Descubren un posible nuevo planeta enano más allá de Plutón que ya había sido fotografiado en 2016

Un mundo helado de hasta 1.500 kilómetros de diámetro llevaba una década apareciendo en imágenes astronómicas sin que nadie reparase en él. Ahora, el Observatorio Vera C. Rubin lo ha identificado a casi 7.000 millones de kilómetros del Sol, lo que abre una nueva ventana a los secretos del Sistema Solar.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística de cómo podría ser 2026 ED138, el nuevo candidato a planeta enano descubierto por el Observatorio Vera C. Rubin a casi 7.000 millones de kilómetros del Sol.

Recreación artística de cómo podría ser 2026 ED138, el nuevo candidato a planeta enano descubierto por el Observatorio Vera C. Rubin a casi 7.000 millones de kilómetros del Sol. Su superficie y composición exactas siguen siendo desconocidas. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Durante al menos una década, un mundo helado de dimensiones extraordinarias ha permanecido oculto entre millones de estrellas en las profundidades del Sistema Solar. No porque estuviera demasiado lejos para ser detectado, sino porque se encontraba en una de las regiones más congestionadas del firmamento, camuflado entre millones de soles. Ahora, un potente telescopio instalado en los Andes chilenos ha conseguido encontrarlo. Y lo que ha descubierto podría ampliar la pequeña familia de planetas enanos a la que pertenece Plutón.

El protagonista de esta historia tiene, por el momento, un nombre poco evocador: 2026 ED138. Se trata de un objeto transneptuniano, es decir, un cuerpo que gira alrededor del Sol más allá de la órbita de Neptuno. Su diámetro estimado oscila entre los 600 kilómetros y los 1.500 kilómetros. Para hacerse una idea de sus dimensiones, en el extremo superior de esa estimación sería aproximadamente tres veces más ancho que la península ibérica de norte a sur. Una amplitud considerable que todavía habrá que acotar mediante nuevas observaciones.

El hallazgo, que acaba de ser anunciado por el Observatorio Vera C. Rubin, que posee un espejo de 8,4 metros y la cámara más grande jamás construida para las observciones astronómicas y astrofísicas, ha despertado una enorme expectación entre los expertos. Y no es para menos. Encontrar un cuerpo de estas características constituye un acontecimiento excepcional, y podría ser uno de los descubrimientos más relevantes realizados en los confines del Sistema Solar durante las dos últimas décadas.

Mario Jurić, profesor de Astronomía de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, y responsable científico del programa dedicado al Sistema Solar del observatorio, lo ha descrito como un hallazgo que puede producirse una vez por generación. Según el investigador, se trata del mayor objeto transneptuniano encontrado en aproximadamente veinte años. Y lo más llamativo del hallazgo es que el observatorio consiguió identificarlo utilizando datos obtenidos durante los preparativos de su funcionamiento científico.

La búsqueda de un mundo escondido entre miles de millones de estrellas

La historia comenzó la tarde del pasado 13 de octubre. Matthew Holman, astrofísico del Centro de Astrofísica Harvard y Smithsonian, estaba examinando observaciones realizadas por el telescopio meses atrás. No buscaba un planeta enano concreto, sino que utilizaba un programa informático desarrollado junto con su colega Kevin Napier para detectar objetos que se desplazan lentamente por el firmamento.

El procedimiento es tan complejo como fascinante. El algoritmo analiza miles de millones de detecciones astronómicas, compara sus posiciones y busca patrones compatibles con un mismo objeto que cambia de lugar entre distintas observaciones. Es una especie de investigación detectivesca a escala cósmica: encontrar una señal diminuta y seguirle la pista entre una multitud de puntos luminosos.

En ese inmenso océano de información apareció algo inesperado.

El objeto parecía demasiado brillante para encontrarse a semejante distancia. Y eso sugería que podía ser extraordinariamente grande. Holman reconoció que su primera reacción fue de entusiasmo e incredulidad. Antes de celebrar el descubrimiento, comenzó a revisar sus cálculos y el funcionamiento del programa: los cuerpos de estas dimensiones son tan escasos que un error parecía una explicación más probable.

Sin embargo, no había ningún fallo evidente.

Jurić emprendió entonces una búsqueda en los archivos del Vera C. Rubin y encontró otras veinte observaciones del objeto. En conjunto, el telescopio lo había registrado una treintena de veces durante veinte noches distintas, entre el 4 de marzo y el 11 de julio de 2026.

Pero la investigación todavía guardaba otra sorpresa. Gracias a imágenes antiguas obtenidas con la cámara de energía oscura (DECam), instalada en el telescopio Víctor M. Blanco, también en Chile, los investigadores localizaron rastros del mismo cuerpo que se remontaban a 2016.

En otras palabras, el posible planeta enano llevaba al menos una década apareciendo en observaciones astronómicas sin que nadie hubiera reconocido su presencia. La búsqueda retrospectiva fue facilitada por el servicio ADAM Precovery, del Asteroid Institute, y permitió reconstruir más de diez años de su trayectoria orbital.

Mario Jurić, astrónomo de la Universidad de Washington y responsable científico del programa de estudios del Sistema Solar del Observatorio Vera C. Rubin, que ha descubierto el nuevo candidato a planeta enano 2026 ED138.

Mario Jurić, astrónomo de la Universidad de Washington y responsable científico del programa de estudios del Sistema Solar del Observatorio Vera C. Rubin, que ha descubierto el nuevo candidato a planeta enano 2026 ED138. Cortesía: Christopher Michel

Qué es 2026 ED138 y por qué es importante su descubrimiento

Para comprender la importancia del descubrimiento conviene viajar mentalmente hasta las regiones más alejadas del Sistema Solar.

La Tierra se encuentra a una distancia media del Sol de unos 150 millones de kilómetros. Los astrónomos utilizan esa separación como unidad de referencia, y la conocen como unidad astronómica (UA).

Pues bien, 2026 ED138 se encuentra actualmente a unas 46 unidades astronómicas de nuestra estrella. Eso equivale aproximadamente a 6.900 millones de kilómetros, una distancia tan descomunal que la luz solar tarda más de seis horas en recorrerla.

Como comparación, la distancia media de Plutón al Sol ronda las 40 unidades astronómicas. El nuevo objeto se encuentra, por tanto, en una región exterior a la distancia orbital media de Plutón, aunque esta comparación no significa que permanezca siempre más lejos que él.

A semejante distancia, la luz y el calor del Sol que llegan a este objeto son extraordinariamente débiles. Se trata de un territorio dominado por cuerpos helados, restos de los materiales que participaron en la formación del Sistema Solar hace unos 4.600 millones de años.

Buena parte de estos objetos pertenece a la extensa población transneptuniana, que está formada por miles de objetos de distintos tamaños, muchos de ellos ricos en hielos y materiales que apenas han experimentado transformaciones desde la formación de los planetas. Su estudio está proporcionando información esencial sobre los primeros capítulos de nuestra historia planetaria.

Y 2026 ED138 podría ser uno de sus representantes más interesantes.

Por qué 2026 ED138 podría convertirse en un planeta enano

El descubrimiento plantea una pregunta inevitable: ¿estamos ante un nuevo planeta enano?

La respuesta es que todavía es pronto para afirmarlo.

Desde 2006, la Unión Astronómica Internacional distingue entre planetas y planetas enanos. Estos últimos son cuerpos que orbitan alrededor del Sol, no son satélites y poseen suficiente masa para que su propia gravedad les proporcione una forma aproximadamente redondeada. Sin embargo, a diferencia de los planetas, no dominan gravitatoriamente su entorno orbital y comparten esa región del espacio con numerosos objetos de tamaños diversos.

Actualmente, la organización reconoce oficialmente cinco: Ceres, Plutón, Eris, Haumea y Makemake. Existen, sin embargo, otros cuerpos que muchos investigadores consideran candidatos sólidos a formar parte de esta categoría.

Lo interesante de 2026 ED138 es su tamaño, que como ya se ha adelandado está entre los 600 kilómetros y los 1.500 kilómetros de diámetro. La diferencia entre ambos extremos depende, en gran medida, de cómo refleje la luz solar. Un cuerpo pequeño con una superficie muy reflectante puede parecer tan brillante como otro mucho mayor, pero más oscuro.

Los objetos helados de estas dimensiones suelen tener suficiente gravedad para adquirir una forma redondeada, lo que convierte a ED138 en un candidato prometedor. Sin embargo, se necesitan observaciones en el infrarrojo para determinar mejor su tamaño y establecer si realmente reúne las características físicas de un planeta enano. Por ahora, la designación de candidato es la científicamente correcta.

Mosaico de imágenes del Observatorio Vera C. Rubin que muestra el desplazamiento del candidato a planeta enano 2026 ED138 entre marzo y julio de 2026. Este mundo helado, situado más allá de Plutón, había pasado inadvertido durante años.

Mosaico de imágenes del Observatorio Vera C. Rubin que muestra el desplazamiento del candidato a planeta enano 2026 ED138 entre marzo y julio de 2026. Este mundo helado, situado más allá de Plutón, había pasado inadvertido durante años. Cortesía: NSF–DOE Vera C. Rubin Observatory/NOIRLab/SLAC/AURA.

Una órbita que podría revelar cómo se movió Neptuno

El nuevo objeto no solo interesa por sus posibles dimensiones. Su trayectoria alrededor del Sol también contiene pistas sobre el pasado del Sistema Solar.

Los astrónomos han determinado que su órbita está inclinada casi 25 grados respecto al plano de referencia de las órbitas planetarias. Esta característica permite clasificarlo dentro de una población conocida como objetos transneptunianos clásicos calientes.

El término puede resultar engañoso: no significa que estos cuerpos tengan temperaturas elevadas. En astronomía dinámica, la voz caliente se refiere a una población cuyas órbitas presentan inclinaciones y movimientos más variados que los de otra población denominada fría.

¿Y por qué es importante esta diferencia? Porque las órbitas conservan parte de la memoria gravitatoria de los cuerpos celestes. Según los investigadores, la trayectoria inclinada de ED138 sugiere que las interacciones gravitatorias con Neptuno pudieron alterar su órbita original.

Esta interpretación conecta el descubrimiento con una de las grandes cuestiones de la astronomía planetaria: cómo llegaron los gigantes gaseosos y helados a ocupar sus posiciones actuales.

Los modelos de formación de nuestro sistema solar indican que los planetas gigantes pudieron desplazarse a lo largo de su historia temprana. Durante esas migraciones, sus campos gravitatorios habrían dispersado numerosos cuerpos pequeños, empujándolos hacia regiones distantes o modificando sus órbitas.

Estudiar objetos como ED138 permite investigar las consecuencias de aquellos movimientos y reconstruir un pasado que ningún telescopio pudo observar directamente.

El Observatorio Rubin: una nueva forma de explorar el Sistema Solar

Una de las preguntas más interesantes es por qué un cuerpo potencialmente tan grande había pasado inadvertido durante tanto tiempo.

La respuesta está en el lugar del cielo donde se encontraba.

ED138 apareció cerca del plano de la Vía Láctea, una franja muy poblada de estrellas. Para los telescopios convencionales, identificar un objeto débil y de movimiento lento entre millones de fuentes luminosas constituye un desafío formidable.

Pero el Vera C. Rubin ha sido diseñado precisamente para registrar cambios en el cielo con una capacidad sin precedentes.

Situado en el Cerro Pachón, en Chile, dispone del telescopio de investigación Simonyi y de una cámara digital de aproximadamente 3.200 megapíxeles. Su misión consiste en observar repetidamente enormes extensiones del cielo austral durante una década, lo que permite construir una especie de película del universo en constante transformación.

El programa, denominado Legacy Survey of Space and Time (LSST), comenzó en junio de 2026. Su objetivo no se limita a descubrir objetos del Sistema Solar: también permitirá estudiar estrellas variables, explosiones estelares, galaxias y fenómenos relacionados con la materia y la energía oscuras.

Edward Ajhar, director del programa Rubin en la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, considera que el gran poder del observatorio es su capacidad para registrar el movimiento y los cambios de innumerables objetos y fenómenos que antes permanecían fuera de nuestro alcance. «Esa capacidad amplía enormemente nuestras posibilidades de descubrir y comprender cosas nuevas sobre nuestro Sistema Solar, la Vía Láctea y miles de millones de otras galaxias en todo el universo», dice Ajhar.

La combinación de observaciones repetidas, sensibilidad y potentes sistemas informáticos permite identificar movimientos sutiles que pasarían inadvertidos en una imagen aislada.

Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con ED138.

Representación de la órbita del candidato a planeta enano 2026 ED138 (en verde), situado más allá de Neptuno. La imagen muestra su posición el 8 de mayo de 2026 y compara su trayectoria con las de los planetas gigantes del Sistema Solar.

Representación de la órbita del candidato a planeta enano 2026 ED138 (en verde), situado más allá de Neptuno. La imagen muestra su posición el 8 de mayo de 2026 y compara su trayectoria con las de los planetas gigantes del Sistema Solar. Cortesía: NSF–DOE Vera C. Rubin Observatory/NOIRLab/SLAC/AURA

Un descubrimiento que demuestra cuánto desconocemos de nuestro vecindario cósmico

El hallazgo de ED138 podría ser solo el comienzo.

En abril de 2026, antes del inicio formal del LSST, el equipo del observatorio ya había presentado al Centro de Planetas Menores observaciones de más de 11.000 asteroides nuevos, incluidos aproximadamente 380 objetos transneptunianos.

Aquellos resultados fueron descritos por los científicos como la punta del iceberg. El hallazgo de ED138 parece darles la razón.

Holman considera que el nuevo candidato podría incorporarse a una familia muy reducida de mundos. Y señala que el barrido sistemático del cielo austral durante los próximos diez años permitirá buscar otros cuerpos semejantes en regiones que las campañas anteriores apenas habían explorado.

La gran novedad no reside solo en descubrir nuevos objetos, sino también en reconocerlos en registros antiguos. Una vez localizado un cuerpo, los investigadores pueden examinar archivos de observaciones anteriores y reconstruir su movimiento con mucha mayor precisión.

Este procedimiento, conocido como precovery o recuperación retrospectiva, convierte los archivos astronómicos en una especie de máquina del tiempo científica.

Por ahora, 2026 ED138 sigue siendo un candidato. Habrá que confirmar sus dimensiones, determinar mejor sus propiedades físicas y comprobar si merece entrar oficialmente en la categoría de planeta enano. Pero, independientemente de cuál sea su clasificación definitiva, su descubrimiento demuestra que el inventario de nuestro vecindario cósmico está lejos de completarse.

Durante siglos, los seres humanos hemos imaginado el Sistema Solar como una familia relativamente bien conocida de mundos que giran alrededor del Sol. Sin embargo, más allá de Neptuno existe una inmensa población de cuerpos helados cuyas características apenas comenzamos a conocer.

El Observatorio Vera C. Rubin acaba de encontrar uno de sus posibles grandes protagonistas. Y quizá lo más emocionante no sea el objeto que acaba de descubrir, sino todos los que todavía permanecen escondidos entre las estrellas. ▪️(28-octubre-2026)

🌌 2026 ED138: las preguntas clave sobre el posible nuevo planeta enano

¿Qué han descubierto los astrónomos más allá de Plutón? ¿Por qué este mundo helado había pasado inadvertido durante diez años? Estas son las respuestas a las principales preguntas sobre el hallazgo del Observatorio Vera C. Rubin.

1. ¿Qué ha descubierto el Observatorio Vera C. Rubin?

Ha identificado 2026 ED138, un gran objeto transneptuniano que podría reunir las características necesarias para ser clasificado como planeta enano. El descubrimiento fue anunciado el 27 de octubre de 2026.

2. ¿2026 ED138 es un planeta enano confirmado?

No, todavía es un candidato. Los astrónomos necesitan determinar mejor su tamaño y comprobar que posee suficiente masa para que su propia gravedad le proporcione una forma aproximadamente redondeada.

3. ¿Cuánto mide 2026 ED138?

Su diámetro estimado se sitúa entre 600 y 1.500 kilómetros. La incertidumbre se debe principalmente a que todavía se desconoce cuánto refleja su superficie la luz solar.

4. ¿Está más lejos del Sol que Plutón?

Actualmente, sí. 2026 ED138 se encuentra a unas 46 unidades astronómicas del Sol, equivalentes a unos 6.900 millones de kilómetros. La distancia orbital media de Plutón es de unas 40 unidades astronómicas.

5. ¿Por qué no se había descubierto antes?

Porque aparece en una región del cielo próxima al plano de la Vía Láctea, donde millones de estrellas dificultan la detección de objetos débiles en movimiento. Aunque ya había sido fotografiado en 2016, su presencia no se reconoció hasta que los científicos analizaron nuevas observaciones del Rubin y revisaron imágenes antiguas.

6. ¿Cuántos planetas enanos hay oficialmente en el Sistema Solar?

La Unión Astronómica Internacional reconoce cinco: Ceres, Plutón, Eris, Haumea y Makemake. Existen otros objetos considerados candidatos que todavía no han recibido esta clasificación oficial.

7. ¿Qué importancia científica tiene este descubrimiento?

El hallazgo permite estudiar la población de cuerpos helados situada más allá de Neptuno y obtener nuevas pistas sobre la formación del Sistema Solar, la migración de los planetas gigantes y la evolución de sus órbitas. También demuestra el potencial del Observatorio Vera C. Rubin para descubrir mundos que han permanecido inadvertidos durante décadas.

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