Cómo fregar los platos libera microplásticos: el impacto oculto de las esponjas de cocina
Fregar los platos no es una tarea doméstica tan inocente como parece: cada pasada de esponja libera microplásticos invisibles que acaban en el agua y el medioambiente. Un gesto cotidiano, repetido millones de veces al día, revela un impacto oculto que la ciencia empieza a medir con precisión.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Cada día, millones de personas repiten un gesto tan cotidiano que apenas merece atención: fregar los platos. Agua, detergente, una esponja de cocina y unos minutos frente al fregadero. Sin embargo, ese acto doméstico aparentemente inocuo esconde una consecuencia poco visible: la liberación de microplásticos que acaban en el sistema de aguas y, potencialmente, en el medioambiente.
Este fenómeno se enmarca en un problema mucho mayor: los microplásticos, fragmentos de plástico de menos de 5 mm, ya están presentes prácticamente en todos los ecosistemas del planeta —desde los océanos hasta el aire que respiramos— y también en el cuerpo humano. Diversos estudios han detectado estas partículas en los alimentos, el agua potable, la sangre, la placentas e incluso en el cerebro, lo que evidencia una exposición constante.
Se estima que una persona puede ingerir hasta 121.000 partículas plásticas al año, procedentes de fuentes tan diversas como el polvo doméstico, los envases y la ropa sintética. Aunque los efectos a largo plazo aún no están completamente claros, investigaciones experimentales apuntan a posibles impactos en el organismo, como inflamación celular, alteraciones del microbioma intestinal y estrés oxidativo, lo que ha convertido a los microplásticos en una de las preocupaciones emergentes más relevantes para la salud y el medio ambiente .
Un nuevo reciente, publicado en la revista Environmental Advances, pone cifras a un fenómeno hasta ahora poco explorado. Según sus resultados, las esponjas de cocina —especialmente las que contienen materiales plásticos— liberan pequeñas partículas durante su uso cotidiano debido al desgaste por fricción.
La cocina:, un foco inesperado de microplásticos
En los últimos años, la ciencia ha ido identificando múltiples fuentes de microplásticos, desde el desgaste de los neumáticos hasta el lavado de ropa sintética. Más recientemente, la atención se ha desplazado al interior de los hogares, y en particular a la cocina, como un punto caliente de generación de estas partículas.
Tablas de cortar, envases, utensilios… todos ellos contribuyen en mayor o menor medida. Pero las esponjas destacan por una razón sencilla: están diseñadas para frotar. Esa acción mecánica constante provoca la abrasión de sus materiales, muchos de ellos derivados del plástico.
El trabajo, dirigido por Leandra Hamann, del Instituto de Biología Organísmica de Bonn (Alemania), y Nils Thonemann, del Instituto de Ciencias Ambientales de la Universidad de Leiden (Países Bajos), combina experimentos de laboratorio con un enfoque de ciencia ciudadana —usuarios reales empleando esponjas en sus hogares— para aproximarse a condiciones de uso realistas. El resultado: todas las esponjas analizadas pierden material con el tiempo, y si contienen plásticos, liberan inevitablemente microplásticos al agua residual.
Cuántos microplásticos libera una esponja al fregar
Los datos son reveladores. En función del tipo de esponja, una persona puede generar entre aproximadamente 0,7 y 4,2 gramos de microplásticos al año solo por fregar los platos.
Puede parecer una cantidad pequeña, pero el problema cambia de escala cuando se extrapola a una población. Si todos los habitantes de un país como Alemania utilizaran esponjas convencionales con alto contenido plástico, la liberación anual podría alcanzar ¡más de 350 toneladas de microplásticos!
Además, no todas las esponjas son iguales. Los investigadores analizaron tres tipos: una esponja convencional europea, otra norteamericana y una tercera etiquetada como orgánica. La diferencia clave está en su composición: la primera contenía cerca de un 60 % de plástico, mientras que la orgánica apenas alcanzaba un 16 %.
Esa diferencia se traduce directamente en emisiones: a mayor contenido plástico, mayor liberación de microplásticos durante el uso.
Qué ocurre con esos microplásticos
El viaje de estas partículas no termina en el fregadero. Una vez liberadas, entran en el sistema de aguas residuales. Las plantas de tratamiento de aguas pueden retener una parte importante —alrededor del 90%, según estimaciones del propio estudio—, pero no son completamente eficaces.
Una fracción de esos microplásticos acaba en ríos y mares. Otra parte queda atrapada en los lodos de depuración, que en muchos países se utilizan como fertilizantes agrícolas. En ese caso, las partículas terminan en el suelo.
Esto implica que, aunque no las veamos, las decisiones cotidianas en la cocina contribuyen a una cadena de contaminación ambiental más amplia.
Comparativa de esponjas de cocina y sus materiales: distintas capas (espuma, tejido y superficie abrasiva) determinan la cantidad de plástico y, por tanto, la liberación de microplásticos al fregar. Cortesía: Leandra Hamann et al
Impacto ambiental real: más importante el agua que la esponja
La investigación no se limita a medir cantidades: también evalúa el impacto ambiental mediante un análisis de ciclo de vida. Este enfoque permite estimar el daño potencial sobre los ecosistemas, expresado en términos de pérdida de biodiversidad.
El resultado introduce un matiz importante: aunque las esponjas liberan microplásticos, su impacto ambiental global es relativamente pequeño en comparación con otros factores del propio acto de fregar los platos.
El principal responsable del daño ecológico no es la esponja, sino el consumo de agua.
Entre el 85 % y el 97 % del impacto ambiental asociado al lavado manual de platos se debe al uso de agua y su tratamiento posterior. Es decir, el consumo de agua —y la energía necesaria para suministrarla y depurarla— eclipsa con creces el efecto de los microplásticos liberados por la esponja.
Esto no significa que el problema de los microplásticos sea irrelevante, sino que forma parte de un sistema más complejo donde intervienen múltiples factores.
¿Es un problema grave o secundario?
Comparado con otras fuentes domésticas, como las tablas de cortar de plástico o ciertos cosméticos, las esponjas se sitúan en un rango intermedio de emisiones. No son la principal fuente, pero tampoco son despreciables.
De hecho, los investigadores subrayan la importancia de identificar incluso las fuentes menores. En conjunto, muchas de estas contribuciones pueden sumar cantidades significativas de microplásticos en el medio ambiente.
Además, hay un elemento clave: la ubicuidad. Prácticamente todos los hogares utilizan esponjas de cocina, lo que convierte este pequeño foco en un fenómeno global.
Cómo reducir los microplásticos al fregar
El estudio apunta a varias vías de reducción. La más evidente es el diseño de las esponjas: disminuir el contenido plástico reduce directamente la liberación de microplásticos.
Las esponjas con mayor proporción de materiales naturales, como celulosa o fibras vegetales, presentan menores emisiones. Sin embargo, no todo es tan simple: el impacto ambiental total depende también de otros factores, como la durabilidad o el tipo de materiales empleados.
Otra estrategia es prolongar la vida útil de las esponjas. Cuanto menos frecuentemente se sustituyan, menor será el impacto asociado a su producción y eliminación.
Pero, paradójicamente, la medida más eficaz no está en la esponja, sino en el agua: optimizar el uso de agua, evitar dejar el grifo abierto innecesariamente o recurrir a lavavajillas eficientes puede tener un efecto mucho mayor en la huella ambiental.
Esquema del recorrido de los microplásticos: las esponjas de cocina liberan partículas al fregar que pasan al sistema de aguas, atraviesan las depuradoras y terminan afectando a los ecosistemas. Cortesía: Leandra Hamann et al
Qué aporta este estudio frente a otros
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es su metodología. Al combinar experimentos controlados con el uso real por parte de ciudadanos, logra capturar una imagen más fiel de lo que ocurre en los hogares.
También pone de relieve las dificultades de medir los microplásticos. A menudo, las estimaciones se basan en modelos y supuestos, lo que introduce incertidumbre. En este caso, el enfoque experimental permite obtener datos más sólidos, aunque no exentos de limitaciones.
Por ejemplo, algunas esponjas utilizadas en los hogares ganaban peso en lugar de perderlo, tal vez por restos de comida o suciedad acumulada. Esto sugiere que la liberación de material podría ser incluso mayor de lo que se ha medido.
Una mirada más amplia
El mensaje de fondo es claro: los microplásticos no son solo un problema lejano asociado a océanos contaminados o grandes industrias. También se generan en los espacios más cotidianos, en gestos tan simples como fregar los platos.
Sin embargo, la solución no pasa por demonizar las esponjas. Más bien invita a adoptar una visión sistémica: entender cómo interactúan los distintos factores —materiales, consumo de agua, hábitos de uso— y actuar en consecuencia.
En ese sentido, elegir productos con menor contenido plástico, alargar su vida útil y, sobre todo, reducir el consumo de agua son medidas complementarias que pueden marcar la diferencia.
Un gesto cotidiano con impacto invisible
La investigación abre la puerta a una reflexión más amplia sobre el impacto ambiental de la vida diaria. Muchas de las fuentes de contaminación no son evidentes ni visibles, y por eso resultan difíciles de abordar.
El caso de las esponjas de cocina ilustra bien esta paradoja: un objeto banal, omnipresente y aparentemente inocuo que, sin embargo, contribuye a un problema global.
Quizá la lección más importante sea esta: en la era de los microplásticos, incluso los gestos más pequeños dejan huella. Y comprender esa huella es el primer paso para reducirla.▪️(24-marzo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Esponjas de Cocina y Microplásticos
🧽 ¿Fregar los platos genera microplásticos?
Sí. Las esponjas de cocina liberan microplásticos por abrasión durante su uso.
🧽 ¿Qué esponja contamina menos?
Las que contienen menos plástico, como las de celulosa y materiales naturales.
🧽 ¿Es peligroso para la salud?
Existe preocupación científica, pero aún no hay conclusiones definitivas en humanos.
🧽 ¿Qué es peor: el plástico o el agua al fregar?
El impacto ambiental del agua es mucho mayor que el de los microplásticos.
🧽 ¿Cómo reducir el impacto al lavar platos?
Limitando el consumo de agua y usando esponjas con menos plástico.
SEGURIDAD ALIMENTARIA
Fuente: Leandra Hamann, Christina Galafton, Peter T. Rühr, Alexander Blanke, Nils Thonemann. From sink to Sea: Microplastic release from kitchen sponges and potential environmental effects. Environmental Advances (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.envadv.2026.100693.

