Por qué a los hombres les cuesta adelgazar: las dietas les parecen restrictivas y pensadas para mujeres

Muchos hombres no abandonan las dietas solo por falta de voluntad: las perciben como restrictivas, difíciles de encajar en su vida y dirigidas a mujeres. Un nuevo estudio revela que los retos, los avances visibles y el apoyo cercano podrían ayudarles a perder peso de forma sostenible.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Muchos hombres asocian las dietas con renunciar a los alimentos que disfrutan, una sensación de restricción que puede dificultar tanto el inicio como la continuidad de los programas para perder peso.

¡Que no me quiten mi hamburguesa! Muchos hombres asocian las dietas con renunciar a los alimentos que disfrutan, una sensación de restricción que puede dificultar tanto el inicio como la continuidad de los programas para perder peso. Foto: Sander Dalhuisen / Unsplash

Para numerosos hombres, la palabra dieta no evoca salud, bienestar ni una vida más larga. Significa prohibiciones, hambre, platos poco apetecibles y la obligación de renunciar a los alimentos que disfrutan. «Restricción, restricción, restricción», resumió uno de los participantes en un nuevo estudio que intenta explicar por qué muchos varones se resisten a iniciar un programa para perder peso o lo abandonan después de los primeros tropiezos.

El problema tiene una dimensión sanitaria considerable. En Inglaterra, el 70 % de los hombres presenta sobrepeso u obesidad, frente al 62% de las mujeres, según la Encuesta de Salud de 2024 de aquel país. En España, la situación no es más halagüeña: en conjunto, el exceso de peso (la suma de sobrepeso y obesidad) afecta a casi el 68% de los hombres frente al 54% de las mujeres en las franjas de población adulta.

La diferencia entre ellos y ellas se debe sobre todo al sobrepeso: la prevalencia de obesidad es semejante en ambos sexos, con un 29% entre los hombres y un 31% entre las mujeres. Pese a ello, los varones suelen estar infrarrepresentados en los estudios y servicios de control del peso, una paradoja que dificulta conocer qué tipo de ayuda están realmente dispuestos a aceptar.

Un estudio basado en las experiencias de veinticuatro hombres

Una investigación dirigida por los investigadores Mark Cortnage, Joseph Lillis y Justin Roberts, dela Universidad Anglia Ruskin, en el Reino Unido, se ha propuesto escuchar sus razones. El trabajo, publicado en la revista científica PLOS One, no analiza una nueva dieta ni compara cuántos kilos se pierden con distintos tratamientos. Su objetivo es más elemental, pero también más olvidado: averiguar cómo interpretan los hombres los programas de adelgazamiento, qué obstáculos encuentran, qué les impulsa a cambiar y qué apoyos podrían ayudarles a mantener el esfuerzo.

Los investigadores reunieron a veinticuatro hombres británicos mayores de treinta años que habían vivido con sobrepeso. Algunos habían participado anteriormente en programas para adelgazar y otros se planteaban hacerlo en un futuro cercano. Su edad media era de 46 años y su índice de masa corporal (IMC) promedio, de 28,5, dentro del intervalo que habitualmente se considera sobrepeso.

Los voluntarios participaron en cuatro grupos de discusión de aproximadamente una hora, celebrados presencialmente o por videoconferencia.

De aquellas conversaciones emergieron cuatro grandes asuntos:

1️⃣ La percepción masculina de las dietas y la pérdida de peso.

2️⃣ Las barreras para cumplir los objetivos alimentarios.

3️⃣ Los momentos que desencadenan la decisión de adelgazar.

4️⃣ Los apoyos necesarios para mantener los cambios.

Muchos participantes asociaban la palabra «dieta» con hambre, privaciones y renuncia a los alimentos que disfrutan, una percepción que debilitaba su motivación desde el comienzo.

Restricción y sacrificio. Muchos participantes asociaban la palabra «dieta» con hambre, privaciones y renuncia a los alimentos que disfrutan, una percepción que debilitaba su motivación desde el comienzo. Foto de  Ron Lach 

La dieta se percibe como restricción y sacrificio

El resultado dibuja una relación marcada por la desconfianza. Para muchos de los entrevistados, una dieta era un programa de choque temporal, difícil de integrar en la vida cotidiana y condenado a terminar tarde o temprano.

Algunos acumulaban una larga sucesión de intentos: ayuno intermitente, batidos sustitutivos, dietas vegetarianas, planes comerciales o recuentos de calorías. El patrón se repetía una y otra vez.

Tras una fase inicial de control llegaba una pequeña transgresión —un dulce, una comida fuera de casa, unos días sin ejercicio— que se interpretaba como un fracaso completo. «La tentación es normalmente lo que acaba contigo», explicó un participante.

Qué es el efecto de violación de la abstinencia

En psicología, esta reacción se conoce como efecto de violación de la abstinencia, una reacción psicológica por la que un incumplimiento puntual se interpreta como el fracaso total de un propósito.

En lugar de considerar el tropiezo como algo corregible, la persona piensa que ha arruinado todo el proceso y abandona.

Aplicado a la pérdida de peso, este pensamiento de todo o nada puede convertir una comida imprevista en el final de un programa. El problema no sería únicamente la falta de voluntad, sino un planteamiento demasiado rígido, incapaz de incorporar las recaídas normales de cualquier cambio de hábitos.

Las experiencias negativas anteriores también alimentaban la expectativa de volver a fracasar. Después de perder peso, los participantes recuperaban sus antiguas costumbres y, con ellas, los kilos perdidos. Uno de ellos lo expresó con claridad: si después de adelgazar vuelve a comer como antes, regresará al mismo punto porque no ha afrontado la causa del problema.

La dieta continúa percibiéndose como un espacio femenino

El estudio identifica otra barrera más profunda: los participantes percibían las dietas como un territorio predominantemente femenino. Asociaban las conversaciones sobre el peso, las revistas de estilo de vida, la publicidad y las publicaciones en redes sociales con las mujeres.

Algunos de los participantes admitieron que se sentirían incómodos o cohibidos en espacios para adelgazar que considerasen diseñados para ellas. El ejercicio, en cambio, les parecía una forma más aceptable de controlar el peso, sobre todo cuando podía presentarse como deporte, rendimiento o superación personal.

Esta interpretación no describe una diferencia biológica entre hombres y mujeres, sino una construcción cultural. Los autores recurren al concepto de masculinidad hegemónica: el conjunto de expectativas sociales que asocia ser hombre con la autonomía, el control, la resistencia al dolor o la capacidad de resolver los problemas sin pedir ayuda.

Dentro de ese marco, contar calorías o asistir a una reunión sobre alimentación puede percibirse como una amenaza a la identidad, mientras que correr, levantar peso o competir encaja mejor con la imagen masculina tradicional.

Frente a las dietas tradicionales, los hombres entrevistados respondían mejor a programas planteados como retos físicos relacionados con la fuerza, la resistencia o la superación personal.

El ejercicio como alternativa. Frente a las dietas tradicionales, los hombres entrevistados respondían mejor a programas planteados como retos físicos relacionados con la fuerza, la resistencia o la superación personal. Foto de  Anete Lusina

La paradoja masculina: rechazar la dieta, pero preocuparse por el físico

Sin embargo, las entrevistas revelaron una contradicción significativa. Aunque los hombres presentaban la preocupación por el físico como algo propio de las mujeres, la apariencia física fue su principal motivación para adelgazar. Recordaron con intensidad el momento en que una fotografía, un espejo o una prenda que ya no sentaba bien les hizo pensar que habían cruzado un límite.

Uno de los entrevistados habló de la distancia entre la persona que creía ser y la que veía reflejada. Otro reconoció que una fotografía le había afectado incluso más que haberse sometido a una operación cardiaca urgente.

Para interpretar esta tensión, los investigadores echan mano del concepto masculinidad cómplice: los hombres pueden aceptar determinados ideales tradicionales de masculinidad sin ser plenamente conscientes de cómo esos mismos valores condicionan su comportamiento.

En este caso, rechazaban públicamente la preocupación estética porque la consideraban femenina, pero utilizaban la insatisfacción con su cuerpo como principal estímulo para actuar.

La salud suele motivar después de una señal de alarma

La salud también actuaba como detonante, pero generalmente después de una alarma concreta: un diagnóstico de diabetes de tipo 2, una intervención quirúrgica, unas pruebas médicas preocupantes o el infarto sufrido por alguien de edad semejante.

Hasta ese momento, los riesgos cardiovasculares o metabólicos podían resultar demasiado abstractos y lejanos. Una fotografía o una prenda que ya no cierra ofrece una señal inmediata y visible; la hipertensión, la resistencia a la insulina o la enfermedad cardiovascular pueden avanzar silenciosamente durante años.

Los autores sostienen que las campañas podrían relacionar los objetivos físicos que interesan inicialmente a algunos hombres con beneficios sanitarios más duraderos. La apariencia puede servir como puerta de entrada, pero no debería convertirse en el único criterio para valorar el éxito.

La planificación conjunta de las compras y las comidas puede favorecer cambios duraderos, aunque la responsabilidad del proceso no debe recaer exclusivamente sobre uno de sus miembros.

La pareja como apoyo. La planificación conjunta de las compras y las comidas puede favorecer cambios duraderos, aunque la responsabilidad del proceso no debe recaer exclusivamente sobre uno de sus miembros. Foto de Vitaly Gariev en Unsplash

El trabajo, el cansancio y la desinformación dificultan adelgazar

No todos los obstáculos eran culturales o psicológicos. Las jornadas laborales extensas, el cansancio, la falta de tiempo para cocinar y los horarios irregulares favorecían las opciones más rápidas y dificultaban planificar las comidas.

Algunos participantes decían sentirse desorientados ante la avalancha de consejos contradictorios sobre alimentación. Sabían que debían «comer mejor», pero no siempre podían transformar esa recomendación general en una compra, una receta o un menú compatible con su rutina.

Registrar cada alimento en una aplicación también podía convertirse en una carga. Un participante reconoció que dependía de su esposa para saber qué ingredientes contenían las comidas y poder.

Qué significa simplicidad oportunista

Por eso, los investigadores hablan de una simplicidad oportunista: cambios comprensibles, prácticos y fáciles de introducir dentro de las rutinas que una persona ya tiene. No basta con explicar qué nutrientes convienen. También hay que enseñar a:

✅ Preparar comidas sencillas y saciantes.

✅ Elegir alternativas saludables cuando se come fuera.

✅ Planificar la alimentación durante turnos laborales largos.

✅ Interpretar la información nutricional.

✅ Resolver los imprevistos sin abandonar todo el programa.

Un programa eficaz debería asumir que la vida real incluye cansancio, celebraciones y recaídas, en vez de exigir una obediencia perfecta.

El compañero, el mentor y la pareja: tres apoyos decisivos

Durante las conversaciones, los participantes señalaron tres figuras capaces de sostener el proceso: un compañero, un mentor y la pareja. El compañero aporta camaradería y una competencia amistosa; el mentor, conocimientos y seguimiento profesional; y la pareja, apoyo dentro del hogar. Muchos entrevistados reconocieron que sus esposas organizaban los menús, compraban los alimentos o preparaban la comida. «Sin el apoyo de mi mujer, no lo habría hecho», declaró uno de ellos.

✅ Un compañero con el mismo objetivo.

✅ El compañero o buddy aporta camaradería, responsabilidad compartida y una competencia amistosa. Entrenar juntos, comparar avances o comprometerse a una actividad común puede aumentar la constancia.

✅ Un mentor con conocimientos. El mentor proporciona información fiable, supervisa los progresos y ayuda a corregir errores. Puede ser un profesional sanitario, un entrenador cualificado o alguien con experiencia acreditada en el programa.

«Sin el apoyo de mi mujer, no lo habría hecho», declaró uno de ellos.

La pareja influye directamente en la compra, la preparación de los alimentos y la organización de las comidas. Muchos entrevistados reconocieron que sus compañeras estructuraban los menús, preparaban la comida o evitaban comprar determinados productos.

Este hallazgo no significa en absoluto que la responsabilidad deba trasladarse a las mujeres. También refleja una muestra poblacional compuesta en gran parte por hombres blancos, casados y con estudios, dentro de relaciones heterosexuales y con una distribución tradicional de las tareas domésticas.

Los propios autores reclaman investigaciones con grupos más diversos, incluidos hombres que mantienen relaciones sentimentales con otros hombres. Las intervenciones dirigidas a parejas podrían ser útiles, pero solo si el cambio se comparte y no convierte a una persona en vigilante permanente de la otra.

El estudio se centró principalmente en hombres blancos, casados y en relaciones heterosexuales; los autores reclaman futuras investigaciones que incluyan, entre otros grupos, a hombres con parejas del mismo sexo

Una muestra poco diversa. El estudio se centró principalmente en hombres blancos, casados y en relaciones heterosexuales; los autores reclaman futuras investigaciones que incluyan, entre otros grupos, a hombres con parejas del mismo sexo. Foto de Los Muertos Crew

Cómo deberían ser los programas de pérdida de peso para hombres

Justin Roberts, profesor de Fisiología Nutricional de Anglia Ruskin y codirector del estudio, propone evitar términos como dieta y hacer dieta. En su lugar, los programas podrían presentar el proceso como un desafío personal positivo. Los programas podrían ofrecer avances visibles, recompensas tempranas y objetivos relacionados con la fuerza, la resistencia o la actividad física.

Según Roberts, Cortnage y Lillis, las iniciativas dirigidas a hombres podrían resultar más atractivas si incorporan:

✅ Objetivos sencillos, realistas y progresivos.

✅ Avances visibles desde las primeras semanas.

✅ Recompensas tempranas que refuercen la motivación.

✅ Retos relacionados con la fuerza, la resistencia o la actividad física.

✅ Competencia social sin humillaciones.

✅ Información nutricional clara y aplicable.

✅ Apoyo de un compañero, un mentor o la pareja.

✅ Estrategias para afrontar recaídas y evitar el abandono.

También podrían incorporar un compañero o un profesional que ayude a superar los contratiempos.

Pero los autores advierten de que limitarse a envolver el adelgazamiento en una retórica más masculina entraña riesgos. Una campaña basada exclusivamente en la competición, la delgadez extrema o la vergüenza corporal podría reforzar la estigmatización y favorecer comportamientos alimentarios perjudiciales. Adaptar un programa no debería significar alimentar estereotipos, sino reconocerlos para que dejen de actuar como una puerta cerrada.

Qué limitaciones tiene el estudio

Los tres investigadores insisten en que su trabajo es exploratorio y no permite afirmar que todos los hombres piensen o actúen de la misma manera. La muestra estaba formada por solo dos docenas de participantes, seleccionados por conveniencia y con una diversidad limitada.

La mayoría eran hombres blancos, con estudios y, en muchos casos, casados con mujeres. Por ello, los resultados podrían no representar adecuadamente a hombres jóvenes, personas de otros grupos étnicos, niveles educativos o situaciones económicas, ni a los gais.

Además, las conclusiones proceden de testimonios recogidos en grupos de discusión. El estudio analiza percepciones declaradas, no comportamientos observados. Tampoco se probó una intervención concreta ni se midió cuántos kilos perdían los participantes a largo plazo.

Los propios investigadores señalan que las entrevistas individuales podrían revelar emociones relacionadas con el fracaso que algunos hombres no expresan delante de otros varones.

No es solo una cuestión de fuerza de voluntad

La principal aportación del estudio no es una receta para adelgazar, sino una explicación de por qué determinadas recetas ni siquiera consiguen que algunos hombres crucen la puerta.

Culpar exclusivamente a la falta de voluntad simplifica un fenómeno en el que intervienen la identidad, la presión social, las experiencias anteriores, los horarios laborales, los conocimientos culinarios y la ayuda disponible.

Si un programa se percibe como restrictivo, ajeno a la propia identidad e imposible de conciliar con la rutina, el abandono puede comenzar antes de la primera comida. Diseñar mejores iniciativas exige hablar de alimentación sin humillar, admitir los tropiezos y convertir el esfuerzo solitario en un cambio acompañado.▪️(28-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Muchos participantes en este trabajo de investigación relacionaban la palabra dieta con restricción, sacrificio y privación.
  • Los programas de adelgazamiento se percibían como un espacio predominantemente femenino.
  • La apariencia física motivaba más el cambio que los beneficios para la salud a largo plazo.
  • Las jornadas laborales, el cansancio, la desinformación nutricional y los planes demasiado complejos dificultaban mantener los hábitos.
  • El apoyo de un compañero, un mentor o la pareja podía mejorar la adherencia.
  • Los autores proponen presentar la pérdida de peso como un desafío personal positivo, con objetivos realistas y avances visibles.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Hombres y Pérdida de Peso

🥦 ¿Por qué algunos hombres rechazan las dietas?

Porque las asocian con restricción, hambre, sacrificio y experiencias anteriores de fracaso. Algunos también consideran que los programas de adelgazamiento están dirigidos principalmente a las mujeres.

🥦 ¿Qué motiva a los hombres a perder peso?

En este estudio, la apariencia física fue el detonante más frecuente. Una fotografía, un espejo o una prenda que ya no sentaba bien podía impulsar el cambio. La salud motivaba especialmente después de un diagnóstico o una señal de alarma.

🥦 ¿El ejercicio es suficiente para adelgazar?

La actividad física aporta importantes beneficios, pero el control del peso suele requerir un enfoque que combine alimentación, ejercicio, hábitos sostenibles y apoyo conductual. El estudio analiza percepciones, no compara la eficacia de distintas estrategias.

🥦 ¿Qué ayuda a mantener un programa de adelgazamiento?

Los participantes destacaron el acompañamiento de otra persona, la supervisión de un mentor, el apoyo de la pareja, los objetivos realistas, los avances visibles y unas recomendaciones fáciles de integrar en la vida cotidiana.

🥦 ¿Los programas para adelgazar deben ser diferentes para hombres y mujeres?

No necesariamente tienen que estar completamente separados, pero sí deben reconocer que las experiencias, motivaciones y barreras pueden variar. La adaptación debe basarse en las necesidades de cada persona y evitar reforzar estereotipos de género.

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