El James Webb descubre nubes de sal en el famoso planeta Rosa, uno de los mundos más fríos jamás observados

El misterioso planeta Rosa siempre ha desconcertado a los astrónomos. Ahora, el telescopio espacial James Webb ha descubierto que este mundo «gélido» y lejano está envuelto por exóticas nubes de sal, una sorpresa que cambia nuestra visión de las atmósferas planetarias más frías del universo.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Podcast RexMolón: «El planeta rosa de las nubes de sal»
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Recreación artística de GJ 504 b, el famoso planeta Rosa, orbitando una estrella similar al Sol. Observaciones del James Webb revelan que su atmósfera contiene moléculas como agua, metano y amoníaco, además de posibles nubes de sales minerales.

Recreación artística de GJ 504 b, el famoso planeta Rosa, orbitando una estrella similar al Sol. Observaciones del James Webb revelan que su atmósfera contiene moléculas como agua, metano y amoníaco, además de posibles nubes de sales minerales que podrían estar ocultando las capas más profundas del planeta. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

Desde que fue descubierto en 2013 mediante imágenes directas obtenidas por el telescopio Subaru del Observatorio Mauna Kea de Hawái, GJ 504 b ha sido uno de los objetos más extraños del vecindario cósmico. Este mundo, que orbita a 59 Virginis, una estrella parecida al Sol de la constelación de Virgo, a unos 57 años luz de la Tierra, ganó rápidamente el apodo de planeta Rosa, debido a su peculiar tonalidad magenta en las imágenes obtenidas en el infrarrojo.

Ahora, el telescopio espacial James Webb ha revelado que este extraño astro guarda un secreto aún más sorprendente: su atmósfera parece estar envuelta por nubes formadas por sales minerales, un fenómeno nunca observado con tanto detalle en un objeto de estas características.

El hallazgo, publicado en The Astronomical Journal, ofrece la primera caracterización espectroscópica directa de GJ 504 b y abre una nueva ventana al estudio de los mundos más fríos que pueden observarse fuera del Sistema Solar. Gracias a la extraordinaria sensibilidad del James Webb, los investigadores han logrado analizar la composición química de su atmósfera con un nivel de detalle impensable hace apenas unos años.

🗣️ «El planeta Rosa es el compañero planetario más frío descubierto hasta ahora mediante instrumentos terrestres — afirma Aneesh Baburaj, investigador de la Universidad Northwestern y autor principal del estudio, en un comunicado de esta institución. Y añade—: Muchos equipos de todo el mundo realizaron observaciones de seguimiento para estudiar su luz, pero era demasiado tenue para los instrumentos instalados en la Tierra. Eso lo convirtió en un objetivo perfecto para el James Webb».

Qué es GJ 504 b, el famoso planeta Rosa

GJ 504 b no es un planeta cualquiera. Se encuentra a unas 43 unidades astronómicas de su estrella —una distancia similar a la que separa al Sol de Plutón— y posee una masa situada entre unas diecinueve y veintisiete veces la de Júpiter. Esta cifra lo sitúa en una frontera difusa entre los planetas gigantes y las llamadas enanas marrones, objetos demasiado masivos para ser considerados planetas convencionales pero demasiado ligeros para iniciar reacciones nucleares sostenidas como las estrellas.

No obstante, lo que realmente lo convierte en un laboratorio excepcional es su temperatura. Con aproximadamente 564 grados Kelvin, equivalentes a unos 290 ºC, sigue siendo abrasador para los estándares terrestres, pero resulta extraordinariamente frío en comparación con la mayoría de los exoplanetas fotografiados directamente, que suelen superar los 700 ºC.

Esa relativa frialdad permite estudiar fenómenos atmosféricos imposibles de observar en mundos más calientes.

Las moléculas detectadas en su atmósfera

Para investigar este objeto, el equipo de investigación utilizó el espectrógrafo para el infrarrojo cercano o NIRSpec del telescopio James Webb, que es capaz de descomponer la luz en miles de colores diferentes y revelar así las huellas químicas presentes en la atmósfera.

🗣️ «Cuando por fin obtuvimos su espectro, enseguida vimos que era algo interesante —recuerda Baburaj—. Pero cuando empezamos a analizar los datos en profundidad, nos dimos cuenta de que no se parecía a nada de lo que habíamos estudiado antes».

Los datos obtenidos entre 2,9 y 5,3 micras mostraron señales inequívocas de numerosas moléculas. Entre ellas aparecen estas:

✅ Vapor de agua (H₂O)

✅ Metano (CH₄)

✅ Dióxido de carbono (CO₂)

✅ Monóxido de carbono (CO)

✅ Amoníaco (NH₃)

✅ Sulfuro de hidrógeno (H₂S)

Los investigadores también detectaron variantes isotópicas poco habituales del monóxido de carbono, algo extremadamente difícil de conseguir incluso en objetos relativamente brillantes.

La presencia simultánea de estas moléculas permite reconstruir la química atmosférica del planeta Rosa con gran precisión. El metano y el amoníaco, por ejemplo, son especialmente importantes porque se vuelven abundantes cuando las temperaturas descienden, por lo que actúan como auténticos termómetros naturales.

Pero la mayor sorpresa no estaba en las moléculas.

Imagen compuesta obtenida con el telescopio Subaru, que muestra al exoplaneta GJ 504 b orbitando una estrella similar al Sol.

Imagen compuesta obtenida con el telescopio Subaru, que muestra al exoplaneta GJ 504 b orbitando una estrella similar al Sol. La imagen combina observaciones en dos longitudes de onda del infrarrojo cercano y, tras eliminar el resplandor estelar disperso, permite distinguir claramente al llamado planeta Rosa. Cortesía: NASA’s Goddard Space Flight Center / NAOJ.

El hallazgo más sorprendente: nubes de sal

Cuando los científicos intentaron modelizar la atmósfera de GJ 504 b utilizando modelos tradicionales, algo no encajaba. Los cálculos reproducían mal la estructura térmica observada y sugerían que faltaba algún ingrediente importante.

La explicación más probable era la existencia de nubes.

En la Tierra asociamos las nubes al agua líquida o al hielo, pero en otros mundos pueden estar formadas por materiales completamente diferentes. En los gigantes gaseosos calientes se han propuesto nubes de hierro, silicatos e incluso minerales vaporizados.

En el caso de GJ 504 b, sin embargo, las temperaturas son lo suficientemente bajas como para permitir la condensación de compuestos mucho más exóticos.

🗣️«Realizamos simulaciones incorporando nubes y los resultados coincidían con lo que sabemos sobre los planetas fríos —explica Baburaj. Y añade—: Probamos tres tipos diferentes de nubes y las de sal fueron las que mejor encajaron. Cuando tuvimos en cuenta esas nubes salinas, la señal de las moléculas ocultas en las capas más profundas de la atmósfera quedó atenuada. Entonces los resultados empezaron a tener sentido desde el punto de vista físico».

Baburaj y sus colegas probaron distintos modelos atmosféricos y descubrieron que los datos encajaban mucho mejor cuando incorporaban nubes compuestas por cloruro de potasio (KCl) y sulfuro de zinc (ZnS).

Aunque estas nubes no producen señales espectrales directas fáciles de detectar, modifican la forma en que la atmósfera absorbe y emite radiación. Es precisamente ese efecto indirecto el que permitió inferir su presencia.

Cómo sabemos que en GJ 504 b hay nubes de sal

La idea de nubes de sal puede sonar extraña, pero es una consecuencia natural de la física atmosférica en ambientes extremos.

En la Tierra, el agua se evapora, asciende y vuelve a condensarse formando nubes. En GJ 504 b ocurre algo parecido, aunque con sustancias radicalmente distintas. A las temperaturas y presiones adecuadas, compuestos como el cloruro de potasio pueden pasar del estado gaseoso al sólido o líquido y formar diminutas partículas suspendidas en la atmósfera.

Si un observador pudiera sobrevivir en aquel entorno, contemplaría probablemente cielos dominados por brumas minerales y precipitaciones compuestas por materiales que en nuestro planeta encontraríamos en una salina o en un laboratorio químico.

Los autores creen que estas nubes se sitúan aproximadamente alrededor de una región atmosférica cercana a un bar de presión, equivalente a la presión atmosférica terrestre al nivel del mar.

Más sorprendente aún es que los investigadores no observaron directamente las nubes. Su existencia se deduce por la forma en que alteran la luz procedente de las capas más profundas de la atmósfera. Es un trabajo de auténtica arqueología atmosférica: reconstruir un mundo lejano a partir de pequeñas pistas escondidas en su espectro.

Interpretación artística de cómo podría verse el cielo de GJ 504 b desde una hipotética plataforma de observación.

Interpretación artística de cómo podría verse el cielo de GJ 504 b desde una hipotética plataforma de observación. Aunque se trata de un gigante gaseoso sin superficie sólida conocida, los científicos creen que sus capas atmosféricas superiores podrían albergar exóticas nubes de cloruro de potasio y sulfuro de zinc, creando un entorno dominado por brumas rosadas y fenómenos meteorológicos extremos. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

¿Es realmente un planeta?

El estudio también aporta pistas sobre uno de los grandes debates que rodean a GJ 504 b desde su descubrimiento: ¿es realmente un planeta gigante o una pequeña enana marrón?

La cuestión no es moco de pavo, porque ambos tipos de objetos podrían formarse mediante mecanismos distintos.

Los análisis realizados con el James Webb indican que la atmósfera presenta una metalicidad elevada, es decir, contiene una proporción de elementos pesados superior a la observada en el Sol. Este enriquecimiento químico recuerda más a lo que ocurre en los planetas gigantes que a lo observado habitualmente en las enanas marrones.

Además, los investigadores encontraron indicios de abundancias elevadas de carbono y posiblemente de oxígeno respecto a la estrella anfitriona. Aunque las pruebas todavía no son definitivas, estos resultados respaldan la idea de que GJ 504 b pudo haberse formado mediante procesos similares a los que dieron origen a Júpiter y Saturno.

Sin embargo, los autores son prudentes y señalan que todavía no puede descartarse por completo una naturaleza más cercana a la de una enana marrón. Con unas 25 masas jovianas, el objeto se sitúa precisamente en una región donde las definiciones tradicionales empiezan a difuminarse.

Un telescopio excepcional

Más allá del caso concreto de GJ 504 b, el trabajo demuestra el enorme potencial del James Webb para estudiar mundos fríos y difíciles de observar.

Antes de la llegada del telescopio espacial, este objeto era tan tenue que los astrónomos apenas podían obtener algunas mediciones fotométricas.

🗣️ «En el pasado, otros astrónomos observaron este objeto durante una noche entera utilizando algunos de los telescopios más grandes del mundo para intentar obtener un espectro —dice Baburaj—. Y no lograron verlo. Con el James Webb, toda nuestra observación duró alrededor de dos horas y tuvimos éxito».

Ahora han conseguido identificar moléculas específicas, estimar su masa, reconstruir su estructura atmosférica e incluso detectar indicios de sistemas meteorológicos exóticos.

La capacidad del Webb para analizar longitudes de onda inaccesibles desde la superficie terrestre está transformando nuestra visión de estos mundos. Cada nueva observación acerca a los astrónomos a responder preguntas fundamentales sobre cómo se forman los planetas gigantes y qué diversidad de atmósferas puede existir en la galaxia.

Mapa de detección de GJ 504 b obtenido por el telescopio espacial James Webb. Tras eliminar el brillo de la estrella anfitriona, el planeta Rosa aparece claramente identificado, lo que permite estudiar con detalle su atmósfera y descubrir posibles nubes de sal. Cortesía: JWST/NIRSpec.

Por qué este descubrimiento es importante

Lo que hace apenas unos años era una simple mancha rosada fotografiada junto a una estrella lejana se ha convertido en un laboratorio natural para estudiar atmósferas extremas. Y es probable que no sea el último. Los astrónomos esperan aplicar técnicas similares a objetos aún más fríos, acercándose poco a poco a mundos comparables a los gigantes gaseosos de nuestro propio Sistema Solar.

«Es la primera vez que descubrimos que las nubes de sal son un elemento fundamental para explicar el espectro de un objeto de este tipo —asevera Baburaj. Y concluye—: Es un buen recordatorio de que debemos tener en cuenta las nubes en nuestros modelos».

Mientras tanto, el famoso planeta Rosa sigue haciendo honor a su reputación de rareza cósmica. Ya no es solo uno de los objetos más fríos jamás fotografiados directamente. Ahora también es el mejor candidato conocido para albergar un fenómeno que parece sacado de la ciencia ficción: un cielo cubierto por nubes de sal flotando sobre un gigante gaseoso perdido en la oscuridad interestelar.▪️(19-junio-2026)

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Planeta Rosa y Nubes de Sal

🌧️ ¿Qué son las nubes de sal?

Son nubes formadas por partículas minerales condensadas, como cloruro de potasio o sulfuro de zinc, en lugar de agua.

🌧️ ¿Dónde está el planeta Rosa?

También llamado GJ 504 b, este mundo se encuentra a unos 57 años luz de la Tierra.

🌧️ ¿Por qué se llama planeta Rosa?

Porque presenta una tonalidad rosada o magenta en determinadas imágenes obtenidas en el infrarrojo.

🌧️ ¿Qué telescopio realizó el descubrimiento?

El telescopio espacial James Webb, utilizando el instrumento espectroscópico NIRSpec.

🌧️ ¿Es el planeta más frío conocido?

No, pero sí es uno de los objetos de masa planetaria más fríos observados directamente mediante imágenes.

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • El James Webb ha estudiado con detalle la atmósfera de GJ 504 b, conocido como el Planeta Rosa.

  • Los investigadores han encontrado evidencias de nubes de sal formadas por cloruro de potasio y sulfuro de zinc.

  • También han detectado agua, metano, dióxido de carbono, amoníaco y sulfuro de hidrógeno.

  • GJ 504 b es uno de los objetos planetarios más fríos jamás fotografiados directamente.

  • El descubrimiento ayuda a entender cómo son las atmósferas de los gigantes gaseosos fríos y podría facilitar el estudio de mundos similares a Júpiter.

  • Información facilitada por la Northwestern University

  • Fuente: Aneesh Baburaj et al. JWST-TST High Contrast: First Direct Spectroscopy of GJ 504 b Reveals Clouds and Possible Metal Enrichment. The Astronomical Journal (2026). DOI: 10.3847/1538-3881/ae6919

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