Hace 237 millones de años, una extraña criatura acorazada logró conquistar un territorio prohibido para los anfibios: el océano. Dos fósiles hallados en China revelan cómo este sorprendente animal consiguió sobrevivir en aguas saladas, desafiando los límites de la evolución.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística del Gerrothorax maritimus, el primer anfibio totalmente marino conocido, que vivió hace 237 millones de años y cazaba mediante succión en el fondo del océano. Cortesía: Chen Geng / Universidad de Guizhou.
Hace 237 millones de años, cuando los primeros dinosaurios comenzaban a extenderse por los continentes y los grandes reptiles marinos dominaban los océanos, una extraña criatura permanecía inmóvil sobre el fondo del mar. Tenía una cabeza ancha y aplanada, una enorme boca y el cuerpo protegido por una armadura de hueso. No era un pez ni un reptil. Era un anfibio que había conseguido algo aparentemente imposible: vivir de manera permanente en agua salada.
La criatura se llama Gerrothorax maritimus y su descubrimiento acaba de abrir un capítulo inesperado en la historia evolutiva de los vertebrados. Un equipo internacional de paleontólogos ha identificado esta nueva especie a partir de dos esqueletos excepcionalmente conservados que han aparecido en la provincia de Guizhou, al sur de China.
La investigación, publicada en la revista científica Nature Ecology & Evolution, proporciona las primeras pruebas convincentes de la existencia de un anfibio primitivo completamente adaptado a la vida marina, sin necesidad aparente de regresar a tierra firme ni de acceder al agua dulce.
El hallazgo resulta extraordinario, porque ninguno de los más de 8.000 anfibios actuales —entre ellos ranas, sapos, salamandras y cecilias— vive exclusivamente en el océano. Aunque unas pocas especies toleran aguas salobres, su fisiología les impide permanecer de forma indefinida en un ambiente tan salado.
El Gerrothorax maritimus demuestra que esa barrera biológica no siempre fue infranqueable.
Qué es «Gerrothorax maritimus», el primer anfibio totalmente marino conocido
El Gerrothorax maritimus es una especie extinta de anfibio primitivo perteneciente al grupo de los temnospóndilos (Temnospondyli), vertebrados que prosperaron durante buena parte del Paleozoico y el Mesozoico y que desarrollaron una extraordinaria diversidad de formas y tamaños.
El animal vivió durante el Triásico superior, hace aproximadamente 237 millones de años, y medía unos 75 centímetros de longitud.
Su aspecto resultaba muy diferente del de las salamandras actuales. Tenía un cuerpo ancho, aplanado y robusto, una cabeza desproporcionadamente grande y placas óseas que recubrían buena parte de su superficie corporal.
🗣️ «Si pensamos en los anfibios actuales, este animal resulta extraño porque es grande —explica Ryosuke Motani, profesor de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de California en Davis y uno de los responsables del estudio. Y añade—: Probablemente tenía una masa corporal similar a la de una salamandra gigante, pero hay una diferencia: las salamandras gigantes son alargadas, mientras que este animal era realmente rechoncho».
La peculiar anatomía del Gerrothorax maritimus no era un simple capricho evolutivo. Todo apunta a que estaba estrechamente relacionada con su forma de alimentarse, defenderse y sobrevivir en el océano.
Fósil de Gerrothorax maritimus, un anfibio marino de hace 237 millones de años cuyo cuerpo aplanado y armadura ósea pudieron protegerlo de depredadores como los ictiosaurios. Cortesía: Ryosuke Motani / UC Davis
Un depredador acorazado que cazaba mediante succión
Los paleontólogos creen que el Gerrothorax maritimus era un depredador de emboscada especializado en capturar presas cerca del fondo marino. Su cráneo, extremadamente aplanado y su gran abertura bucal, sugieren que no necesitaba perseguir de manera activa a otros animales.
Probablemente permanecía inmóvil sobre los sedimentos hasta que un pez u otra pequeña presa se acercaba. Entonces abría rápido la boca y generaba una corriente de agua que arrastraba a la víctima hacia su interior.
«Probablemente esperaban en el fondo y, cuando una presa se acercaba, simplemente la succionaban», explica Motani.
El investigador compara este comportamiento con el de los tiburones alfombra (Orectolobidae), unos elasmobranquios actuales que viven asociados al fondo marino y utilizan el camuflaje para sorprender a sus presas.
La armadura de placas óseas también pudo desempeñar un papel defensivo frente a grandes depredadores de la época, entre ellos los ictiosaurios, reptiles marinos con cuerpos hidrodinámicos que ocuparon distintos niveles de las cadenas alimentarias oceánicas.
Además, el peso adicional de esa coraza posiblemente ayudaba al anfibio a mantenerse estable sobre el fondo, aunque esta función todavía no se ha demostrado.
Sin embargo, la mayor ventaja de su armadura pudo ser mucho más trascendental: permitirle sobrevivir en un medio que resulta incompatible con la fisiología de prácticamente todos los anfibios conocidos.
¿Por qué los anfibios actuales no pueden vivir permanentemente en el mar?
La principal dificultad de los anfibios para colonizar los océanos reside en su piel.
A diferencia de la mayoría de los reptiles, aves y mamíferos, los anfibios actuales poseen una piel fina, húmeda y muy permeable, capaz de absorber agua y participar en el intercambio de gases respiratorios.
Esta característica les proporciona una importante ventaja en ambientes húmedos y de agua dulce, pero se convierte en un problema cuando entran en contacto con el agua marina.
La ósmosis: el problema de perder agua en un océano lleno de ella
El agua de mar contiene una concentración de sales mucho mayor que la de los líquidos corporales de la mayoría de los anfibios.
Por un proceso físico llamado ósmosis, el agua tiende a desplazarse desde el interior de sus tejidos hacia el medio exterior, donde la concentración de sustancias disueltas es mayor.
En consecuencia, un anfibio puede deshidratarse incluso estando completamente sumergido. Al mismo tiempo, debe controlar la entrada y acumulación de sales, que pueden alterar el funcionamiento de sus células y órganos. Esta combinación explica por qué los anfibios modernos permanecen estrechamente vinculados a ambientes terrestres húmedos, charcas, lagos, ríos y otros ecosistemas de agua dulce.
¿Existen ranas capaces de tolerar el agua salada?
Sí, aunque son excepcionales.
Un ejemplo es la rana cangrejera (Fejervarya cancrivora), que habita en manglares, estuarios y zonas costeras del sudeste asiático.
Esta especie posee adaptaciones fisiológicas que le permiten soportar concentraciones de sal superiores a las toleradas por la mayoría de las ranas. Sin embargo, tolerar temporalmente un ambiente salino no equivale a vivir de modo permanente en mar abierto.
La diferencia es precisamente lo que convierte al Gerrothorax maritimus en un descubrimiento tan relevante.
El paleontólogo Ryosuke Motani, profesor de la Universidad de California en Davis y uno de los responsables del descubrimiento de Gerrothorax maritimus. Cortesía: Greg Watry/UC Davis.
Cómo consiguió «Gerrothorax maritimus» sobrevivir en agua salada
La hipótesis de los investigadores es que este anfibio primitivo pudo resolver el problema de la salinidad gracias a una combinación de armadura corporal, branquias y un sistema de absorción de agua más parecido al de los peces.
Su cuerpo estaba protegido por placas óseas que habrían reducido el contacto directo de buena parte de la piel con el agua circundante.
Esto pudo limitar la pérdida de agua y el intercambio de sales a través de la superficie corporal. Pero también planteaba un inconveniente: si la piel era menos permeable, el animal necesitaba otras vías para respirar y mantener su equilibrio hídrico.
Branquias para respirar y tal vez para eliminar el exceso de sal
Los representantes del género Gerrothorax conservaban branquias, estructuras especializadas en extraer oxígeno del agua. Los autores sugieren que estas también pudieron participar en la regulación de las sales, de manera semejante a lo que ocurre en muchos peces marinos. Además, proponen que el animal podía ingerir agua salada por la boca y absorberla a través del aparato digestivo.
Así, su fisiología habría dependido menos del intercambio a través de la piel, una transformación fundamental para sobrevivir en el océano.
La precaución científica es importante: los fósiles no permiten observar directamente cómo funcionaban sus órganos. La existencia de la armadura está demostrada, pero los mecanismos concretos de eliminación de sal continúan siendo meras hipótesis fisiológicas.
El estudio propone que estas adaptaciones pudieron surgir gradualmente a partir de características presentes en sus antepasados, antes incluso de que el linaje conquistara plenamente el ambiente marino.
¿Cómo saben los científicos que vivía en el océano?
La conclusión de que el Gerrothorax maritimus era una criatura completamente marina no procede solo de su anatomía.
Los investigadores reunieron tres líneas principales de pruebas: el lugar donde aparecieron los fósiles, su extraordinario estado de conservación y la composición química de sus huesos.
Dos esqueletos casi completos encontrados lejos de la costa
Los ejemplares proceden de sedimentos marinos del Triásico superior, que fueron depositados en una región que entonces formaba parte de un antiguo océano.
La conservación de los restos es excepcional. Ambos esqueletos mantienen buena parte de sus elementos anatómicos en conexión, incluidos diminutos huesos de las extremidades y los dedos.
Este detalle tiene una enorme importancia. Cuando el cadáver de un animal es transportado durante largas distancias por corrientes marinas, la descomposición y los movimientos del agua suelen provocar que los huesos pequeños se separen del resto.
🗣️ «Los cadáveres en el mar, a menos que se hundan inmediatamente, tienden a descomponerse y perder las extremidades antes de llegar al fondo —dice explica Motani. Y precisa—: Pero estos animales conservaron los dedos, lo que significa que probablemente murieron cerca del lugar donde vivían».
La presencia de dos ejemplares con este grado de conservación refuerza la interpretación de que no llegaron allí accidentalmente desde una zona continental.
Los isótopos de estroncio aportan una prueba química
Para comprobar el origen ambiental de los fósiles, el equipo analizó también la proporción de isótopos de estroncio, variantes de un mismo elemento químico que pueden utilizarse para estudiar las condiciones geológicas en las que vivieron determinados organismos.
El estroncio puede incorporarse a los tejidos mineralizados durante la vida de un animal. Sus proporciones isotópicas permiten obtener información sobre las aguas con las que estuvo en contacto.
Los resultados mostraron valores compatibles con los característicos del agua marina del Triásico superior.
Esto respalda la idea de que el Gerrothorax maritimus vivió en un ambiente plenamente marino y obtuvo allí el agua necesaria para su organismo.
Aunque los procesos de fosilización pueden modificar algunas señales químicas, la coincidencia entre los datos geológicos, anatómicos e isotópicos constituye un argumento sólido.
Detalle de la mano izquierda fosilizada del Gerrothorax maritimus. La conservación de sus pequeños huesos refuerza la hipótesis de que este anfibio vivía permanentemente en el océano. Cortesía: Ryosuke Motani / UC Davis
Los anfibios primitivos ya habían explorado las aguas saladas
El descubrimiento del Gerrothorax maritimus no significa que ningún otro anfibio antiguo hubiera penetrado antes en ambientes marinos. Así es, el registro fósil indica que diferentes grupos de temnospóndilos ocuparon ecosistemas costeros, estuarios y zonas donde se mezclaban aguas dulces y saladas.
Algunos trematosáuridos, por ejemplo, poseían cráneos alargados y adaptaciones anatómicas asociadas con una vida acuática que pudo desarrollarse en ambientes marinos. Sin embargo, vivir ocasionalmente en aguas saladas no es lo mismo que completar toda la vida en el océano.
La novedad del hallazgo de Guizhou consiste en que sus características anatómicas, su contexto geológico y los análisis isotópicos proporcionan pruebas convergentes de una adaptación mucho más completa.
Esto amplía la imagen tradicional de los anfibios como animales limitados casi exclusivamente a ambientes de agua dulce. Por otro lado, obliga a reconsiderar la diversidad ecológica de los vertebrados que habitaron los océanos durante el Triásico, cuando reptiles marinos, peces y otros grandes depredadores protagonizaban profundas transformaciones evolutivas.
Detalle del tronco fosilizado del Gerrothorax maritimus, donde se aprecian la columna vertebral, las costillas y su característica armadura ósea. Cortesía: Ryosuke Motani / UC Davis
Qué cambia este descubrimiento en la historia de la evolución
La investigación demuestra que, al menos en una ocasión, un linaje de anfibios primitivos consiguió desarrollar adaptaciones suficientes para ocupar un ambiente marino de manera permanente.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque ilustra un fenómeno evolutivo conocido como exaptación: una característica que surgió para cumplir una función termina proporcionando ventajas para otra diferente.
En este caso, una armadura ósea posiblemente desarrollada como protección frente a depredadores pudo contribuir a limitar los intercambios de agua y sales a través de la piel.
Esa característica habría facilitado una transición evolutiva que parecía fuera del alcance de los anfibios.
El paleontólogo Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, en el Reino Unido, ha calificado el descubrimiento de potencialmente revolucionario en declaraciones recogidas por la revista Nature. Si se confirma plenamente su modo de vida, cambiará nuestra comprensión de las posibilidades evolutivas de estos vertebrados.
El estudio también deja preguntas abiertas. Estas son algunas con más injundia: ¿Cómo se reproducía el Gerrothorax maritimus? ¿Podían los huevos y larvas de este anfibio desarrollarse en agua salada? ¿Qué mecanismos fisiológicos utilizaba exactamente para eliminar el exceso de sales? ¿Existieron otros linajes marinos que todavía no conocemos?
Ninguna de estas cuestiones puede resolverse únicamente con los dos esqueletos encontrados.
Pero los fósiles de Guizhou han proporcionado algo que hasta ahora faltaba: pruebas de que un anfibio primitivo pudo conquistar completamente un entorno que parecía incompatible con su biología.
Hace 237 millones de años, mientras los reptiles marinos dominaban buena parte de los océanos, una criatura acorazada y de cabeza aplanada también había encontrado allí su lugar.
La evolución había descubierto una forma de convertir en habitante del mar a un animal cuyos parientes actuales apenas pueden soportar el agua salada.▪️(27-ocubre-2026)
🌊 El primer anfibio marino: cinco preguntas para entender el descubrimiento
Hace 237 millones de años, un anfibio logró vivir donde sus parientes actuales no pueden: en el océano. ¿Cómo consiguió adaptarse al agua salada y qué revela su descubrimiento sobre la evolución? Estas son las claves.
1. ¿Cuál es el primer anfibio totalmente marino conocido?
Gerrothorax maritimus es el primer anfibio primitivo para el que se han presentado pruebas sólidas de una vida completamente marina. Vivió hace aproximadamente 237 millones de años, durante el Triásico superior.
2. ¿Dónde se encontraron sus fósiles?
Los investigadores descubrieron dos esqueletos casi completos en la provincia de Guizhou, China, en rocas formadas en un antiguo ambiente marino. Su excepcional conservación constituye una de las principales pruebas de que el animal vivía en el océano.
3. ¿Cómo podía sobrevivir en agua salada?
Los científicos proponen que su armadura de placas óseas reducía el intercambio de agua a través de la piel. Sus branquias pudieron participar en la eliminación del exceso de sales y su aparato digestivo, en la absorción del agua ingerida. Estos mecanismos son hipótesis científicas que todavía no han podido demostrarse directamente.
4. ¿Por qué los anfibios actuales no viven en el océano?
La mayoría posee una piel fina y muy permeable, que dificulta mantener el equilibrio de agua y sales en ambientes marinos. Debido a la ósmosis, pueden perder agua corporal y sufrir deshidratación incluso estando sumergidos. Algunas especies toleran aguas salobres, pero ninguna vive exclusivamente en mar abierto.
5. ¿Qué importancia tiene este descubrimiento?
Demuestra que la evolución de los anfibios fue mucho más diversa de lo que se pensaba. Al menos un linaje extinto consiguió desarrollar adaptaciones capaces de superar las barreras fisiológicas que impiden a los anfibios actuales vivir permanentemente en el océano.
Fuente científica: Nature Ecology & Evolution (2026). Consultar el estudio original
Información facilitada por la UCDavis
Fuente: Diao, L., Motani, R., Jiang, Dy. et al. A fully marine stem amphibian from the Late Triassic of China. Nature Ecology & Evolution (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41559-026-03209-9
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