El secreto del talón que convirtió a los primeros humanos en grandes caminantes

Apoyar primero el talón durante la marcha permitió a nuestros antepasados recorrer largas distancias gastando mucha menos energía. Pero aquella ventaja evolutiva tuvo un precio: impactos más fuertes sobre los huesos y las articulaciones.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La pisada de talón hizo más eficiente la marcha humana y permitió recorrer mayores distancias.

La pisada de talón hizo más eficiente la marcha humana y permitió recorrer mayores distancias. Foto de Siddharth Salve en Unsplash

Cada paso humano encierra una pequeña paradoja evolutiva. El talón llega primero al suelo; después, el peso avanza por la planta hasta que los dedos impulsan el cuerpo. Repetimos la secuencia miles de veces al día sin advertir que, según una nueva investigación, es menos común entre los grandes simios —gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes—de lo que se suponía y pudo ayudar a nuestros antepasados a recorrer grandes distancias sin agotar sus reservas de energía.

El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), muestra que la llamada pisada o impacto de talón reduce de forma considerable el coste energético de la marcha. La contrapartida es que transmite fuerzas más rápidas y elevadas hacia las piernas. La evolución no produjo, por tanto, un modo de andar perfecto, sino una solución de compromiso: ahorrar energía a cambio de necesitar huesos y articulaciones capaces de soportar el impacto.

¿Qué es la pisada o impacto de talón?

La pisada de talónheel strike, en biomecánica— ocurre cuando el calcáneo —el hueso más grande del pie y el que forma el talón— contacta primero con el suelo. Después, el pie rueda hacia delante y los dedos completan el impulso. Es la marcha humana habitual, pero no un patrón constante entre otros grandes simios.

🗣️ «Cuando la gente piensa en lo que hace única la marcha humana, habla de caminar erguidos, con la espalda recta y las piernas extendidas», explica Nicholas Holowka, antropólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania y autor principal del trabajo.

Su equipo añade otro rasgo a esa lista: la regularidad con la que aterrizamos sobre el talón.

Cómo compararon la marcha humana y la de los chimpancés

Holowka y sus colegas compararon la locomoción humana con la de nuestro pariente vivo más cercano. Tres chimpancés machos recorrieron, a cuatro patas y sobre dos, una pista de unos 11 metros con placas que medían las fuerzas ejercidas contra el suelo. Unas cámaras de lata velocidad registraron el ángulo de contacto de cada pie. El equipo añadió datos de otros tres chimpancés y revisó otros trabajos realizados con quince ejemplares más.

Los chimpancés podían apoyar primero el talón, pero con frecuencia aterrizaban sobre el borde externo o la parte anterior del pie. Además, recurrían menos al talón al avanzar erguidos que a cuatro patas. La variación de sus ángulos de entrada fue entre 2,4 y 8,6 veces mayor que la humana.

En cambio, las doce personas que fueron invitadas a participar en el estudio iniciaron con el talón todos los pasos de su marcha natural. También ensayaron una pisada que imitaba la preferida por los chimpancés: apoyar primero la zona situada detrás del dedo pequeño. En una cinta rodante, la medición del oxígeno consumido y el dióxido de carbono producido permitió calcular el gasto metabólico de ambas técnicas.

La marcha habitual necesitó entre un 26 % y un 41 % menos de energía que la pisada sobre la zona media o anterior. El talón inicia una base amplia; el cuerpo progresa sobre el pie y este rueda hacia delante hasta el impulso de los dedos. La transición alarga funcionalmente la extremidad y reduce el trabajo muscular.

Nicholas Holowka, antropólogo de Penn State, explica por qué los humanos evolucionaron para caminar apoyando primero el talón.

Nicholas Holowka, antropólogo de Penn State, explica por qué los humanos evolucionaron para caminar apoyando primero el talón. Cortesía: Ben Manning / Penn State.

Una pisada barata que golpea más fuerte

La ventaja energética no salió gratis. En los chimpancés que caminaban sobre dos piernas, la velocidad con la que aumentaba la fuerza ejercida sobre el cuerpo fue hasta un 138 % mayor con la pisada de talón que con el apoyo sobre la zona media. En los seres humanos, la diferencia alcanzó el 162 %.

Esto no significa que caminar normalmente produzca una lesión con cada paso. Indica que la carga se aplica con mayor rapidez y que el aparato locomotor debe absorberla y distribuirla.

Nathan Thompson, experto en biomecánica y coautor de la investigación, propone una comparación: quien intenta cruzar sin ruido un suelo de madera camina de puntillas: carga el piso más gradualmente. Es más suave, pero mantenerlo durante kilómetros sale caro en términos energéticos.

Según los autores, el apoyo constante del talón solo pudo consolidarse cuando la anatomía de nuestros ancestros estuvo preparada. El calcáneo humano es grueso y reparte las cargas, mientras que rodillas y tobillos poseen superficies articulares relativamente grandes.

Estas adaptaciones habrían combinado seguridad y ahorro energético.

Del «Homo erectus» a los cazadores-recolectores

El refuerzo locomotor resulta coherente con la anatomía del Homo erectus, especie que surgió hace alrededor de dos millones de años. Sus piernas largas y proporciones corporales favorecían los largos desplazamientos.

El golpe de talón pudo favorecer la búsqueda de recursos dispersos. Para los cazadores-recolectores, obtener calorías exigía recorrer el entorno, seguir rastros y transportar lo conseguido. Ahorrar en cada paso habría hecho rentables trayectos demasiado costosos con otra pisada.

Esto no demuestra que la pisada originara la caza, la recolección o las migraciones. Tampoco confirma por sí sola la discutida caza por persistencia, basada en perseguir a una presa hasta agotarla. La subsistencia dependió asimismo del clima, la tecnología y la cooperación.

Comparación del arco plantar en huellas humanas modernas y fósiles de Laetoli, Ileret y Koobi Fora, que revela diferentes formas de caminar entre los antiguos homininos. Cortesía: Hatala et al. / Science.

El bipedismo humano no evolucionó de una sola vez

En 2025, el paleontólogo etíope Yohannes Haile-Selassie, del Instituto de Orígenes Humanos y Facultad de Evolución Humana y Cambio Social de Tempe (Estados Unidos) y sus colegas atribuyeron al Australopithecus deyiremeda un pie parcial de unos 3,4 millones de años hallado en Etiopía. Como contaron en la revista Nature, conservaba un dedo gordo divergente para agarrarse, junto con rasgos bípedos. En la misma región vivía Australopithecus afarensis, la especie de Lucy, con un pie más terrestre. La evolución ensayaba varias soluciones a la vez.

Un año antes, la revista Science se hizo eco del análisis de una huellas de hace 1,5 millones de años descubiertas en Koobi Fora, en Kenia. Dos especies de hominino diferentes —probablemente Homo erectus y Paranthropus boisei— caminaron por la misma orilla con horas o días de diferencia. Uno dejó un rastro próximo al patrón moderno; el otro mostró mayor movilidad del dedo gordo del pie.

A la luz de los resultados del estudio, que fue dirigido por Louise N. Leakey, antropóloga del Turkana Basin Institute (Estados Unidos), ser bípedo no equivalía a andar de una única manera.

Esta investigación proporcionó la primera prueba directa de dos tipos distintos de bipedismo coexistiendo en un mismo entorno.

Por último, en 2025 Terence D. Capellini, del Departamento de Biología Evolutiva Humana, en la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y sus colegas anunciaron en Nature la identificación de dos cambios en el desarrollo del ilion que ayudarían a construir la pelvis humana corta, ancha y curvada. Esta coloca los glúteos de modo que estabilicen el tronco sobre una pierna: la marcha eficiente es una obra de todo el cuerpo.

Comparación de los patrones de osificación del ilion y el fémur en distintos primates, incluido el ser humano, que ayuda a reconstruir la evolución del bipedismo.

Comparación de los patrones de osificación del ilion y el fémur en distintos primates, incluido el ser humano, que ayuda a reconstruir la evolución del bipedismo. Cortesía: Senevirathne et al. / Nature.

Caminar para comer y acabar recorriendo el mundo

En las sociedades cazadoras-recolectoras, conseguir calorías exige invertirlas. Hay que localizar plantas, transportar recursos, seguir rastros o regresar al campamento base. El ahorro de cada paso se acumula al cabo de ejecutar miles: la marcha de talón a punta pudo ampliar el territorio explotable y hacer rentables desplazamientos que antes consumían demasiado.

Eso no obliga a atribuirlo todo a la discutida hipótesis de la caza por persistencia, en la que los cazadores agotaban a sus presas con persecuciones prolongadas. Caminar lejos sirve para muchas tareas y las estrategias variaron con el clima, el paisaje, la tecnología y la cooperación. La nueva investigación aporta una pieza biomecánica: una pisada repetible y barata, compatible con largas jornadas de búsqueda y transporte.

El hallazgo tampoco es una advertencia contra caminar sobre asfalto. Los autores subrayan que el organismo evolucionó para tolerar el impacto y que caminar es saludable. Queda por estudiar si las superficies modernas alteran ese equilibrio y cómo influyen el calzado, la edad o la anatomía individual. Tampoco cabe trasladar las conclusiones a la carrera, cuya mecánica es distinta.

La singularidad humana suele buscarse en el cerebro, las herramientas o el lenguaje. Pero antes de poblar continentes hubo que atravesarlos, paso a paso. La historia quizá comenzó no solo cuando nuestros antepasados se irguieron, sino cuando su esqueleto pudo aceptar el golpe de apoyar primero el talón y convertirlo en la entrada de una zancada fiable. Aquella solución era más dura, pero también más barata. En evolución, a veces llegar más lejos depende de aprender a soportar el impacto.▪️(8-septiembre-2026)

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Los seres humanos estudiados iniciaron todos sus pasos naturales con el talón, mientras que los chimpancés alternaron apoyos sobre el talón, el borde externo y la zona media del pie.
  • Caminar de talón a punta redujo entre un 26% y un 41% el gasto metabólico frente a la pisada que comienza en la parte media o anterior del pie.
  • Esa eficiencia tuvo un coste: la velocidad de aplicación de las fuerzas de impacto llegó a ser un 162% mayor en humanos cuando apoyaban primero el talón.
  • Los autores plantean que un calcáneo más robusto y unas articulaciones de rodilla y tobillo mayores permitieron aprovechar esta pisada con seguridad.
  • El estudio ayuda a explicar cómo los homininos pudieron recorrer territorios más amplios para cazar, recolectar y transportar alimentos, pero no determina por sí solo cuándo apareció esta forma de caminar.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Talón y Bipedalismo

🚶 ¿Qué diferencia la forma humana de caminar de la de los chimpancés?

Los humanos apoyan primero el talón de manera muy constante. Los chimpancés alternan entre el talón, el borde externo y la zona media del pie, especialmente cuando caminan sobre dos extremidades.

🚶¿Por qué caminar apoyando primero el talón consume menos energía?

Porque permite que el pie ruede desde el calcáneo hasta los dedos y que la pierna funcione como una estructura más larga. Esto suaviza el desplazamiento del cuerpo y reduce el trabajo muscular necesario para avanzar.

🚶¿Cuánta energía ahorra la pisada de talón?

En los participantes del estudio, caminar de talón a punta requirió entre un 26% y un 41% menos de energía que iniciar el apoyo sobre la zona media o anterior del pie.

🚶¿La pisada de talón daña las articulaciones?

Produce fuerzas de impacto más rápidas, pero el esqueleto humano posee adaptaciones para soportarlas. El estudio no concluye que caminar normalmente cause lesiones ni recomienda evitar esta forma natural de marcha.

🚶¿Cuándo comenzó el ser humano a caminar de talón a punta?

Todavía no se conoce una fecha exacta. Los autores relacionan la consolidación de este patrón con la aparición de talones más robustos y articulaciones mayores, rasgos claramente desarrollados en especies del género Homo, como Homo erectus.

🚶¿Esta adaptación ayudó a los humanos a expandirse por el mundo?

Probablemente contribuyó, porque redujo el coste de recorrer largas distancias. No obstante, la expansión humana dependió también de otros factores, como la cooperación, las herramientas, la dieta, el control del fuego y la capacidad de adaptarse a ambientes distintos.

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