El calentamiento global abre la puerta a miles de especies exóticas en el Ártico

El aumento acelerado de las temperaturas y de la actividad humana está debilitando una de las últimas barreras naturales del planeta. Un estudio científico alerta de que más de 2.500 especies vegetales exóticas ya encuentran condiciones climáticas adecuadas para establecerse en el Ártico.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El Ártico ha sido uno de los últimos grandes refugios naturales frente a las invasiones biológicas.

El Ártico ha sido uno de los últimos grandes refugios naturales frente a las invasiones biológicas. El frío extremo, las estaciones de crecimiento brevísimas y el relativo aislamiento humano actuaban como un filtro casi infranqueable para plantas procedentes de otras regiones del planeta. Foto de Cassie Matias en Unsplash

El Ártico ha sido uno de los últimos grandes refugios naturales frente a las invasiones biológicas. El frío extremo, las estaciones de crecimiento brevísimas y el relativo aislamiento humano actuaban como un filtro casi infranqueable para plantas procedentes de otras regiones del planeta.

Sin embargo, ese blindaje natural empieza a resquebrajarse. Un nuevo estudio científico alerta de que miles de especies vegetales no autóctonas podrían encontrar en las próximas décadas un hogar viable en las regiones más septentrionales del planeta, impulsadas por el calentamiento global y por una presencia humana cada vez más intensa.

«Hemos encontrado un total de 2.554 especies que podrían hallar un nicho climático adecuado en el Ártico actual», explica Kristine Bakke Westergaard, profesora asociada del Departamento de Historia Natural del Museo Universitario de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU).

2.554 especies con potencial para colonizar el Ártico

La investigación, publicada en la revista especializada NeoBiota, identifica hasta 2.554 especies de plantas vasculares que, aunque hoy no forman parte de la flora ártica, ya cuentan con condiciones climáticas potencialmente adecuadas para establecerse allí.

No se trata de una predicción de invasiones inminentes, sino de un mapa de riesgos: un ejercicio de escaneo del horizonte que señala qué especies podrían llegar, sobrevivir y expandirse si se dan las circunstancias adecuadas.

El Ártico se calienta casi cuatro veces más rápido que la media del planeta. Ese calentamiento no solo derrite el hielo marino y los glaciares, sino que transforma los suelos, alarga las temporadas de crecimiento y reduce el estrés térmico para muchas plantas. A la vez, la región vive un aumento sostenido de la actividad humana: más turismo, más investigación científica, más infraestructuras y más transporte de mercancías. Cada barco, avión o vehículo es también un potencial vector de semillas.

👉 «Durante mucho tiempo, las invasiones biológicas han sido un problema menor en el Ártico, pero esa situación está cambiando rápidamente», señalan los autores del estudio.

Un atlas de vulnerabilidad del Ártico

El trabajo parte de una gran base de datos global de plantas que ya se han naturalizado fuera de sus áreas de origen y cruza esa información con millones de registros de distribución y con datos climáticos detallados.

El objetivo es sencillo de formular, aunque complejo de ejecutar: averiguar qué especies del mundo ya viven en climas similares a los que hoy o muy pronto existirán en el Ártico.

El resultado es un atlas de vulnerabilidad que dibuja un Ártico muy desigual. «Nuestros resultados muestran que especies exóticas procedentes prácticamente de todo el mundo pueden encontrar un nicho en las regiones árticas. Y con toda la actividad humana que hay ahora en la región, existen muchas oportunidades para que lleguen», advierte Westergaard.

Mapa de las zonas del Ártico con mayor riesgo de acoger nuevas plantas exóticas: cuanto más claro es el color, mayor es el número de especies potenciales por kilómetro cuadrado.

Mapa de las zonas del Ártico con mayor riesgo de acoger nuevas plantas exóticas: cuanto más claro es el color, mayor es el número de especies potenciales por kilómetro cuadrado. Ilustración: NTNU University Museum

Zonas más vulnerables: Alaska, Groenlandia y el norte de Europa

Las zonas con mayor riesgo de recibir nuevas especies exóticas se concentran en las regiones más meridionales y relativamente templadas.

«Nuestro mapa muestra zonas calientes en el Ártico donde muchas especies exóticas pueden tolerar el clima. El mayor número de especies se encuentra en el norte de Noruega», señala Tor Henrik Ulsted, primer autor del estudio e investigador de la NTNU.

El oeste de Alaska encabeza la lista, con más de 1.200 especies potenciales, seguido del sur de Groenlandia —tanto en su vertiente occidental como oriental—, el norte de Islandia, Fennoscandia y la región de Kanin-Pechora, en el norte de Rusia. En contraste, los archipiélagos de latitudes más extremas, como Svalbard o la Tierra de Francisco José, presentan un número mucho menor de especies potenciales, aunque no están completamente a salvo. «Incluso en Svalbard, 86 especies exóticas pueden encontrar un nicho climático adecuado», subraya Westergaard.

Turismo y actividad humana como vectores de invasión

Estos puntos calientes no son casuales. Coinciden con áreas donde el clima ya es relativamente benigno dentro del contexto ártico y donde la actividad humana es más intensa. Puertos, aeropuertos, asentamientos, estaciones científicas y destinos turísticos funcionan como puertas de entrada.

Allí, los suelos removidos por las obras, las carreteras o las edificaciones ofrecen nichos ideales para que las plantas recién llegadas germinen y se establezcan.

El estudio muestra que la mayoría de las especies con potencial para colonizar el Ártico proceden de regiones templadas de Europa y Norteamérica. Alemania, Francia, Suecia o Austria destacan como grandes reservorios de posibles futuras invasoras, al igual que zonas muy transitadas de Estados Unidos y Canadá.

👉 Pero la amenaza no se limita a áreas cercanas: también aparecen especies originarias de Asia Central, China o incluso América del Sur. En un mundo globalizado, la distancia geográfica importa cada vez menos, afirman los autores del informe.

En los últimos años, un número sorprendentemente alto de especies exóticas ha logrado prosperar en Svalbard. En 2024 se identificó allí por primera vez el ruibarbo de los pobres​ (Thalictrum flavum).

En los últimos años, un número sorprendentemente alto de especies exóticas ha logrado prosperar en Svalbard. En 2024 se identificó allí por primera vez el ruibarbo de los pobres​ (Thalictrum flavum), en plena floración sobre una ladera rica en nutrientes en Barentsburg. Foto: Kristine Bakke Westergaard / NTNU University Museum

Por qué las especies de latitudes altas tienen ventaja

Una de las conclusiones más claras del trabajo es que las especies que ya viven en latitudes altas, aunque no sean propiamente árticas, tienen muchas más probabilidades de encontrar condiciones adecuadas en el norte extremo.

Plantas acostumbradas a inviernos largos y veranos cortos parten con ventaja frente a especies tropicales o subtropicales. A medida que aumenta la latitud de origen, crece también la probabilidad de que una planta encuentre en el Ártico un clima compatible con su supervivencia.

Algunas de las especies identificadas como especialmente preocupantes ya tienen parientes cercanos —o incluso subespecies— presentes en el Ártico. Es el caso de ciertos sauces, gramíneas o compuestas que forman complejos taxonómicos amplios y muy adaptables. En otros casos, se trata de plantas que hoy prosperan en zonas montañosas o boreales y que podrían dar el salto hacia el norte con relativa facilidad.

Una amenaza para la vegetación «frágil»

La investigación subraya que, aunque muchas de estas especies no se conviertan en invasoras agresivas, su mera presencia puede alterar comunidades vegetales frágiles y muy especializadas.

Hasta ahora, solo unas pocas centenas de plantas exóticas han sido registradas en el Ártico, y apenas una decena se consideran realmente invasoras. Pero los autores advierten de que ese número puede crecer con rapidez si no se actúa a tiempo.

La experiencia en otras regiones del mundo muestra que, una vez que una especie invasora se establece y se expande, erradicarla resulta extremadamente costoso o directamente imposible.

La ladera situada bajo antiguos graneros y edificios agrícolas en Longyearbyen se ha convertido en un lugar idóneo para que nuevas especies exóticas logren establecerse.

La ladera situada bajo antiguos graneros y edificios agrícolas en Longyearbyen, enriquecida durante años por restos de estiércol y residuos orgánicos, se ha convertido en un lugar idóneo para que nuevas especies exóticas logren establecerse. Foto: Kristine Bakke Westergaard / NTNU University Museum

La detección temprana como clave para frenar invasiones

Por eso, el estudio insiste en la importancia de la detección precoz y la respuesta rápida. «Nuestro objetivo a largo plazo es ayudar a identificar las especies exóticas antes de que se vuelvan invasoras y problemáticas», resume Ulsted. Identificar las especies con mayor riesgo potencial permite centrar los esfuerzos de vigilancia y prevención en listas concretas, en lugar de reaccionar cuando el problema ya está desbordado.

En este sentido, la ciencia ciudadana puede jugar un papel clave: excursionistas, residentes locales, trabajadores del sector turístico o investigadores pueden convertirse en una red de observadores capaces de detectar las primeras señales de una invasión.

El reto no es solo ecológico, sino también político y social. «Estos comités llevan mucho tiempo considerando que es muy laborioso, casi imposible, elaborar una lista de especies relevantes que deban evaluarse como posibles nuevas especies exóticas», explica Westergaard, en referencia a los organismos encargados de evaluar el riesgo biológico.

Proteger el Ártico de las invasiones biológicas implica reforzar las medidas de bioseguridad en puertos y aeropuertos, regular el transporte de suelos y materiales, y concienciar a quienes visitan o trabajan en la región. En lugares como Svalbard, donde la introducción intencionada de especies está prohibida, las entradas accidentales siguen siendo una amenaza real.

Un Ártico en transformación ecológica

Los autores del estudio también llaman a una reflexión más amplia. En un Ártico que cambia rápidamente, no todas las especies recién llegadas tendrán necesariamente efectos negativos. Algunas podrían incluso desempeñar funciones ecológicas que ayuden a estabilizar suelos o a mantener ciertos procesos ecosistémicos.

La clave estará en distinguir entre las incorporaciones relativamente inocuas y aquellas capaces de desplazar a la flora nativa o de transformar de forma profunda los paisajes árticos.

El mensaje de fondo es claro: el Ártico ya no es una región aislada del resto del mundo. El calentamiento global y la globalización han abierto la puerta a un flujo biológico sin precedentes. Anticiparse a ese futuro, en lugar de limitarse a reaccionar, será esencial para conservar uno de los últimos grandes espacios naturales del planeta.▪️(4-febrero-2026)

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