Un fémur de siete millones de años reaviva la guerra científica sobre el origen del bipedalismo humano

Durante más de veinte años, un fósil hallado en el corazón de África ha dividido a los expertos sobre cuándo y cómo empezaron a caminar erguidos los ancestros más primitivos de la familia humana. Ahora, el análisis de un fémur de siete millones de años vuelve a encender el debate sobre si Sahelanthropus tchadensis marchaba erguido o era un simio cuadrúpedo.

Por Enrique Coperías

Recreación artística de un grupo de Sahelanthropus tchadensis, un homínido que vivió hace unos siete millones de años en África central. El análisis reciente de un fémur atribuido a esta especie ha reavivado el debate científico sobre el origen del bipedalismo y sobre si los primeros miembros del linaje humano caminaban ya de forma habitual sobre dos piernas, aunque conservaran un modo de vida parcialmente arborícola. Crédito: IA-DALL-E-©RexMolón Producciones

Durante más de dos décadas, Sahelanthropus tchadensis ha sido uno de los fósiles más incómodos de la evolución humana. Descubierto en 2001 en el desierto del Djurab, en el norte de Chad, por un equipo francochadiense, y presentado al mundo en 2002, este homínido de unos siete millones de años ocupa una posición estratégica y explosiva: justo en el umbral temporal en el que se separan los linajes de los humanos y los chimpancés.

Demasiado antiguo, demasiado fragmentario y demasiado ambiguo, Sahelanthropus se ha convertido en el epicentro de una de las guerras científicas más largas y feroces de la paleoantropología: cuándo, cómo y a partir de qué tipo de simio comenzó el bipedalismo o marcha erguida.

Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances reaviva ese conflicto con munición fresca: un fémur parcial, analizado con técnicas tridimensionales de última generación, que presenta tres rasgos asociados a la marcha erguida. Para sus autores, se trata de la evidencia más antigua conocida de adaptación al bipedalismo en el linaje humano. Para sus críticos, en cambio, las pruebas siguen siendo insuficientes y el fósil no pasa de ser el de un simio cuadrúpedo con algunas coincidencias anatómicas.

«Sahelanthropus tchadensis» y el origen del bipedalismo

El debate no es menor. El bipedalismo, o sea, la capacidad de caminar de forma habitual sobre dos piernas, es el rasgo que define a los homínidos, mucho antes del aumento del tamaño cerebral, el lenguaje o la tecnología. Determinar cuándo apareció y qué tipo de criatura lo practicaba por primera vez equivale a reconstruir el primer capítulo de la historia humana.

Sahelanthropus tchadensis fue anunciado a partir de un cráneo fósil notablemente completo para su antigüedad. Su combinación de rasgos desconcertó desde el primer momento: un cerebro pequeño, similar al de los grandes simios actuales, pero con caninos reducidos y un foramen magnum —el orificio por donde la médula espinal entra en el cráneo— situado en una posición adelantada, lo que sugería una cabeza equilibrada sobre una columna vertebral vertical. Para sus descubridores, aquello indicaba que Sahelanthropus ya caminaba erguido.

Otros investigadores no tardaron en poner objeciones. La posición del foramen magnum, argumentaron, se solapa en parte con la de algunos simios; el cráneo estaba deformado; y sin huesos postcraneales —especialmente de las piernas— cualquier afirmación sobre locomoción era prematura. Durante años, el fósil quedó suspendido en una especie de limbo evolutivo: candidato a primer homínido para unos, simio fósil para otros.

Molde del cráneo holotipo de Sahelanthropus tchadensis (TM 266-01-060-1), conocido como Toumaï, en vista faciolateral.

Molde del cráneo holotipo de Sahelanthropus tchadensis (TM 266-01-060-1), conocido como Toumaï, en vista faciolateral. Este fósil, clave en el debate sobre el origen del linaje humano, fue descrito a partir de rasgos craneales compatibles con una postura erguida. Cortesía: Didier Descouens

Qué rasgos anatómicos indican marcha erguida

La situación cambió cuando se reconoció que, junto al cráneo, se habían hallado también huesos de las extremidades: fragmentos de dos cúbitos y un fémur. Su publicación, sin embargo, fue lenta y accidentada.

Un primer análisis independiente concluyó que el fémur se parecía más al de un chimpancé que al de un homínido bípedo. Poco después, otro equipo defendió justo lo contrario: que ese hueso mostraba adaptaciones claras a la marcha erguida.

Desde entonces, cada nuevo trabajo ha ido acompañado de réplicas, contrarréplicas y acusaciones de interpretaciones selectivas. El estudio actual se inserta de lleno en ese campo de batalla científico.

Un fémur pequeño, pero revelador

El nuevo análisis, coordinado por Scott Williams, antropólogo de la Universidad de Nueva York (Estados Unidos), se centra en el fémur TM 266-01-063. No es un hueso completo: carece de la cabeza femoral y de los cóndilos de la rodilla. Pero conserva buena parte de la diáfisis, el eje del hueso, suficiente, según los autores, para extraer información funcional relevante.

Mediante morfometría geométrica en tres dimensiones, una técnica que permite comparar formas óseas con gran precisión, los investigadores han contrastado el fémur de Sahelanthropus con el de humanos, chimpancés, gorilas, orangutanes y varios homínidos fósiles.

El resultado es, a primera vista, paradójico: en su forma general, el fémur se parece más al de los chimpancés que al de los humanos. Pero en tres rasgos concretos se alinea exclusivamente con los homínidos bípedos.

Los tres rasgos que apuntan al bipedalismo

1️⃣ La presencia de un tubérculo femoral, una pequeña protuberancia ósea que sirve de punto de inserción para el ligamento iliofemoral, el más potente del cuerpo humano. Este ligamento resulta clave para estabilizar la cadera cuando el tronco se mantiene erguido sobre las piernas extendidas. En los grandes simios actuales, este ligamento es más débil y el tubérculo femoral está ausente. Hasta ahora, solo se había identificado con claridad en homínidos bípedos.

2️⃣ La fuerte antetorsión del fémur: una torsión medial del eje del hueso que acerca la rodilla al centro de gravedad del cuerpo. Este rasgo está relacionado con el ángulo valgo de la rodilla, fundamental para caminar de forma eficiente sobre dos piernas. En el estudio, este tipo de torsión aparece exclusivamente en humanos y homínidos fósiles, nunca en grandes simios.

3️⃣ La morfología del complejo glúteo. El lugar de inserción del músculo glúteo mayor en Sahelanthropus se asemeja al de homínidos tempranos como el Orrorin y el Ardipithecus, y no al de los chimpancés. Esto sugiere una reorganización de la musculatura de la cadera compatible con la postura erguida.

Comparación de fósiles de Sahelanthropus tchadensis con un chimpancé y un ser humano. La imagen muestra cráneo, cúbito y fémur de un chimpancé (A), los restos conocidos de Sahelanthropus (B) y un humano moderno (C).

Comparación de fósiles de Sahelanthropus tchadensis con un chimpancé y un ser humano. La imagen muestra cráneo, cúbito y fémur de un chimpancé (A), los restos conocidos de Sahelanthropus (B) y un humano moderno (C), todos a escala aproximada. La comparación ilustra cómo este homínido de hace siete millones de años combina rasgos similares a los de los grandes simios con otros más cercanos a los humanos, una mezcla que está en el centro del debate sobre el origen del bipedalismo. Cortesía: Scott A. Williams et al.

Bípedo habitual, pero no humano

A partir de estos datos, los autores sostienen que Sahelanthropus tchadensis fue un bípedo habitual, aunque no obligatorio. Es decir, caminaba erguido con frecuencia en tierra firme, pero conservaba una amplia capacidad para trepar y desplazarse por los árboles. Su anatomía sería, por tanto, un mosaico evolutivo: piernas que empiezan a adaptarse a la bipedestación y brazos todavía muy similares a los de un simio arborícola.

Esta interpretación encaja con una visión cada vez más extendida del origen del bipedalismo como un proceso gradual, no como una revolución súbita. Los primeros homínidos no habrían abandonado los árboles de golpe ni habrían caminado como hacemos los humanos modernos. Más bien habrían alternado distintos modos de locomoción en un entorno forestal y ribereño, donde la flexibilidad locomotora era una ventaja.

El estudio también tiene implicaciones para el aspecto más controvertido del debate: el tipo de ancestro común entre humanos y chimpancés. Los resultados apuntan a un antepasado de aspecto y comportamiento chimpancé, más que a los modelos alternativos propuestos a partir de simios europeos del Mioceno. En este escenario, el bipedalismo habría surgido en una criatura ya parcialmente terrestre, pero todavía muy adaptada a la vida arbórea.

Por qué este fósil sigue siendo tan controvertido

Pese a la contundencia de algunos de sus argumentos, el trabajo no zanja la controversia científica. Los críticos insisten en que varios de los rasgos señalados pueden encontrarse, de forma más tenue, en otros primates no bípedos, o que la fragmentación del fósil impide reconstrucciones seguras. También cuestionan la asociación del fémur con el cráneo de Sahelanthropus y advierten contra el riesgo de forzar interpretaciones en un registro fósil extremadamente escaso.

Williams y sus colegas reconocen las limitaciones del estudio. Admiten que Sahelanthropus no caminaba com el Australopithecus ni mucho menos como el Homo sapiens, y que su bipedalismo primitivo debió de ser diferente, menos eficiente y más variable. Pero sostienen que negar cualquier forma de marcha erguida equivale a ignorar un conjunto coherente de señales anatómicas.

En el fondo, el desacuerdo refleja algo más profundo que la interpretación de un hueso. Se trata de dos visiones opuestas sobre los orígenes humanos: una que busca un punto de ruptura claro entre simios y homínidos, y otra que acepta una larga zona gris de experimentación evolutiva. Sahelanthropus tchadensis habita precisamente esa frontera difusa.

🗣️ En palabras de Williams, «nuestro análisis de estos fósiles ofrece pruebas directas de que el Sahelanthropus tchadensis podía caminar sobre dos piernas, lo que demuestra que el bipedismo evolucionó tempranamente en nuestro linaje y a partir de un antepasado muy similar a los chimpancés y bonobos actuales».

A falta de nuevos fósiles —especialmente una pelvis, el santo grial del estudio del bipedalismo—, el debate seguirá abierto. Pero si algo deja claro este fémur de siete millones de años es que los primeros pasos de nuestra historia evolutiva no fueron firmes ni lineales. Fueron, como este fósil, fragmentarios, discutidos y sorprendentemente complejos. ▪️

  • Fuente: Scott A. Williams et al. Earliest evidence of hominin bipedalism inSahelanthropus tchadensis. Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.adv0130

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