Físicos observan por primera vez el efecto Magnus óptico, clave para controlar los cúbits

Como una pelota golpeada con efecto, la luz también puede desplazar hacia un lado el punto donde ejerce su máxima acción. La primera observación directa de este sorprendente fenómeno revela un nuevo desafío —y una posible herramienta— para controlar los cúbits.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una pelota de pimpón golpeada con efecto curva su trayectoria por el efecto Magnus. En el mundo cuántico, un fenómeno óptico análogo desplaza lateralmente el punto de máxima interacción entre un láser y un ion, un detalle decisivo para controlar los cúbits. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Un jugador de tenis de mesa golpea la pelota con efecto. Durante unos instantes, la bola parece seguir una trayectoria previsible, pero el giro que lleva impreso modifica la presión del aire a su alrededor y termina desviándola hacia un lado. El mismo principio permite lanzar una falta con una curva endiablada en un partido de fútbol o conseguir que una pelota de béisbol cambie de dirección antes de llegar al bateador.

Todos ellos son ejemplos del llamado efecto Magnus, un fenómeno descrito por el físico y químico alemán Heinrich Gustav Magnus en 1853: un objeto que gira mientras avanza por un fluido experimenta una fuerza perpendicular tanto a su dirección de movimiento como a su eje de rotación.

Ahora, archiconocido efecto de la mecánica clásica ha encontrado un sorprendente equivalente en el mundo microscópico.

En efecto, un equipo del Instituto Paul Scherrer (PSI), de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zúrich), en Suiza, y de la Universidad de Ámsterdam, en los Países Bajos, ha observado directamente por primera vez el llamado efecto Magnus óptico. El fenómeno no hace que un átomo salga despedido siguiendo una trayectoria curva. Lo que se desplaza lateralmente es el lugar donde la interacción entre un átomo y un haz de luz alcanza su máxima intensidad.

Aunque la desviación apenas mide unas centésimas del grosor de un cabello humano, puede resultar decisiva en tecnologías donde cada nanómetro cuenta, como es el caso de la computación cuántica.

Qué es el efecto Magnus óptico

El hallazgo, publicado en la revista Physical Review Letters, confirma una predicción teórica formulada hace varios años, y demuestra que incluso un haz láser aparentemente sencillo esconde una estructura mucho más compleja cuando se concentra en un espacio diminuto. Esa estructura puede interferir en el control de los bits cuánticos o cúbits, pero también podría aprovecharse para conectarlos entre sí y ejecutar operaciones más sofisticadas.

En el efecto Magnus clásico, un objeto que gira mientras avanza por un fluido, por eemplo, el aire, experimenta una fuerza perpendicular tanto a su dirección de movimiento como a su eje de rotación. La diferente velocidad del aire a ambos lados de una pelota genera una diferencia de presión y la empuja lateralmente.

En su versión óptica del efecto no hay una pelota giratoria ni una corriente de aire. Los protagonistas son la polarización de la luz, su distribución espacial y la forma en que ambas propiedades se entrelazan cuando el haz se enfoca de manera intensa.

Los mapas comparan los resultados experimentales —fila superior— con las simulaciones teóricas de cinco transiciones del ion de calcio bajo luz polarizada linealmente.

Los mapas comparan los resultados experimentales —fila superior— con las simulaciones teóricas de cinco transiciones del ion de calcio bajo luz polarizada linealmente. Las flechas señalan los desplazamientos laterales de hasta unos 230 nanómetros provocados por el efecto Magnus óptico. Cortesía: Leindecker et al. / Physical Review Letters.

Por qué el centro de un láser puede dejar de ser el centro de su acción

En condiciones normales, solemos imaginar un láser como una sucesión de ondas electromagnéticas que avanzan en línea recta, con sus campos oscilando en un plano perpendicular a la dirección de propagación. Esta descripción, conocida como aproximación paraxial, funciona muy bien cuando el haz es ancho o está poco enfocado. Pero empieza a hacer aguas cuando la luz se concentra en una región comparable a su propia longitud de onda.

Al estrecharse mucho, el haz desarrolla componentes del campo eléctrico orientadas en su misma dirección de propagación. La polarización y la estructura espacial de la luz dejan entonces de comportarse como propiedades completamente independientes. Surge lo que los físicos denominan un acoplamiento semejante al de espín-órbita: la rotación asociada a la polarización influye en la distribución espacial del campo.

Los autores del trabajo aclaran que se trata de una propiedad del campo electromagnético clásico y que no debe confundirse con el verdadero acoplamiento entre el espín y el movimiento orbital de las partículas cuánticas.

Un solo ion de calcio utilizado como sensor de la luz

El resultado es desconcertante. Si un ion se coloca frente a un láser muy enfocado, parecería lógico que la interacción más fuerte se produjera justo en el centro del haz, donde la intensidad luminosa es mayor. Sin embargo, el máximo de la interacción entre la luz y determinados estados internos del ion aparece ligeramente desplazado hacia un lado.

La dirección del desplazamiento depende del estado magnético estudiado y de la orientación del campo magnético.

Para hacer visible un efecto tan pequeño, los investigadores utilizaron un solo ion de calcio-40 cargado positivamente. Lo mantuvieron casi inmóvil mediante campos electromagnéticos en una trampa de Paul lineal —un dispositivo que utiliza campos eléctricos oscilantes para mantener iones suspendidos y casi inmóviles, alineados en el espacio sin que toquen ninguna superficie— y lo enfriaron hasta situarlo cerca de su estado fundamental de movimiento.

El átomo cargado se convirtió así en una sonda microscópica extremadamente sensible a la estructura de la luz.

Cómo se trazó un mapa nanométrico de la interacción

El equipo dirigió sobre él un haz láser de 729 nanómetros de longitud de onda, enfocado hasta alcanzar un diámetro aproximado de 2,6 micrómetros. Esta luz estaba ajustada para provocar una transición cuadrupolar —un cambio poco frecuente entre dos estados de un átomo, provocado por las variaciones espaciales del campo eléctrico de la luz— entre dos niveles electrónicos del ion. Estas transiciones son especialmente útiles porque responden no solo a la intensidad del campo eléctrico, sino también a cómo cambia ese campo de un punto a otro.

Mediante dos deflectores acústico-ópticos cruzados, los científicos desplazaron el haz en dos dimensiones alrededor del ion con una resolución inferior a 100 nanómetros. En cada posición midieron la probabilidad de que la luz hubiera provocado la transición atómica. Después comprobaron el estado final del ion observando su fluorescencia con otro láser de 397 nanómetros.

La repetición del proceso permitió construir un mapa espacial de la interacción entre el ion y las diferentes componentes del campo electromagnético. En lugar de observar directamente la luz, el equipo utilizó la respuesta cuántica del átomo para reconstruir su estructura.

«Nuestro ion actúa como un diminuto sensor que podemos utilizar para palpar la estructura de la luz láser —explica Philip Leindecker, primer autor del estudio e investigador del Centro de Ciencia de Fotones del PSI y de la ETH Zúrich, en la nota de prensa difundida por el Instituto Paul Scherrer. Y añade—: Esto permite medir un desplazamiento de apenas unos cientos de nanómetros».

El experimento también examinó cinco posibles transiciones entre subniveles magnéticos del ion y empleó distintas configuraciones de polarización. De esta forma, los científicos pudieron separar el desplazamiento causado por el efecto Magnus óptico de otros gradientes generados por el fuerte enfoque del láser.

Esquema del experimento: un láser de 729 nanómetros se enfoca sobre un ion de calcio-40, representado por el punto negro, confinado entre los electrodos de una trampa de Paul lineal.

Esquema del experimento: un láser de 729 nanómetros se enfoca sobre un ion de calcio-40, representado por el punto negro, confinado entre los electrodos de una trampa de Paul lineal. Las flechas indican la orientación del campo magnético y de la polarización de la luz. Cortesía: Leindecker et al. / Physical Review Letters.

Un desplazamiento de cientos de nanómetros

Los resultados coincidieron estrechamente con las predicciones teóricas. Con luz polarizada linealmente, la separación entre los máximos asociados a dos transiciones magnéticas opuestas alcanzó los siguientes valores:

240 ± 16 nanómetros, frente a los 232 nanómetros predichos.

463 ± 20 nanómetros, frente a una predicción de 464 nanómetros.

Estas mediciones representan la primera observación directa y caracterización espacial del efecto Magnus óptico en la interacción entre un solo ion y un haz láser fuertemente enfocado.

La escala del desplazamiento depende fundamentalmente de la longitud de onda de la luz y de la transición atómica seleccionada. En las configuraciones estudiadas, los máximos aparecieron desplazados distancias próximas a la longitud de onda dividida por 2π o por π.

Esto significa que enfocar más intensamente el láser aumenta los gradientes electromagnéticos, pero no reduce necesariamente la separación característica provocada por el fenómeno.

Dos lóbulos de luz con fases opuestas

El experimento reveló además una propiedad llamativa. La escala del desplazamiento está determinada fundamentalmente por la longitud de onda de la luz y por la transición atómica observada, y no por el grado de concentración del haz. En las configuraciones estudiadas, los máximos aparecieron desplazados a distancias próximas a la longitud de onda dividida por 2π o por π. En otras palabras, enfocar más el láser intensifica los gradientes del campo, pero no reduce necesariamente la separación característica del efecto.

Los mapas también mostraron estructuras con dos lóbulos a ambos lados del centro del haz. Aunque su intensidad podía ser similar, los dos lóbulos presentaban fases opuestas. Para comprobarlo, los investigadores aplicaron dos pulsos sucesivos al ion. Cuando ambos incidían sobre el mismo lóbulo, sus efectos se sumaban; cuando el segundo se aplicaba sobre el lóbulo contrario, las operaciones se cancelaban.

Esta prueba confirmó que el campo no solo cambiaba de magnitud, sino también de signo al atravesar el centro.

Cómo puede afectar el efecto Magnus óptico a los cúbits

La observación tiene consecuencias directas para la computación cuántica con iones atrapados. En estos sistemas, distintos niveles internos del ion representan los estados cero y uno de un cúbit. Los láseres permiten preparar esos estados, modificarlos y entrelazar varios iones. Para que una operación funcione correctamente, el haz debe actuar con una intensidad, una fase y una duración extraordinariamente precisas.

El problema es que el efecto Magnus óptico puede generar fuerzas transversales y acoplar de manera involuntaria el estado interno del cúbit con su movimiento. Si se supone que el punto de máxima interacción coincide siempre con el centro geométrico del láser, el ion podría recibir una acción diferente de la calculada.

El resultado serían errores en las puertas cuánticas, sobre todo en dispositivos compactos con haces fuertemente enfocados o con estructuras fotónicas integradas cuya posición no puede ajustarse fácilmente.

Sistema criogénico del procesador cuántico Sycamore de Google, basado en cúbits superconductores, una tecnología diferente de los iones atrapados. El dispositivo fue protagonista de una controvertida simulación de un agujero de gusano.

Sistema criogénico del procesador cuántico Sycamore de Google, basado en cúbits superconductores, una tecnología diferente de los iones atrapados. El dispositivo fue protagonista de una controvertida simulación de un agujero de gusano. Cortesía: Rocco Ceselin / Google.

De posible error a herramienta para puertas cuánticas

El trabajo no demuestra que los actuales ordenadores cuánticos estén fallando debido a este fenómeno. Sí identifica una fuente física de error que deberá incluirse en los modelos y calibraciones a medida que los procesadores aumenten su precisión. Los propios autores comprobaron que desviaciones de solo un grado en la polarización podían desplazar unos 130 nanómetros el punto donde se anula una de las interacciones.

Las aberraciones ópticas, las vibraciones y las variaciones térmicas añaden dificultades prácticas.

Sin embargo, el efecto también puede convertirse en una herramienta. Las fuerzas transversales generadas por los gradientes de polarización podrían emplearse para acoplar el movimiento de varios iones y crear puertas lógicas de dos cúbits. En una de las configuraciones estudiadas, la transición habitual en el centro del haz desaparecía mientras permanecía un gradiente capaz de ejercer fuerza sobre el ion. Esto permitiría manipular su movimiento sin provocar al mismo tiempo una transición electrónica no deseada.

🗣️ «Las fuerzas que genera podrían utilizarse para acoplar los cúbits entre sí y permitir cálculos más complejos», señala Leindecker.

Qué demuestra realmente el experimento

El estudio aporta tres conclusiones principales:

1️⃣ El efecto Magnus óptico existe y puede observarse directamente en la interacción entre un ion y un láser enfocado.

2️⃣ El fenómeno puede introducir errores en las operaciones cuánticas si el desplazamiento y los gradientes de polarización no se incluyen en las calibraciones.

3️⃣ Las mismas fuerzas pueden aprovecharse para conectar qubits y desarrollar nuevas puertas lógicas cuánticas.

El efecto Magnus óptico ilustra una situación frecuente en la investigación cuántica: una aparente imperfección puede transformarse en un recurso cuando su origen se comprende y se controla. El centro geométrico de un láser no siempre coincide con el centro de su acción. En la diminuta cancha donde interactúan la luz y los átomos, también existen los golpes con efecto.▪️(27-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Primera observación directa: los científicos han demostrado experimentalmente la existencia del efecto Magnus óptico, predicho años atrás.
  • El centro deja de estar en el centro: al enfocar intensamente un láser, el punto de máxima interacción con un ion se desplaza lateralmente.
  • Un átomo como sensor: el equipo utilizó un único ion de calcio-40 atrapado y un láser de 729 nanómetros para cartografiar el fenómeno.
  • Desplazamiento nanométrico: las separaciones medidas alcanzaron 240 y 463 nanómetros, prácticamente idénticas a las predicciones teóricas.
  • Riesgo para los cúbits: el efecto puede acoplar accidentalmente el estado interno del ion con su movimiento y provocar errores en las operaciones cuánticas.
  • También puede ser útil: sus fuerzas transversales podrían aprovecharse para entrelazar cúbits y desarrollar nuevas puertas lógicas cuánticas.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Efecto Magnus Óptico y Computación Cuántica

⚛️ ¿Qué es el efecto Magnus óptico?

Es un desplazamiento lateral del perfil de interacción entre un átomo y un haz de luz intensamente enfocado. Se produce por la relación entre la polarización y la estructura espacial del campo electromagnético.

⚛️ ¿Se desplaza físicamente el átomo?

No necesariamente. En este experimento, el ion permanecía atrapado y casi inmóvil. Lo que se desplazaba era el punto donde la interacción entre el ion y el láser alcanzaba su máximo.

⚛️ ¿Cuánto mide el desplazamiento observado?

Los investigadores midieron separaciones de 240 ± 16 nanómetros y 463 ± 20 nanómetros para diferentes transiciones magnéticas, en estrecha concordancia con la teoría.

⚛️ ¿Por qué es importante para la computación cuántica?

Porque los láseres se utilizan para controlar los qubits. Un desplazamiento no previsto puede acoplar el estado interno de un ion con su movimiento y producir errores en las puertas cuánticas.

⚛️ ¿Puede tener una aplicación útil?

Sí. Las fuerzas transversales generadas por el fenómeno podrían emplearse para acoplar qubits, crear entrelazamiento y realizar operaciones cuánticas más complejas.

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