Fósiles de antiguas «salamandras marinas» desvelan una comunidad oculta en los océanos tras la gran extinción del Pérmico

Hace 250 millones de años, cuando la vida luchaba por recuperarse de la mayor extinción de la historia, unos anfibios marinos comenzaron a conquistar los océanos. Ahora, fósiles hallados en Australia muestran que aquellas «salamandras marinas» formaban una comunidad diversa y global mucho antes del reinado de los dinosaurios.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística de Erythrobatrachus noonkanbahensis, una enigmática salamandra marina del Triásico inferior hallada en la remota región de Kimberley, en Australia Occidental.

Recreación artística de Erythrobatrachus noonkanbahensis, una enigmática salamandra marina del Triásico inferior hallada en la remota región de Kimberley, en Australia Occidental. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

Hace unos 252 millones de años, la Tierra era un planeta herido. La mayor extinción masiva de la historia —la del final del Pérmico— había arrasado con más del 80% de las especies marinas y una parte sustancial de la vida terrestre. Los ecosistemas estaban devastados y los mares, prácticamente vacíos.

Sin embargo, en ese escenario de colapso comenzó también una de las grandes historias de recuperación biológica: la rápida expansión de nuevos depredadores marinos. Entre ellos, unos anfibios de aspecto inquietantemente cocodriliano que hoy resurgen del polvo rojo del subsuelo del noroeste australiano.

Un estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology revisa los fósiles de Erythrobatrachus noonkanbahensis, una enigmática salamandra marina del Triásico inferior hallada en la remota región de Kimberley, en Australia Occidental. El trabajo peleontológico no solo aclara la identidad de este animal descrito en los años setenta, sino que revela algo más sugerente: la existencia de una comunidad marina de anfibios mucho más diversa de lo que se pensaba, en los albores de la era de los dinosaurios.

Qué eran las «salamandras marinas» del Triásico

Los protagonistas de la investigación pertenecen a los trematosáuridos, un grupo de temnospóndilos: grandes anfibios que dominaron los ecosistemas acuáticos del Paleozoico y del Triásico. Aunque solemos asociar a los anfibios con las ranas o las salamandras actuales, estos animales poco tenían que ver con ellas.

En efecto, eran depredadores de cráneo alargado, mandíbulas repletas de dientes cónicos y órbitas orientadas hacia arriba y hacia los lados, una disposición que sugiere que acechaban a sus presas desde el agua, con los ojos apenas emergiendo a la superficie.

Tras la extinción del Pérmico, los trematosáuridos fueron uno de los primeros linajes de tetrápodos en dispersarse globalmente por ambientes marinos y costeros. Sus fósiles aparecen en sedimentos del Triásico Inferior de Madagascar, Groenlandia, Pakistán, el archipiélago de Svalbard y Rusia.

En Australia, sin embargo, el registro era sorprendentemente exiguo: apenas una especie descrita a partir de restos fragmentarios procedentes de la llamada Formación Blina Shale, cerca de Noonkanbah Station.

Un fósil perdido… y reencontrado

La historia del Erythrobatrachus noonkanbahensis tiene algo de novela detectivesca. El holotipo, o sea, el espécimen que define oficialmente la especie, fue hallado en 1960 durante una expedición conjunta australiana y estadounidense. Se trataba de un molde interno del cráneo, un steinkern o molde interno, es decir, la impresión que deja el hueso en el sedimento tras su descomposición.

Durante décadas, el fósil recibió escasa atención científica. Parte del material desapareció de forma temporal tras un préstamo no oficial en los años ochenta. En la revisión actual, los investigadores lograron redescubrir el holotipo original en una colección californiana, donde estaba etiquetado erróneamente como perteneciente a otro género . También localizaron moldes en yeso de alta definición y digitalizaron el cráneo en tres dimensiones para facilitar su estudio.

Esa reevaluación detallada ha permitido separar lo que durante medio siglo se consideró una única especie en, al menos, dos formas distintas.

A la izquierda: mandíbula fósil con dientes del anfibio marino Aphaneramma, de hace unos 250 millones de años, hallado en Australia Occidental. A la derecha: sección de cráneo fósil del anfibio marino Erythrobatrachus. Cortesía: Benjamin Kear / Swedish Museum of Natural History

Dos tipos de anfibios marinos en el mismo ecosistema

El holotipo de Erythrobatrachus noonkanbahensis presenta un cráneo relativamente ancho en comparación con otros trematosáuridos de hocico extremadamente estrecho. Una de sus características más llamativas es un prolongado proceso cultriforme del parasfenoides —una estructura ósea del paladar— que se extiende hasta el borde anterior de las coanas, las aberturas internas de las fosas nasales que conectan la cavidad nasal con la nasofaringe y permiten la respiración y el paso de aire. Esta combinación de rasgos permite validar la especie como un taxón distinto.

Sin embargo, otro fósil procedente del mismo yacimiento, previamente atribuido a la misma especie, cuenta una historia diferente. Este segundo ejemplar posee un cráneo extraordinariamente estrecho y alargado, con hileras de dientes finos y densamente empaquetados. Su morfología recuerda de manera notable al género Aphaneramma, un trematosáurido de distribución cosmopolita conocido en regiones tan distantes como Svalbard, en el mar Glacial Ártico; Pakistán y Madagascar .

La conclusión es clara: el conjunto fósil de la Blina Shale no corresponde a una única «salamandra marina», sino a una comunidad de al menos dos trematosáuridos diferentes, con proporciones craneales y denticiones distintas. Posiblemente explotaban nichos ecológicos también distintos.

Un ecosistema costero tras la gran extinción

La formación Blina Shale se depositó en un entorno costero influido por mareas, en el margen de un mar interior que penetraba en el supercontinente Gondwana oriental. Los sedimentos —arcillas ferruginosas, limos y areniscas finas— contienen una mezcla de fósiles marinos y de agua dulce: peces actinopterigios, como el Saurichthys, peces pulmonados, bivalvos, braquiópodos, insectos e incluso restos vegetales .

Las evidencias sedimentológicas indican aguas poco profundas, sometidas a variaciones de salinidad y quizá a inundaciones estacionales. En ese paisaje de deltas y canales salobres convivían anfibios más bentónicos —adaptados a fondos someros o ambientes continentales— con formas claramente marinas como los trematosáuridos.

Lo interesante del asunto es que los trematosáuridos de Blina Shale parecen ser escasos y estar restringidos a un punto concreto del yacimiento, lo que sugiere que ocupaban hábitats específicos, quizá más abiertos o conectados con el mar. Además, mientras que otros temnospóndilos del mismo depósito pertenecen a linajes típicamente gondwánicos, el género afín a Aphaneramma tiene conexiones con faunas del hemisferio norte.

Anfibios marinos que recorrieron Pangea

Hace 250 millones de años, los continentes formaban la Pangea. Las costas del océano Tetis y las plataformas continentales ofrecían corredores marinos continuos que facilitaban la dispersión de especies. La presencia de un trematosáurido similar a Aphaneramma en Australia Occidental apunta a intercambios faunísticos a escala planetaria.

Los autores sugieren que estos anfibios marinos pudieron desplazarse siguiendo las franjas costeras del supercontinente, conectando Laurasia y Gondwana. En contraste, Erythrobatrachus noonkanbahensis podría representar una forma más local o incluso endémica del este de Gondwana.

Así, el remoto desierto rojo australiano se convierte en una pieza clave para reconstruir los primeros pasos de la recuperación ecológica tras la gran catástrofe del Pérmico.

Más antiguos de lo que creíamos

El estudio subraya además la importancia cronológica del hallazgo. Erythrobatrachus noonkanbahensis procede del Induano superior–Olenekiano inferior (Triásico Inferior), lo que lo sitúa entre los tetrápodos marinos más antiguos documentados en Australasia.

En un momento en que los ictiosaurios y otros reptiles marinos comenzaban también su expansión, estos anfibios ya estaban ocupando el papel de grandes depredadores acuáticos.

Su anatomía —cráneos alargados, órbitas orientadas dorsolateralmente, denticiones especializadas— sugiere animales adaptados a la captura de peces en la columna de agua, no simples habitantes de charcas costeras. Algunos pudieron alcanzar cráneos de hasta 40 centímetros de longitud, lo que implica cuerpos considerables para un anfibio.

Recreación de los antiguos anfibios marinos Erythrobatrachus (en primer plano) y Aphaneramma (al fondo) nadando frente a la costa de lo que hoy es el extremo norte de Australia Occidental, hace unos 250 millones de años.

Recreación de los antiguos anfibios marinos Erythrobatrachus (en primer plano) y Aphaneramma (al fondo) nadando frente a la costa de lo que hoy es el extremo norte de Australia Occidental, hace unos 250 millones de años. Cortesía: Pollyanna von Knorring (Swedish Museum of Natural History).

La importancia de revisar

Más allá de la anécdota taxonómica, el trabajo es un recordatorio de la relevancia de revisar colecciones históricas. Fósiles etiquetados hace décadas pueden ocultar interpretaciones erróneas o incompletas.

En este caso, la separación de dos morfologías distintas desmonta la idea de un único taxón y revela una comunidad “críptica” de anfibios marinos.

La ciencia paleontológica avanza no solo con nuevos hallazgos, sino también con nuevas miradas sobre materiales antiguos. La digitalización en 3D del holotipo permitirá ahora comparaciones más precisas con otros trematosáuridos del mundo y refinar su posición evolutiva.

Por qué este descubrimiento es importante para la paleontología

A modo de resumen, el estudio, que ha sido coordinado por Benjamin P. Kea, del Departamento de Paleobiología, en el Museo Sueco de Historia Natural, tiene varias implicaciones clave para la paleontología. Estas son las principales:

1️⃣ Demuestra la rápida recuperación de los ecosistemas marinos. Los grandes depredadores volvieron a aparecer apenas unos millones de años después de la mayor extinción de la historia.

2️⃣ Revela una comunidad marina desconocida. Lo que se creía una sola especie era en realidad un conjunto de anfibios marinos diferentes.

3️⃣ Aporta evidencia de dispersión global temprana. Los trematosáuridos ya se distribuían por todo el planeta en el Triásico temprano.

4️⃣ Sitúa a Australia como región clave. Los fósiles de Kimberley son algunos de los tetrápodos marinos más antiguos de Australasia.

Bajo el sol inclemente de Kimberley, entre arcillas rojas y areniscas estratificadas, descansan los vestigios de aquellos anfibios trotamundos que, mucho antes de que los dinosaurios alcanzaran su apogeo, ya patrullaban los mares de la Pangea.▪️(24-febrero-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Salamandras marinas y Triásico

🦎 ¿Eran realmente salamandras?

No. Se les llama salamandras marinas de forma informal, pero eran anfibios temnospóndilos grandes y muy distintos de las salamandras actuales.

🦎 ¿Vivían en el mar o en agua dulce?

Algunas especies eran marinas o costeras. Otras vivían en ríos y lagos. En Australia coexistían en ambientes salobres.

🦎 ¿Por qué son importantes estos fósiles?

Porque ayudan a entender cómo se recuperó la vida tras la mayor extinción masiva y cómo se dispersaron los primeros depredadores marinos del Triásico.

🦎 ¿Convivieron con dinosaurios?

No exactamente. Estos anfibios marinos aparecieron antes del auge de los dinosaurios, en los inicios de su era.

  • Información facilitada por el Museo Sueco de Historia Natural

  • Fuente: Kear, B. P., Campione, N. E., Siversson, M., Bazzi, M., & Hart, L. J. Revision of the trematosaurid Erythrobatrachus noonkanbahensis confirms a cryptic marine temnospondyl community from the Lower Triassic of Western Australia. Journal of Vertebrate Paleontology (2026). DOI: https://doi.org/10.1080/02724634.2025.2601224

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