silberberg Grotto, una gran caverna en el sistema kárstico de Sterkfontein (Sudáfrica), y asignado por sus descubridores a Australopithecus prometheus. Se trata del homínido más antiguo hallado hasta ahora en el sur de África. Su cráneo está extraordinariamente completo, con apenas pérdidas óseas en la base.
Sin embargo, la presión geológica y los procesos de fosilización desplazaron y fragmentaron buena parte de la cara: el maxilar quedó empujado hacia arriba, los huesos frontales se deformaron y los arcos cigomáticos se desplazaron.
Para recomponer ese rompecabezas pétreo, el equipo liderado por Amélie Beaudet recurrió a la tomografía microcomputarizada con radiación sincrotrón en el Diamond Light Source (Reino Unido). La resolución alcanzó 21 micras por vóxel, lo que permitió distinguir hueso y sedimento con una precisión excepcional. A partir de más de 9.000 cortes digitales, los investigadores segmentaron de forma semiautomática los huesos y dientes, separándolos virtualmente de la matriz rocosa.
Después vino la cirugía digital: identificar bloques desplazados —la bóveda craneal, el maxilar y la mandíbula, fragmentos de los cigomáticos y del frontal— y recolocarlos mediante traslaciones y rotaciones hasta restituir su posición anatómica más plausible. En algunos casos, como el maxilar izquierdo, fue necesario espejar el lado derecho, mejor conservado, para reconstruir la simetría facial.
Cráneo de Little Foot (StW 573) en la cueva de Sterkfontein (Sudáfrica), el yacimiento donde fue descubierto uno de los esqueletos de australopiteco más completos y antiguos conocidos. Cortesía: 120 / V. Mourre
Cómo era la cara de este australopiteco
La reconstrucción confirma que Little Foot comparte con otros Australopithecus el llamado máscara facial hexagonal: una cara ancha en su parte superior, con pómulos robustos que conectan el rostro con la bóveda craneal. Sin embargo, el rostro de StW 573 es más estrecho que el de otros ejemplares como Sts 5 —un clásico de Sterkfontein atribuido a Australopithecus africanus— y el cráneo etíope A.L. 444-2, asignado a un Australopithecus afarensis.
El grado de prognatismo —la proyección hacia delante del tercio inferior de la cara— es elevado, especialmente bajo la nariz, en un patrón que recuerda al ejemplar etíope MRD-VP-1/1 (Australopithecus anamensis). En vista lateral, la parte más profunda del rostro se sitúa a la altura de la apertura nasal, como en A.L. 444-2, el número de catálogo de un cráneo parcial fosilizado de Australopithecus afarensis.
Uno de los rasgos más llamativos es la región orbitaria. Las órbitas de Little Foot son altas y anchas, de contorno ovalado, más próximas a las de los orangutanes (Pongo) que a las órbitas rectangulares de Sts 5. La distancia entre los ojos es relativamente amplia, comparable a la de gorilas y chimpancés. Además, los huesos nasales presentan una cresta media marcada, ausente en otros australopitecos analizados.
Las medidas lineales del rostro sitúan a StW 573 en un territorio intermedio. Algunas dimensiones, como la anchura biorbitaria, encajan dentro del rango humano actual (Homo sapiens), mientras que otras, como la anchura maxiloalveolar, se acercan al extremo superior de los gorilas. En conjunto, el tamaño facial de Little Foot es mayor que el de Sts 5 y más próximo al de los fósiles de África oriental.
Qué revela el análisis morfométrico
Para ir más allá de las medidas aisladas, el equipo aplicó morfometría geométrica en tres dimensiones: colocaron 34 puntos anatómicos de referencia en cada cráneo y analizaron estadísticamente las variaciones de forma. El resultado es revelador.
En el espacio morfológico definido por gorilas, chimpancés, orangutanes y humanos actuales, los fósiles se proyectan como puntos adicionales. StW 573 se agrupa sistemáticamente más cerca de A.L. 444-2 que de Sts 5. Ambos comparten una configuración facial intermedia entre el patrón más robusto de gorilas y orangutanes y el rostro más grácil y ancho de Homo.
Especialmente en la región orbitaria, Little Foot muestra afinidades con los fósiles de África oriental. Esta coincidencia sugiere que ciertos rasgos faciales generalizados podrían haber estado presentes en poblaciones tempranas de australopitecos y haberse mantenido durante millones de años en el este del continente, mientras que en el sur habrían evolucionado formas más derivadas.
La hipótesis no es menor. La relación entre los australopitecos orientales (A. afarensis, A. anamensis) y los meridionales (A. africanus, prometheus) sigue siendo objeto de debate. ¿Hubo migraciones entre regiones? ¿Se trata de linajes separados que evolucionaron en paralelo? El parecido entre Little Foot y los fósiles etíopes podría apuntar a una historia más conectada de lo que se pensaba.
Little Foot, en 3D
Escáner tridimensional del cráneo de Little Foot. Cortesía: Amélie Beaude
¿Qué nos dicen los ojos sobre su vida?
La forma de las órbitas oculares —los espacios óseos situados en el cráneo que albergan los dos globos oculares y sus estructuras adyacentes— no es un simple detalle estético. En primates, el tamaño y orientación de los ojos se relacionan con capacidades visuales y con la ecología: la actividad diurna o nocturna, la necesidad de detectar frutos dispersos o depredadores, la vida en entornos abiertos o boscosos.
Los autores subrayan que la variación en la altura orbital puede comportarse de manera relativamente independiente del resto del rostro, lo que la convierte en un posible rasgo diagnóstico. En el caso de StW 573, la combinación de órbitas altas y región interorbitaria amplia podría estar vinculada a adaptaciones visuales específicas.
En trabajos previos sobre el mismo individuo, el equipo había descrito un patrón ancestral en la organización de la corteza visual a partir del molde endocraneal. La posición adelantada del surco lunado —un marcador del límite de la corteza visual primaria— sugería una extensión mayor de esta región cerebral en comparación con otros australopitecos sudafricanos más recientes. La morfología orbital podría ser coherente con ese patrón.
EVOLUCIÓN HUMANA
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Una reconstrucción provisional, una historia abierta
Los investigadores insisten en que su reconstrucción es preliminar. Durante el proceso detectaron deformaciones plásticas, especialmente en la bóveda craneal, que deberán corregirse mediante técnicas de retrodeformación y simulación mecánica. Además, el reducido número de fósiles bien conservados limita las conclusiones sobre dimorfismo sexual o variación intraespecífica.
Aun así, el estudio marca un hito metodológico y conceptual. Por primera vez, el rostro de Little Foot puede compararse con precisión milimétrica con otros homínidos. Y esa comparación sugiere que la evolución facial en el género Australopithecus no fue lineal ni uniforme, sino un mosaico de rasgos compartidos y divergentes, posiblemente moldeados por presiones ambientales cambiantes.
Hace 3,6 millones de años, en un paisaje africano sometido a fluctuaciones climáticas, un pequeño homínido de rostro prominente y mirada amplia caminaba erguido por el sur del continente. Hoy, gracias a la luz sincrotrónica y a la anatomía digital, su cara vuelve a interpelarnos. En sus órbitas ovaladas y en su nariz crestada late una pregunta que sigue abierta: cómo y cuándo empezó a transformarse el rostro que, mucho después, reconoceríamos como humano.▪️(3-marzo-2026)
Fuente: Amélie Beaudet et al. Virtual reconstruction and comparative study of the face of StW 573 ("Little Foot"). Comptes Rendus Palevol (2026). DOI: 10.5852/cr-palevol2026v25a3

