Cachalotes que embisten con la cabeza: la ciencia confirma el mito de Moby Dick

Durante siglos, los relatos de marineros sobre cachalotes que hundían barcos parecían exageraciones. Ahora, por primera vez, la ciencia capta en imágenes cómo estos gigantes marinos usan la cabeza como un auténtico ariete.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Imagen artística de un cachalote embistiendo con la cabeza a otro, un comportamiento documentado por primera vez con drones y que confirma antiguas hipótesis sobre su uso de la cabeza como arma.

Imagen artística de un cachalote embistiendo con la cabeza a otro, un comportamiento documentado por primera vez con drones y que confirma antiguas hipótesis sobre su uso de la cabeza como arma. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

En noviembre de 1820, en pleno océano Pacífico, el ballenero Essex fue embestido dos veces por un cachalote de gran tamaño hasta hundirse. El relato de su primer oficial, Owen Chase, que describía al animal avanzando «con furia y venganza» y golpeando el barco con la cabeza, inspiró a Herman Melville para escribir Moby Dick, novela que vio la luz en 1851.

Durante dos siglos, aquella escena ha oscilado entre la crónica marítima y la leyenda. Ahora, por primera vez, la ciencia aporta imágenes directas que apuntan en la misma dirección: los cachalotes (Physeter macrocephalus) sí utilizan la cabeza como ariete.

Un estudio científico, publicado en la revista Marine Mammal Science y basado en observaciones con drones documenta, por primera vez con evidencia visual, comportamientos de cabezazos entre cachalotes en libertad. Las imágenes no solo confirman que estos gigantes marinos chocan entre sí, sino que también sugieren que son capaces de dirigir esos impactos contra individuos de otras especies—e incluso, potencialmente, contra embarcaciones— con una fuerza considerable.

La investigación, desarrollada en las Azores y el Mediterráneo occidental, se apoya en tres episodios registrados de forma oportunista mediante vehículos aéreos no tripulados. Aunque el uso de la cabeza como arma había sido descrito anecdóticamente desde la época de la caza intensiva de ballenas, nunca se había documentado con claridad científica. La dificultad es obvia: observar desde la superficie lo que ocurre en un medio tridimensional, en animales que pueden medir más de 15 metros, es una tarea casi imposible sin tecnología aérea.

Evidencia directa de cabezazos entre cachalotes

Durante décadas, los biólogos marinos han debatido si los cachalotes realmente se golpean entre sí con la cabeza o si estos relatos eran exageraciones de los marineros. El escepticismo tenía fundamento: la cabeza del cachalote alberga estructuras complejas, como el órgano del espermaceti, una sustancia cerosa que se encuentra en la cabeza del cachalote y que le ayuda en la ecolocalización y en el control de la flotabilidad al bucear.

Parecía poco plausible que un animal arriesgara dañar ese sistema mediante impactos repetidos.

Sin embargo, los modelos matemáticos habían sugerido que esa anatomía podría soportar fuerzas elevadas sin sufrir daños graves. Faltaba la prueba definitiva: ver el comportamiento en la naturaleza.

Eso es precisamente lo que aporta este trabajo materializado por expertos de la Universidad de St Andrews (Escocia), la Asociación Tursiops (España) y la Universidad de las Azores (Portugal). En uno de los casos documentados, dos individuos de tamaño similar nadan uno hacia otro en la superficie y colisionan frontalmente, en un choque cabeza contra cabeza. El impacto no es casual: los cetáceos se orientan deliberadamente para el contacto . En otro episodio, un macho joven desvía su trayectoria para embestir con la cabeza el cuerpo de una hembra más pequeña, lo que provoca un desplazamiento visible en su postura.

Las escenas recuerdan, inevitablemente, a las descripciones históricas. Pero aquí no hay literatura ni memoria: hay vídeo.

🗣️ En palabras del autor principal del estudio, Alec Burslem, biólogo marino de la Universidad de St Andrews, «fue realmente emocionante observar este comportamiento, que sabíamos que llevaba mucho tiempo siendo hipotetizado, pero que aún no se había documentado ni descrito de forma sistemática».

Por primera vez, los biólogos marinos han podido grabar en vídeo, con ayuda de drones, un comportamiento que conocían los balleneros pero que la ciencia nunca había documentado

LOS REYES DE LOS CABEZAZOS

Por primera vez, los biólogos marinos han podido grabar en vídeo, con ayuda de drones, un comportamiento que conocían los balleneros pero que la ciencia nunca había documentado: el ataque con la cabeza de los cachalotes. Cortesía: Association Tursiops

Fuerza de impacto: comparable a una colisión entre coches

Más allá de la constatación visual, el estudio intenta cuantificar la intensidad de estos impactos. Analizando la velocidad de aproximación —entre 0,8 y 3,6 metros por segundo (unos 3 km/h y 13 km/h)— y estimando la masa de los animales, los investigadores calculan que los golpes pueden alcanzar fuerzas de unos 200 kilonewtons en individuos jóvenes. En machos adultos de gran tamaño, esa cifra podría multiplicarse hasta superar el millón de newtons .

Para ponerlo en contexto: son fuerzas comparables a las implicadas en colisiones de vehículos. En otras palabras, un cachalote adulto no solo podría embestir a otro animal con violencia, sino que también tendría capacidad física para dañar seriamente estructuras como el casco de un barco, como sugerían los relatos del siglo XIX.

Este hallazgo reabre, en clave científica, la posibilidad de que episodios como el del Essex no fueran excepcionales ni fruto de la imaginación.

Por qué los cachalotes se golpean con la cabeza

La gran incógnita no es tanto el cómo sino el por qué. ¿Por qué se golpean los cachalotes?

Las observaciones apuntan a varias posibilidades. En los tres casos documentados, los protagonistas son individuos jóvenes, en su mayoría machos. El comportamiento aparece acompañado de otras señales típicas de interacción social: apertura de la mandíbula, giros, vocalizaciones y emisiones acústicas complejas, como las llamadas codas.

En el segundo caso, los dos machos muestran comportamientos asociados a la competencia sexual, como la extensión del pene, antes de que uno de ellos golpee a la hembra. Esto sugiere un contexto reproductivo o de rivalidad.

Pero no todos los episodios parecen ser igual de intensos. Algunos encontronazos son relativamente suaves, lo que lleva a los autores a plantear otra hipótesis: el juego brusco. Este tipo de comportamiento es común en muchos mamíferos marinos jóvenes, y se interpreta como un entrenamiento para la vida adulta, donde la competencia por parejas o jerarquía puede ser más violenta.

En este sentido, los cabezazos podrían ser una especie de ensayo general: una forma de practicar habilidades que, en la madurez, se traducirán en combates reales entre machos.

Tres cachalotes interactúan en la superficie en una escena captada por un dron, donde los cabezazos podrían responder a competencia sexual entre machos, conductas de dominancia o incluso a formas de juego y aprendizaje propias de individuos jóvenes.

Tres cachalotes interactúan en la superficie en una escena captada por un dron, donde los cabezazos podrían responder a competencia sexual entre machos, conductas de dominancia o incluso a formas de juego y aprendizaje propias de individuos jóvenes. Cortesía: Association Tursiops

Qué ofrece este comportamiento sobre su vida social

El estudio también abre una ventana a la compleja estructura social de estos cetáceos. Los cachalotes viven en grupos matrilineales estables, formados por hembras y sus crías, mientras que los machos abandonan el grupo al alcanzar la madurez y llevan una vida más solitaria.

Burslem y sus colegas sugieren que comportamientos agresivos como estos podrían desempeñar un papel en esa transición. Si los jóvenes machos se vuelven demasiado bruscos o competitivos dentro del grupo, podrían generar rechazo por parte de las hembras adultas, lo que contribuiría a su expulsión .

Esta idea encuentra paralelismos en otras especies sociales complejas, como los elefantes africanos, donde los machos también abandonan el grupo familiar al crecer.

El papel clave de los drones en este descubrimiento

Uno de los aspectos más reveladores del trabajo es de tipo metodológico. Los tres casos fueron registrados en apenas dos años, coincidiendo con la incorporación sistemática de drones a las campañas de observación. Esto sugiere que el comportamiento podría ser más frecuente de lo que se pensaba, pero difícil de detectar desde embarcaciones.

La vista cenital que ofrecen estos dispositivos permite observar comportamientos animales en la superficie con una claridad inédita: trayectorias, orientaciones, contactos físicos. Lo que antes era invisible ahora se puede analizar fotograma a fotograma.

De hecho, los investigadores combinaron las imágenes con técnicas de fotogrametría para estimar el tamaño de los animales y con registros acústicos sincronizados para contextualizar el comportamiento. El resultado es una aproximación multidimensional que va más allá de la simple observación.

En este sentido, Burslem subraya el potencial de esta tecnología:

🗣️ «Esta perspectiva aérea única para observar y documentar comportamientos cerca de la superficie es solo una de las formas en que la tecnología de drones está transformando el estudio de la biología de la vida silvestre. Es emocionante pensar en qué comportamientos aún no observados podríamos descubrir pronto, así como en cómo más observaciones de estos cabezazos podrían ayudarnos a arrojar luz sobre las funciones que cumple este comportamiento. Si hay personas que tengan grabaciones similares, estaríamos muy interesados en saber de ellas».

Ilustración coloreada de Moby Dick, en una edición de la novela de 1892.

El regreso de Moby Dick, en clave científica

La ciencia no suele confirmar mitos literarios. Pero en este caso, lo que parecía una exageración romántica encuentra un eco inesperado en los datos.

Los cachalotes no solo poseen la capacidad física para embestir con la cabeza: también lo hacen, al menos entre ellos, y en contextos que pueden implicar competencia, agresión o aprendizaje social.

Queda por saber si estos comportamientos se extienden a interacciones con barcos en la actualidad, o si los episodios históricos fueron casos extremos en circunstancias particulares, como la presión de la caza ballenera.

Lo que sí está claro es que todavía sabemos menos de lo que creemos sobre la vida de estos gigantes. Y que tecnologías relativamente recientes, como los drones y la investigación científica, están empezando a revelar comportamientos que habían permanecido ocultos durante siglos.

Quizá, después de todo, la imagen del cachalote que emerge del agua y arremete con su enorme cabeza no era solo literatura. Era, simplemente, una escena que aún no habíamos sido capaces de ver.▪️(24-marzo-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Cachalotes y Ataque

🐳 ¿Por qué los cachalotes dan cabezazos?

Principalmente por competencia, agresión o juego social, especialmente entre individuos jóvenes.

🐳 ¿Es peligroso para los barcos?

Potencialmente sí. La fuerza de impacto de un cachalote adulto podría dañar embarcaciones.

🐳 ¿Se había visto antes este comportamiento?

No con evidencia científica directa. Este estudio aporta las primeras imágenes documentadas.

🐳 ¿Qué papel tienen los drones en la biología marina?

Permiten observar comportamientos desde arriba, algo imposible desde barcos tradicionales.

🐳 ¿Son agresivos los cachalotes?

No de forma general. Estos comportamientos de embestir con la cabeza parecen estar ligados a interacción social o competencia.

  • Información facilitada por laUniversidad de St Andrews

  • Fuente: Burslem, A., M. Cerdà, T. Brotons, L. Rendell, M. A. Silva, and R. Prieto. Headbutting Behavior Between Sperm Whales Documented Using Unoccupied Aerial Vehicles. Marine Mammal Science (2026).DOI: https://doi.org/10.1111/mms.70153

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