Cómo aprendían los babilonios a conocer y venerar a sus dioses: lo que revelan las tablillas escolares
En la antigua Babilonia, aprender a escribir era también aprender a venerar a los dioses, comprender el sufrimiento y comportarse en sociedad. Un estudio de las tablillas escolares revela cómo aquellos ejercicios formaban a las élites que después preservarían —o transformarían— las tradiciones religiosas.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de un aprendiz babilónico y su maestro. Los ejercicios de escritura sobre arcilla también transmitían conocimientos sobre los dioses y normas de conducta. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Un estudiante llamado Shamash-rihtu-usur dejó en una tablilla el relato de una salida al campo. Había recogido arcilla de un depósito sagrado, la había cargado sobre el hombro y transportado para escribir su ejercicio. Después lo entregó en el templo. Esperaba obtener salud, una vida larga y bienestar para su familia.
El trabajo de este joven escolar se había convertido en una ofrenda: aquella pieza de barro debía interceder por él ante los dioses.
La escena permite acercarse a una educación en la que aprender a escribir también significaba aprender a habitar un mundo gobernado por poderes divinos. La historiadora y asiriologista Shana Zaia, de la Universidad Libre de Ámsterdam, en los Países Bajos, ha examinado esa relación en un estudio publicado en la revista Iraq. Su investigación analiza los textos empleados en la formación de escribas de Babilonia durante el primer milenio antes de Cristo, en el territorio del actual Irak.
Ni libros como la Biblia ni escuelas como las actuales
El trabajo de Zaia reinterpreta materiales conocidos para identificar qué conocimientos religiosos transmitían de esta manera. Las pistas aparecen en listas de nombres, himnos, plegarias, relatos y descripciones de ciudades. No había una asignatura de religión separada ni un libro sagrado equivalente a la Biblia que organizase la enseñanza.
Los dioses entraban en las lecciones según la dificultad de los textos y las destrezas que debían adquirir los alumnos.
Tampoco conviene imaginar colegios semejantes a los actuales. La formación tenía lugar habitualmente en casas particulares, donde un profesional enseñaba a sus hijos y a muchachos de otras familias.
Hya que decir que era un privilegio fundamentalmente masculino, reservado a las élites o a quienes aspiraban a integrarse en ellas. Aunque existen testimonios de mujeres alfabetizadas, estas tablillas no representan la educación de toda la población. La mayoría conocería las prácticas religiosas en casa y en celebraciones comunitarias.
Los investigadores reconocen los ejercicios de los alumnos por sus errores, una escritura poco diestra, la forma de la tablilla o las anotaciones finales, llamadas colofones. También por la reunión de fragmentos de distintas obras sobre una misma superficie. Esos restos permiten reconstruir un itinerario que comenzaba con signos y vocabulario y avanzaba hacia composiciones complejas, antes de desembocar en una especialización profesional.
Qué aprendían los estudiantes sobre los dioses mesopotámicos
Los primeros pasos incluían auténticos inventarios de divinidades. Una lista conocida como An reunía más de doscientas entradas; otra, An = Anum, contenía casi 2.000 nombres distribuidos en siete tablillas. Esta última relacionaba denominaciones sumerias y acadias, dos lenguas fundamentales de la tradición escrita mesopotámica.
Estas listas no describían únicamente los cultos vigentes. Algunos dioses sobrevivían principalmente como herencia erudita: los alumnos conservaban una especie de enciclopedia religiosa del pasado mientras aprendían a escribir.
Quien piense que era un conocimiento insistancial, se equivoca. Lo aprendido era esultaba útil fuera del templo. tenía aplicaciones administrativas. Muchos nombres personales incluían referencias a divinidades, por lo que saber escribirlas ayudaba a registrar transacciones, redactar contratos e identificar testigos.
Tablilla escolar babilónica de los siglos XX–XVI a. C., con el nombre del dios Urash repetido seis veces como ejercicio de escritura cuneiforme. Cortesía: The Metropolitan Museum of Art
Himnos y mitos: poderes divinos e identidad de las ciudades
En otros ejercicios, los himnos y las plegarias aportaban lo que las listas apenas podían explicar: los poderes de un dios, sus vínculos familiares y su capacidad para castigar, proteger o reparar una desgracia.
La selección de lecturas también encerraba consecuencias políticas. En el norte de Babilonia destacaban Marduk y la ciudad de Babilonia, su principal centro de culto. El poema Enūma eliš narraba cómo el dios derrotaba a Tiamat y obtenía la supremacía divina. Copiarlo familiarizaba al estudiante con una jerarquía que enlazaba el orden de los dioses con la posición de la capital.
Pero las tradiciones locales persistían. En Nippur, por ejemplo, la enseñanza privilegiaba relatos sobre Ninurta, Señor de la Tierra o Señor del Arado. Esa diferencia muestra que las ciudades mantenían sus propias memorias y prestigios religiosos, incluso dentro de un mismo marco imperial.
Zaia plantea que la enseñanza pudo favorecer la difusión de una identidad centrada en Babilonia, aunque no hay pruebas inequívocas de un control estatal sobre las escuelas. Las tablillas muestran afinidades ideológicas y diferencias regionales; no permiten reconstruir un ministerio de educación antiguo.
Enrique Jiménez y Anmar Fadhil, autores del estudio que reconstruyó un himno a Babilonia copiado por estudiantes, ante la réplica de la Puerta de Ishtar, a la entrada del yacimiento. Sostienen una placa con fragmentos del texto. Foto: Junko Taniguchi.
Dos estudios de 2025 amplían la imagen de la educación babilónica
Un himno a Babilonia conservado en ejercicios escolares
Anmar A. Fadhil, de la Universidad de Bagdad (Irak), y Enrique Jiménez, de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (Alemania), publicaron en 2025 en Iraq la reconstrucción de un himno a Babilonia y sus habitantes. El poema habría tenido unos 250 versos, de los que recuperaron, total o parcialmente, alrededor de dos tercios.
La edición reúne veinte manuscritos, incluidos ejercicios escolares, fechados entre el siglo VII y los siglos II o I antes de Cristo. El himno ensalza a Marduk, su templo y la ciudad, pero también describe las aguas del Éufrates que hacen brotar los campos.
Presenta a los babilonios como justos y generosos, protectores de los vulnerables y respetuosos con sacerdotes extranjeros. Esa comunidad idealizada ofrecía a los alumnos un modelo de pertenencia. La prolongada circulación del poema muestra que la identidad urbana seguía cultivándose cuando Babilonia había perdido esplendor.
Relatos cómicos para practicar la escritura y aprender normas
En otro estudio de ese mismo año, publicado en el Journal of Near Eastern Studies, Zaia examinó el humor como herramienta pedagógica. Entre los ejemplos figura El médico de Isin: un sanador interpreta mal las palabras de una vendedora de verduras y cree recibir insultos.
Los equívocos permitían practicar distintas lecturas de los signos. La autora propone que estas historias también reforzaban la identidad del grupo y enseñaban normas mediante personajes que servían de contraejemplo. La formación incluía, por tanto, recursos narrativos que podían hacer las lecciones más memorables.
Qué enseñaban las tablillas sobre el sufrimiento y la conducta
Las lecturas también abordaban la relación entre los dioses y las personas. Ludlul bēl nēmeqi, conocido como el Relato del justo sufriente, cuenta las desgracias y enfermedades de un hombre que acaba recuperándose gracias a Marduk.
Para los futuros especialistas en curación y rituales, ofrecía una perspectiva sobre la experiencia del enfermo. Reconocía que la conducta piadosa no garantizaba una vida sin calamidades, aunque no resolvía el enigma de por qué podía sufrir una persona que creía actuar correctamente.
Los Consejos de sabiduría daban instrucciones más directas. Recomendaban plegarias y ofrendas, pero censuraban los chismes, la embriaguez excesiva, la negligencia y el desprecio hacia los débiles. Las obligaciones religiosas alcanzaban también el trato con los demás y la conducta profesional.
Mapa babilónico del mundo procedente de Sippar, Mesopotamia, una representación de cómo sus habitantes concebían el mundo conocido. Cortesía: Osama Shukir Muhammed Amin
Educación, religión y poder: para qué servía ese aprendizaje
El texto escolar Tintir presentaba las calles, puertas y templos de Babilonia como una geografía sagrada, construyendo una imagen de la ciudad como centro del universo.
Zaia recoge una petición de los babilonios al rey asirio Asurbanipal que citaba la obra, y apelaba a su formación escolar. Los antiguos deberes proporcionaban un lenguaje compartido para defender intereses políticos.
Dominar la tradición permitía además transformarla. Los sacerdotes y escribas de Uruk utilizaron antiguas listas divinas y otros textos para justificar la supremacía de Anu, cuyo culto creció hasta dominar la ciudad durante el periodo seléucida. Presentar cambios como restauraciones de costumbres venerables ayudaba a promover a su dios y fortalecer su propia posición.
Qué permiten concluir los ejercicios conservados
Las tablillas muestran cómo la formación de escribas transmitía conocimientos religiosos, valores y destrezas profesionales. Sin embargo, no hay pruebas inequívocas de un control estatal sobre las escuelas, ni estos materiales representan la educación de toda la población.
La mayoría conocería las prácticas religiosas en casa y en celebraciones comunitarias.
Se han perdido muchas explicaciones orales y conversaciones que daban sentido a los ejercicios. Aun así, la tablilla entregada por Shamash-rihtu-usur al templo permite reconocer una conexión concreta: el mismo objeto demostraba su aprendizaje, expresaba sus esperanzas y lo vinculaba con su comunidad. ▪️(1-octubre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Religión integrada en la enseñanza: los conocimientos sobre los dioses se transmitían mediante ejercicios de escritura y lecturas.
- Formación de una élite: las tablillas documentan principalmente la educación de muchachos de familias privilegiadas o que aspiraban a ascender socialmente.
- Tradiciones locales: Babilonia destacaba a Marduk; Nippur privilegiaba relatos sobre Ninurta.
- Preparación profesional: las lecciones servían a futuros escribas, administradores y especialistas en curación y rituales.
- Alcance de la evidencia: los ejercicios conservados permiten reconstruir contenidos, pero muchas explicaciones orales se han perdido.
CIVILIZACIONES ANTIGUAS
Fuente: Zaia S. GODS IN THE CLASSROOM: RELIGION AND EDUCATION IN 1ST MILLENNIUM BCE BABYLONIA. Iraq (2026). DOI: https://doi.org/10.1017/irq.2026.10057
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