El análisis de cabello humano y de semillas de una sepultura escita aporta, según sus descubridores, la prueba directa más antigua del consumo psicoactivo de cannabis. El hallazgo lo vincula con ritos funerarios, aunque no permite conocer la dosis ni cómo se administraba.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Trabajos de excavación en el túmulo funerario de Tunnug 1, en Siberia, donde se encontraron más de mil semillas de cannabis vinculadas a un contexto ritual de hace unos 2.800 años. Cortesía: Frozen Corpses Golden Treasures / Trevor Wallace y Gino Caspari
Una semilla puede contar que una planta estuvo en un lugar concreto… Y un cabello puede ayudar a averiguar qué relación mantuvo con ella una persona. En una tumba monumental del sur de Siberia, ambas pistas han coincidido para iluminar un episodio remoto de la historia del cannabis: hace unos 2.800 años, en los comienzos del siglo VIII antes de Cristo, los habitantes de aquella región ya lo habrían consumido por sus efectos sobre la mente. La evidencia procede de restos vegetales y de huellas químicas conservadas en cabellos humanos, una combinación excepcional en arqueología.
El hallazgo se ha producido en Tunnug 1, un túmulo funerario del valle de Uyuk, en la república rusa de Tuva. La sepultura pertenecía a miembros de alto rango de una sociedad del mundo escita, asociado a los pueblos de las estepas euroasiáticas que alcanzaron notoriedad por su destreza a caballo. Un equipo internacional de científicos encabezado por Gino Caspari, arqueólogo de la Universidad de Berna, en Suiza, y del Instituto Max Planck de Geoantropología, en Alemania, presenta los resultados en la revista Science.
Los autores consideran que las semillas y las huellas químicas del cabello aportan, en conjunto, la evidencia arqueológica directamente datada más antigua del uso psicoactivo del cannabis.
Cómo revela el cabello el consumo de cannabis
Los investigadores recuperaron alrededor de un millar de semillas y sometieron seis de ellas a datación por radiocarbono. Combinadas con otras fechas del yacimiento, las mediciones sitúan su depósito a comienzos del siglo VIII antes de Cristo.
🗣️ «Las semillas muestran que el cannabis desempeñaba un papel importante en los rituales que rodeaban el enterramiento», explica Caspari en el comunicado de la Universidad de Berna.
Pero su presencia, por abundante que sea, no basta para demostrar que alguien buscara embriagarse: esta planta también proporciona alimento, aceite y fibras.
El cabello humano conservado en la tumba de Tunnug 1 permitió identificar huellas químicas que apuntan al consumo de cannabis hace unos 2.800 años. Crédito: Caspari et al.
Qué son el THC y el CBN
La pista decisiva apareció en el cabello conservado en la cámara funeraria central. Mediante varias técnicas, entre ellas la espectrometría de masas de alta resolución, que permite identificar compuestos por las características de sus iones, Caspari y su equipo encontraron señales claras compatibles con el cannabinol (CBN). Este compuesto puede formarse por la oxidación del tetrahidrocannabinol (THC), el principal responsable de los efectos intoxicantes del cannabis. También detectaron señales débiles cuya masa era compatible con la del propio THC.
El matiz químico importa: la presencia de cannabinol no permite calcular directamente cuánto THC contenía la planta. Es una pista que los autores interpretan junto con los restos vegetales y el contexto funerario. «Este estudio es especialmente revelador, porque combina el análisis de restos de plantas con huellas moleculares en el cuerpo humano», señala Caspari. La coincidencia permite avanzar desde la simple presencia del cannabis hasta una interpretación de su consumo.
Quedan, sin embargo, preguntas fundamentales. Los análisis no permiten calcular de forma fiable la cantidad consumida, determinar si se inhaló o se ingirió, ni reconstruir la frecuencia de uso. La toxicóloga Marilyn Huestis, ajena al trabajo, ha cuestionado en The Washington Post la falta de una medición cuantitativa del THC.
Tampoco se puede atribuir a aquellas plantas una potencia psicoactiva comparable a la de variedades actuales seleccionadas para producir grandes cantidades de este compuesto.
Un antecedente: los braseros de cannabis de hace 2.500 años
Para entender la importancia del descubrimiento hay que viajar hasta otro cementerio, Jirzankal, en las montañas del Pamir, en el oeste de China. En 2019, un estudio publicado en Science Advances describió residuos de cannabinoides en braseros de madera de hace unos 2.500 años. Los recipientes contenían piedras que habían sido calentadas y los análisis indicaban que se había quemado cannabis durante ceremonias mortuorias. Aquellas pruebas respaldaban la inhalación de sus humos con fines rituales. Tunnug 1 adelanta unos tres siglos la evidencia de su uso psicoactivo, aunque no identifica el procedimiento empleado.
Braseros de madera y piedras hallados en el cementerio de Jirzankal, en el oeste de China. Sus residuos químicos indican que se quemaba cannabis durante ceremonias funerarias hace unos 2.500 años. Cortesía: X. Wu / Instituto de Arqueología de la Academia China de Ciencias Sociales.
El trabajo del Pamir también recuperaba un testimonio célebre: en el siglo V antes de Cristo, el historiador griego Heródoto describió a los escitas arrojando cáñamo sobre piedras incandescentes y disfrutando del vapor bajo una cubierta. Su relato no demuestra cómo se consumía la planta en Tunnug 1, varios siglos antes, pero muestra el vínculo entre cannabis, calor y prácticas colectivas en tradiciones antiguas de las estepas.
Cannabis y ritos funerarios: entre la evidencia y las hipótesis
La tumba siberiana sitúa el cannabis en un escenario de poder y muerte. Una investigación publicada en Antiquity en 2024 documentó restos de al menos dieciocho caballos y de un ser humano, interpretados dentro de un complejo ritual sacrificial. Desde entonces, han aparecido varias decenas de caballos adicionales sacrificados y huesos humanos dispersos.
Pero ¿qué función cumplía la planta? Quizá ayudara a modificar la conciencia durante las ceremonias, pero el hallazgo no permite reconstruir la experiencia de sus participantes. Caspari ha planteado a New Scientist otra posibilidad: que se empleara para sedar a personas destinadas al sacrificio.
El arqueólogo Adam Brumm, pide cautela en esa misma publicación: «La hipótesis de que el cannabis pudiera haberse utilizado para calmar a las personas seleccionadas para el sacrificio ritual resulta intrigante, pero sigue siendo muy especulativa». Encontrar indicios de consumo y de sacrificios en un mismo lugar no demuestra que uno se utilizara para facilitar los otros.
Brumm también ha investigado el consumo de nueces de areca en la Indonesia prehistórica. Su equipo identificó indicios de esta práctica en restos humanos, los más antiguos datados entre hace 25.000 y 16.000 años. Los investigadores plantean que uno de sus usos pudo ser aliviar el dolor de muelas gracias a las propiedades analgésicas de la arecolina, un compuesto de estas semillas.
Semillas de cannabis, señaladas con un círculo, entre los restos de la tumba de Tunnug 1, en Siberia. Su pequeño tamaño y su aspecto dificultan identificarlas durante la excavación. Cortesía: T. Wallace.
La domesticación del cannabis es anterior a estas pruebas de consumo
La relación humana con el cannabis se remonta mucho más atrás. Un estudio publicado en Science Advances en 2021, basado en 110 genomas de distintas procedencias, propuso que su domesticación comenzó en Asia oriental hace aproximadamente 12.000 años.
Esa fecha es una estimación obtenida mediante modelos genéticos, con incertidumbre. No acredita el consumo de cannabis como droga en aquel momento. La planta pudo aprovecharse para varios fines antes de que la selección humana favoreciera usos más especializados, como la producción de fibra o de compuestos psicoactivos.
Las semillas de Tunnug 1 parecen proceder de plantas silvestres, según los investigadores, pero no permiten establecer si se cultivaban o seleccionaban por sus propiedades intoxicantes. El equipo ha empezado a secuenciar material vegetal cuyo ADN, afirma Caspari, está extraordinariamente bien conservado. Su análisis podría aclarar qué cannabis utilizaban aquellas comunidades y cómo encaja en la historia de su domesticación y expansión.
➡️ La evidencia más antigua no equivale al primer consumo. Los 2.800 años de Tunnug 1 indican hasta dónde llega la prueba conservada que presentan los autores. El uso psicoactivo del cannabis pudo comenzar antes sin dejar restos identificables.
Las flores, las hojas y las resinas se descomponen; el cabello humano rara vez sobrevive durante milenios. En esta tumba siberiana han perdurado suficientes pistas para acercarse a una práctica remota. Lo que todavía falta es saber qué significaba para quienes la vivieron.▪️(6 de noviembre de 2026)
Cannabis en la Antigüedad: cuatro preguntas clave
Una tumba siberiana permite rastrear su uso psicoactivo hace 2.800 años. Estas respuestas explican qué revela el hallazgo y qué sigue siendo una hipótesis.
¿Cuál es la prueba más antigua del consumo psicoactivo de cannabis?
Según los autores del estudio publicado en Science, las semillas datadas y las huellas químicas en cabello humano de Tunnug 1, en Siberia, constituyen la evidencia arqueológica directamente datada más antigua, de hace unos 2.800 años.
¿Se sabe si los escitas de Tunnug 1 fumaban cannabis?
No. Los análisis del cabello no distinguen si los compuestos se incorporaron por inhalación o ingestión. Los braseros de Jirzankal, unos tres siglos posteriores, sí aportan evidencia de inhalación de humos de cannabis.
¿Se utilizaba cannabis para sedar a víctimas de sacrificios?
Es una hipótesis planteada por Gino Caspari, no una conclusión demostrada. La coincidencia de cannabis y restos interpretados como sacrificios no acredita esa función.
¿Domesticar cannabis significa utilizarlo como droga?
No. El cannabis también se aprovecha para obtener alimento, aceite y fibras. Las estimaciones sobre su domesticación no demuestran cuándo empezó su consumo psicoactivo.
Información facilitada por la Universidad de Berna
Fuente: Gino Caspari et al. Direct evidence for psychoactive cannabis use 2800 years ago. Science (2026). DOI: 10.1126/science.aeg3800
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