Trece expertos en felicidad revelan las claves científicas para disfrutar de una vida plena

Tras acumular 600 años de investigación, un equipo internacional de científicos ha confrontado sus descubrimientos con sus propias vidas para responder a una pregunta universal: ¿qué nos hace realmente felices? Sus conclusiones desmontan algunos mitos sobre el dinero, el éxito y el bienestar, y nos descubren qué es lo que de verdad importa.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La amistad y los vínculos afectivos son pilares fundamentales de la felicidad, según décadas de investigación científica sobre el bienestar humano.

La amistad y los vínculos afectivos son pilares fundamentales de la felicidad, según décadas de investigación científica sobre el bienestar humano. Foto de Carina Gonçalves

¿Qué hace que una vida merezca la pena? ¿Tener dinero, alcanzar el éxito profesional, disfrutar de buena salud o rodearse de personas queridas? Trece destacados investigadores internacionales, que acumulan unos seiscientos años de experiencia científica, han puesto en común sus conocimientos para responder a una de las preguntas más antiguas de la humanidad.

Sus conclusiones, respaldadas por décadas de estudios, apuntan a que la felicidad depende menos de lo que poseemos y más de cómo vivimos, de nuestras relaciones personales y del sentido que damos a nuestra existencia.

El trabajo científico tuvo algo de insólito. A principios de 2026, trece de los principales especialistas internacionales en el estudio de la felicidad se conectaron a una videollamada para abordar una cuestión que, pese a décadas de investigaciones, sigue sin tener una respuesta definitiva: ¿qué necesitamos realmente para disfrutar de una vida plena?

Entre todos acumulaban aproximadamente seis siglos de experiencia académica. Habían dedicado buena parte de sus carreras a investigar por qué algunas personas se sienten satisfechas con su existencia, cómo influyen el dinero y las relaciones sociales en el bienestar o hasta qué punto podemos aprender a ser más felices. Pero aquella conversación incorporaba una pregunta menos habitual: ¿habían cambiado ellos mismos su forma de vivir después de descubrir lo que la ciencia sabe sobre la felicidad?

Las reflexiones de aquel encuentro, recogidas en un artículo publicado en el Journal of Happiness Studies, ofrecen una perspectiva sobre los ingredientes de una buena vida. El trabajo está firmado por Säde Stenlund, de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos; Kelsey O'Connor, del Instituto Estadístico de Luxemburgo; y Lara Aknin, profesora de Psicología Social de la Universidad Simon Fraser, en Canadá.

El resultado no es una fórmula matemática ni un experimento diseñado para descubrir el secreto definitivo de la felicidad. Se trata de un artículo de reflexión que reúne las experiencias y conocimientos de varios pioneros de esta disciplina y los conecta con la investigación acumulada durante décadas.

➡️ Y una de sus conclusiones resulta especialmente reveladora: algunos de los científicos que más saben sobre la felicidad han decidido dedicar más tiempo a sus familiares y amigos precisamente por lo que han aprendido investigándola.

Las relaciones personales, uno de los mayores predictores de felicidad

Si existe un elemento que aparece una y otra vez en las investigaciones sobre el bienestar, es la calidad de nuestras relaciones personales. No se trata necesariamente de tener muchos amigos, formar una familia numerosa o mantener una intensa vida social, sino de contar con personas con las que establecer vínculos significativos.

🗣️ «La felicidad surge de una sinfonía de factores, pero si tuviera que señalar un secreto de la felicidad, podrían ser las relaciones con otras personas», explica Aknin.

La investigadora destaca que disponer de alguien en quien confiar constituye uno de los indicadores más sólidos de bienestar identificados por las ciencias sociales. Sentirse escuchado, recibir apoyo cuando aparecen dificultades o saber que pertenecemos a una comunidad puede influir decisivamente en la manera en que valoramos nuestra existencia.

Por qué compartir tiempo con otras personas nos hace sentir mejor

Las evidencias más recientes refuerzan esta conclusión. El Informe Mundial de la Felicidad 2025 analizó datos de 142 países y territorios para investigar una actividad cotidiana aparentemente trivial: comer acompañado.

Los resultados mostraron que quienes compartían más comidas con otras personas declaraban experimentar una mayor satisfacción vital, más emociones positivas y menos emociones negativas. La asociación era comparable en importancia estadística a factores como los ingresos o el desempleo y se mantenía incluso después de considerar diferencias educativas, laborales y económicas.

Sin embargo, los autores advirtieron de una cuestión fundamental: estos datos no permiten determinar con seguridad si compartir mesa nos hace más felices o si las personas felices tienden a comer acompañadas con mayor frecuencia. Probablemente, ambas circunstancias se refuercen mutuamente.

Säde Stenlund, investigadora de la Universidad de Harvard y coautora del estudio que reúne las reflexiones de trece destacados expertos internacionales sobre las claves de la felicidad y el bienestar humano.

Säde Stenlund, investigadora de la Universidad de Harvard y coautora del estudio que reúne las reflexiones de trece destacados expertos internacionales sobre las claves de la felicidad y el bienestar humano. Cortesía: Mikael Nybacka / Vasablade

¿El dinero da la felicidad? La ciencia ofrece una respuesta más compleja

Durante décadas, una de las grandes controversias de la psicología y la economía del bienestar ha girado alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuánto dinero necesitamos para ser felices?

Los investigadores reunidos por Aknin coinciden en que la seguridad económica constituye una base importante para el bienestar. Disponer de una vivienda digna, alimentarse adecuadamente, acceder a servicios sanitarios y no vivir angustiado por las facturas son condiciones que pueden marcar enormes diferencias.

La cuestión se complica cuando las necesidades fundamentales están cubiertas.

Tradicionalmente se ha considerado que, a medida que aumentan los ingresos, cada cantidad adicional de dinero proporciona una mejora progresivamente menor en la felicidad. Sin embargo, las investigaciones recientes han demostrado que la relación es más compleja.

En 2023, Matthew Killingsworth y Barbara Mellers, de la Universidad de Pensilvania; y Daniel Kahnema, de la Universidad de Princenton, publicaron en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences un estudio que intentaba resolver resultados científicos aparentemente contradictorios.

Su análisis encontró que, entre las personas menos felices, el bienestar emocional tendía a estabilizarse a partir de determinados niveles de ingresos. En cambio, entre quienes ya experimentaban un bienestar relativamente elevado, este seguía aumentando con los ingresos, incluso a niveles altos.

Por tanto, no existe un umbral económico universal a partir del cual el dinero deje de estar relacionado con la felicidad. Sus beneficios dependen también de las circunstancias individuales y del bienestar previo.

La conclusión más prudente es que el dinero puede mejorar nuestras vidas, especialmente cuando permite escapar de la precariedad, pero no garantiza por sí solo relaciones satisfactorias, un propósito vital o equilibrio emocional.

Las cinco claves científicas para vivir mejor

¿Qué necesitamos realmente para disfrutar de una vida plena? Trece expertos internacionales en felicidad identifican cinco factores fundamentales que, según décadas de investigaciones, contribuyen a nuestro bienestar.

  • Relaciones personales: tener personas de confianza y mantener vínculos afectivos de calidad es uno de los indicadores más consistentes de felicidad y bienestar.
  • Seguridad económica: contar con recursos suficientes reduce la incertidumbre y las preocupaciones, aunque ganar más dinero no garantiza ser más feliz.
  • Propósito vital: realizar actividades significativas y coherentes con nuestros valores contribuye a encontrar sentido a la existencia y sentir satisfacción con la vida.
  • Hábitos intencionados: cultivar la gratitud, practicar la generosidad, disfrutar conscientemente de las experiencias positivas y cuidar las relaciones sociales puede mejorar el bienestar.
  • Adaptación emocional: una vida plena no exige sentirse feliz constantemente, sino aprender a afrontar las dificultades y adaptarse a los cambios.

Fuente: Journal of Happiness Studies (2026). Reflexiones de trece especialistas internacionales en ciencia del bienestar.

Tener un propósito en la vida puede ser tan importante como sentir placer

Otra de las ideas destacadas por los investigadores es que una vida plena no consiste exclusivamente en acumular experiencias agradables. Existe una diferencia entre sentirse bien en un momento determinado y considerar que la propia existencia tiene sentido.

Una comida deliciosa, unas vacaciones o una buena noticia pueden producir alegría inmediata. Sin embargo, cuidar de un familiar, desarrollar un proyecto personal o dedicarse a una actividad importante para uno mismo puede proporcionar satisfacción incluso cuando implica esfuerzo, cansancio o dificultades.

Esta distinción conecta con dos grandes dimensiones estudiadas por la psicología:

✅ El bienestar hedónico, relacionado con el placer y las emociones agradables.

✅ El bienestar eudaimónico, vinculado al significado, el desarrollo personal y la realización de nuestros valores.

Los científicos destacan particularmente la importancia de realizar trabajos y actividades que percibamos como valiosos y coherentes con nuestras convicciones.

Eso no significa que todas las personas necesiten encontrar su vocación profesional ni que un empleo satisfactorio pueda compensar cualquier condición laboral. El propósito también puede encontrarse fuera del trabajo: en la crianza, las amistades, el aprendizaje, la creatividad o la participación comunitaria.

Esta visión amplia aparece igualmente en el Global Flourishing Study, una investigación internacional cuyos primeros resultados se publicaron en Nature Mental Health en abril de 2025. El proyecto reúne información de más de 200.000 adultos de veintidós países y estudia el florecimiento humano mediante dimensiones que incluyen felicidad, salud, relaciones, sentido vital y circunstancias materiales.

Su planteamiento refleja un cambio importante en la investigación: comprender el bienestar exige mirar más allá de las emociones positivas o de una única pregunta sobre satisfacción personal.

El dinero y los bienes materiales pueden mejorar nuestra calidad de vida, pero la ciencia demuestra que la riqueza, por sí sola, no garantiza la felicidad.

El dinero y los bienes materiales pueden mejorar nuestra calidad de vida, pero la ciencia demuestra que la riqueza, por sí sola, no garantiza la felicidad. Foto de Spencer Davis en Unsplash

¿Podemos aprender a ser más felices? Los hábitos también importan

Uno de los mensajes más esperanzadores de la reunión es que la felicidad no depende exclusivamente de la personalidad, la genética o las circunstancias en las que nacemos.

Los participantes describieron cómo habían incorporado a sus propias vidas comportamientos respaldados por la investigación: expresar gratitud, prestar mayor atención a las experiencias positivas, escuchar mejor a los demás, practicar la generosidad, participar en actividades comunitarias o dedicar tiempo a sus relaciones.

Estas prácticas pueden contribuir al bienestar, aunque sus resultados no son iguales para todas las personas ni sustituyen la necesidad de unas condiciones de vida adecuadas.

¿Es cierto que podemos controlar el 40% de nuestra felicidad?

En este contexto aparece una cifra muy difundida en la psicología positiva: la propuesta de que aproximadamente la mitad de las diferencias individuales en felicidad estaría relacionado con factores genéticos, el 10 % con las circunstancias vitales y el 40 % con las actividades voluntarias.

Ahora bien, conviene introducir aquí una precisión científica. Esos porcentajes no constituyen una distribución demostrada de la felicidad de cada individuo. El modelo original recibió críticas metodológicas y conceptuales, especialmente por interpretar estimaciones estadísticas sobre diferencias entre personas como si describieran cuánto bienestar puede controlar cada una.

En 2020, Nicholas Brown, de la Universidad de Groninga (Países Bajos), y Julia Rohrer, del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano (Alemania), publicaron una revisión crítica en el Journal of Happiness Studies que cuestionó esa interpretación. Incluso Sonja Lyubomirsky, psicóloga de la Universidad de California en Riverside y una de las autoras del modelo original, reconoció posteriormente, junto con el psicólogo Kennon Sheldon, de la Univerdidad de Misuri, que algunas críticas eran válidas, aunque defendió que las actividades intencionadas sí pueden mejorar el bienestar.

La idea que permanece es menos espectacular, pero científicamente más sólida: nuestras decisiones cotidianas pueden influir en cómo nos sentimos, aunque no exista un porcentaje universal de felicidad bajo nuestro control.

Ser feliz no significa estar contento todo el tiempo

Quizá una de las conclusiones más interesantes del encuentro sea también una de las más contraintuitivas: las personas felices no necesariamente experimentan emociones positivas todo el tiempo.

La tristeza, la frustración, el miedo o la incertidumbre forman parte de cualquier vida humana. Incluso quienes manifiestan una elevada satisfacción vital atraviesan pérdidas, conflictos y periodos difíciles.

➡️ Para Aknin, el bienestar debe entenderse como un proceso dinámico que implica aprender a adaptarse cuando cambian las circunstancias y construir una existencia coherente con los propios valores.

Esta perspectiva evita convertir la felicidad en una obligación permanente. También cuestiona la idea de que sentirse mal ante una situación adversa constituye un fracaso personal.

Y plantea una diferencia esencial entre disfrutar de momentos felices y desarrollar recursos psicológicos, sociales y materiales que ayuden a afrontar las dificultades inevitables.

Las redes sociales pueden facilitar la conexión entre los jóvenes, pero su uso intensivo también se ha relacionado con un menor bienestar emocional y una disminución de la satisfacción vital.

Las redes sociales pueden facilitar la conexión entre los jóvenes, pero su uso intensivo también se ha relacionado con un menor bienestar emocional y una disminución de la satisfacción vital. Foto de Creative Christians en Unsplash

Por qué preocupa a los científicos la pérdida de felicidad entre los jóvenes

La reunión de los investigadores también permitió identificar los desafíos pendientes de una disciplina que ha evolucionado enormemente desde sus inicios, en la década de 1970.

Uno de los más importantes es comprender por qué el bienestar de los jóvenes está disminuyendo en determinadas regiones del planeta.

El Informe Mundial de la Felicidad 2026, en cuya elaboración participa la propia Aknin, advierte de una caída significativa de la satisfacción vital entre los menores de veinticinco años en Norteamérica y Europa Occidental.

El documento identifica asociaciones preocupantes entre el uso intensivo de determinadas redes sociales y un menor bienestar, especialmente entre las adolescentes. Pero también señala que estas relaciones varían según el país, el tipo de plataforma y la forma de utilización.

El sentimiento de pertenencia puede importar más que el tiempo frente a las pantallas

Uno de los hallazgos especialmente interesantes del informe es la importancia del sentimiento de pertenencia al entorno escolar.

En los datos internacionales analizados, las diferencias de satisfacción vital asociadas a sentirse integrado en el colegio eran considerablemente mayores que las relacionadas con determinadas diferencias en el tiempo de uso de las redes sociales.

El resultado vuelve a situar las relaciones humanas en el centro del debate científico. Más allá de reducir el tiempo frente a las pantallas, mejorar el bienestar juvenil exige prestar atención a la soledad, la calidad de las amistades, el apoyo familiar y las oportunidades de integración social.

La felicidad no es únicamente una cuestión individual

Los investigadores reconocen que, en un mundo atravesado por conflictos, desigualdades e incertidumbre, hablar de felicidad puede parecer una preocupación secundaria.

Pero Aknin defiende precisamente lo contrario.

Cuando las personas experimentan bienestar, explica, suelen disponer de más recursos y motivación para implicarse en su entorno, ayudar a quienes las rodean y participar en la vida colectiva.

La generosidad ocupa un lugar relevante en esta relación. Distintas investigaciones han encontrado que ayudar a otras personas puede producir beneficios emocionales para quien ofrece esa ayuda, aunque su magnitud dependa del contexto y de las circunstancias. Una revisión metaanalítica publicada en el Psychological Bulletin en 2020 encontró una asociación positiva entre los comportamientos prosociales y el bienestar.

La conclusión es importante, porque desplaza el debate desde la responsabilidad exclusivamente individual hacia las condiciones sociales que permiten vivir mejor.

No todo el mundo tiene las mismas posibilidades de dedicar tiempo a sus seres queridos, elegir un trabajo significativo o participar en actividades comunitarias. La precariedad económica, las jornadas laborales excesivas, los problemas de salud y el aislamiento pueden dificultar esas oportunidades.

Por eso, la ciencia de la felicidad no solo sirve para orientar decisiones personales. También puede proporcionar información útil para diseñar políticas públicas que favorezcan la seguridad económica, la salud mental, la conciliación y los espacios de convivencia.

Después de décadas intentando medir un fenómeno tan escurridizo como el bienestar humano, los especialistas no han encontrado una receta infalible. Sí han identificado algo que se repite con notable consistencia: importan las condiciones materiales, importa tener un propósito y, sobre todo, importa sentirse conectado con los demás.

Tal vez el hallazgo más elocuente sea que algunos de quienes han dedicado su vida a investigar la felicidad hayan decidido modificar la suya para pasar más tiempo con las personas que quieren.

Porque, al final, una vida plena parece construirse menos acumulando cosas que cultivando aquello que hace que nuestra existencia tenga sentido, especialmente los vínculos con otras personas.▪️(27-octubre-2026)

¿Qué dice la ciencia sobre la felicidad? Seis preguntas clave

¿El dinero nos hace felices? ¿Podemos aprender a disfrutar más de la vida? ¿Es posible sentirse triste y tener una existencia plena? La investigación científica ofrece respuestas a algunas de las grandes preguntas sobre la felicidad y el bienestar humano.

1. ¿Cuál es la principal clave de la felicidad según la ciencia?

Las relaciones personales de calidad son uno de los factores más consistentemente asociados con la felicidad. Contar con personas de confianza y sentirse parte de una comunidad contribuye al bienestar, junto con la seguridad económica, la salud y el sentido vital.

2. ¿El dinero da la felicidad?

El dinero puede mejorar el bienestar al proporcionar seguridad económica y reducir preocupaciones. Los estudios muestran que mayores ingresos pueden seguir asociados con mayor felicidad, pero no existe una cantidad universal que garantice una vida plena.

3. ¿Se puede aprender a ser más feliz?

Determinados hábitos, como expresar gratitud, fortalecer las relaciones sociales, practicar la generosidad o prestar atención a experiencias positivas, pueden favorecer el bienestar. Sin embargo, sus efectos varían y no existe un método universal.

4. ¿Qué diferencia existe entre felicidad y bienestar?

La felicidad suele relacionarse con emociones positivas y satisfacción vital. El bienestar es un concepto más amplio que también incorpora salud, relaciones sociales, seguridad económica, autonomía y propósito vital.

5. ¿Es posible tener una vida plena y sentirse triste?

Sí. Experimentar tristeza, frustración o miedo no impide disfrutar de una vida satisfactoria. El bienestar incluye la capacidad de adaptarse a situaciones difíciles y encontrar sentido a la existencia.

6. ¿Qué estudio reúne las conclusiones de los trece investigadores?

El artículo Reflections on the Past, Present, and Future of Well-Being Science from Several of Its Pioneers, publicado el 25 de agosto de 2026 en la revista científica Journal of Happiness Studies. Se trata de una reflexión de especialistas basada en décadas de investigación, no de un nuevo experimento.

Fuente: Journal of Happiness Studies (2026). Consultar el artículo científico original .

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