Científicos logran cultivar garbanzos en «tierra lunar»: un paso clave para producir alimentos en la Luna

Cultivar alimentos fuera de la Tierra ya no es solo ciencia ficción. Un experimento demuestra que los garbanzos pueden crecer y producir semillas en un sucedáneo de suelo lunar, lo que acerca la posibilidad de llevar la agricultura a las futuras bases humanas en la Luna.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Los investigadores eligieron la variedad de garbanzo ‘Myles’ para el experimento por su tamaño compacto y su resistencia, características que podrían facilitar el cultivo de alimentos en entornos espaciales con espacio limitado.

Los investigadores eligieron la variedad de garbanzo ‘Myles’ para el experimento por su tamaño compacto y su resistencia, características que podrían facilitar el cultivo de alimentos en entornos espaciales con espacio limitado. Cortesía: University of Texas Institute for Geophysics

En los planes de la exploración espacial del siglo XXI hay una pregunta que, más allá de los cohetes y las bases orbitales, resulta decisiva: ¿qué comerán los astronautas cuando vivan durante meses —o años— fuera de la Tierra? Transportar todos los alimentos desde nuestro planeta sería logísticamente inviable para misiones espaciales prolongadas.

Por eso, desde hace décadas, los investigadores exploran la posibilidad de cultivar plantas en el espacio directamente en otros mundos. Ahora, un nuevo experimento ha dado un paso significativo en esa dirección: un equipo de científicos de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos) ha logrado producir garbanzos con semillas utilizando un simulante de regolito lunar, la capa de polvo, arena y fragmentos de roca que cubre la superficie de nuestro satélite y que se ha formado durante millones de años por impactos de meteoritos.

El resultado de este experimento no significa que la agricultura lunar esté a la vuelta de la esquina. Las plantas crecieron con dificultad y en condiciones muy controladas de laboratorio. Pero el experimento demuestra algo crucial: con ayuda de microorganismos y materia orgánica, el polvo lunar podría convertirse algún día en un sustrato agrícola capaz de sostener cultivos.

Cultivar en el polvo de la Luna

El regolito lunar está muy lejos de parecerse al suelo fértil terrestre. Carece de materia orgánica, prácticamente no contiene nitrógeno y está lleno de minerales potencialmente tóxicos para las plantas. Además, sus partículas angulosas y su baja permeabilidad dificultan la retención de agua y el intercambio de gases.

Sin embargo, también posee algunos nutrientes esenciales, como fósforo, potasio, calcio, magnesio y hierro. El problema es que la mayoría de estos ingredientes se encuentra en formas minerales difíciles de aprovechar por las raíces de las plantas. En la Tierra, los microorganismos del suelo desempeñan un papel fundamental en ese proceso de liberación de nutrientes, algo que en la Luna simplemente no existe.

Para abordar este desafío, los investigadores diseñaron un sistema inspirado en la biología del suelo terrestre. Su idea era transformar el regolito lunar simulando la acción de organismos vivos que, en nuestro planeta, convierten rocas y materia orgánica en suelo fértil. La investigadora Sara Santos, responsable del proyecto, resume así el objetivo del trabajo:

🗣️ «Nuestra investigación trata de entender la viabilidad de cultivar alimentos en la Luna. ¿Cómo podemos transformar este regolito en suelo? ¿Qué tipos de mecanismos naturales pueden provocar esa conversión?»

Esquema de cómo interactúan el garbanzo, los hongos micorrícicos y el vermicompost en el suelo.

Esquema de cómo interactúan el garbanzo, los hongos micorrícicos y el vermicompost en el suelo. Cuando las raíces del garbanzo se asocian con estos hongos (izquierda), pueden explorar más suelo, absorber mejor agua y nutrientes y reducir la entrada de metales pesados; sin ellos (derecha), el sistema radicular es más pequeño y menos eficiente. Cortesía: Atkin, J., Pierson, E., Gentry, T. et al.

Tres aliados biológicos

El experimento, que ha sido publicado en la revista Scientific Reports, se apoyó en tres elementos clave:

1️⃣ Los garbanzos: el cultivo elegido fue el garbanzo (Cicer arietinum), una leguminosa resistente al estrés ambiental, rica en proteínas y nutrientes y capaz de establecer simbiosis con microorganismos del suelo. Además, es un alimento básico en muchas culturas y requiere relativamente poca agua y fertilización nitrogenada.

2️⃣ Los hongos micorrícicos arbusculares (AMF): un grupo de hongos del suelo que forman asociaciones simbióticas con las raíces de las plantas. Estos organismos extienden redes microscópicas de filamentos que aumentan la capacidad de las raíces para absorber agua y nutrientes. También pueden inmovilizar metales pesados, reduciendo su entrada en la planta.

3️⃣ El vermicompost: un fertilizante orgánico producido por la actividad de las lombrices. Este material aporta nutrientes, microorganismos y mejora la estructura del suelo, facilitando la retención de agua.

Los investigadores mezclaron un simulante de regolito lunar con distintas proporciones de vermicompost —desde un 25% hasta un 75%— y añadieron o no hongos micorrícicos. Después plantaron semillas de garbanzo y cultivaron las plantas durante cuatro meses en cámaras climáticas controladas.

Resultados del experimento

Los primeros resultados fueron alentadores. Las semillas germinaron correctamente en todas las mezclas de suelo simulado, lo que indica que el contacto con el regolito lunar no impide las primeras etapas del desarrollo vegetal.

Sin embargo, conforme avanzó el crecimiento aparecieron señales claras de estrés vegetal: plantas más pequeñas, hojas amarillentas y menor ramificación. Estas dificultades reflejan las limitaciones del sustrato lunar, que ofrece menos nutrientes disponibles y una estructura física del suelo menos favorable que los suelos terrestres.

Aun así, el papel de los hongos micorrícicos resultó ser decisivo. Las plantas inoculadas con micorrizas se veían más verdes y saludables que las que crecieron sin ellas, especialmente en las mezclas con mayor proporción de regolito lunar. Incluso en un sustrato compuesto al 100% por simulante lunar, las plantas con hongos sobrevivieron aproximadamente dos semanas más que las que no los tenían.

Lo más importante llegó más adelante en el ciclo de cultivo: los garbanzos lograron florecer y producir semillas cuando crecían en mezclas que contenían hasta un 75% de regolito lunar, siempre que estuvieran asociadas con los hongos micorrícicos.

Menos semillas, pero igual de grandes

El número de semillas producidas disminuyó a medida que aumentaba la proporción de regolito lunar en el sustrato. Esto sugiere que el estrés ambiental limita la capacidad reproductiva de las plantas.

Sin embargo, hay un dato sorprendente: el peso de las semillas que sí se formaron fue prácticamente el mismo que el de las producidas en suelo normal. En otras palabras, aunque hubo menos garbanzos por planta, los que se desarrollaron alcanzaron un tamaño comparable al de los cultivos convencionales.

Este resultado indica que, una vez que la planta logra iniciar la formación de semillas, es capaz de completar su desarrollo con relativa normalidad.

No obstante, los autores subrayan que aún queda una incógnita importante: no se ha analizado si las semillas acumulan metales pesados procedentes del regolito lunar. Antes de considerar su consumo humano sería imprescindible estudiar su composición química.

🗣️ «Queremos entender su viabilidad como fuente de alimento. ¿Qué tan saludables son? ¿Tienen los nutrientes que necesitan los astronautas? Y si no son seguros para comer, ¿cuántas generaciones de cultivo harán falta hasta que lo sean?», señala la investigadora Jessica Atkin, primera autora del estudio.

Para mantener hidratadas las raíces en un sustrato con poca retención de agua, los investigadores diseñaron un sistema de riego con mechas de algodón que lleva el agua directamente a la zona de las raíces del garbanzo.

Para mantener hidratadas las raíces en un sustrato con poca retención de agua, los investigadores diseñaron un sistema de riego con mechas de algodón que lleva el agua directamente a la zona de las raíces del garbanzo. Cortesía: Jessica Atkin

Transformar el polvo lunar en terreno para cultivos

Más allá del rendimiento del cultivo, el estudio aporta otra pista relevante para la agricultura espacial: la posibilidad de transformar físicamente el regolito lunar mediante procesos biológicos.

Uno de los grandes problemas del polvo lunar es su falta de estructura del suelo. A diferencia del suelo terrestre, no forma agregados estables, lo que dificulta la retención de agua y nutrientes. Pero los investigadores observaron que las micorrizas ayudan a crear agregados del suelo al entrelazar partículas con sus filamentos y secreciones.

Este efecto mejora la estabilidad del sustrato y podría reducir algunos de los riesgos asociados al polvo lunar, como su tendencia a dispersarse fácilmente.

Además, el vermicompost contribuyó a ajustar el pH del suelo del material. El regolito lunar puro es muy alcalino, con valores cercanos a 10, mientras que las mezclas con compost se situaron en un rango más adecuado para el crecimiento vegetal.

¿Se podrá cultivar alimentos en la Luna?

Los autores consideran que sus resultados representan el primer caso documentado de garbanzos cultivados en simulante de regolito lunar hasta producir semillas. Aunque se trata de un experimento en laboratorio, aporta información valiosa sobre cómo podrían diseñarse sistemas agrícolas en la Luna en futuras bases lunares.

La estrategia se basa en un principio conocido como utilización de recursos in situ: aprovechar los recursos disponibles en la Luna en lugar de transportarlo todo desde la Tierra.

Si los astronautas pudieran producir parte de su alimento en la Luna, se reducirían enormemente los costes de las misiones espaciales y la complejidad logística de las misiones espaciales de larga duración.

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Raíz de garbanzo que ha crecido en un sucedáneo de regolito lunar, un material con partículas afiladas y similares al vidrio que muestra una de las grandes dificultades de cultivar plantas más allá de la Tierra. Cortesía: Jessica Atkin

El camino que queda por recorrer

Pese al entusiasmo que despiertan estos resultados, la agricultura lunar sigue siendo un desafío monumental. Las plantas del experimento mostraron signos claros de estrés vegetal y murieron antes de florecer cuando crecían exclusivamente en regolito lunar.

Los investigadores sugieren que sería necesario cultivar varias generaciones de plantas sucesivas en el mismo sustrato para mejorar progresivamente sus propiedades biológicas y químicas. En la Tierra, los suelos se forman a lo largo de miles de años mediante procesos biológicos similares.

También quedan por estudiar otros factores cruciales para el cultivo en la Luna, como la baja gravedad, la radiación cósmica o los cambios extremos de temperatura.

Impacto en la agricultura terrestre

Paradójicamente, los avances hacia la agricultura espacial podrían tener aplicaciones más inmediatas en nuestro propio planeta. Comprender cómo las plantas sobreviven en sustratos extremadamente pobres puede ayudar a recuperar suelos degradados o suelos contaminados.

En ese sentido, la investigación sobre regolito lunar funciona como un laboratorio extremo para estudiar la resiliencia de los sistemas agrícolas.

Porque, aunque los garbanzos cultivados en simulante lunar de este experimento nunca hayan visto la luz de la Luna, representan algo más que una curiosidad científica. Son una pequeña prueba de que la vida vegetal en el espacio —y quizá algún día la agricultura en la Luna— podría acompañar a la humanidad cuando abandone definitivamente la Tierra para habitar otros mundos. Un escenario que recuerda inevitablemente a The Martian (2015), la película de Ridley Scott en la que el astronauta interpretado por Matt Damon logra sobrevivir en Marte cultivando su propio huerto en condiciones extremas, una ficción que, poco a poco, empieza a parecer menos lejana.▪️(5-marzo-2026)

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