Los científicos descubren algo extraño dentro del musgo: diminutas plantas del desierto esconden inesperados compañeros fúngicos
Durante décadas, los científicos creyeron que los musgos vivían solos, sin la ayuda de hongos. Ahora, un hallazgo inesperado en los desiertos de California revela que estos diminutos vegetales podrían albergar unos aliados ocultos en su interior y reescribir un capítulo clave de la evolución vegetal.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un nuevo estudio revela que algunas especies de musgo podrían albergar hongos en su interior, una asociación inesperada que podría cambiar lo que sabemos sobre la evolución de las plantas terrestres. Foto de Ronaldo de Oliveira
¿Qué han descubierto exactamente los científicos?
Los botánicos daban por sentado que los musgos eran una rara excepción en el reino vegetal. Mientras que la inmensa mayoría de las plantas terrestres viven asociadas a hongos que las ayudan a absorber nutrientes y agua, los musgos parecían haber seguido un camino evolutivo distinto, sin necesidad de estos aliados subterráneos.
Sin embargo, un nuevo estudio realizado en los desiertos de California acaba de poner en duda esa idea, y saca a la luz algo sorprendente: algunas especies de musgo albergan en su interior hongos que nunca se habían documentado de esta manera.
El hallazgo, publicado en la revista New Phytologist, no solo altera lo que sabemos sobre la biología de los musgos, sino que también podría aportar pistas sobre uno de los capítulos más importantes de la historia de la vida: la conquista de la tierra firme por las primeras plantas hace unos 470 millones de años.
¿Qué son las costras biológicas de suelo?
Los protagonistas de esta historia viven en algunos de los ambientes más hostiles de Norteamérica. Son musgos diminutos que forman parte de las llamadas costras biológicas de suelo, una fina capa de comunidades de organismos que recubre la superficie de numerosos desiertos. Aunque a simple vista parecen poco más que manchas oscuras sobre la arena o la roca, estas costras constituyen auténticos ecosistemas en miniatura.
Están formadas por comunidades de cianobacterias, algas, líquenes, hongos y musgos que trabajan conjuntamente para estabilizar el suelo, capturar carbono atmosférico y reciclar nutrientes. En conjunto, desempeñan un papel ecológico tan importante que algunos estudios estiman que absorben cada año casi cuatro gigatoneladas netas de carbono, una cifra equivalente a aproximadamente la mitad de las emisiones anuales generadas por la combustión mundial de combustibles fósiles.
Sin embargo, estos ecosistemas son extremadamente vulnerables al calentamiento global. Los investigadores advierten de que la creciente aridez podría provocar una reducción drástica de las costras biológicas en muchas regiones del planeta durante las próximas décadas.
Detalle ampliado de un musgo recolectado en la Estación de Investigación Anza-Borrego, en California. Sus diminutas hojas y estructuras microscópicas permiten a los científicos identificar la especie y estudiar las inesperadas asociaciones con hongos descubiertas en su interior. Cortesía: Kian Kelly / UCR
En qué consisten las micorrizas
El equipo liderado por Kian H. Kelly, botánico y patólogo de la Universidad de California en Riverside, en Estados Unidos, se propuso investigar qué tipos de hongos viven asociados a los musgos de estas costras desérticas.
La cuestión no era trivial. Los científicos saben desde hace tiempo que muchas plantas mantienen relaciones simbióticas con hongos micorrícicos, organismos que colonizan sus tejidos y les proporcionan agua y nutrientes minerales a cambio de azúcares producidos mediante la fotosíntesis, el proceso mediante el cual las plantas, las algas y algunas bacterias utilizan la luz solar para transformar agua y dióxido de carbono (CO₂) en azúcares que les sirven de alimento, liberando oxígeno como subproducto.
Una asociación para colonizar la tierra firme
Estas asociaciones son tan antiguas que quizá desempeñaron un papel decisivo cuando las primeras plantas abandonaron los ambientes acuáticos y comenzaron a colonizar la superficie terrestre. Sin la ayuda de los hongos, aquel salto evolutivo quizá nunca habría ocurrido.
Lo extraño es que los musgos parecían no participar en este tipo de alianzas. De hecho, se consideraban el único gran grupo de plantas terrestres que carecía de simbiosis fúngicas estables. Aunque algunos estudios habían detectado ADN de hongos en muestras de musgo, la mayoría de los investigadores interpretaba esos hallazgos como simples contaminaciones procedentes del suelo circundante.
🗣️ «Ese era el paradigma aceptado —explica Jason Stajich, profesor de Microbiología y Patología Vegetal de la Universidad de California en Riverside y coautor del estudio. Y añade—: Se pensaba que los musgos no necesitaban asociarse con hongos».
Cómo fue la búsqueda de musgos
Para comprobar qué estaba ocurriendo realmente, los científicos recorrieron diversos enclaves del desierto de Mojave, el desierto de Colorado y la costa californiana. Allí recogieron costras biológicas dominadas por musgos y analizaron tanto los tejidos vegetales como el suelo adyacente.
El trabajo de campo resultó mucho más complicado de lo que podría parecer. «En ocasiones me resultaba imposible encontrar la misma especie de musgo —recuerda Kian Kelly, autor principal del estudio—. Pasé largas jornadas recorriendo el desierto bajo un calor extremo para comparar poblaciones que crecían en ambientes áridos y en otros más húmedos».
Los investigadores querían averiguar si las diferencias climáticas influían en las comunidades de hongos que viven en el interior de los musgos. La respuesta podría ayudar a predecir cómo afectará el cambio climático a estos organismos a medida que aumente la aridez en muchas regiones del planeta.
➡️ La clave del experimento fue un procedimiento poco habitual: esterilizar cuidadosamente la superficie de los musgos antes de estudiar su ADN. De esta forma podían eliminar los microorganismos externos y concentrarse únicamente en los que vivían dentro de las plantas.
Posteriormente aplicaron técnicas de secuenciación genética de alta resolución para identificar las especies presentes y compararlas con las encontradas en el suelo desnudo cercano.
Los resultados fueron muy interesantes.
Microfotografías de tejidos de musgo teñidos con azul de tripano que muestran estructuras fúngicas en su interior. Los investigadores identificaron hifas, ramificaciones intracelulares, vesículas de almacenamiento y otras formaciones características de los hongos Glomeromycotina, una evidencia que sugiere una inesperada asociación entre estos microorganismos y los musgos del desierto. Cortesía: Kian Kelly et al. / New Phytologist
Qué tienen de especial los hongos «Glomeromycotina»
Los investigadores detectaron abundantes representantes de un grupo de hongos denominado Glomeromycotina, que son conocidos por formar micorrizas arbusculares con numerosas plantas. Recordemos que este tipo de micorrizas se caracterizan por que los hongos forman en el interior de las células vegetales unas diminutas estructuras ramificadas con aspecto de árbol —llamadas arbúsculos— que sirven para intercambiar agua y nutrientes por azúcares.
Lo más llamativo era que las comunidades de hongos encontradas en los musgos eran claramente diferentes de las presentes en el suelo circundante. Si los hongos fueran simples contaminantes procedentes de la tierra, cabría esperar composiciones similares. Pero no era eso lo que mostraban los análisis.
Los musgos parecían albergar su propia comunidad fúngica especializada.
Más sorprendente aún fue descubrir que los hongos asociados a los musgos del desierto no eran los mismos que aparecían en ejemplares procedentes de ambientes menos extremos.
«Sospechamos que algunos hongos ayudan especialmente a los musgos a soportar condiciones más cálidas y secas», señala Kelly.
El hallazgo más inesperado
La evidencia genética ya era llamativa, pero el descubrimiento más importante llegó al observar los tejidos vegetales bajo el microscopio.
Utilizando técnicas de tinción que permiten visualizar estructuras fúngicas, los investigadores encontraron hifas —los filamentos que forman el cuerpo de los hongos— penetrando en células sanas de una especie de musgo llamada Trichostomopsis australasiae.
Además observaron varias estructuras típicas de las micorrizas: hifas enrolladas, vesículas de almacenamiento y pequeñas ramificaciones intracelulares que recuerdan a los arbúsculos utilizados por estos hongos para intercambiar nutrientes con sus hospedadores.
Estas ramificaciones aparecían dentro de células perfectamente saludables, algo especialmente importante por que sugiere una relación potencialmente beneficiosa y no una infección patógena.
Fue un momento decisivo para los investigadores. «Cuando observé aquellas estructuras al microscopio supe inmediatamente que estábamos ante algo muy interesante», afirma Kelly.
Según los autores, se trata de una de las evidencias más sólidas obtenidas hasta ahora de que algunos musgos pueden mantener asociaciones íntimas con hongos del grupoGlomeromycotina.
Aunque todavía no se ha demostrado de forma directa el intercambio de nutrientes entre ambos organismos, la observación de estas estructuras internas representa un paso importante para comprender la naturaleza de la relación.
Una micorriza sin raíces
Las estructuras observadas recuerdan notablemente a los citados arbúsculos. Pero aquí aparece otro detalle intrigante: los musgos no tienen raíces verdaderas.
En este caso, las estructuras aparecían en las hojas. Por ello, los investigadores prefieren describirlas como similares a arbúsculos hasta que futuros estudios demuestren si realmente existe un intercambio de nutrientes entre ambos organismos.
Si se confirma, estaríamos ante una relación simbiótica que hasta ahora se creía inexistente en los musgos.
Una pista sobre el origen de las plantas terrestres
Las implicaciones del hallazgo van mucho más allá de los desiertos californianos.
Los musgos pertenecen a uno de los linajes vegetales más antiguos que existen en la actualidad. Por eso constituyen una especie de ventana evolutiva hacia los primeros ecosistemas terrestres.
Si realmente forman asociaciones con hongos similares a las micorrizas modernas, estas relaciones podrían reflejar mecanismos que ya existían cuando las primeras plantas comenzaron a extenderse sobre continentes hasta entonces prácticamente desprovistos de vegetación.
Los investigadores señalan que estas interacciones podrían ser análogas a las que facilitaron la colonización terrestre durante el Ordovícico, hace aproximadamente 470 millones de años.
Aquella transición transformó radicalmente el planeta. La expansión de las plantas modificó los suelos, alteró la composición atmosférica y creó las condiciones necesarias para la aparición de ecosistemas complejos.
Comprender cómo colaboraban plantas y hongos en aquellos tiempos remotos podría ayudar a reconstruir uno de los procesos evolutivos más trascendentales de la historia de la Tierra.
Microfotografía coloreada de Tortula papillosa, una especie de musgo observada con técnicas de microscopía que permiten distinguir con detalle la organización de sus tejidos. Cortesía: Christian Gautier / Biosphoto Agency / https://www.nikonsmallworld.com/
La importancia del clima
Otro aspecto interesante del estudio es que las comunidades fúngicas variaban según la localización geográfica.
Incluso cuando los investigadores analizaron la misma especie de musgo en ambientes distintos —desde zonas costeras relativamente húmedas hasta desiertos extremadamente áridos— observaron diferencias significativas en la composición y abundancia de los hongos asociados.
Las poblaciones costeras, por ejemplo, mostraban una diversidad particularmente elevada de estos microorganismos. Esto sugiere que factores ambientales como la humedad, la temperatura, la salinidad o la disponibilidad de nutrientes podrían influir en la formación y mantenimiento de estas asociaciones.
Los autores consideran que esta relación merece especial atención en un contexto de cambio climático, ya que las costras biológicas del suelo figuran entre los ecosistemas más sensibles al aumento de las temperaturas y a la intensificación de las sequías.
Aún queda mucho por descubrir
Los propios investigadores reconocen que quedan numerosas preguntas abiertas.
Todavía no está claro qué beneficios concretos obtienen los musgos de estos hongos ni si existe un intercambio activo de nutrientes comparable al que ocurre en las micorrizas de las plantas vasculares. Tampoco se sabe cuántas especies de musgo mantienen estas relaciones o hasta qué punto están extendidas en otros continentes.
Pero una cosa parece cada vez más evidente: los musgos esconden una complejidad biológica que había pasado desapercibida.
Lejos de ser simples alfombras verdes que sobreviven aferradas a las rocas y al suelo de los desiertos, algunas de estas pequeñas plantas parecen albergar un mundo microscópico de aliados invisibles. Un mundo que podría contener pistas sobre cómo la vida conquistó la tierra firme hace cientos de millones de años y sobre cómo los ecosistemas más frágiles del planeta responderán a un futuro cada vez más árido.
Kelly lo resume con una reflexión que encaja perfectamente con el espíritu del descubrimiento: «El desierto está lleno de cosas que la gente suele ignorar. A veces, las mayores sorpresas son precisamente las que crecen en silencio bajo nuestros pies».▪️(19-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Musgos y Hongos
🌱 ¿Los musgos tienen hongos en su interior?
Este estudio aporta evidencias de que algunas especies sí albergan hongos dentro de sus tejidos, aunque todavía se investiga si la relación es una auténtica simbiosis.
🌱 ¿Qué hongos encontraron los investigadores?
Principalmente hongos del grupo Glomeromycotina, conocidos por formar micorrizas arbusculares con numerosas plantas.
🌱 ¿Los musgos tienen raíces?
No poseen raíces verdaderas como las plantas vasculares. Por eso resulta tan sorprendente que los investigadores hayan encontrado estructuras similares a micorrizas dentro de sus hojas.
🌱 ¿Por qué este descubrimiento puede cambiar los libros de biología?
Porque durante décadas se consideró que los musgos eran el único gran grupo de plantas terrestres que no mantenía asociaciones simbióticas estables con hongos.
🌱 ¿Qué aplicaciones podría tener?
Podría ayudar a comprender mejor la evolución de las plantas terrestres, mejorar la restauración de ecosistemas degradados y aumentar la resiliencia de los ecosistemas desérticos frente al cambio climático.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
Científicos de la Universidad de California en Riverside han descubierto evidencias de que algunos musgos del desierto albergan hongos en el interior de sus tejidos.
Hasta ahora se creía que los musgos eran el único gran grupo de plantas terrestres sin relaciones simbióticas estables con hongos.
Los investigadores encontraron estructuras similares a las micorrizas arbusculares, una de las asociaciones biológicas más importantes del planeta.
El hallazgo podría ayudar a explicar cómo las primeras plantas colonizaron la tierra firme hace unos 470 millones de años.
También puede aportar información clave sobre la adaptación de los ecosistemas desérticos al cambio climático.
ASTROBIOLOGÍA
Información facilitada por la UC Riverside
Fuente: Kian H. Kelly, Claudia Coleine, Chris Coshland, Jason E. Stajich. Novel Glomeromycotina–moss associations identified in California dryland biocrusts. New Phytologist (2026). DOI: https://doi.org/10.1111/nph.71211

