Dinosaurios y luciérnagas: un fósil en ámbar revela cómo brillaban las noches del Cretácico
Mucho antes de que existiera la luz artificial, los bosques donde vivían los dinosaurios ya parpadeaban en la oscuridad. Un fósil de luciérnaga atrapado en ámbar demuestra que hace 99 millones de años la bioluminiscencia ya iluminaba las noches del Cretácico.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una recreación artística muestra a una pareja de Spinosaurus en un bosque tropical del Cretácico iluminado tenuemente por luciérnagas, una escena inspirada en el hallazgo del fósil bioluminiscente conservado en ámbar de Myanmar. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Peoducciones
Hace 99 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra y los continentes Laurasia y Gondwana se separaban lentamente, las noches de los bosques tropicales de lo que hoy es Myanmar ya tenían pequeñas luces flotando entre la vegetación. No eran estrellas ni hongos fosforescentes: eran luciérnagas. O algo extraordinariamente parecido a ellas.
Un diminuto fósil atrapado en ámbar acaba de ofrecer la prueba más antigua y convincente de que estos insectos bioluminiscentes ya habían desarrollado sofisticados órganos luminosos en pleno Cretácico medio, mucho antes de la desaparición de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años.
El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, no solo adelanta el origen conocido de las luciérnagas modernas, sino que sugiere que los bosques nocturnos del Mesozoico eran mucho más complejos y visualmente activos de lo que imaginábamos.
El fósil más antiguo de un coleóptero luminoso
El insecto, bautizado como Cretoluciola birmana, mide apenas 6,6 milímetros y quedó encapsulado en resina hace unos 99 millones de años, en una región del norte de Myanmar (Birmania) famosa por conservar escenas microscópicas del pasado con una precisión casi fotográfica.
Los investigadores Shuailong Yuan; Haoyu Liu, Sining Lv y Yuxia Yang, de la Universidad de Hebei (China), que han estudiado el ejemplar, describen unos ojos grandes y prominentes, antenas finas y, sobre todo, un órgano luminoso dividido en dos partes en el abdomen, muy parecido al de muchas luciérnagas actuales.
La idea de un bosque cretácico iluminado por destellos intermitentes tiene algo de poético, pero también de revolucionario para la paleontología. Durante décadas, los científicos han debatido a cerca de cuándo aparecieron realmente las señales luminosas en estos escarabajos y cuál fue su función original.
Pará que usaban la bioluminiscencia
Las luciérnagas modernas o lampíridos sutilizan la luz sobre todo para el cortejo: machos y hembras intercambian códigos luminosos específicos para encontrarse entre la vegetación. Pero algunos investigadores sostienen que la bioluminiscencia nació antes como mecanismo defensivo, una advertencia química luminosa para ahuyentar depredadores.
El nuevo fósil no resuelve del todo el debate, pero sí aporta una pieza crucial: demuestra que hace casi cien millones de años ya existían insectos con órganos luminosos altamente desarrollados. Y eso implica que la comunicación mediante luz —o al menos la capacidad de producirla— llevaba tiempo evolucionando.
➡️ «Las características fundamentales de la bioluminiscencia se han conservado durante millones de años», señalan los autores del estudio. La frase, escrita en lenguaje académico, encierra una imagen fascinante: el patrón de luces que hoy puede verse en una noche húmeda de verano quizá no sea muy distinto del que contemplaban los pequeños mamíferos y reptiles del Cretácico.
Reconstrucción científica y fotografías microscópicas de Cretoluciola birmana, la luciérnaga fósil hallada en ámbar birmano y datada en 99 millones de años. Las imágenes muestran la anatomía dorsal y ventral del insecto, así como su aparato reproductor, claves para confirmar que ya poseía órganos luminosos similares a los de las luciérnagas actuales. Cortesía: Proceedings of the Royal Society B
Un «farolillo» encapsulado en ámbar
La pieza de ámbar procede del valle de Hukawng, en Myanmar, uno de los yacimientos más importantes del planeta para estudiar ecosistemas del Cretácico. Allí han aparecido desde plumas de dinosaurios hasta flores primitivas, caracoles, arañas y colas de lagarto. El ámbar funciona como una cápsula temporal tridimensional: la resina atrapa organismos diminutos y los preserva con un nivel de detalle imposible en otros fósiles.
En este caso, los científicos pudieron observar incluso estructuras extremadamente delicadas del insecto. Las imágenes microscópicas muestran el abdomen más claro en las zonas donde estaban los órganos luminiscentes. También analizaron rasgos anatómicos comparándolos con 37 géneros modernos de luciérnagas y combinaron esos datos morfológicos con análisis evolutivos basados en ADN de especies actuales.
El resultado sitúa al fósil dentro de lasLuciolinae, una subfamilia de luciérnagas todavía existente.
Eso convierte a Cretoluciola birmana en el fósil inequívoco más antiguo conocido de este linaje y fija en al menos 99 millones de años la antigüedad mínima del grupo.
Un ecosistema nocturno mucho más complejo de lo imaginado
Pero quizá lo más sugerente del estudio sea lo que revela sobre la vida nocturna en tiempos de los dinosaurios. Los autores creen que estas primeras luciérnagas eran probablemente animales nocturnos. La pista está en sus grandes ojos y en el desarrollo de sus órganos luminosos.
Los fósiles más recientes, de épocas posteriores, muestran en algunos casos ojos más pequeños y órganos luminiscentes menos prominentes, lo que apunta a que ciertas especies evolucionaron después hacia hábitos diurnos y redujeron su dependencia de la luz.
Es decir, las noches del Cretácico podrían haber sido un escenario de señales visuales mucho más dinámico de lo que se pensaba. En aquel mundo húmedo y cálido, cubierto de helechos gigantes y plantas con flores en plena expansión evolutiva, las luciérnagas probablemente utilizaban destellos para orientarse, atraer pareja o advertir a posibles depredadores.
Diversidad de luciérnagas en el Cretácico
La investigación también apunta a algo aún más interesante: la diversidad de las luciérnagas mesozoicas pudo ser mucho mayor de la esperada. Hasta ahora se conocían otros dos fósiles de luciérnagas del Cretácico encontrados en ámbar birmano, pero su clasificación era dudosa.
El nuevo análisis sugiere que aquellos insectos quizá pertenecían a ramas evolutivas distintas, lo que indicaría que la familia ya se había diversificado notablemente hace cien millones de años.
Una de esas especies fósiles, descrita el año pasado, tenía antenas complejas y órganos luminosos diferentes. Otra poseía un único órgano de luz en lugar de dos. Según los autores, estas variaciones podrían reflejar estrategias distintas de comunicación y supervivencia. Algunos insectos tal vez emitían señales visibles a larga distancia; otros podrían haberse especializado en detectar feromonas o destellos concretos en la espesura del bosque.
Detalle microscópico de Cretoluciola birmana, la luciérnaga del Cretácico hallada en ámbar birmano. Las imágenes muestran la cabeza, el abdomen y las patas del insecto, incluidos los órganos luminosos abdominales que revelan que estos escarabajos ya emitían luz hace 99 millones de años. Cortesía: Proceedings of the Royal Society B
Qué es la biolumisicencia
La escena que emerge es casi cinematográfica: un ecosistema nocturno lleno de pequeños puntos de luz, cada especie con su código propio, en un bosque tropical donde convivían dinosaurios emplumados, reptiles arborícolas y las primeras plantas con flores.
El trabajo encaja además con una idea cada vez más aceptada en biología evolutiva: muchas de las innovaciones fundamentales de los ecosistemas modernos aparecieron mucho antes de lo que creíamos. No solo las flores o las aves primitivas; también las complejas redes de comunicación luminosa.
La bioluminiscencia, esto es, la capacidad de algunos seres vivos para producir luz mediante reacciones químicas naturales, ha evolucionado decenas de veces de forma independiente en la naturaleza. Existen peces abisales que producen luz, hongos brillantes y calamares capaces de generar destellos azulados. Pero las luciérnagas representan el grupo terrestre más diverso capaz de emitir luz. Y, a diferencia de los organismos marinos, lo hacen en un entorno lleno de obstáculos visuales: ramas, hojas, sombras y depredadores.
La noche de los dinosaurios también brillaba
Por eso sus señales son tan sofisticadas. Cada especie posee ritmos y patrones específicos. Algunas sincronizan sus destellos en enormes grupos; otras responden con precisión matemática al parpadeo de la pareja potencial. Que un sistema tan elaborado ya existiera en tiempos de los dinosaurios habla de una larga historia evolutiva de ensayo y refinamiento.
El hallazgo también tiene un componente melancólico. Muchas especies actuales de luciérnagas están disminuyendo por la pérdida de hábitat, los pesticidas y, sobre todo, la contaminación lumínica. Las luces artificiales interfieren con sus señales de cortejo y dificultan la reproducción. En cierto modo, aquellos bosques cretácicos oscuros eran el escenario perfecto para la evolución de un lenguaje basado en la luz.
Hace casi cien millones de años, cuando ningún ser humano había encendido aún una lámpara, las noches terrestres ya tenían otros faroles diminutos suspendidos entre las ramas. Y ahora, gracias a una gota fosilizada de resina, sabemos que los dinosaurios no caminaron solos en la oscuridad. También estuvieron acompañados por el resplandor intermitente de las primeras luciérnagas.▪️(13-mayo-2026)
PALEONTOLOGÍA Y FÓSILES
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Luciérnagas y Dinosaurios
🔦 ¿Cuántos años tiene el fósil de la luciérnaga?
El fósil tiene aproximadamente 99 millones de años y pertenece al Cretácico medio.
🔦 ¿Dónde se encontró la luciérnaga fósil?
El ejemplar apareció en ámbar birmano procedente del valle de Hukawng, en Myanmar.
🔦 ¿Las luciérnagas convivieron con los dinosaurios?
Sí. Este fósil demuestra que las luciérnagas ya existían millones de años antes de la extinción de los dinosaurios.
🔦 ¿Qué es la bioluminiscencia?
Es la capacidad de algunos seres vivos para producir luz mediante reacciones químicas naturales. Aparece en organismos como luciérnagas, medusas, peces abisales y ciertos hongos, y se utiliza para comunicarse, atraer pareja, cazar o defenderse.
🔦 ¿Para qué utilizaban la luz estas luciérnagas primitivas?
Los científicos creen que probablemente servía para comunicación, cortejo y defensa frente a depredadores.
🔦 ¿Qué importancia tiene este descubrimiento?
El hallazgo proporciona la evidencia más antigua conocida de órganos luminosos complejos en luciérnagas y ayuda a comprender la evolución de la bioluminiscencia terrestre.
Fuente: Shuailong Yuan, Haoyu Liu, Sining Lv, Yuxia Yang. A true Luciolinae fossil from the mid-Cretaceous Burmese amber provides new insights into the early evolution of fireflies (Coleoptera: Lampyridae). Proceedings of the Royal Society B (2026): DOI: https://doi.org/10.1098/rspb.2025.3316

