El turismo de buceo está dañando los arrecifes de coral sin que los submarinistas lo sepan
Miles de buceadores creen estar protegiendo los arrecifes mientras exploran algunos de los ecosistemas más espectaculares del planeta. Pero un nuevo estudio revela que, sin darse cuenta, muchos están acelerando el deterioro de los corales con pequeños gestos invisibles bajo el agua.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una buceadora observa muy de cerca una anémona y sus peces payaso en un arrecife tropical. Un nuevo estudio advierte de que incluso contactos accidentales y aparentemente inocuos durante las inmersiones pueden contribuir al deterioro silencioso de los ecosistemas coralinos. Foto de Sebastian Pena Lambarri en Unsplash
Los arrecifes de coral figuran entre los ecosistemas más bellos y frágiles del planeta. Son auténticas ciudades submarinas rebosantes de vida, refugio de cerca de una cuarta parte de todas las especies marinas conocidas y sustento económico para millones de personas.
Pero también son uno de los ecosistemas más amenazados por el calentamiento global, la contaminación y la presión humana. Ahora, un nuevo estudio internacional añade un actor inesperado a esa lista de amenazas: los propios turistas que acuden fascinados a contemplar esos paisajes submarinos.
La investigación, publicada en la revista científica Conservation Letters, advierte de que el turismo de buceo recreativ, considerado durante años una actividad relativamente sostenible y no extractiva, puede causar daños mucho mayores de lo que se creía sobre los arrecifes de coral. Y lo más inquietante es que la mayoría de esos impactos no son deliberados: los buceadores, sencillamente, no se dan cuenta de que están dañando el ecosistema.
Qué ha descubierto el estudio sobre el buceo y los arrecifes de coral
El trabajo ha sido realizado por científicos de la Universidad de Princeton (Estados Unidos), de la Universidad de Sídney (Australia) y de tras instituciones internacionales. Durante más de un año, los investigadores siguieron y grabaron bajo el agua a 411 submarinistas en arrecifes de Indonesia, en especial de la isla de Bali, y Filipinas, dos de los grandes paraísos mundiales del buceo.
Los resultados dibujan una paradoja incómoda: incluso las personas más concienciadas con la conservación marina pueden convertirse, sin saberlo, en una fuente constante de deterioro para los arrecifes.
«Este trabajo documenta la huella submarina insostenible del turismo de buceo sobre los arrecifes de coral», resume el investigador Bing Lin, de la Universidad de Sídney, autor principal del estudio.
Más de 4.900 contactos con arrecifes registrados bajo el agua
En total, los investigadores documentaron casi 5.000 contactos entre buceadores y arrecifes durante más de trescientas horas de inmersiones. La media fue de 0,26 contactos por minuto: es decir, aproximadamente un roce cada cuatro minutos. Y en torno al 41% de esos contactos provocó daños visibles, como rotura de corales o levantamiento de sedimentos que terminan asfixiando a estos organismos.
➡️ Sin embargo, el hallazgo más sorprendente fue que la inmensa mayoría de esos daños eran accidentales o pasaban desapercibidos para los propios buceadores. El estudio calcula que el 81,9% de los contactos dañinos fueron «no intencionados e inadvertidos».
A menudo basta un simple aleteo mal calculado, un manómetro que cuelga demasiado, una cámara submarina que golpea una rama coralina o una mano apoyada unos segundos para estabilizarse. Gestos aparentemente insignificantes, pero que repetidos miles de veces al año por millones de turistas pueden convertirse en una presión ecológica enorme.
«El arrecife no distingue entre daño voluntario e involuntario», vienen a advertir los autores. Y ahí reside precisamente uno de los mayores problemas: mucha gente cree que nunca toca el coral… cuando en realidad sí lo hace constantemente.
Un submarinista remueve sedimentos de forma accidental en una zona de restauración coralina en Bali (Indonesia). Según un nuevo estudio, incluso pequeños movimientos involuntarios durante las inmersiones pueden levantar partículas que dañan y asfixian a los frágiles arrecifes de coral. Cortesía: Dr Bing Lin
Todos los submarinistas creen bucear mejor que la media
El efecto Dunning-Kruger también aparece bajo el agua
Las encuestas revelaron un fenómeno psicológico fascinante y preocupante al mismo tiempo. Cerca de tres cuartas partes de los participantes consideraban que su habilidad para evitar tocar el arrecife estaba «por encima de la media». Algo matemáticamente imposible.
Ese exceso de confianza encaja con dos sesgos psicológicos muy conocidos:
1️⃣ La llamada superioridad ilusoria: la tendencia humana a pensar que somos mejores que los demás.
2️⃣ El célebre efecto Dunning-Kruger, según el cual las personas menos competentes suelen ser precisamente las que más sobreestiman sus capacidades.
Y eso fue exactamente lo que observaron los investigadores. Los buceadores que más tocaban el arrecife eran también quienes más subestimaban su impacto real.
Cuando los científicos compararon las grabaciones reales con lo que los participantes creían haber hecho bajo el agua, descubrieron que los submarinistas infravaloraban sus contactos con el arrecife casi cinco veces.
🗣️ «Muchos buceadores creen que son cuidadosos y que generan poco impacto, pero nuestros datos muestran una desconexión constante entre la percepción y el comportamiento», señala Lin.
El hallazgo tiene implicaciones importantes porque desmonta una idea muy extendida: la de que bastaría con informar a los turistas para resolver el problema. Según el estudio, muchas personas ya creen estar actuando correctamente y, por tanto, no sienten necesidad de cambiar.
El «efecto contagio» bajo el agua: si uno toca el coral, otros también lo hacen
La investigación también revela que el comportamiento de los buceadores es profundamente social. Cuando un submarinista tocaba el arrecife, aumentaban considerablemente las probabilidades de que otros hicieran lo mismo en ese mismo momento.
Los científicos observaron una especie de contagio conductual bajo el agua. Si nadie alrededor tocaba el coral, la probabilidad de contacto era relativamente baja. Pero cuando otro miembro del grupo lo hacía, el riesgo se multiplicaba.
El fenómeno recuerda a lo que ocurre en otros contextos ambientales: si alguien tira basura al suelo, aumenta la probabilidad de que otros también lo hagan. Bajo el agua sucede algo parecido. Las personas toman como referencia el comportamiento ajeno, incluso en un entorno tan delicado como un arrecife coralino.
Por eso los autores creen que los guías de buceo pueden desempeñar un papel crucial. No solo porque vigilan a los grupos, sino porque actúan como modelos de conducta. Un guía cuidadoso puede transmitir normas de comportamiento sostenibles; uno negligente puede normalizar prácticas dañinas.
El investigador Bing Lin, de la Universidad de Sídney y autor principal del estudio, advierte de que muchos buceadores subestiman el impacto real de sus inmersiones sobre los arrecifes de coral. Cortesía: The University of Sydney.
Las cámaras submarinas aumentan el riesgo de dañar el coral
Otro de los factores más relacionados con el deterioro del arrecife fue el uso de accesorios, especialmente cámaras submarinas.
Los investigadores comprobaron que cuanto más sofisticado era el equipo fotográfico, mayor era el número de contactos con el coral. Los usuarios de cámaras réflex submarinas encabezaban claramente las estadísticas.
La explicación parece sencilla: fotografiar vida marina exige acercarse más, concentrarse en el encuadre y, muchas veces, perder conciencia de la posición del cuerpo o del equipo. El fotógrafo se obsesiona con capturar el pez, el tiburón o la tortuga… y deja de prestar atención a las delicadas estructuras coralinas que tiene alrededor.
El estudio también detectó más contactos entre quienes utilizaban varillas metálicas para apoyarse o guantes, accesorios que en algunos destinos turísticos ya están restringidos precisamente por su potencial impacto ecológico.
Ver tiburones, tortugas o mantas raya multiplica los daños al arrecife
Pero quizá el descubrimiento más llamativo del estudio tiene que ver con la fauna marina.
Los encuentros con animales marinos, como tortugas, tiburones, rayas o bancos de peces, provocaban un aumento drástico de los contactos con el arrecife. Cuando aparecía fauna interesante:
✅ Los contactos intencionados aumentaban un 220%.
✅ Los accidentales, un 85%.
✅ Los dañinos, más de un 100%.
Los científicos hablan de una auténtica paradoja turística: precisamente aquello que atrae a los visitantes hacia los arrecifes —la espectacular biodiversidad marina— acaba desencadenando comportamientos que deterioran el hábitat del que dependen esas especies.
En otras palabras: cuanto más emocionante es la inmersión, mayor puede ser el daño ecológico.
Un tiburón pasando cerca, una manta raya sobrevolando el arrecife o una tortuga descansando sobre el coral generan una mezcla de adrenalina y fascinación que hace que muchos submarinistas pierdan momentáneamente el control de su flotabilidad o se acerquen demasiado al fondo.
¡Tranquilos, yo controlo! Un submarinista posa sonriente durante una inmersión en arrecifes tropicales. El estudio detectó entre muchos buceadores el llamado efecto Dunning-Kruger: quienes menos controlaban su flotabilidad y más dañaban el coral eran, precisamente, los que más sobreestimaban sus habilidades bajo el agua. Foto de Sebastian Pena Lambarri en Unsplash
El turismo submarino también puede formar parte de la solución
Cómo reducir el impacto del buceo sobre los arrecifes
Pese a todo, los autores no demonizan el turismo de buceo. De hecho, recuerdan que esta actividad genera miles de millones de euros al año, sostiene economías locales enteras y puede fomentar el apoyo social a la conservación marina.
El problema no es el buceo en sí, sino cómo se practica.
🗣️ «Resulta difícil cuantificar la verdadera magnitud del problema del contacto con los arrecifes —reconoce Lin. Y añade—: Pero lo que está claro es que el turismo submarino no regulado es un factor local de deterioro pasado por alto, que se suma y amplifica otros factores de estrés agudos y crónicos que afectan a los arrecifes».
El estudio encontró señales esperanzadoras en algunos operadores turísticos adheridos al programa Green Fins, una certificación internacional de buenas prácticas ambientales. Los centros con estándares más estrictos registraban menos contactos con el arrecife, especialmente entre los propios guías de buceo.
Eso sugiere que la formación, la regulación y las normas sociales sí pueden marcar diferencias reales.
Los investigadores proponen varias medidas para proteger los arrecifes de coral del turismo de buceo. entre ellas, estas seis:
1️⃣ Mejorar el entrenamiento en control de flotabilidad
2️⃣ Limitar el tamaño de los grupos
3️⃣ Restringir ciertos accesorios submarinos
4️⃣ Reforzar las sesiones informativas antes de cada inmersión
5️⃣ Establecer distancias mínimas respecto al coral
6️⃣ Aumentar los estándares ambientales de certificación
Un problema local que agrava una crisis global
Una tortuga marina nada junto a una submarinista en un arrecife tropical. El estudio revela que los encuentros con fauna marina —uno de los grandes atractivos del turismo de buceo— aumentan significativamente el riesgo de contactos y daños accidentales sobre los frágiles ecosistemas coralinos. Foto de NEOM en Unsplash
También plantean algo más ambicioso: transformar la cultura del buceo recreativo para que tocar el arrecife deje de considerarse un accidente inevitable y pase a verse como una conducta socialmente inaceptable.
Porque, al final, el futuro de muchos arrecifes podría depender no solo del cambio climático o de la contaminación, sino también de millones de pequeños gestos humanos bajo el agua.
«El turismo es fundamental para muchas economías costeras, incluidas aquellas estrechamente vinculadas a Australia —afirma Lin—. Pero, sin cambios en el comportamiento de los buceadores, en su formación y en los estándares de la industria, existe el riesgo de socavar precisamente los ecosistemas de los que depende»..
➡️ Y quizá la lección más incómoda de este estudio sea precisamente esa: que incluso quienes aman profundamente los océanos pueden contribuir, sin querer, a destruirlos.
«Ante todo, los buceadores deben comprender que forman parte del problema antes de que podamos convencerlos de que formen parte de la solución», concluye el investigador.▪️(27 mayo-2026)
ARRECIFES DE CORAL
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Buceo y Arrecifes
🤿 ¿El buceo recreativo daña los arrecifes de coral?
Sí. Según este estudio, los submarinistas realizan contactos frecuentes con los corales y alrededor del 41% provoca daños visibles.
🤿 ¿Los daños al coral son intencionados?
En la mayoría de los casos no. Más del 80% de los daños detectados fueron accidentales o pasaron desapercibidos para los buceadores.
🤿 ¿Qué actividades aumentan más el riesgo de dañar el coral?
El uso de cámaras submarinas, los encuentros con fauna marina y la mala flotabilidad son algunos de los factores más relacionados con los impactos.
🤿 ¿Se puede practicar un buceo sostenible?
Sí. Los investigadores defienden que una mejor formación, normas ambientales más estrictas y cambios de comportamiento pueden reducir significativamente el impacto ecológico del turismo submarino.
Información facilitada por la Universidad de Sídney
Fuente: Lin, B., T. Bearpark, R. C. Roche, et al. Causes and Correlates of Unsustainable Scuba Diving Tourism on Coral Reefs. Conservation Letters (2026). DOI: https://doi.org/10.1111/con4.70055

