Detectan una misteriosa onda de choque alrededor de una estrella muerta que desafía la astrofísica
Astrónomos han descubierto una onda de choque inesperada alrededor de la enana blanca RXJ0528+2838, una estrella muerta que, según los modelos actuales, no debería producir emisiones energéticas. El hallazgo plantea nuevas preguntas sobre el papel del magnetismo extremo en sistemas estelares binarios.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Imagen obtenida con el VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO) que muestra a una enana blanca generando una onda de proa al desplazarse por el medio interestelar, un fenómeno inesperado que desafía los modelos actuales de la astrofísica. Cortesía: ESO/K. Iłkiewicz y S. Scaringi et al.; fondo: Pan-STARRS.
El universo está lleno de restos. Cadáveres estelares que, tras agotar su combustible, quedan reducidos a núcleos densos y silenciosos, condenados a enfriarse lentamente durante miles de millones de años.
Por eso, cuando los astrónomos apuntaron sus telescopios hacia RXJ0528+2838, una enana blanca situada a unos 730 años luz de la Tierra, no esperaban encontrar nada especialmente llamativo. Mucho menos una gigantesca onda de choque, una estructura luminosa en forma de arco que recuerda a la proa de un barco surcando el medio interestelar. Y, sin embargo, ahí estaba.
«Encontramos algo nunca visto antes y, más importante aún, totalmente inesperado — resume Simone Scaringi, profesor de Física de la Universidad de Durham, en el Reino Unido, y uno de los autores principales del estudio, en un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO).
Una enana blanca que desafía los modelos de la astrofísica
La sorpresa no es estética, a pesar de que las imágenes obtenidas son tan bellas como desconcertantes, sino física: según todos los modelos astrofísicos aceptados, esa estructura no debería existir, según cuentan los autores del trabajo en la revista Nature Astronomy.
RXJ0528+2838 es lo que queda del núcleo de una estrella similar al Sol tras perder sus capas externas. En términos astronómicos, hablamos de una estrella muerta, aunque forma parte de un sistema binario: una estrella compañera, parecida al Sol, pero de menor masa, orbita a su alrededor cada ochenta minutos.
En este tipo de sistemas, conocidos como variables cataclísmicas, el material de la estrella viva puede ser arrancado por la gravedad de la enana blanca. Ese gas suele formar un disco de acreción antes de precipitarse sobre la estrella muerta y, en el proceso, puede generar vientos estelares o chorros capaces de esculpir el entorno.
Qué es una onda de choque y por qué no debería existir aquí
Pero RXJ0528+2838 rompe ese guion. No hay disco. Y aun así, el sistema está rodeado por una nebulosa que se extiende miles de unidades astronómicas y adopta la forma inequívoca de un tipo de onda de choque llamada onda de proa: una región donde el material expulsado choca violentamente con el gas que llena el espacio entre las estrellas.
🗣️ «Las ondas de proa son como el arco de agua que se forma delante de un barco —explica Noel Castro Segura, investigador de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, y colaborador en el estudio. Y añade—: Se producen cuando un objeto se mueve rápidamente a través de un medio y empuja el material que tiene delante».
En el caso de RXJ0528+2838, la estrella se desplaza por la galaxia a más de 140 kilómetros por segundo, lo suficiente como para generar ese tipo de estructura. El problema es el origen del empujón inicial.
Esta imagen del Digitized Sky Survey (DSS) muestra la región del cielo que rodea a la enana blanca RXJ0528+2838, visible en el centro de la imagen, en una zona aparentemente tranquila del plano galáctico donde se descubrió de forma inesperada la estructura que la rodea. Cortesía: ESO/Digitized Sky Survey 2. Acknowledgement: D. De Martin.
Cómo se hizo el descubrimiento con el VLT del ESO
La historia del hallazgo tiene algo de serendipia. La extraña nebulosidad apareció por primera vez en imágenes del telescopio Isaac Newton, en La Palma (España), dentro de un sondeo del plano galáctico, la región central y aplanada de una galaxia, donde se concentran la mayoría de sus estrellas, gas y polvo; en la Vía Láctea, es la franja brillante que vemos en el cielo y corresponde al disco de la galaxia.
Su forma irregular llamó la atención del equipo, que decidió observarla con más detalle utilizando el MUSE, un instrumento de espectroscopía integral instalado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile. Ese paso fue decisivo.
🗣️ «Las observaciones con MUSE nos permitieron cartografiar la onda de proa con un detalle sin precedentes y analizar su composición —explica Krystian Ilkiewicz, investigador postdoctoral en el Centro Astronómico Nicolao Copérnico, en Varsovia. Y continúa—: Así pudimos confirmar que la estructura está realmente asociada al sistema binario y no es una nube interestelar sin relación».
Una misteriosa onda de choque activa desde hace mil años
Los datos sacaron a la luz una nebulosa estratificada, distinta según la longitud de onda observada, y perfectamente alineada con el movimiento propio de la estrella. También mostraron una larga cola de material que se extiende detrás del sistema, una huella fósil de su paso por la Vía Láctea. Esa estela implica que la fuente de energía que alimenta la onda de choque lleva activa al menos mil años.
Esa información no s moco de pavo, porque permite descartar varias explicaciones habituales. No se trata de los restos de una explosión de nova —un estallido termonuclear que puede producir nebulosas—, ya que esos eventos son breves y dejan estructuras más simétricas. Tampoco puede explicarse por un viento procedente de la estrella compañera: para generar la energía observada, ese viento tendría que soplar a velocidades absurdamente altas, incompatibles con lo que se sabe de estrellas de baja masa.
«Según nuestra comprensión actual, no debería haber ningún flujo de materia capaz de producir esta nebulosa —insiste Ilkiewicz—. Y, sin embargo, ahí está».
El papel del magnetismo extremo en estrellas muertas
La única pista clara apunta al magnetismo estelar. RXJ0528+2838 pertenece a una clase especial de variables cataclísmicas conocidas como polares, en las que la enana blanca posee un campo magnético extremo. Este resulta ser tan intenso que impide la formación de un disco: el material arrancado de la estrella compañera es canalizado directamente a lo largo de las líneas de campo magnético y se precipita sobre los polos de la enana blanca.
«Sabíamos que este sistema tiene un campo magnético muy fuerte, y eso ha quedado confirmado por nuestros datos —explica Ilkiewicz en el comunicado del ESO. Y añade—: Nuestro hallazgo muestra que, incluso sin un disco de acreción, estos sistemas pueden generar emisiones energéticas potentes, revelando un mecanismo que aún no entendemos».
El problema es que ni siquiera el magnetismo parece suficiente. Los cálculos indican que la energía necesaria para mantener la onda de choque es superior a la que el sistema libera mediante la acreción de materia. Incluso si se aprovechara toda la energía almacenada en el campo magnético de la enana blanca, esta se agotaría en unos pocos cientos de años, menos de lo que exige la edad mínima de la nebulosa.
🗣️ «Es como si hubiera un motor oculto — dice Scaringi—. Vemos el efecto, pero no sabemos exactamente de dónde sale la energía». El propio investigador reconoce que esta es la parte más inquietante del descubrimiento: «Desafía la imagen estándar de cómo la materia se mueve e interactúa en estos sistemas binarios extremos».
Qué implica este hallazgo para la evolución estelar
El equipo ha explorado otras posibilidades, desde una hipotética fase pasada en la que la enana blanca tuviera un campo magnético aún más intenso hasta mecanismos de pérdida de energía similares a los observados en otros sistemas exóticos, como es el caso de AR Scorpii, una enana blanca que emite pulsos de radio y se comporta, en cierto modo, como un púlsar. Ninguna de estas ideas encaja del todo.
Lo que sí parece claro es que RXJ0528+2838 no es solo una rareza aislada. Podría ser la primera pista de un fenómeno más amplio que ha pasado desapercibido hasta ahora. Si existen más sistemas similares, estaríamos ante un nuevo canal de pérdida de energía en estrellas binarias compactas, con implicaciones directas para su evolución estelar a largo plazo.
«Para entender qué está pasando de verdad necesitamos observar muchos más sistemas», señala Scaringi. En ese esfuerzo, el futuro Extremely Large Telescope (ELT), actualmente en construcción por el Observatorio Europeo Austral, jugará un papel crucial. Con su espejo de 39 metros, permitirá detectar estructuras mucho más débiles y cartografiar con detalle estas nebulosas interestelares inesperadas.
La astronomía avanza así: no solo confirmando teorías, sino tropezando con anomalías que obligan a replantearlas. RXJ0528+2838, una estrella muerta que se niega a permanecer en silencio, se ha convertido en una de esas incómodas excepciones. Una onda de choque que no debería existir y que, precisamente por eso, podría estar señalando un vacío en nuestro conocimiento del universo.▪️
Este vídeo nos acerca a RXJ0528+2838, una estrella muerta que crea una onda de choque mientras se desplaza por el espacio. El vídeo es una secuencia de imágenes tomadas con diferentes telescopios, en distintos momentos. Cortesía: ESO/L. Calçada/N. Risinger (skysurvey.org)/Digitized Sky Survey 2/PanSTARRS/K. Iłkiewicz and S. Scaringi et al. Music: Azul Cobalto
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Información facilitada por el ESO
Fuente: Iłkiewicz, K., Scaringi, S., de Martino, D. et al. A persistent bow shock in a diskless magnetized accreting white dwarf. Nature Astronomy (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41550-025-02748-8

