Descubren un exoplaneta similar a Júpiter con una órbita de 130 días gracias al TESS
Un único tránsito bastó para ponerlo en el radar, pero hicieron falta años de observaciones para confirmarlo. TOI-6692 b, un exoplaneta similar a Júpiter, recorre una órbita larga y excéntrica de 130 días y se ha convertido en una pieza clave para entender cómo se forman y evolucionan los gigantes gaseosos fuera del Sistema Solar.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Ilustración artística de TOI-6692 b, un exoplaneta gigante gaseoso similar a Júpiter, orbitando una estrella parecida al Sol en una trayectoria amplia y excéntrica. El planeta, templado y con bandas nubosas, representa el tipo de mundos de período largo detectados por el telescopio espacial TESS y confirmados mediante observaciones desde tierra. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Desde que en 1995 los astrónomos Michel Mayor y Didier Queloz descubriesen el primer planeta extrasolar orbitando alrededor de una estrella, la búsqueda de exoplanetas se ha visto dominada por mundos extremos: gigantes gaseosos abrasados por sus estrellas, órbitas vertiginosas de apenas unos días y planetas tan cercanos a sus soles que desafían las teorías clásicas de formación planetaria.
Pero, lejos de ese protagonismo mediático, existe otra población mucho más esquiva y silenciosa: los planetas gigantes con órbitas largas, parecidos a Júpiter, que tardan meses en completar una vuelta y reciben una irradiación estelar moderada.
Estos mundos son raros no porque no existan, sino porque son difíciles de detectar. El descubrimiento de TOI-6692 b, anunciado ahora por un amplio consorcio internacional de astrónomos, es una demostración de hasta qué punto la paciencia, la colaboración y la perseverancia siguen siendo virtudes esenciales en la exploración del cosmos.
TOI-6692 b: un Júpiter templado con una órbita larga y excéntrica
TOI-6692 b es un planeta gigante gaseoso con una masa algo inferior a la de Júpiter y un tamaño prácticamente idéntico. Orbita alrededor de una estrella similar al Sol situada a unos 310 años luz de la Tierra, en una región del cielo austral.
Su rasgo más distintivo es su período orbital: TOI-6692 b tarda unos 130 días en completar una vuelta alrededor de su estrella. En astronomía exoplanetaria, eso es mucho tiempo.
Es tan largo, de hecho, que el telescopio espacial TESS, que forma parte del Programa Explorers de la NASA y fue diseñado para observar grandes áreas del cielo durante periodos limitados, solo logró captar un único tránsito del planeta, una breve disminución del brillo estelar causada por el paso del planeta por delante de su estrella.
Cómo se descubrió: del ojo humano al telescopio de precisión
Ese único tránsito, registrado en 2021, habría pasado fácilmente desapercibido para los algoritmos de detección. Fue necesario el ojo atento de científicos ciudadanos, participantes en proyectos como Planet Hunters y el Visual Survey Group, para identificar la señal y señalarla como candidata a planeta
Aquel destello fugaz fue el inicio de una investigación que se prolongaría durante varios años y que requeriría el uso combinado de algunos de los instrumentos astronómicos más precisos del planeta.
Confirmar un exoplaneta a partir de un solo tránsito es uno de los mayores retos observacionales actuales. Sin una repetición periódica, el período orbital es incierto y las predicciones sobre futuros tránsitos se vuelven difusas, con márgenes de error de varios días.
Constatar lo invisible: la técnica de la velocidad radial
En el caso de TOI-6692 b, los astrónomos recurrieron a la técnica de la velocidad radial, que mide los pequeños bamboleos de la estrella causados por la gravedad del planeta. Para ello, se emplearon espectrógrafos de alta precisión instalados en telescopios de Chile y otros observatorios, capaces de detectar variaciones de apenas unos metros por segundo, comentan los autores del estudio, publicado en el repositorio de acceso abierto y gratuito arXiv de la Universidad Cornell.
Tras años de seguimiento, los datos revelaron una señal clara: un planeta con una masa equivalente a unas dos terceras partes de la de Júpiter y que describe una órbita excéntrica. A diferencia de los planetas del Sistema Solar, cuyas órbitas son casi circulares, TOI-6692 b se mueve en una trayectoria alargada, acercándose y alejándose de su estrella de forma pronunciada.
Su excentricidad orbital, cercana a 0,54, es alta pero no extrema, y encaja bien con los modelos teóricos que explican la evolución orbital mediante interacciones gravitatorias entre planetas.
Qué nos dice este planeta sobre la formación planetaria
Esta característica convierte al nuevo planeta en una pieza clave para comprender cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios. Durante años, los astrónomos han debatido el origen de los llamados Júpiteres calientes, gigantes gaseosos que orbitan muy cerca de sus estrellas.
Una de las hipótesis plantea que nacen lejos y migran hacia el interior del sistema, a menudo siguiendo trayectorias muy excéntricas. Sin embargo, TOI-6692 b no encaja del todo en ese escenario. Su órbita sugiere que ha experimentado interacciones dinámicas, pero sin llegar a los extremos que caracterizan a los planetas que acaban cayendo hacia el interior.
Además, al tratarse de un planeta relativamente frío —con una temperatura de equilibrio de unos 200 grados centígrados—, TOI-6692 b ofrece una oportunidad excepcional para estudiar la estructura interna de los gigantes gaseosos sin la distorsión que produce la intensa irradiación estelar.
Muchos Júpiteres calientes aparecen inflados, con radios mayores de lo que predicen los modelos teóricos. En cambio, el nuevo planeta encaja perfectamente en las relaciones masa-radio, lo que refuerza la idea de que estos mundos más templados conservan mejor la memoria de su formación.
Una incertidumbre despejada desde tierra
En palabras de Allyson Bieryla, astrónoma del Harvard–Smithsonian Center for Astrophysics y autora principal del descubrimiento, el trabajo no se limitó a confirmar la existencia del planeta. Los investigadores organizaron una ambiciosa campaña de observación fotométrica desde tierra. Para ello, utilizaron una red global de telescopios robóticos distribuidos en Chile, Sudáfrica y Australia.
Durante casi dos semanas, los instrumentos vigilaron la estrella noche tras noche, intentando capturar de nuevo el tránsito perdido. La tarea era casi imposible: el tránsito dura más de once horas, más de lo que permite observar una estrella desde un solo lugar sin que se oculte bajo el horizonte.
Aun así, los datos combinados mostraron una leve pero coherente señal compatible con el paso del planeta. No fue suficiente para registrar con claridad el inicio y el final del tránsito, pero sí para refinar el período orbital y reducir significativamente la incertidumbre.
El ESS está diseñado para encontrar y estudiar los exoplanetas más cercanos a la Tierra. Cortesía: NASA's Goddard Space Fight Center
TOI-6692 podría tener un compañero
Es, sin duda alguna, un logro técnico que demuestra hasta qué punto la astronomía moderna se apoya en redes coordinadas y en una estabilidad instrumental que hace solo una década parecía inalcanzable.
El sistema TOI-6692 guarda además otro misterio. Las mediciones de velocidad radial revelan una tendencia a largo plazo que no puede explicarse solo por el planeta detectado. Todo indica que podría existir un segundo planeta o compañero, más lejano y masivo, cuya órbita aún no ha sido determinada.
No se trata de una detección directa, sino de una pista, una huella gravitatoria que invita a seguir observando. Si se confirma, el sistema se convertiría en un laboratorio astrofísico aún más interesante para estudiar las interacciones entre planetas gigantes.
Por qué TOI-6692 b importa más de lo que parece
Más allá del caso concreto, el descubrimiento de TOI-6692 b pone de relieve las limitaciones y virtudes de la exploración exoplanetaria actual. El TESS ha demostrado ser una herramienta extraordinaria para identificar miles de candidatos a exoplanetas, pero muchos de los mundos más interesantes —los más parecidos a los planetas del sistema solar— exigen un esfuerzo sostenido y costoso para ser confirmados.
Cada uno de estos planetas requiere años de observación, decenas de noches de telescopio y la coordinación de equipos científicos internacionales.
La recompensa, sin embargo, es enorme. Mundos como TOI-6692 b ayudan a completar el censo de exoplanetas que orbitan otras estrellas y a poner en contexto nuestro propio sistema planetario. No son exóticos ni extremos, pero precisamente por eso son valiosos: representan una población que quizá sea común en la galaxia y que hasta ahora apenas hemos podido estudiar.
En un campo acostumbrado a titulares sobre supertierras ardientes o atmósferas exoplanetarias imposibles, el nuevo planeta recuerda que la ciencia también avanza gracias a descubrimientos discretos, construidos con paciencia y rigor. Un único tránsito, detectado por voluntarios anónimos, ha acabado revelando un mundo lejano que gira con calma alrededor de su estrella, siguiendo una danza elíptica que los astrónomos empiezan ahora a comprender.
Es, en muchos sentidos, una victoria de la astronomía lenta en una era de descubrimientos rápidos.▪️(3-febrero-2026)
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Fuente: Allyson Bieryla et al. TOI-6692b: An eccentric 130 day period giant planet with a single transit from TESS. arXiv (2026). DOI: https://doi.org/10.48550/arXiv.2601.16357

