El ataque a las refinerías de Irán liberó una nube tóxica comparable a la de un volcán

Lo que comenzó como una serie de explosiones en instalaciones petroleras de Teherán, debido albombardeo israelí, acabó convirtiéndose en una gigantesca nube tóxica visible desde el espacio. Un nuevo estudio revela que los incendios liberaron tanto dióxido de azufre como algunas erupciones volcánicas moderadas y que la contaminación viajó miles de kilómetros hacia Asia.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Camiones calcinados frente al depósito petrolero de Shahran, en Teherán, durante el incendio provocado por los ataques de marzo de 2026.

Camiones calcinados frente al depósito petrolero de Shahran, en Teherán, durante el incendio provocado por los ataques de marzo de 2026. El fuego liberó enormes cantidades de dióxido de azufre a la atmósfera y generó una nube tóxica comparable a la de una erupción volcánica moderada. Cortesía: Hassan Ghaedi / Anadolu via Getty Images

Las guerras dejan cicatrices visibles sobre el terreno, icluidas vidas humanas, pero también heridas invisibles en la atmósfera. A comienzos de marzo de 2026, como parte de la campaña de Estados Unidos e Israel contra Irán, una serie de ataques aéreos dirigidos a depósitos y refinerías de petróleo en Teherán provocó una oleada de incendios tan intensos que liberaron a la atmósfera casi 30.000 toneladas de dióxido de azufre (SO₂), una cantidad comparable a la emitida por algunas erupciones volcánicas moderadas.

La nube tóxica se extendió a lo largo de más de 2.000 kilómetros y alcanzó regiones de Asia Central y Oriental en apenas dos días, según revela un nuevo estudio científico basado en observaciones de satélite.

El trabajo, elaborado por investigadores chinos especializados en observación atmosférica, y publicado en la revista Advances in Atmospheric Sciences, describe con detalle cómo las explosiones y los incendios desencadenados la noche del 7 de marzo transformaron varios complejos petroleros de Teherán en gigantescas chimeneas químicas. Entre las instalaciones afectadas figuraban los depósitos de Shahran, Fardis y Aghdasieh, además de la refinería principal de la capital iraní.

Cómo los ataques sobre Teherán desencadenaron una emergencia atmosférica

Aunque el conflicto geopolítico centró la atención mediática internacional, los científicos quisieron analizar otra consecuencia menos visible: el impacto atmosférico de la quema masiva de combustibles fósiles y derivados del petróleo. Para ello, utilizaron una combinación de satélites meteorológicos chinos y europeos, como el FengYun-3 y el Sentinel-5P, capaces de detectar gases contaminantes desde el espacio.

🗣️ «Queríamos demostrar que la teledetección por satélite puede llenar este vacío proporcionando una amplia cobertura espacial y observaciones frecuentes para monitorizar contaminantes atmosféricos en grandes áreas», explica Peng Zhang, investigador del Centro de Observación Meteorológica de la Administración Meteorológica de China y uno de los responsables del estudio.

Las imágenes obtenidas pocas horas después del ataque mostraban enormes columnas de humo negro elevándose sobre Teherán. Pero el verdadero alcance de la contaminación no podía apreciarse a simple vista.

Qué es el dióxido de azufre y por qué preocupa a los científicos

Los sensores orbitales, como el espectrómetro TROPOMI del Sentinel-5 Precursor (S5P), detectaron una rápida concentración de dióxido de azufre (SO₂), un gas irritante y corrosivo que se forma cuando arden combustibles con contenido en azufre, como el petróleo crudo o algunos carburantes refinados.

El SO₂ no solo resulta peligroso para la salud humana. También desempeña un papel destacado en la formación de lluvia ácida y partículas finas capaces de alterar la calidad del aire a cientos o miles de kilómetros del lugar de origen. En grandes cantidades, además, puede modificar temporalmente procesos atmosféricos y climáticos regionales.

Los investigadores calcularon que el episodio liberó unas 29.800 toneladas de dióxido de azufre. Para hacerse una idea de la magnitud, algunas erupciones volcánicas de tamaño moderado emiten cantidades similares durante sus fases iniciales. La diferencia es que, en este caso, el origen no fue natural, sino plenamente industrial y bélico.

➡️ «La contaminación generada por incendios en instalaciones petroleras puede alcanzar niveles comparables a determinados eventos volcánicos», explican los autores del estudio. Aunque el episodio duró apenas entre uno y dos días, su huella atmosférica fue enorme.

Mapa de las instalaciones petroleras y refinerías de Teherán alcanzadas por los ataques del 7 de marzo de 2026.

Mapa de las instalaciones petroleras y refinerías de Teherán alcanzadas por los ataques aéreos israelíes del 7 de marzo de 2026. Las imágenes de satélite muestran las densas columnas de humo negro elevándose sobre el depósito de Shahran y la refinería principal de la capital iraní, origen de una gigantesca nube de dióxido de azufre detectable desde el espacio. Cortesía: Advances in Atmospheric Science

La nube tóxica viajó más de 2.000 kilómetros

Las mediciones revelan que el área afectada alcanzó unos 300.000 kilómetros cuadrados, una superficie semejante a la de Italia. En las zonas más contaminadas, las concentraciones atmosféricas de SO₂ llegaron a valores excepcionalmente elevados.

La nube tóxica no permaneció sobre Irán mucho tiempo. Los vientos dominantes del noreste actuaron como una gigantesca cinta transportadora atmosférica. Durante el 8 de marzo, el penacho contaminante comenzó a desplazarse y alargarse de manera progresiva hacia Asia Central. Los modelos de trayectoria atmosférica mostraron que parte de la nube alcanzó alturas cercanas a los tres kilómetros antes de iniciar un largo viaje impulsado por las corrientes de aire.

A las pocas horas, los satélites ya registraban el desplazamiento del contaminante lejos de Teherán. Para el 9 de marzo, la columna tóxica había recorrido más de 2.000 kilómetros y seguía siendo detectable sobre amplias regiones situadas a sotavento de Oriente Próximo.

«Lluvia negra» y problemas respiratorios en Teherán

El episodio pone de relieve hasta qué punto los conflictos armados modernos tienen consecuencias ambientales transfronterizas. Aunque las explosiones ocurran en un punto concreto, sus emisiones pueden dispersarse rápidamente y afectar a países enteros alejados del frente.

La investigación también recoge testimonios locales sobre las consecuencias inmediatas en la población de Teherán. Residentes próximos a las instalaciones afectadas informaron de dolores de cabeza, irritación ocular y cutánea, dificultades respiratorias y un intenso sabor amargo en la boca. Además, las lluvias mezcladas con hollín y partículas de combustión dieron lugar a una especie delluvia negra, cargada de residuos contaminantes.

Ese fenómeno recuerda a otros episodios extremos asociados tanto a incendios industriales como a erupciones volcánicas. Cuando el dióxido de azufre entra en contacto con la humedad atmosférica puede transformarse en aerosoles de sulfato y compuestos ácidos capaces de alterar la química de la lluvia.

Satélites chinos y europeos siguieron el desastre en tiempo real

Los autores del trabajo destacan que la escasez de estaciones de medición atmosférica en tiempo real en Oriente Próximo hace que la vigilancia por satélite sea esencial para comprender este tipo de desastres. Gracias a los instrumentos orbitales, los científicos pudieron seguir casi minuto a minuto la evolución de la nube contaminante.

Entre los sistemas utilizados figuraban, como ya hemos mencionado, los satélites chinos FengYun-3 y el europeo Sentinel-5P, equipado con el instrumento TROPOMI, considerado uno de los sensores atmosféricos más avanzados del mundo para detectar contaminantes como dióxido de nitrógeno, metano o dióxido de azufre.

Las imágenes obtenidas muestran cómo la nube evolucionó en pocas horas: primero compacta y densa sobre Teherán; después, cada vez más extensa y difusa a medida que avanzaba hacia el este. La concentración disminuía con la distancia, pero el área afectada aumentaba continuamente debido a la dispersión atmosférica.

Una enorme columna de humo y fuego se eleva sobre Teherán tras los ataques contra instalaciones petroleras iraníes el 7 de marzo de 2026.

Una enorme columna de humo y fuego se eleva sobre Teherán tras los ataques contra instalaciones petroleras iraníes el 7 de marzo de 2026. Los incendios liberaron miles de toneladas de dióxido de azufre y generaron una nube tóxica detectable desde satélites meteorológicos a miles de kilómetros de distancia. Cortesía: BBC

El coste ambiental oculto de las guerras modernas

El estudio subraya además un aspecto importante: la contaminación derivada de conflictos armados rara vez se incorpora a los grandes balances globales de emisiones contaminantes. Sin embargo, incendios masivos de infraestructuras energéticas pueden generar episodios puntuales extraordinariamente intensos.

No es la primera vez que ocurre. Durante la Guerra del Golfo de 1991, el incendio de cientos de pozos petrolíferos kuwaitíes liberó cantidades gigantescas de humo y contaminantes atmosféricos que llegaron a alterar temporalmente la radiación solar regional. Desde entonces, numerosos investigadores han advertido de que la destrucción de infraestructuras petroleras constituye uno de los riesgos ambientales más graves asociados a la guerra moderna.

Lo novedoso ahora es la capacidad tecnológica para observar estos fenómenos con una precisión sin precedentes. Los satélites actuales permiten medir concentraciones atmosféricas de gases contaminantes casi en tiempo real y seguir su desplazamiento a escala continental. En este caso, los investigadores compararon distintas plataformas orbitales y comprobaron que sus mediciones coincidían de forma notable, lo que refuerza la fiabilidad de los resultados.

«El siguiente paso inmediato es convertir en operativo el índice de SO₂ del instrumento HIRAS-II», señala Zhang. Actualmente, este sistema ofrece mediciones cualitativas, pero todavía no funciona como un producto operacional plenamente integrado. «Nuestro objetivo—añade— es perfeccionar estos algoritmos para proporcionar concentraciones de masa precisas y cuantitativas de diversos gases traza bajo diferentes condiciones atmosféricas».

El futuro: una red global de vigilancia atmosférica

Más allá de la dimensión científica, el episodio iraní plantea preguntas incómodas sobre el coste ambiental oculto de los conflictos contemporáneos. Los daños materiales suelen contabilizarse con rapidez; las emisiones atmosféricas, en cambio, apenas aparecen en los balances oficiales pese a que pueden afectar durante días o semanas a millones de personas.

Los autores concluyen que, aunque el episodio fue relativamente breve, su impacto potencial sobre la atmósfera regional «no debe subestimarse». El mensaje resulta especialmente relevante en un mundo donde las infraestructuras energéticas continúan siendo objetivos estratégicos en numerosos conflictos.

En el fondo, el estudio deja una imagen inquietante: durante unos días de marzo, sobre Oriente Próximo flotó una nube tóxica comparable a la de un pequeño volcán. Pero no fue producto de las fuerzas geológicas de la Tierra, sino de una guerra.

«Nuestro objetivo final es construir un sistema global de monitorización totalmente integrado utilizando órbitas heliosíncronas al amanecer-anochecer, a media mañana y por la tarde —dice Zhang. Y concluye—: Esto garantizaría que, independientemente del momento en que ocurra un episodio repentino de contaminación, siempre haya un satélite sobrevolando la zona para registrar los datos». ▪️(27-mayo-2026)

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Refinerías Teherán y Bombardeos

💣 ¿Qué ocurrió en Teherán en marzo de 2026?

Una serie de ataques aéreos provocó explosiones e incendios en depósitos y refinerías de petróleo de Teherán, liberando grandes cantidades de dióxido de azufre.

💣 ¿Cuánto dióxido de azufre se liberó?

Los investigadores estiman que se emitieron unas 29.800 toneladas de SO₂.

💣 ¿Por qué comparan este episodio con un volcán?

Porque la cantidad de dióxido de azufre liberada es similar a la generada por algunas erupciones volcánicas moderadas.

💣 ¿Qué riesgos tiene el dióxido de azufre?

Puede causar irritación respiratoria, favorecer la lluvia ácida y empeorar la calidad del aire.

💣 ¿Cómo siguieron los científicos la nube contaminante?

Mediante satélites atmosféricos como Sentinel-5P y su espectómetro TROPOMI y los satélites chinos FengYun-3.

💣 ¿Hasta dónde llegó la contaminación?

La nube tóxica recorrió más de 2.000 kilómetros y alcanzó regiones de Asia central y oriental.

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