Unos dientes de hace 25.000 años hallados en Indonesia revelan la posible adicción más antigua de la humanidad
Unas extrañas ranuras y restos de arecolina indican que antiguos cazadores-recolectores del del Sudeste Asiático chupaban nueces de areca para aliviar el dolor y estimularse. El remedio pudo convertirse en una trampa: cuanto más lo usaban, más dañaban sus dientes y más lo necesitaban.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Cráneo de uno de los antiguos cazadores-recolectores de Sulawesi, en Indonesia. El acusado desgaste de sus dientes probablemente fue causado por años de succionar nueces de betel. Cortesía: Fakhri
Hace entre 25.000 y 16.000 años, mientras buena parte del planeta permanecía bajo los efectos de la última glaciación, un habitante de la actual isla indonesia de Sulawesi adquirió una costumbre difícil de abandonar. Introducía en su boca una pequeña semilla redondeada, la colocaba entre los molares y la mantenía allí durante horas, moviéndola con la lengua, succionándola y quizá royéndola suavemente.
Aquella persona repitió el gesto durante tantos años que las semillas terminaron por excavar profundos surcos en sus dientes.
Aquellas extrañas hendiduras han sobrevivido hasta hoy. Un equipo internacional de arqueólogos sostiene ahora que fueron producidas por el consumo habitual de nueces de areca, las semillas de distintas palmeras del género Areca.
El hallazgo, publicado en la revista Science Advances, adelanta en más de 20.000 años las pruebas directas de esta práctica y podría representar el indicio más antiguo conocido del uso continuado de una planta neuroactiva. También ofrece una imagen sorprendentemente familiar: la de una sustancia que alivia durante un tiempo el malestar, pero cuyo consumo prolongado acaba agravando el problema que pretendía solucionar.
¿Qué es la nuez de areca y qué efectos produce?
Pese a su nombre popular, la nuez de areca no es una nuez propiamente dicha, sino la semilla de un fruto clasificado por los botánicos como baya.
En la actualidad, la semilla suele cortarse o triturarse y mezclarse con tres ingredientes principales:
✅ Hojas de betel (Piper betle), una planta distinta de la palmera de areca.
✅ Cal apagada o hidróxido de calcio (Ca(OH)₂), que modifica químicamente los alcaloides.
✅ Otros productos aromáticos o estimulantes, que varían según la región.
La pasta resultante, conocida como quid o paan, se mastica y se mantiene en el interior de la mejilla. La cal alcaliniza la mezcla y facilita que sus compuestos activos atraviesen con rapidez la mucosa oral.
Nueces de areca cortadas y preparadas para su consumo. Sus semillas contienen arecolina, un alcaloide con efectos estimulantes, euforizantes y analgésicos.
La arecolina, el principal compuesto neuroactivo
El alcaloide más importante de la semilla es la arecolina, una sustancia similar a la nicotina que actúa sobre los receptores de acetilcolina del sistema nervioso.
Su consumo puede producir:
✅ Mayor estado de alerta.
✅ Sensación de energía y resistencia al cansancio.
✅ Abundante salivación.
✅ Ligera sensación de euforia o bienestar.
Aunque apenas es conocida en Occidente, la nuez de areca constituye la cuarta sustancia psicoactiva más consumida del mundo, después del alcohol, la cafeína y la nicotina. Cientos de millones de personas la utilizan desde la India hasta las islas del Pacífico, donde forma parte de encuentros sociales, ceremonias, bodas y prácticas medicinales.
Dos cazadores-recolectores con el mismo desgaste dental
Hasta ahora, el origen de esta tradición se situaba generalmente en el Neolítico o la Edad del Bronce, y se relacionaba con la expansión de agricultores de lenguas austronesias por el sudeste asiático. La nueva investigación dibuja una historia mucho más antigua y sugiere que el quid moderno pudo evolucionar a partir de una conducta elemental desarrollada por los cazadores-recolectores del Sudeste Asiático: chupar directamente la semilla entera.
🗣️ «En la actualidad, se cree que las primeras tradiciones de consumo de sustancias psicoactivas surgieron tras la llegada de la agricultura en el Neolítico, comenzando con la innovación de las bebidas alcohólicas fermentadas (cerveza de cebada) hace unos 13 000 años en Israel —afirma Adam Brumm, arqueólogo de la Universidad Griffith y director de la investigación. Y añade—: Sin embargo, esta teoría no tiene en cuenta la posibilidad de que el consumo de drogas desde tiempos muy antiguos se encuentre en el origen de nuestras sustancias psicoactivas más utilizadas».
La primera pista apareció en los restos de dos personas procedentes de yacimientos prehistóricos del sur de Sulawesi.
El individuo más antiguo, denominado Maros-LBB-1a, está representado por un fragmento de maxilar con tres molares hallado en la cueva de Leang Bulu Bettue. Los depósitos que contenían el fósil han sido fechados mediante varios métodos entre hace 25.000 y 16.000 años.
El segundo individuo, CPL-R2a, era un varón adulto enterrado en Leang Cappalombo 1, a unos 33 kilómetros al este, entre hace 7.600 y 6.300 años. Pertenecía a la cultura toaleana, una población de cazadores-recolectores que habitó Sulawesi antes de la llegada de la agricultura.
Los dos indivuduos presentaban un desgaste dental insólito. No se parecía a la erosión causada por masticar alimentos ni a las marcas dejadas cuando los dientes se utilizan como herramientas para trabajar pieles, fibras vegetales u otros materiales.
Eran surcos profundos, redondeados y casi circunferenciales, distribuidos por molares, premolares e incluso algunos dientes anteriores. Su forma indicaba que ambos habían sostenido repetidamente un objeto duro y esférico de entre 10 y 20 milímetros, desplazándolo de una zona a otra de la boca.
El tamaño coincide con el de las semillas descascarilladas de algunas palmeras silvestres, como la Areca triandra, una especie presente en Sulawesi. Sin embargo, la coincidencia anatómica no bastaba. Las semillas de areca no tienen un valor nutritivo que explique semejante perseverancia y, además, hasta ahora se pensaba que era necesario triturarlas y mezclarlas con cal para liberar una dosis eficaz de arecolina.
Una mujer de Laos muestra la característica coloración rojiza de dientes y encías provocada por el consumo de paan, una mezcla de nuez de areca, hoja de betel y cal apagada. Foto: Basile Morin
Cómo demostraron los científicos que chupaban nueces de areca
Los investigadores pusieron a prueba esa idea, y para ello combinaron tres tipos de pruebas independientes.
1️⃣ El patrón de desgaste dental
Las ranuras muestran que los individuos sostuvieron durante años un objeto duro y redondeado en diferentes zonas de la boca. La intensidad del desgaste solo puede explicarse mediante una conducta repetida y prolongada.
Además, las semillas de areca tienen escaso valor nutritivo. Resulta difícil justificar una práctica tan persistente si no proporcionaba algún efecto fisiológico o medicinal.
2️⃣ Un experimento con semillas enteras
Hasta ahora se pensaba que era necesario triturar la nuez y mezclarla con cal para liberar una cantidad eficaz de arecolina.
Para comprobarlo, el equipo incubó semillas enteras y fragmentadas de varias especies de Areca en una solución fisiológica mantenida a temperatura corporal. Después aplicó los líquidos resultantes a ovocitos de rana modificados para expresar receptores humanos.
Las semillas intactas liberaron moléculas capaces de activar los receptores muscarínicos M1 y M3, unas proteínas que intervienen en la actividad del sistema nervioso.
El resultado demuestra que mantener una semilla entera en la boca durante un periodo prolongado puede liberar suficiente arecolina para provocar efectos fisiológicos, incluida la intensa salivación asociada con el consumo de areca. La experiencia habría sido más suave que la producida por el quid moderno, pero no necesariamente insignificante.
3️⃣ Arecolina conservada en los dientes
La prueba más directa apareció en los propios restos humanos. Mediante cromatografía líquida y espectrometría de masas, los científicos detectaron arecolina en tejidos dentales de los dos individuos.
También identificaron otros compuestos presentes en semillas de areca y hojas de areca. En cambio, no encontraron cantidades apreciables de las sustancias que suelen generarse cuando la arecolina reacciona con cal apagada.
Los dientes tampoco presentaban la coloración rojiza característica del consumo del quid actual.
La combinación de estas evidencias respalda una explicación concreta: aquellas personas no masticaban la preparación moderna con cal, sino que chupaban directamente semillas enteras de areca.
El esquema reconstruye las posiciones en las que Maros-LBB-1a —en naranja— y CPL-R2a —en rojo— habrían mantenido nueces de areca enteras dentro de la boca, según las marcas de desgaste de sus dientes. Fuente: Brumm et al./Science Advances. Imágenes con licencia de Shutterstock
Pero ¿por qué soportaron durante años una actividad que destruía sus dientes? Una posibilidad es que buscaran sentir sus efectos estimulantes. Otra, compatible con la anterior, es que utilizaran la areca como medicamento.
La arecolina posee propiedades analgésicas, y el entumecimiento de la boca podría haber aliviado el dolor provocado por la enfermedad periodontal que padecían ambos individuos. «Tiene un sabor muy amargo y astringente y deja la boca adormecida», afirma Brumm, que probó personalmente una semilla.
Pero el supuesto remedio llevaba incorporada su propia trampa. La fricción continuada desgastó el esmalte y la dentina hasta exponer, en algunos dientes, la cavidad pulpar. Eso habría ocasionado infecciones crónicas, dificultades para comer y un dolor intenso.
Cuanto más dolían los dientes, mayor podía ser la tentación de recurrir a la semilla que los adormecía. Y cuanto más se utilizaba, más avanzaban las lesiones. Los investigadores plantean así la existencia de un círculo de dolor, alivio temporal y nuevo consumo.
«Estos individuos parecían atrapados en un ciclo que se perpetuaba a sí mismo», resume Brumm.
¿Es realmente la adicción más antigua conocida?
El hallazgo puede considerarse la evidencia más antigua conocida del consumo habitual de una planta neuroactiva, pero la palabra adicción exige prudencia.
No es posible diagnosticar clínicamente una dependencia a partir de dos esqueletos. Tampoco puede demostrarse que la costumbre estuviera extendida entre toda la población de Sulawesi. El mecanismo adictivo de nuez de araca, además, no se atribuye exclusivamente a la arecolina, sino a la interacción de diversos componentes de la semilla.
Lo que sí muestran los dientes es una conducta mantenida durante muchos años pese a causar daños físicos extremos. Esa perseverancia es compatible con un consumo compulsivo y con una posible dependencia.
Los propios autores señalan que la capacidad adictiva de la nuez de areca probablemente no depende únicamente de la arecolina. La semilla contiene una compleja mezcla de compuestos de bajo y alto peso molecular cuyos efectos combinados todavía no se comprenden por completo.
Por tanto, el estudio no demuestra una adicción en el sentido médico moderno, pero sí identifica el que podría ser el ejemplo más antiguo de consumo reiterado y perjudicial de una sustancia psicoactiva.
Desgaste dental asociado al consumo de nueces de areca en dos antiguos cazadores-recolectores de Sulawesi. Los paneles A y B muestran el maxilar de Maros-LBB-1a, del Pleistoceno tardío, y los paneles C-H, la dentición de CPL-R2a, del Holoceno medio. Las flechas y líneas discontinuas señalan los profundos surcos circulares atribuidos a la succión repetida de semillas enteras. Cortesía: Brumm et al. / Science Advances
La historia del consumo de drogas comenzó antes de la agricultura
Hasta ahora, una de las pruebas más antiguas del uso de sustancias psicoactivas procedía de la cueva de Raqefet, en Israel. Allí se encontraron indicios de elaboración de una bebida fermentada semejante a una cerveza hace unos 13.000 años.
La nueva datación de Sulawesi sitúa el consumo de la nuez de areca varios milenios antes y desmonta la idea de que las drogas aparecieron necesariamente con la agricultura, los poblados permanentes y la producción de alimentos fermentados.
Los cazadores-recolectores poseían un conocimiento detallado de las plantas de su entorno. En regiones tropicales con una enorme biodiversidad, como el sudeste asiático, probablemente distinguían especies nutritivas, venenosas, medicinales y capaces de modificar el estado mental.
El descubrimiento sugiere que algunas tradiciones actuales de consumo de drogas pueden tener sus raíces en prácticas desarrolladas por poblaciones recolectoras del Pleistoceno.
Otros descubrimientos recientes sobre drogas en la Prehistoria
La arqueología está reconstruyendo esta historia gracias a técnicas capaces de identificar moléculas antiguas en dientes, recipientes y utensilios. Ejemplos de estos avances no faltan.
En 2025, un análisis de cálculo dental procedente del yacimiento tailandés de Nong Ratchawat identificó arecolina en una mujer de la Edad del Bronce, que falleció hace entre 3.500 y 3.000 años. Aquel trabajo constituía hasta ahora la evidencia molecular directa más antigua del consumo de areca.
Ese mismo año, otro equipo, encabezado por John W. Rick, del Departamento de Antropología en la Universidad de Stanford, detectó nicotina y dimetiltriptamina —DMT— en tubos de hueso utilizados hace unos 2.500 años en Chavín de Huántar (Perú), lo que confirmó el papel de las plantas psicoactivas en rituales controlados. Frente a esos contextos ceremoniales y agrícolas, los dientes de Sulawesi sitúan el consumo habitual de una droga en comunidades recolectoras del Pleistoceno.
Estos y otros trabajos muestran que las sustancias psicoactivas no tuvieron una única función en las sociedades antiguas. Pudieron utilizarse como analgésicos, estimulantes, medicamentos, elementos ceremoniales, instrumentos de cohesión social o medios para acceder a experiencias religiosas.
De remedio prehistórico a problema de salud pública
Por último, la historia también proyecta una sombra sobre el presente. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer considera carcinógena la nuez de areca, incluso cuando se consume sin tabaco.
Su uso habitual se relaciona con:
✅ Fibrosis submucosa oral.
✅ Enfermedad periodontal.
✅ Lesiones precancerosas.
✅ Cáncer de boca y esófago.
✅ Mayor riesgo cardiovascular y metabólico.
Un análisis mundial publicado en 2024 en The Lancet Oncology evaluó la carga de cáncer oral atribuible al consumo de la nuez de areca y tabaco sin humo. El problema se concentra especialmente en el sur y el sudeste de Asia, donde estas prácticas continúan profundamente integradas en la vida cotidiana.
Los dientes de Sulawesi conectan así dos extremos de una misma historia. Mucho antes de cultivar cereales, elaborar cerveza o construir ciudades, los seres humanos ya conocían plantas capaces de aumentar la energía, alterar el ánimo o amortiguar el dolor.
Y probablemente ya habían descubierto también la cara menos amable de esas sustancias: el alivio inmediato, la repetición del consumo y el daño que obliga a volver a empezar.▪️(10-septiembre-2026)
ARQUEOLOGÍA Y ANTIGUO EGIPTO
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un hábito de hace hasta 25.000 años: dos cazadores-recolectores de Sulawesi, en Indonesia, presentan indicios de haber consumido regularmente nueces de areca mucho antes de la agricultura.
- Unas ranuras dentales extraordinarias: sus dientes conservan profundos surcos redondeados, producidos al mantener y mover repetidamente una semilla dura dentro de la boca.
- La química confirmó el consumo: los investigadores detectaron arecolina, el principal compuesto neuroactivo de la nuez de areca, en los tejidos dentales de ambos individuos.
- No hacía falta masticarla con cal: los experimentos demostraron que chupar una semilla entera libera suficiente arecolina para producir efectos estimulantes y analgésicos, además de una intensa salivación.
- Un posible remedio contra el dolor: aquellas personas pudieron utilizar la areca para entumecer la boca y aliviar las molestias provocadas por sus problemas dentales.
- El remedio terminó agravando la enfermedad: años de succión desgastaron el esmalte y la dentina, expusieron la pulpa dental y favorecieron el dolor y las infecciones crónicas.
- La posible adicción más antigua conocida: el consumo continuado pese a sus efectos destructivos es compatible con una dependencia, aunque dos esqueletos no permiten diagnosticar clínicamente una adicción.
Información facilitada por la Universidad Griffith
Fuente: Adam Brumm et al. Betel nut sucking is the earliest recorded evidence for the habitual use of a neuroactive plant drug. Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aei1901

