¿Cuál es el mejor momento para rastrear señales extraterrestres? El Instituto SETI busca la respuesta en la teoría de juegos

¿Y si el secreto para descubrir una civilización extraterrestre no estuviera solo en saber hacia dónde apuntar nuestros telescopios, sino también en elegir el instante adecuado? Un equipo del Instituto SETI ha recurrido a la teoría de juegos y a una peculiar alineación entre la Tierra y el Sol para poner a prueba una nueva estrategia de comunicación interestelar.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una hipotética civilización extraterrestre envía una señal de radio hacia el espacio. El Instituto SETI investiga cuándo y dónde podrían coincidir esas transmisiones con nuestra escucha.

Una hipotética civilización extraterrestre envía una señal de radio hacia el espacio. El Instituto SETI investiga cuándo y dónde podrían coincidir esas transmisiones con nuestra escucha. Ilustración: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Encontrar una señal extraterrestre podría depender de algo tan sencillo —y tan complicado— como estar escuchando en el momento oportuno. Imaginemos que dos desconocidos quieren reunirse en una ciudad como Nueva York, pero ninguno puede comunicarle al otro dónde ni cuándo acudir. ¿Cómo conseguirían encontrarse? Probablemente elegirían un lugar emblemático y una hora fácil de recordar, confiando en que ambos llegaran por su lado a la misma conclusión. Ahora imaginemos que esa urbe es la Vía Láctea, que sus habitantes están separados por decenas o centenares de años luz y que el encuentro no consiste en verse cara a cara, sino en intercambiar una señal de radio.

Esta es, en esencia, la idea que está explorando un equipo internacional encabezado por investigadores del Instituto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence, Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), un programa científico dedicado a detectar posibles señales de civilizaciones extraterrestres, principalmente mediante radiotelescopios. El SETI, fundado en 1984 en California, es una de las principales organizaciones dedicadas a esta investigación.

La nueva propuesta consiste en combinar la astronomía con la teoría de juegos, una disciplina matemática que estudia cómo toman decisiones los distintos participantes cuando el resultado depende también de lo que hagan los demás. El objetivo es responder a una pregunta que podría cambiar nuestra manera de buscar inteligencia fuera de la Tierra: si una civilización extraterrestre quisiera comunicarse con nosotros, ¿cómo decidiría cuándo enviar su mensaje?

La respuesta que proponen los científicos es observar el punto antisolar, la dirección del cielo exactamente opuesta al Sol, durante los momentos en los que una hipotética civilización lejana podría contemplar el tránsito de la Tierra por delante de nuestra estrella. Esa alineación astronómica proporcionaría una referencia compartida para intentar coordinar una comunicación sin necesidad de haber establecido contacto previamente.

La investigación, publicada en The Astronomical Journal, presenta los fundamentos de una campaña de observación de varios años y los resultados de sus primeras pruebas experimentales. El trabajo, encabezado por Sofia Z. Sheikh, del Berkeley SETI Research Center, y Eleanor Hort, de la Universidad de Nuevo México, propone utilizar la geometría del Sistema Solar para reducir las enormes dificultades de la búsqueda de inteligencia extraterrestre.

La hipótesis no presupone que existan civilizaciones extraterrestres ni que estas estén tratando de contactar con la humanidad. Su importancia reside en algo más concreto: transformar una posibilidad aparentemente especulativa en una estrategia científica que puede comprobarse mediante radiotelescopios.

CLAVES DE LA INVESTIGACIÓN

La búsqueda de extraterrestres, en 30 segundos

¿Y si el momento de escuchar el universo fuera tan importante como saber dónde buscar? Estas son las cinco claves de la nueva estrategia del Instituto SETI.

01

¿Cuándo escuchar?

Durante las alineaciones en las que una civilización lejana podría observar a la Tierra cruzando por delante del Sol, un momento que serviría como referencia compartida para intentar comunicarse.

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¿Dónde buscar?

En el punto antisolar, la dirección del cielo situada exactamente a 180 grados del Sol, que podría funcionar como un punto de encuentro astronómico entre civilizaciones.

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¿Cómo investigarlo?

Con el Allen Telescope Array, un conjunto de radiotelescopios que busca señales de radio de banda estrecha y utiliza programas especializados para distinguirlas de las interferencias humanas.

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¿Qué han descubierto?

La prueba piloto registró aproximadamente 1,9 millones de detecciones de radio, pero ninguna pudo atribuirse a tecnología extraterrestre. Las señales examinadas resultaron compatibles con interferencias humanas.

05

¿Qué sucede ahora?

La campaña continúa. Una comunicación técnica preliminar de octubre de 2026 identificó 25 espectrogramas con señales de interés pendientes de comprobación. Ninguna constituye una prueba confirmada de inteligencia extraterrestre.

La idea fundamental: encontrar otra civilización podría depender no solo de saber hacia dónde apuntar nuestros telescopios, sino también de estar escuchando en el momento adecuado.

Fuente: Instituto SETI · The Astronomical Journal (2026).

Sofia Z. Sheikh, investigadora del Instituto SETI y coautora del estudio, durante una visita al Allen Telescope Array, en California.

Sofia Z. Sheikh, investigadora del Instituto SETI y coautora del estudio, durante una visita al Allen Telescope Array, en California. Cortesía: Sofia Z. Sheikh

¿Qué tiene que ver la teoría de juegos con la búsqueda de extraterrestres?

El punto de Schelling: cómo quedar con alguien sin poder comunicarse

La clave de la investigación está en un concepto conocido como punto de Schelling, llamado así por el economista estadounidense Thomas Schelling, uno de los grandes especialistas en teoría de juegos y galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2005.

Un punto de Schelling es una solución que dos personas pueden escoger de manera independiente cuando necesitan coordinarse, pero carecen de medios para ponerse de acuerdo.

Pensemos, por ejemplo, en dos amigos que deciden reunirse en Madrid sin precisar el lugar ni la hora. Ambos podrían pensar en la Puerta del Sol a las doce del mediodía, no porque exista una norma que obligue a elegir esa combinación, sino porque constituye una referencia especialmente reconocible. El encuentro tendría éxito si los dos compartieran una idea semejante de lo que resulta más evidente.

Trasladado al ámbito de la comunicación interestelar, el razonamiento adquiere una dimensión fascinante. Una civilización tecnológicamente avanzada podría decidir emitir un mensaje hacia la Tierra, pero hacerlo de manera continua y en todas direcciones exigiría cantidades enormes de energía. Sería más eficiente concentrar la transmisión en un haz estrecho y enviarlo durante un intervalo limitado.

El problema es que, para recibir ese mensaje, tendríamos que estar observando la región adecuada del cielo justo en el momento en que la señal llegara a la Tierra. Si no fuera así, podríamos perderla para siempre.

La teoría de juegos ofrece una posible solución al problema: encontrar algún acontecimiento astronómico que tanto el emisor como el receptor puedan reconocer como una referencia natural.

🗣️ «El desafío de SETI no consiste simplemente en decidir hacia dónde apuntar un telescopio —explica Sheikh en un comunicado de la institución. Y añade—: Consiste en averiguar dónde y cuándo podría decidir transmitir otra civilización. El punto antisolar nos permite abordar este problema desde la perspectiva de un posible emisor, en lugar de hacerlo únicamente desde la del receptor».

La propuesta que ve la luz ahora representa un cambio de enfoque. En vez de preguntarse solo qué estrellas podrían albergar planetas habitados, los astrónomos intentan averiguar qué momento podría parecer especialmente adecuado para transmitir un mensaje desde uno de esos mundos.

Qué es el punto antisolar y por qué podría ayudarnos a recibir señales extraterrestres

El punto antisolar es la posición de la esfera celeste situada exactamente en dirección contraria al Sol, vista desde la Tierra. Se encuentra a 180 grados de nuestra estrella y cambia de posición respecto al fondo de estrellas conforme nuestro planeta avanza en su órbita.

Para comprender por qué podría convertirse en una referencia de comunicación entre civilizaciones, primero debemos entender uno de los métodos más eficaces para descubrir planetas fuera del Sistema Solar: los tránsitos planetarios.

Cómo podrían descubrir la Tierra desde otro sistema estelar

Cuando un planeta pasa por delante de su estrella, visto por un observador lejano, provoca una diminuta disminución de su brillo. Esta técnica ha permitido identificar miles de exoplanetas y, en determinadas circunstancias, obtener información sobre sus dimensiones, su órbita e incluso algunas características de su atmósfera.

Pero el fenómeno también funciona a la inversa.

Desde determinados lugares de nuestra galaxia, una civilización hipotética podría observar cómo la Tierra cruza de forma periódica por delante del Sol. Este tránsito revelaría la existencia de nuestro planeta y permitiría calcular algunas de sus propiedades orbitales, incluida su posición dentro de la denominada zona habitable del Sistema Solar.

Recordemos que esta zona es la región alrededor de una estrella donde, bajo determinadas condiciones atmosféricas, un planeta podría mantener agua líquida en su superficie. Estar situado en ella no demuestra que exista vida, pero constituye una característica interesante para la búsqueda de mundos potencialmente habitables.

Aquí aparece el elemento más ingenioso de la propuesta. Cuando la Tierra alcanza el punto medio de su tránsito, se encuentra alineada entre el observador extraterrestre y el Sol. Desde nuestro planeta, ese observador estaría situado en la dirección exactamente contraria a nuestra estrella: el punto antisolar.

La hipótesis es que una civilización capaz de descubrir la Tierra mediante sus tránsitos podría considerar muy significativo el instante en el que nuestro planeta aparece justo delante del centro del disco solar. Y los seres humanos, conociendo esa misma geometría, podríamos decidir escuchar en la dirección opuesta al Sol.

Dos civilizaciones que jamás han intercambiado una palabra podrían, al menos en principio, coincidir en la elección de una dirección y un momento para intentar comunicarse.

Una civilización extraterrestre podría descubrir la Tierra observando su tránsito por delante del Sol. Esta alineación ofrece una referencia astronómica que podría facilitar la sincronización de mensajes entre mundos distantes.

Una civilización extraterrestre podría descubrir la Tierra observando su tránsito por delante del Sol. Esta alineación ofrece una referencia astronómica que podría facilitar la sincronización de mensajes entre mundos distantes. Ilustración: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Una propuesta científica que lleva más de cuatro décadas esperando

La idea tiene antecedentes. En 1982, el investigador Clifford Singer sugirió aprovechar los tránsitos de Júpiter como referencia para posibles transmisiones extraterrestres.

Posteriormente, en 2003, el astrónomo Robin Corbet desarrolló la posibilidad de utilizar el tránsito de la Tierra y la posición antisolar como puntos de coordinación. Nuestro planeta presenta una ventaja interesante frente a Júpiter: su tránsito permitiría identificar un mundo situado dentro de la zona habitable de su estrella.

Lo novedoso del estudio encabezado por Sheikh y Hort es que, según sus autores, por primera vez esta estrategia se está sometiendo a una búsqueda de señales de radio específicamente diseñada para comprobarla.

Más de 1.700 estrellas desde las que podrían haber descubierto la Tierra

La posibilidad de que observadores lejanos detecten los tránsitos terrestres no es una simple conjetura geométrica. Existen investigaciones que han identificado qué estrellas se encuentran —o se han encontrado en el pasado— en posiciones favorables para contemplarlos.

En 2021, las astrofísicas Lisa Kaltenegger, de la Universidad Cornell, y Jackie Faherty, del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, publicaron en Nature un estudio basado en los datos del observatorio espacial Gaia, de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Las investigadoras identificaron 1.715 estrellas situadas a menos de 326 años luz desde las que habría sido posible observar el tránsito de la Tierra en algún momento durante los últimos 5.000 años. Otras 319 estrellas adquirirán esa perspectiva privilegiada durante los próximos 5.000 años.

El catálogo incluía sistemas estelares con exoplanetas conocidos y demostraba que la posición favorable para observarnos no es permanente. Las estrellas se desplazan por la galaxia y, con el paso del tiempo, entran y salen de la denominada zona de tránsito terrestre, la franja del espacio desde la que nuestro planeta puede verse cruzando el disco solar.

Las autoras también calcularon que las emisiones de radio producidas por la humanidad ya habían alcanzado 75 de las estrellas más próximas incluidas en su selección.

Estos resultados proporcionan un contexto relevante para la nueva investigación del SETI. Si existieran sociedades tecnológicamente avanzadas en alguno de esos sistemas, podrían disponer de medios astronómicos para identificar nuestro planeta. Otra cuestión, completamente abierta, es si habrían detectado indicios de vida o tecnología y si tendrían interés en comunicarse.

Diagrama que muestra las estrellas desde las que habría sido posible observar el tránsito de la Tierra frente al Sol durante los últimos 5.000 años o desde las que será posible hacerlo en los próximos 5.000.

Diagrama que muestra las estrellas desde las que habría sido posible observar el tránsito de la Tierra frente al Sol durante los últimos 5.000 años o desde las que será posible hacerlo en los próximos 5.000. Los símbolos rojos destacan los 2.034 astros identificados. Cortesía: Kaltenegger y Faherty, Nature (2021).

El problema de sincronizar mensajes separados por años luz

Sin duda alguna, la sincronización presenta una dificultad fundamental: las señales extraterrestres no viajan instantáneamente.

Las ondas de radio se desplazan a la velocidad de la luz, aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo. Sin embargo, las enormes distancias interestelares hacen que incluso una transmisión luminosa tarde años o siglos en llegar a su destino.

Una civilización situada a cien años luz contemplaría la Tierra tal como era hace cien años. Si quisiera que su mensaje llegase a nuestro planeta durante una determinada alineación, tendría que calcular con precisión nuestra posición orbital futura y corregir el tiempo que la radiación tarda en recorrer la distancia entre ambos sistemas.

Los autores reconocen este problema en el artículo científico, y señalan que la estrategia exige conocimientos astronómicos muy precisos por parte del transmisor, incluidos la distancia, el movimiento del Sistema Solar y la fase orbital de la Tierra.

Por tanto, el punto antisolar no garantiza que dos civilizaciones vayan a sincronizarse. Proporciona una referencia geométrica compartida que podría facilitar el intento, siempre que ambas dispusieran de la información necesaria y adoptaran una estrategia compatible.

Allen Telescope Array, el radiotelescopio que escucha el punto antisolar

Para poner a prueba la hipótesis, los investigadores utilizan el Allen Telescope Array (ATA), un conjunto de 42 antenas parabólicas de aproximadamente seis metros de diámetro situado en el observatorio de Hat Creek, en el norte de California.

La instalación fue concebida específicamente para la radioastronomía y la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI). Sus antenas pueden combinar electrónicamente las señales recibidas para investigar regiones concretas del cielo con gran sensibilidad.

En lugar de observar solo una selección de estrellas, como sucede en numerosas campañas SETI, el nuevo proyecto sigue la posición cambiante del punto antisolar a lo largo del año. De esta manera, los radiotelescopios examinan de manera sucesiva las regiones que podrían corresponder a hipotéticos transmisores capaces de observar el tránsito de la Tierra.

El programa está diseñado para realizar observaciones dos o tres noches por semana durante aproximadamente cuatro años, con el propósito de recorrer las distintas posiciones de la eclíptica, el plano de referencia de la órbita terrestre.

La campaña principal utiliza veintiocho antenas y registra señales de radio en frecuencias comprendidas entre 2.356 y 3.700 megahercios. Los datos se obtienen mediante observaciones sucesivas de cinco minutos, con una resolución espectral extremadamente fina, de aproximadamente 1,9 hercios.

Antenas del Allen Telescope Array (ATA), en California, un conjunto de radiotelescopios utilizado para estudiar el universo y buscar posibles señales de civilizaciones extraterrestres.

Antenas del Allen Telescope Array (ATA), en California, un conjunto de radiotelescopios utilizado para estudiar el universo y buscar posibles señales de civilizaciones extraterrestres. Cortesía: Seth Shostak / Instituto SETI.

Qué son las tecnofirmas y cómo se buscan

En toda esta historia, las tecnofirmas juegan un papel trascendental. También llamada tecnosignaturas, estas se corresponden con cualquier señal o fenómeno astronómico observable que pudiera revelar la existencia de tecnología desarrollada por una civilización.

En radioastronomía, una de las posibilidades más estudiadas son las señales de banda estrecha, es decir, emisiones cuya energía se concentra en un intervalo muy pequeño de frecuencias.

Estas emisiones resultan interesantes porque pueden distinguirse de numerosos procesos naturales conocidos. No obstante, una señal estrecha no es necesariamente extraterrestre ni constituye, por sí sola, una prueba de inteligencia. Los radares, los satélites y otros equipos fabricados por los seres humanos pueden generar emisiones de características parecidas.

Los científicos también analizan las variaciones graduales en la frecuencia de las señales, conocidas como deriva Doppler. Este fenómeno puede aparecer cuando el transmisor y el receptor se mueven uno respecto al otro.

Es un efecto parecido al cambio de tono que percibimos cuando una ambulancia se aproxima y después se aleja. En una señal de radio, ese desplazamiento permite estudiar si la frecuencia cambia de una manera compatible con determinados movimientos astronómicos.

Sin embargo, identificar una emisión estrecha con deriva Doppler tampoco basta para atribuirle un origen extraterrestre. Algunos satélites artificiales pueden producir señales que reúnen ambas características.

Cómo distinguen los investigadores las señales extraterrestres de las interferencias humanas

Uno de los elementos centrales del experimento del SETI consiste en comparar a la vez dos direcciones ligeramente diferentes del cielo.

El sistema forma dos haces de observación: uno dirigido hacia el punto antisolar y otro, hacia una posición próxima que sirve de referencia. Si una emisión aparece con mucha más intensidad en la dirección estudiada que en la de control, puede convertirse en una candidata interesante. Si se registra de manera similar en ambas, aumenta la sospecha de que se trate de una interferencia cercana a la Tierra.

🗣️ «La capacidad del ATA para comparar las señales procedentes del punto antisolar con las de otra región del cielo nos ayuda a descartar cientos de millones de señales de interferencia humana —comenta Ananya Kalapatapu, estudiante del instituto Cupertino High School y voluntaria del Instituto SETI. Y añade—: Después, nuestros investigadores solo tienen que examinar un conjunto reducido y manejable de las señales más interesantes, lo que nos permite concentrarnos en aquellas cuyas propiedades podrían resultar más compatibles con una inteligencia extraterrestre».

La tarea requiere también programas capaces de analizar enormes volúmenes de información. El proyecto emplea herramientas especializadas para reconocer señales estrechas, medir sus variaciones de frecuencia y eliminar interferencias.

«El reciente desarrollo del sistema ATSAT, una herramienta eficiente del SETI para buscar señales de banda estrecha con deriva de frecuencia, ha facilitado enormemente la detección y el análisis de posibles tecnofirmas en conjuntos de datos tan extensos como los de este estudio», señala Isabel Gerrard, investigadora de tecnofirmas de Breakthrough Listen en la Universidad de Oxford y coautora del trabajo.

El sistema ATSAT (Allen Telescope Survey Agnostic Technosignature) integra, entre otras herramientas, los programas bliss y NBeamAnalysis, utilizados para localizar señales candidatas y comparar su intensidad en los diferentes haces de observación.

Los primeros resultados: 1,9 millones de señales detectadas, ninguna extraterrestre

Antes de desarrollar la campaña a gran escala, el equipo realizó una prueba piloto durante tres noches del verano de 2023. Para ello utilizó veinte antenas del Allen Telescope Array y acumuló aproximadamente diecisiete horas de observaciones, que generaron nada menos que 32 terabytes de datos.

El análisis inicial identificó alrededor de 1,9 millones de detecciones de radio que cumplían los criterios básicos de búsqueda. Una cifra espectacular, aunque no especialmente sorprendente en un entorno radioeléctrico cada vez más saturado por las comunicaciones terrestres y espaciales.

Después de comparar las señales registradas en las dos direcciones de observación, los programas eliminaron aproximadamente 1,3 millones de coincidencias que no reunían las características de una emisión localizada exclusivamente en la región investigada.

Quedaron unas 580.000 detecciones que debían continuar sometiéndose a filtros. Los investigadores seleccionaron las más interesantes y examinaron visualmente más de 2.000 representaciones de señales.

El resultado fue inequívoco dentro de los límites del experimento: no encontraron ninguna emisión que pudiera atribuirse a tecnología extraterrestre.

La mayoría de las señales procedían de interferencias humanas. Algunas tenían frecuencias prácticamente constantes; otras mostraban variaciones que inicialmente parecían sugerentes, pero su distribución entre los haces de observación o su pertenencia a bandas utilizadas por satélites permitieron encontrar explicaciones convencionales.

El artículo científico describe incluso una señal de radio que inicialmente llamó la atención de los investigadores porque su frecuencia cambiaba ligeramente con el tiempo, una característica que también podría presentar una transmisión procedente de otro planeta. Sin embargo, al analizarla con más detalle, comprobaron que sus propiedades eran más compatibles con las señales utilizadas para comunicarse con satélites artificiales o seguir sus movimientos

¿Hasta qué distancia podrían detectar una civilización extraterrestre?

El resultado negativo no significa que la estrategia haya fracasado. Los experimentos científicos también avanzan cuando permiten descartar posibilidades concretas y mejorar los procedimientos de observación.

En este caso, los investigadores identificaron las regiones del espectro más contaminadas por interferencias, ajustaron las frecuencias que debían examinar y perfeccionaron sus herramientas informáticas. Además, lograron establecer los primeros límites observacionales para hipotéticos transmisores que utilizaran el punto antisolar como referencia.

Según los cálculos publicados, la prueba piloto habría podido detectar, en las condiciones más favorables, una señal estrecha procedente de un transmisor comparable al antiguo radar planetario del radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, situado a una distancia máxima de aproximadamente 124 años luz.

Esta cifra necesita una aclaración. No significa que los astrónomos hayan descartado la presencia de civilizaciones tecnológicas dentro de ese radio.

La estimación supone un transmisor direccional de gran potencia, con características radioeléctricas concretas, y se aplica únicamente a las frecuencias, direcciones y momentos efectivamente examinados.

Una civilización que transmitiera con menor potencia, mediante señales más anchas, con otra tecnología o en un horario distinto podría haber pasado completamente inadvertida.

La búsqueda continúa: 25 señales preliminares pendientes de comprobación

La campaña principal ha superado las 121 noches de observación, según los datos comunicados por el Instituto SETI el 3 de noviembre de 2026. Los resultados científicos completos correspondientes a su primer año todavía están pendientes de publicación.

Existe, no obstante, una actualización técnica relevante que amplía la información sobre el progreso de la investigación.

En una comunicación preliminar difundida en arXiv el 5 de octubre de 2026, Gerrard y Sheikh detallaron el desarrollo de la campaña hasta ese momento. Este documento, presentado para el Congreso Internacional de Astronáutica, no debe confundirse con el artículo revisado por pares que recoge los resultados del piloto.

La comunicación informa de 126 sesiones de observación y de una cobertura aproximada del 12 % de las posiciones previstas. Los investigadores habían analizado el 67 % de las sesiones y generado más de 11.000 representaciones gráficas de señales, todas ellas examinadas visualmente, aunque no todas estaban todavía clasificadas.

Entre los espectrogramas clasificados, veinticinco contenían emisiones estrechas con deriva de frecuencia que parecían localizarse en la dirección del punto antisolar. Estas detecciones correspondían a diez posiciones de observación que los investigadores tenían previsto volver a examinar.

Es fundamental interpretar correctamente este dato: ninguna de esas señales ha sido confirmada como extraterrestre.

Son detecciones de interés instrumental que requieren nuevas observaciones y comprobaciones independientes. Las interferencias humanas siguen siendo una explicación posible, y el documento preliminar no anuncia el descubrimiento de una tecnofirma de origen no humano.

Precisamente por eso, el seguimiento de estos candidatos constituye una parte esencial de la investigación científica. La detección inicial de una señal interesante y su identificación como evidencia de tecnología extraterrestre son etapas completamente diferentes.

Otras investigaciones recientes: supernovas, exoplanetas y señales de radio

La búsqueda de posibles comunicaciones extraterrestres sincronizadas mediante acontecimientos astronómicos no se limita a la posición antisolar.

Así es, durante los últimos años, varios equipos han explorado estrategias basadas en una idea semejante: aprovechar fenómenos que diferentes civilizaciones podrían reconocer como referencias compartidas para enviar o recibir mensajes.

Las supernovas como relojes para comunicarse entre estrellas

Un ejemplo especialmente interesante procede de una investigación publicada en 2024 en la que participaron Bárbara Cabrales, James Davenport y Sofia Sheikh, entre otros científicos.

El equipo estudió la posibilidad de que una civilización extraterrestre utilizara una gran explosión estelar como referencia para anunciar su existencia. La candidata elegida fue la célebre supernova SN 1987A, observada en 1987 en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite de la Vía Láctea.

Una supernova puede alcanzar una luminosidad extraordinaria y ser visible desde extensas regiones del espacio. Según esta hipótesis, una civilización podría utilizar la llegada de la luz de la explosión como referencia para emitir una señal coordinada.

Los investigadores desarrollaron una estrategia denominada elipsoide SETI, una construcción geométrica que permite identificar los sistemas estelares desde los que una hipotética transmisión sincronizada con la supernova podría llegar a la Tierra en un momento determinado.

Utilizando datos del satélite TESS, de la NASA, y del observatorio Gaia, seleccionaron 32 estrellas y examinaron sus variaciones de brillo durante los intervalos de interés.

No encontraron señales anómalas, pero demostraron que este procedimiento puede utilizarse para organizar nuevas búsquedas.

TRAPPIST-1: ¿podríamos interceptar mensajes entre planetas?

Otra investigación, publicada en 2024, utilizó el Allen Telescope Array para explorar una posibilidad diferente: que podamos interceptar accidentalmente comunicaciones entre planetas de un mismo sistema estelar.

El equipo, encabezado por Nick Tusay, observó durante veintiocho horas el sistema TRAPPIST-1, situado a unos 40 años luz y conocido por albergar siete planetas de tamaño parecido al terrestre.

La idea era aprovechar las alineaciones en las que un planeta pasa por delante de otro, visto desde la Tierra. Si existiera una civilización que utilizara transmisiones de radio para comunicarse con vehículos o instalaciones situados en otros planetas, una parte de esas emisiones podría propagarse en nuestra dirección.

Los investigadores analizaron unos 25 millones de detecciones iniciales y prestaron especial atención a las registradas durante las alineaciones previstas.

Tampoco encontraron señales de origen extraterrestre, según el estudio publicado en The Astronomical Journal.

Estas investigaciones tienen un elemento común: intentan reducir el inmenso universo de posibilidades aprovechando circunstancias astronómicas que podrían favorecer una transmisión o su detección.

Ilustración artística de uno de los planetas del sistema TRAPPIST-1, situado a unos 40 años luz de la Tierra. Al fondo, otro planeta transita frente a su estrella, un fenómeno que podría facilitar la detección de mundos extraterrestres.

Ilustración artística de uno de los planetas del sistema TRAPPIST-1, situado a unos 40 años luz de la Tierra. Al fondo, otro planeta transita frente a su estrella, un fenómeno que podría facilitar la detección de mundos extraterrestres. Cortesía: ESO / M. Kornmesser

¿Y si las civilizaciones avanzadas no utilizan señales de radio convencionales?

Al mismo tiempo, otros científicos están ampliando el tipo de señales que merece la pena buscar.

Un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, dirigido por el radioastrónomo Michael Garrett, de la Universidad de Mánchester, en el Reino Unido, propone una estrategia para identificar emisiones tecnológicas de banda ancha.

La idea parte de una observación sencilla: nuestras comunicaciones están evolucionando desde algunos transmisores muy potentes hacia infraestructuras digitales distribuidas, compuestas por multitud de dispositivos que emiten señales relativamente débiles y complejas.

Una civilización tecnológicamente avanzada podría generar algo semejante. En lugar de producir una baliza artificial claramente distinguible, su actividad tecnológica podría manifestarse como una débil emisión radioeléctrica de banda ancha, difícil de separar del ruido cósmico.

Garrett propone combinar observaciones radioastronómicas profundas con técnicas de interferometría de muy alta resolución y varios indicadores físicos para identificar posibles emisiones de origen tecnológico.

Se trata de una propuesta metodológica, no de un descubrimiento de señales extraterrestres. Pero recuerda una limitación importante de las búsquedas actuales: una civilización extraterrestre no tiene por qué comunicarse utilizando las mismas señales que nosotros consideramos más fáciles de detectar.

¿Por qué todavía no hemos encontrado señales de civilizaciones extraterrestres?

Pese a su originalidad, la estrategia del punto antisolar está lejos de resolver todas las dificultades de SETI.

La primera es que nadie sabe si una civilización extraterrestre elegiría realmente esa referencia. La teoría de juegos permite identificar una posibilidad razonable de coordinación, pero no demuestra que otras inteligencias compartan nuestras preferencias o decisiones.

También existen limitaciones instrumentales. Aunque el proyecto pretende recorrer las diferentes longitudes de la eclíptica durante varios años, la configuración actual de dos haces solo permitirá cubrir aproximadamente el 10 % de la extensión en latitud de la zona de tránsito terrestre considerada en el estudio.

Los investigadores esperan ampliar esa cobertura mediante mejoras tecnológicas, como la incorporación de más haces de observación o el desarrollo de sistemas capaces de analizar imágenes radioastronómicas completas.

A esto se añade que la búsqueda se concentra en una región concreta del espectro radioeléctrico y en señales con determinadas propiedades. No detectar emisiones en esas condiciones no permite concluir que nadie esté transmitiendo desde otros lugares, en otras frecuencias o mediante tecnologías diferentes.

El propio artículo reconoce la inmensidad de lo que sus autores denominan el pajar cósmico, el conjunto multidimensional de posibles señales que habría que explorar para realizar una búsqueda verdaderamente exhaustiva.

Direcciones, distancias, frecuencias, intensidades, anchuras de banda, polarizaciones y momentos de transmisión multiplican las posibilidades hasta convertir cualquier campaña concreta en una exploración necesariamente limitada.

Por eso, la ausencia de detecciones confirmadas no constituye una prueba de que estemos solos en el universo. Significa solo que, dentro de las condiciones exploradas hasta ahora, no se han encontrado señales que puedan atribuirse a tecnología extraterrestre.

Recreación artística de dos hipotéticos seres extraterrestres. Algunas teorías evolutivas plantean que la aparición de vida inteligente podría ser una consecuencia natural de la evolución planetaria, y no necesariamente un acontecimiento excepcional

Recreación artística de dos hipotéticos seres extraterrestres. Algunas teorías evolutivas plantean que la aparición de vida inteligente podría ser una consecuencia natural de la evolución planetaria, y no necesariamente un acontecimiento excepcional. Crédito: IA-Grok / RexMolón Producciones

Pero el nuevo estudio introduce una idea que merece atención: quizá no todas esas posibilidades sean igualmente relevantes si asumimos que un posible emisor también estaría intentando resolver el problema de encontrarnos.

Durante décadas, la búsqueda de inteligencia extraterrestre se ha organizado principalmente alrededor de una pregunta: ¿dónde podría haber alguien? La investigación del Instituto SETI añade otra igualmente importante: ¿cuándo tendría sentido que ese alguien intentara hacerse oír?

Todavía no sabemos si existe otra civilización tecnológica en la galaxia. Tampoco conocemos sus posibles formas de comunicación, su grado de desarrollo ni sus motivaciones.

Pero si alguna vez recibimos un mensaje procedente de las estrellas, podría resultar que la clave no estuviera únicamente en haber apuntado nuestros instrumentos hacia el lugar correcto.

Tal vez también hayamos tenido que aprender a acudir a una cita que nadie nos había anunciado.▪️(4-noviembre-2026)

GUÍA RÁPIDA · ASTRONOMÍA Y SETI

Señales extraterrestres: ocho preguntas para entender la nueva búsqueda del SETI

¿Cuándo podrían enviarnos un mensaje desde otro planeta? ¿Cómo sabríamos si una señal es realmente extraterrestre? Respondemos a las principales preguntas sobre la nueva estrategia del Instituto SETI, que combina astronomía y teoría de juegos para investigar posibles comunicaciones entre civilizaciones.

¿Cuándo deberíamos escuchar posibles señales extraterrestres?

Según la nueva hipótesis del Instituto SETI, un momento potencialmente favorable sería aquel en el que la Tierra se encuentra en el punto medio de su tránsito por delante del Sol, vista desde una civilización lejana. Esa alineación podría servir como referencia compartida para coordinar una transmisión de radio y su recepción.

¿Qué es el punto antisolar?

El punto antisolar es la dirección del cielo exactamente opuesta al Sol, vista desde la Tierra. Se encuentra a 180 grados de nuestra estrella y cambia de posición respecto al fondo estelar conforme nuestro planeta avanza en su órbita. Los investigadores lo consideran una posible referencia para sincronizar comunicaciones interestelares.

¿Cómo se utiliza la teoría de juegos para buscar extraterrestres?

Los científicos aplican el concepto de punto de Schelling, una referencia que dos participantes pueden elegir independientemente para coordinarse sin comunicarse previamente. En la búsqueda SETI, una alineación astronómica reconocible por el emisor y el receptor podría facilitar la coincidencia entre una transmisión y su escucha.

¿Ha descubierto el Instituto SETI alguna señal extraterrestre?

No. La prueba piloto presentada en el artículo publicado el 3 de noviembre de 2026 no encontró señales de origen extraterrestre. Una comunicación técnica preliminar de octubre identificó 25 espectrogramas con características de interés, pero esas detecciones requieren comprobaciones adicionales y no constituyen evidencia confirmada de tecnología extraterrestre.

¿Hasta qué distancia puede detectar señales el Allen Telescope Array?

La sensibilidad depende de la potencia, la frecuencia, la duración y las características de la transmisión. En la prueba piloto del punto antisolar, los investigadores calcularon que, bajo condiciones favorables, podrían detectar una señal estrecha procedente de un transmisor comparable al antiguo radar planetario de Arecibo situado hasta unos 124 años luz.

¿Podrían los extraterrestres haber descubierto la existencia de la Tierra?

Sí, en principio. Un estudio publicado en la revista científica Nature en 2021 identificó 1.715 estrellas relativamente cercanas desde las que habría sido posible observar el tránsito terrestre durante algún momento de los últimos 5.000 años. Detectar nuestro planeta, sin embargo, no equivale a demostrar que esté habitado ni que exista una civilización capaz de comunicarse con nosotros.

¿Por qué es tan difícil distinguir las señales extraterrestres de las humanas?

Los satélites, radares y sistemas de telecomunicaciones generan millones de emisiones de radio, algunas de las cuales pueden parecerse a las tecnofirmas buscadas. Los astrónomos analizan sus frecuencias, sus variaciones Doppler y su distribución espacial para eliminar interferencias antes de considerar que una señal merece investigaciones adicionales.

¿Por qué todavía no hemos recibido un mensaje extraterrestre confirmado?

No existe una respuesta científica definitiva. Podría deberse a que las civilizaciones tecnológicas sean raras, estén demasiado lejos, no transmitan hacia nosotros, utilicen tecnologías desconocidas o emitan cuando no estamos escuchando. Además, las observaciones realizadas hasta ahora solo han explorado una fracción limitada del inmenso conjunto de señales posibles.

Fuentes: The Astronomical Journal (2026) · Actualización preliminar de la campaña SETI (2026) · Nature (2021)

  • Información facilitada por el Instituto SETI

  • Fuente: Sofia Z. Sheikh et al. A Large-scale Technosignature Survey of the Antisolar Point with the Allen Telescope Array: Survey Design and Pilot Results. The Astronomical Journal (2026). DOI: 10.3847/1538-3881/aeaa59

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