Descubren una enorme nube de gas con vientos metálicos orbitando un objeto misterioso
Durante casi nueve meses, una estrella dejó de brillar como siempre, ocultada por una gigantesca nube de gas cargada de metales en movimiento. La observación revela un fenómeno extremo y poco común que podría estar ligado a un planeta gigante o a un objeto aún desconocido.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Ilustración artística de un gran disco de escombros planetarios, rodeado por una densa nube de gas y polvo, pasando frente a su estrella. Observaciones con el espectrógrafo GHOST del telescopio Gemini Sur permitieron medir por primera vez el movimiento interno del gas en un disco que orbita un objeto secundario, como un planeta o una estrella de baja masa. Cortesía: International Gemini Observatory/NOIRLab/NSF/AURA/P. Marenfeld & M. Zamani.
A lo largo de casi nueve meses, una estrella aparentemente corriente de nuestra galaxia se desvaneció sin previo aviso. No fue una pulsación interna ni una explosión lejana, sino algo mucho más extraño: una gigantesca nube de gas y polvo pasó lentamente por delante de ella, a modo de un eclipse cósmico prolongado.
En el proceso, los astrónomos han detectado por primera vez metales vaporizados y vientos en una estructura que podría rodear a un objeto invisible, quizá un planeta masivo o algo aún más exótico. El hallazgo, liderado por la astrónoma Nadia Zakamska, del Departamento de Física y Astronomía, en la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos), abre una ventana inédita al estudio de discos ocultos en sistemas estelares maduros.
El fenómeno, bautizado como ASASSN-24fw, fue identificado en 2024 por el sistema automático ASAS-SN, una red global de telescopios diseñada para vigilar el cielo en busca de eventos transitorios. La señal llamó la atención de inmediato: la estrella, situada a unos mil años luz de la Tierra, perdió alrededor de cuatro magnitudes de brillo, es decir, se volvió unas cuarenta veces más débil. Y lo más sorprendente no fue solo la profundidad del oscurecimiento, sino su duración: unos 254 días, una eternidad en términos astronómicos.
Este tipo de apagones prolongados son extremadamente raros en estrellas de la secuencia principal, como el Sol. En la mayoría de los casos conocidos, los descensos bruscos de brillo se deben a planetas que pasan por delante de su estrella, pero esos tránsitos duran horas o, como mucho, días. Aquí, en cambio, el oscurecimiento fue suave, continuo y prolongado, una pista clara de que el objeto responsable debía de ser enorme y estar situado muy lejos de la estrella.
🗣️ «Las estrellas como el Sol no dejan de brillar sin motivo, así que eventos de oscurecimiento tan dramáticos como este son muy poco frecuentes», subraya Zakamska.
Una nube que no debería existir
El seguimiento histórico del archivo fotográfico de Harvard reveló un dato clave: la estrella ya había sufrido eclipses similares en 1937 y 1981. Con esas tres pistas separadas por décadas, los investigadores pudieron reconstruir la órbita del objeto ocultador. Todo apunta a que se mueve a unas 14 unidades astronómicas de la estrella (una distancia comparable a la de Saturno al Sol) y completa una vuelta cada 44 años.
Eso plantea un enigma inmediato. La estrella tiene más de 2.000 millones de años, una edad respetable en la que los discos de gas y polvo que rodean a las estrellas jóvenes deberían haber desaparecido hace mucho tiempo. Sin embargo, lo que bloqueó la luz no fue una nube pasajera ni un enjambre de escombros efímeros, sino una estructura estable, extensa y rica en gas.
Para desentrañar su naturaleza, el equipo recurrió a la espectroscopia, la técnica que permite descomponer la luz en sus colores y leer en ellos la firma química y dinámica de la materia que la ha atravesado. Ahí es donde entró en juego el telescopio Gemini Sur, en Chile, equipado con uno de los espectrógrafos ópticos de alta resolución más avanzados del mundo.
Metales en el viento
Los datos obtenidos con Gemini y otros observatorios revelaron algo sin precedentes: líneas de emisión de metales poco ionizados, como hierro, calcio y sodio, moviéndose a velocidades de decenas de kilómetros por segundo. En términos sencillos, los astrónomos estaban viendo átomos metálicos vaporizados que brillan en el gas que rodea al objeto oculto.
«Cuando empecé a observar la ocultación con espectroscopía, esperaba desvelar algo sobre la composición química de la nube, ya que nunca antes se habían hecho mediciones de este tipo. Pero el resultado superó todas mis expectativas», reconoce Zakamska.
Además, esas líneas estaban desplazadas hacia el azul, lo que indica que el gas se mueve en dirección al observador. Es una señal típica de vientos, flujos de material que se escapan de un disco o de un cuerpo central. Nunca antes se había observado un fenómeno así asociado a un disco que no rodea directamente a una estrella, sino a un objeto secundario mucho más débil.
A ello se suma una absorción compleja del sodio, con varias componentes cinemáticas superpuestas. Algunas son estrechas y otras más anchas, lo que sugiere una estructura dinámica rica: capas de gas con distintas velocidades, quizá combinando rotación y expulsión de material. En conjunto, el cuadro recuerda más a los discos que alimentan a estrellas jóvenes que a los restos polvorientos de sistemas planetarios viejos.
Hidrógeno en movimiento
El hallazgo no se limita a los metales. Los espectros muestran también una línea de hidrógeno alfa (Hα) ancha y desplazada, una firma clásica de gas caliente y en movimiento rápido. En estrellas jóvenes, esta señal suele asociarse a la acreción de material o a potentes vientos estelares. Aquí, sin embargo, aparece en un sistema maduro, donde ese tipo de actividad debería haberse extinguido hace eones.
La clave está en que el hidrógeno no parece proceder de la estrella principal, sino del entorno del objeto ocultador. Es como si, en pleno sistema adulto, alguien hubiera encendido de nuevo un motor que expulsa gas al espacio. Para los autores del estudio, esta podría ser la primera detección directa de un viento procedente de un disco circumsecundario: un disco que no rodea a la estrella, sino a un compañero invisible.
«La sensibilidad del espectrógrafo óptico de alta resolución GHOST nos permitió no solo detectar el gas de esta nube, sino medir realmente cómo se está moviendo. Es algo que nunca habíamos podido hacer antes en un sistema como este» explica Zakamska.
El potencial del instrumento también ha sido destacado desde la propia agencia financiadora. «Este estudio ilustra el enorme potencial del instrumento más reciente del telescopio Gemini Sur, GHOST, y subraya además una de las grandes fortalezas de Gemini: su capacidad para responder con rapidez a eventos transitorios como esta ocultación», señala Chris Davis, director de programas de la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos (NSF) para NOIRLab.
La sensibilidad del espectrógrafo óptico de alta resolución GHOST del telescopio Gemini Sur ha permitió no solo detectar el gas de esta nube, sino medir realmente cómo se está moviendo. «Es algo que nunca habíamos podido hacer antes en un sistema como este» explica la astrónoma Nadia Zakamska.
¿Planeta, enana marrón o algo más?
¿Qué es exactamente ese objeto misterioso? Las observaciones no permiten verlo directamente, pero sí acotar sus características. Para mantener un disco tan grande —que podría ocupar entre el 30% y el 100% de su radio de Hill, la región donde domina su gravedad— el cuerpo central debe tener al menos varias veces la masa de Júpiter. Podría tratarse de un planeta, de una enana marrón o incluso de un objeto intermedio difícil de clasificar.
Lo más intrigante es el origen del disco. Dada la edad del sistema, es muy poco probable que sea un remanente intacto de la formación planetaria. Los autores proponen una alternativa más violenta: una colisión planetaria relativamente reciente.
El choque entre dos mundos gigantes podría haber generado una enorme cantidad de gas y polvo, y formar un disco temporal que ahora observamos casi por casualidad, alineado de tal forma que eclipsa a la estrella desde nuestra perspectiva.
Un laboratorio cósmico inesperado
Este descubrimiento convierte a ASASSN-24fw en un laboratorio natural para estudiar procesos que hasta ahora solo se habían modelado en simulaciones. Por primera vez, los astrónomos pueden analizar directamente la composición, dinámica y evolución de un disco gaseoso alrededor de un objeto subestelar en un sistema antiguo.
Además, el hecho de que el eclipse sea periódico ofrece una oportunidad excepcional. Dentro de unas décadas, cuando el objeto vuelva a pasar por delante de la estrella, nuevas generaciones de telescopios podrán observarlo con instrumentos aún más sensibles. Incluso antes, cuando la estrella recupere por completo su brillo, será posible comprobar si las líneas de sodio y otros metales persisten, lo que ayudaría a distinguir entre gas interestelar y material asociado al disco.
Más allá del caso concreto, el hallazgo sugiere que el universo puede albergar muchos más de estos sistemas ocultos, invisibles salvo cuando la geometría orbital juega a nuestro favor. En un cielo cada vez más vigilado por encuestas astronómicas automáticas, eventos como este dejan de ser meras rarezas para convertirse en pistas fundamentales sobre cómo evolucionan los planetas y sus entornos mucho después de su nacimiento.
«Este evento nos muestra que incluso en sistemas planetarios maduros pueden seguir produciéndose colisiones dramáticas a gran escala —resume Zakamska. Y concluye—: Es un recordatorio muy gráfico de que el Universo está lejos de ser estático: es una historia continua de creación, destrucción y transformación». ▪️
Información facilitada por el AURA Astronomy
Fuente: Nadia L. Zakamska et al. ASASSN-24fw: Candidate Gas-rich Circumsecondary Disk Occultation of a Main-sequence Star. The Astronomical Journal (2026). DOI: 10.3847/1538-3881/ae1fd9

