¿Podrían estar ocultas las señales extraterrestres en otra frecuencia de radio?
Durante décadas, la búsqueda de inteligencia extraterrestre ha escuchado casi siempre la misma región del espectro radioeléctrico. Ahora, la primera investigación SETI realizada con el radiotelescopio ALMA plantea que las señales de una civilización avanzada podrían estar ocultas en frecuencias que apenas se habían explorado.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de una hipotética civilización extraterrestre monitorizando el cielo con radiotelescopios. El estudio plantea que las señales de otras inteligencias podrían encontrarse en frecuencias de radio apenas exploradas hasta ahora, más allá de las utilizadas tradicionalmente por el SETI. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
La búsqueda científica de inteligencia extraterrestre lleva más de sesenta años escuchando prácticamente la misma parte del espectro radioeléctrico. No es fruto de la casualidad. Desde el histórico proyecto Ozma, coordinado desde la Universidad de Cornell por el astrónomo Frank Drake y cuyo pistoletazo de salida fue en 1960, los investigadores han considerado que esa región reunía las mejores condiciones para que dos civilizaciones tecnológicas pudieran comunicarse a través del espacio.
Era una hipótesis sólida. Pero ¿y si también hubiera limitado nuestras posibilidades de éxito? ¿Y si otras formas de vida inteligente hubieran estado emitiendo mensajes desde otro lugar del dial mientras nosotros seguíamos escuchando obstinadamente el mismo canal?
Un trabajo presentado en la Reunión Nacional de Astronomía de la Real Sociedad Astronómica, que se ha celebrado esta semana en Birmingham, propone precisamente eso: ampliar de forma decidida la búsqueda de tecnofirmas —las posibles huellas tecnológicas de una civilización extraterrestre— hacia frecuencias de radio que apenas se han explorado hasta ahora. Lejos de anunciar un descubrimiento, el estudio invita a replantear una de las estrategias más arraigadas del programa SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), la búsqueda científica de inteligencia extraterrestre.
La investigación está encabezada por Louisa Mason, doctoranda de la Universidad de Mánchester (Reino Unido), que ha realizado la primera búsqueda SETI con el radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), el extraordinario conjunto de 66 antenas situado a más de 5.000 metros de altitud en el desierto chileno de Atacama. Aunque el análisis no encontró ninguna señal artificial, abre una puerta completamente nueva para explorar regiones del espectro radioeléctrico que hasta ahora habían permanecido prácticamente olvidadas.
Por qué el SETI lleva décadas escuchando la misma región del espectro
Desde que los físicosGiuseppe Cocconi y Philip Morrison publicaran en 1959 el artículo que dio origen al SETI moderno, los astrónomos han considerado que la mejor forma de encontrar una civilización tecnológica era escuchar emisiones de radio extremadamente estrechas en frecuencia, algo difícil de producir mediante procesos naturales y, por tanto, un posible indicador de tecnología.
La mayor parte de esas búsquedas se han concentrado entre los 1,42 y los 1,66 gigahercios, una franja conocida como el water hole o agujero de agua. Su nombre no es casual. La franja está delimitada por las frecuencias naturales emitidas por el hidrógeno y el radical hidroxilo (OH), cuyos átomos forman precisamente la molécula de agua.
La hipótesis siempre ha parecido elegante. Si el agua constituye un ingrediente esencial para la vida tal como la conocemos, cualquier civilización suficientemente avanzada también conocería la importancia del hidrógeno y del hidroxilo. En consecuencia, esa región relativamente silenciosa del espectro radioeléctrico podría convertirse en una especie de punto de encuentro cósmico, un lugar donde distintas civilizaciones escogerían transmitir y escuchar.
Durante décadas, esa idea ha guiado prácticamente todos los grandes programas SETI. Observatorios como el Green Bank, Parkes o, más recientemente, el proyecto Breakthrough Listen han rastreado millones de canales en esa región del espectro con una sensibilidad cada vez mayor.
Pero Mason se preguntó algo aparentemente sencillo: ¿qué ocurre si las señales no están ahí?
Las 66 antenas del radiotelescopio ALMA, situadas a más de 5.000 metros de altitud en el desierto de Atacama (Chile), ofrecen una sensibilidad sin precedentes para explorar frecuencias milimétricas y submilimétricas. Cortesía: ALMA
Mirar donde casi nadie había mirado
🗣️ «Durante décadas, las búsquedas SETI se han concentrado en una parte relativamente pequeña del espectro radioeléctrico. Queríamos preguntarnos qué podría ocurrir si observábamos en un lugar completamente distinto —explica Mason. Y añade—: Las bandas de radio milimétricas y submilimétricas permanecen prácticamente inexploradas para el SETI, así que este trabajo consiste realmente en abrir una nueva región del espacio de parámetros para la búsqueda».
La expresión espacio de parámetros puede sonar abstracta, pero resume una realidad fundamental: buscar inteligencia extraterrestre no consiste únicamente en apuntar un telescopio hacia muchas estrellas.
También implica explorar diferentes frecuencias, distintos tipos de señales, múltiples duraciones, diversas sensibilidades y un enorme abanico de posibilidades físicas. En realidad, apenas hemos empezado a recorrer una fracción diminuta de ese inmenso territorio.
El ALMA abre una nueva ventana para buscar inteligencia extraterrestre
El ALMA parece, a primera vista, un instrumento poco convencional para buscar extraterrestres.
El observatorio fue construido para estudiar algunos de los objetos más fríos del universo: nubes moleculares, discos donde nacen planetas, galaxias lejanas o la química del medio interestelar. Trabaja entre aproximadamente los 35 y los 950 gigahercios, muy por encima de las frecuencias clásicas utilizadas por el SETI.
Sin embargo, precisamente ahí reside su atractivo.
Menos interferencias terrestres
Las observaciones realizadas en longitudes de onda milimétricas presentan varias ventajas importantes. En primer lugar, las interferencias de origen humano —la auténtica pesadilla del SETI— disminuyen de manera considerable. Teléfonos móviles, radares, satélites o sistemas de telecomunicaciones contaminan intensamente las bandas tradicionales utilizadas por los radiotelescopios, obligando a descartar infinidad de falsas alarmas.
En las frecuencias observadas por el radiotelescopio chileno ese problema resulta mucho menor.
Menor distorsión del medio interestelar
Además, las señales sufren menos distorsión al atravesar el medio interestelar. Las nubes de gas ionizado dispersan y ensanchan las ondas de radio de baja frecuencia, dificultando distinguir una señal artificial muy estrecha.
En cambio, las ondas milimétricas mantienen mejor su estructura durante el viaje por la galaxia, permitiendo búsquedas mucho más precisas.
El precio que hay que pagar es otro.
Una sensibilidad extraordinaria
A frecuencias tan elevadas, cualquier posible transmisión cambia de frecuencia mucho más deprisa debido al movimiento relativo entre emisor y receptor. Los investigadores deben desarrollar algoritmos capaces de seguir esas variaciones para evitar que una señal potencial quede diluida entre miles de canales de observación.
El propio equipo calculó que una hipotética señal observada en la banda 3 del ALMA podría desplazarse alrededor de 400 hercios por segundo, aproximadamente cien veces más rápido que en las bandas tradicionales del SETI.
Comparativa de la sensibilidad de los principales radiotelescopios utilizados en el SETI según la frecuencia de observación. El gráfico muestra que el ALMA ocupa una región del espectro milimétrico prácticamente inexplorada por otros programas de búsqueda de inteligencia extraterrestre, lo que abre una nueva ventana para detectar posibles tecnofirmas. Cortesía: Louisa Mason
La primera búsqueda de tecnofirmas con ALMA
En lugar de solicitar tiempo de observación específico —un recurso extraordinariamente valioso— Mason optó por una estrategia mucho más ingeniosa.
Aprovechó observaciones ya existentes en el archivo científico del ALMA, que fueron obtenidas originalmente para estudiar regiones de formación estelar. Entre miles de millones de datos buscó señales muy estrechas en frecuencia, el tipo de emisión que podría delatar un origen tecnológico en lugar de un fenómeno astrofísico natural.
El análisis se centró en dos pequeñas ventanas espectrales alrededor de 90,6 y 93,1 gigahercios. En ellas examinó datos correspondientes a cuatro observaciones archivadas y buscó posibles tecnofirmas procedentes de las estrellas presentes en el campo de visión del telescopio.
El resultado fue negativo. Ninguna señal superó el umbral establecido para considerarse una posible transmisión artificial.
Pero, lejos de interpretarlo como un fracaso, los investigadores sostienen que el experimento demuestra la viabilidad de utilizar grandes radiotelescopios de alta frecuencia como ALMA en futuras campañas SETI.
🗣️ «Una de las cosas más emocionantes de este trabajo es darnos cuenta de que hemos explorado muchas más estrellas de las que pensábamos inicialmente», afirma Mason.
El descubrimiento inesperado: millones de estrellas «ocultas»
Sin embargo, la aportación más sorprendente del trabajo de Mason quizá no tenga que ver con las frecuencias de radio.
Tiene que ver con las estrellas.
Cuando un radiotelescopio apunta hacia un objeto concreto, los astrónomos suelen pensar que están estudiando únicamente ese objetivo. Pero la realidad es muy distinta. El haz del telescopio abarca una región mucho más amplia del cielo y, dentro de ella, aparecen numerosas estrellas adicionales que nadie pretendía observar. Todas ellas quedan registradas de forma automática en los datos.
Los investigadores denominan a este fenómeno stellar bycatch, un término tomado de la pesca comercial que podría traducirse como captura incidental. Igual que una red recoge especies que no eran el objetivo de la faena, un radiotelescopio registra muchas estrellas que no figuraban en el programa científico original.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios SETI calculaban ese número utilizando el catálogo de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), tal vez el censo estelar más completo jamás elaborado. Gaia ha cartografiado cerca de dos mil millones de objetos de nuestra galaxia con una precisión extraordinaria.
Pero incluso Gaia tiene limitaciones.
Un catálogo de estrellas «escurridizas»
Las estrellas demasiado débiles, excesivamente lejanas o situadas en regiones muy congestionadas del cielo pueden escapar a sus medidas o presentar incertidumbres importantes. En consecuencia, los catálogos derivados de Gaia representan, en cierto modo, un límite inferior del número real de estrellas presentes en cada observación.
Mason decidió abordar el problema desde otra perspectiva.
En lugar de contar solo las estrellas conocidas, utilizó el Modelo Galáctico de Besançon, una sofisticada simulación de la Vía Láctea desarrollada durante décadas que reproduce estadísticamente la distribución de estrellas en el disco, el bulbo, el halo y los distintos componentes de nuestra galaxia. El modelo tiene en cuenta la formación estelar, la evolución de las poblaciones, la distribución de masas, la absorción por polvo interestelar e incluso la estructura tridimensional galáctica para estimar cuántas estrellas deberían existir en cualquier dirección del cielo.
El resultado fue espectacular.
Nuevos lugares en los que buscar
Al aplicar este modelo a una búsqueda SETI anterior basada en 1.229 observaciones independientes, el número de estrellas potencialmente examinadas pasó de unas 288.000, identificadas mediante Gaia, a más de 6,18 millones. Es decir, más de veinte veces más de las que se creía que habían sido exploradas.
«Una de las cosas más emocionantes de este trabajo es darnos cuenta de que hemos estudiado muchas más estrellas de las que pensábamos inicialmente», explica Mason.
🗣️ La experta añade una reflexión que resume el alcance del hallazgo: «Incluso una observación muy pequeña puede contener un número enorme y muy diverso de estrellas que nunca habíamos tenido intención de estudiar. Al combinar observaciones de alta frecuencia con simulaciones galácticas podemos comprender mucho mejor qué parte de la galaxia hemos explorado realmente y dónde deberíamos buscar a continuación».
Recreación artística de un exoplaneta con una civilización tecnológicamente avanzada. Además de señales de radio, los científicos también buscan otras posibles tecnofirmas, como contaminantes industriales en la atmósfera, megaconstrucciones o emisiones láser, que podrían delatar la existencia de inteligencia extraterrestre. Cortesía: NASA/Jay Freidlander
Unos sondeos «E. T.» menos sesgados
Más allá del espectacular incremento numérico, el estudio aporta otra consecuencia importante.
No todas las estrellas son iguales.
Muchas campañas SETI seleccionan de manera deliberada estrellas parecidas al Sol, porque se consideran buenos candidatos para albergar planetas habitables. Sin embargo, el stellar bycatch incorpora de manera automática una enorme diversidad de objetos: enanas rojas, estrellas gigantes, enanas blancas y numerosas clases estelares que normalmente no formarían parte de la muestra principal.
El modelo de Besançon permite estimar esa diversidad mucho mejor que los catálogos observacionales y ofrece una imagen más realista del volumen galáctico que ya ha sido explorado. Según los autores, esto fortalece las restricciones estadísticas sobre la posible abundancia de transmisores extraterrestres y ayuda a planificar futuras campañas de observación.
Incluso cuestiona una crítica frecuente dirigida al SETI: que las búsquedas están excesivamente condicionadas por una visión antropocéntrica, centrada en estrellas similares al Sol. Al tener en cuenta toda la población estelar capturada de forma incidental, los investigadores concluyen que los sondeos son bastante menos sesgados de lo que suele afirmarse.
¿Significa este resultado que no existe vida inteligente?
Como ocurre casi siempre en el SETI, el resultado inmediato fue un silencio. No apareció ninguna señal convincente.
Pero interpretar ese silencio exige cierta perspectiva.
El universo observable contiene centenares de miles de millones de galaxias. Solo la Vía Láctea alberga entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas. Frente a esas cifras, las cuatro observaciones analizadas por Mason representan una muestra diminuta.
➡️ La propia investigadora insiste en que la ausencia de detecciones no significa que no exista vida inteligente fuera de la Tierra. Simplemente indica que, dentro de las pequeñas ventanas espectrales estudiadas y con la sensibilidad alcanzada por el ALMA, no apareció ninguna señal compatible con una tecnofirma.
En ciencia, un resultado negativo también aporta conocimiento. Permite descartar hipótesis, mejorar las estrategias de observación y diseñar experimentos más ambiciosos.
Y eso es exactamente lo que pretende este trabajo.
El concepto de stellar bycatch o captura incidental estelar muestra que, además del objetivo principal de una observación, el campo de visión de un radiotelescopio incluye cientos o miles de estrellas de distintos tipos. Cortesía: Louisa Mason
Un nuevo mapa para escuchar el universo
Desde el histórico proyecto Ozma, que cuajó en el Observatorio Nacional de Radioastronomía de Green Bank (Virginia Occidental), hasta las actuales campañas de Breakthrough Listen, la búsqueda de inteligencia extraterrestre ha avanzado gracias al desarrollo de radiotelescopios cada vez más sensibles y algoritmos capaces de analizar cantidades colosales de datos.
Ahora, el trabajo de Louisa Mason propone añadir una nueva dimensión a esa exploración. No basta con observar más estrellas. Tampoco basta con escuchar durante más tiempo.
Quizá sea igualmente importante escuchar donde casi nadie ha prestado atención.
Las bandas milimétricas y submilimétricas constituyen todavía un territorio prácticamente virgen para el SETI. El ALMA ha demostrado que es posible utilizar los enormes archivos acumulados durante años por la astronomía convencional para realizar búsquedas de tecnofirmas sin necesidad de reservar nuevo tiempo de observación, aprovechando datos obtenidos con otros objetivos científicos.
Es una estrategia inteligente y extraordinariamente eficiente: cada observación astronómica podría convertirse también, de forma casi gratuita, en una búsqueda de inteligencia extraterrestre.
Quizá el mayor valor de este estudio no resida en haber encontrado una señal, sino en haber demostrado que seguimos explorando una fracción minúscula del inmenso espacio de posibilidades.
Después de más de sesenta años escuchando el cosmos, puede que todavía estemos aprendiendo una lección elemental: antes de concluir que nadie responde, conviene asegurarse de que estamos sintonizando el canal correcto.▪️(25-julio-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- El estudio propone buscar tecnofirmas fuera de las frecuencias tradicionales utilizadas por el SETI.
- Es la primera búsqueda de inteligencia extraterrestre realizada con ALMA.
- Se analizaron datos ya existentes del observatorio, sin necesidad de realizar nuevas observaciones.
- No se detectaron señales artificiales, pero el trabajo demuestra que las frecuencias milimétricas constituyen un nuevo territorio para explorar.
- El uso del Modelo Galáctico de Besançon revela que muchas búsquedas SETI han observado millones de estrellas más de las que se pensaba.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Civilización extraterrestre y Tecnofirmas
👽 ¿Qué es el SETI?
El SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) es el conjunto de proyectos científicos dedicados a buscar evidencias de civilizaciones tecnológicas fuera de la Tierra mediante radioastronomía y otras técnicas de observación.
👽 ¿Qué es el agujero de agua?
Es una región del espectro radioeléctrico situada entre las emisiones naturales del hidrógeno (1,42 GHz) y el hidroxilo (1,66 GHz), considerada durante décadas el lugar más probable para establecer comunicaciones interestelares.
👽 ¿Qué es el ALMA?
El Atacama Large Millimeter/submillimeter Array es un observatorio formado por 66 antenas situado en el desierto chileno de Atacama, a más de 5.000 metros de altitud. Es uno de los radiotelescopios más sensibles del mundo para frecuencias milimétricas y submilimétricas.
👽 ¿Qué es una tecnofirma?
Una tecnofirma es cualquier evidencia observable cuya explicación más probable sea la existencia de tecnología desarrollada por una civilización inteligente.
👽 ¿Qué aporta este estudio?
Demuestra que el SETI puede ampliar significativamente su campo de búsqueda utilizando frecuencias de radio apenas exploradas y que muchas observaciones astronómicas ya realizadas contienen información útil para buscar inteligencia extraterrestre.
Información facilitada por la Royal Astronomical Society
Fuentes:
-Louisa A. Mason, Michael A. Garrett, Andrew P. V. Siemion. Simulating the stellar bycatch: constraining the prevalence of extraterrestrial transmitters within radio SETI surveys. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (2026). DOI: https://doi.org/10.1093/mnras/staf2112
-Louisa A. Mason, Michael A. Garrett, Kelvin Wandia, Andrew P. V. Siemion. Conducting high-frequency radio SETI searches using ALMA. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (2025). DOI: https://doi.org/10.1093/mnras/stae2714

