Los huesos del Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio que vivió hace 115 millones de años, escondían un secreto extraordinario: posibles glóbulos rojos y huellas químicas de su sangre. Un descubrimiento que desafía los límites de la fosilización y abre una ventana insospechada a la biología de los dinosaurios.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de dos ejemplares de Aratasaurus museunacionali interactuando en el territorio que hoy ocupa Brasil, hace unos 115 millones de años. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Desde hace más de un siglo, los paleontólogos han reconstruido la vida de los dinosaurios a partir de sus huesos, dientes y huellas. Pero ¿qué sucedería si esos mismos fósiles conservaran también vestigios de su sangre? ¿Y si fuera posible estudiar algunas de las moléculas que circularon por el organismo de un animal desaparecido hace más de cien millones de años?
Esta posibilidad acaba de cobrar fuerza gracias a un descubrimiento realizado en Brasil. Un equipo internacional de investigadores, encabezado por la geoquímica Kliti Grice, de la Universidad de Curtin, en Australia, ha identificado estructuras microscópicas compatibles con glóbulos rojos y señales químicas del grupo hemo —un complejo químico conocido por formar parte de la hemoglobina— en los huesos de un dinosaurio de hace 115 millones de años.
El hallazgo, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), proporciona nuevas evidencias de que determinados componentes biológicos pueden conservarse durante períodos geológicos extraordinariamente prolongados.
No significa que los científicos hayan encontrado sangre líquida ni células vivas. Lo que han descubierto es algo diferente, aunque igualmente fascinante: posibles restos celulares mineralizados acompañados de huellas moleculares relacionadas con la sangre original del dinosaurio.
«Aratasaurus», el dinosaurio brasileño que conservaba secretos en sus huesos
El protagonista de este descubrimiento es el Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio terópodo cuyos restos aparecieron en 2008 en una cantera del estado brasileño de Ceará.
Los terópodos constituyen un amplio grupo de dinosaurios que incluye al célebre Tyrannosaurus rex y del que evolucionaron las aves actuales. Sin embargo, Aratasaurus estaba lejos de tener las dimensiones de aquel gigantesco depredador.
Según su descripción científica publicada en 2020 en Scientific Reports, medía aproximadamente 3,12 metros de longitud y pesaba unos 34 kilogramos. El análisis microscópico de sus huesos reveló que el ejemplar era juvenil y todavía no había completado su crecimiento.
El reptil vivió durante el Cretácico temprano, cuando América del Sur y África estaban experimentando importantes transformaciones geográficas relacionadas con la apertura del océano Atlántico.
Sus restos, conservados en el Museo Nacional de Brasil, parecían ofrecer inicialmente información sobre la anatomía y evolución de los dinosaurios carnívoros. Sin embargo, el examen de los huesos de sus extremidades posteriores reveló algo inesperado.
Los investigadores encontraron diminutas estructuras redondeadas dentro de los canales vasculares del hueso, pequeños conductos por los que circulaban vasos sanguíneos cuando el dinosaurio estaba vivo. Al observarlas mediante microscopía electrónica, comprobaron que algunas presentaban características compatibles con glóbulos rojos.
Era una primera pista, pero todavía faltaba demostrar que aquellas estructuras tenían relación con la sangre y no eran simples formaciones minerales.
Fragmento de un hueso fosilizado de Aratasaurus museunacionali, el dinosaurio de hace 115 millones de años en el que se han identificado posibles restos de glóbulos rojos y huellas químicas de sangre. Cortesía: Curtin University
Cómo han identificado restos de sangre en un fósil tan antiguo
La principal novedad del estudio reside en la combinación de observaciones microscópicas y análisis químicos.
Los investigadores no se limitaron a buscar estructuras que recordaran a células sanguíneas. También examinaron su composición molecular y detectaron señales características del grupo hemo y de productos derivados de su degradación, además de aminoácidos relacionados con el colágeno.
Qué es el grupo hemo y por qué resulta tan importante
El grupo hemo es una estructura molecular que contiene hierro y forma parte de la hemoglobina, la proteína encargada de transportar oxígeno en los glóbulos rojos de los vertebrados.
En los animales actuales, el grupo hemo permite que la hemoglobina se una al oxígeno y lo distribuya por el organismo. También contribuye al característico color rojo de la sangre.
Encontrar señales de este compuesto en un fósil puede proporcionar información sobre su antigua composición biológica. Sin embargo, detectar hemo no equivale necesariamente a encontrar hemoglobina completa. Una molécula puede haber sufrido transformaciones químicas profundas y conservar únicamente algunas características reconocibles de su estructura original.
En el caso del Aratasaurus museunacionali, el equipo considera especialmente relevante que las señales químicas aparezcan asociadas a estructuras microscópicas situadas dentro de los antiguos canales vasculares. Según Grice, identificar moléculas derivadas del hemo en material de 115 millones de años constituye un descubrimiento extraordinario y abre la posibilidad de estudiar aspectos de la fisiología de animales desaparecidos.
La hausmannita, el mineral que pudo conservar la sangre durante millones de años
Una de las preguntas más interesantes del estudio es cómo pudieron sobrevivir esos vestigios biológicos durante tanto tiempo. La respuesta podría encontrarse en la hausmannita, un óxido de manganeso de fórmula Mn₃O₄, identificado en las estructuras estudiadas.
Los investigadores proponen que este mineral pudo contribuir a estabilizar las posibles células sanguíneas y preservar parte de sus componentes químicos durante la fosilización.
Hay que decir que, en determinadas condiciones, los minerales pueden envolver estructuras biológicas, reproducir su forma y proteger algunos compuestos de las reacciones que normalmente los destruirían.
Pero la hausmannita probablemente no actuó sola. El equipo considera que el dinosaurio pudo quedar enterrado rápidamente en un ambiente pobre en oxígeno y con abundante actividad microbiana. Esa combinación habría favorecido una serie de procesos químicos capaces de transformar los restos orgánicos en estructuras mineralizadas.
Aunque los microorganismos suelen acelerar la descomposición de los organismos muertos, también pueden modificar las condiciones químicas del entorno y facilitar la precipitación de minerales. De este modo, la fosilización no siempre elimina completamente las huellas moleculares de la vida: en circunstancias excepcionales, puede contribuir a conservarlas.
Imágenes microscópicas de fósiles de dinosaurio que muestran estructuras semejantes a glóbulos rojos (a y b) y fibras compatibles con colágeno (c y d). Estudio publicado en Nature Communications en 2015.
No es la primera vez que aparecen indicios de sangre en dinosaurios
El descubrimiento del Aratasaurus museunacionali forma parte de una línea de investigación que lleva casi tres décadas cuestionando algunas ideas tradicionales sobre la conservación de los fósiles.
Ya en 1997, la paleontóloga estadounidense Mary Schweitzer y sus colaboradores publicaron en PNAS un estudio que identificaba señales compatibles con compuestos del grupo hemo y productos de degradación de la hemoglobina en huesos de Tyrannosaurus rex. Y no solo esto. En 2005, Schweitzer protagonizó otro descubrimiento sorprendente al describir estructuras flexibles semejantes a vasos sanguíneos en restos de un tiranosaurio de unos 68 millones de años.
Diez años después, en 2015, un equipo encabezado por Sergio Bertazzo, de la University College London, y Susannah Maidment, del Imperial College London, publicó en Nature Communications los resultados del análisis de ocho huesos de dinosaurios del Cretácico.
Los científicos observaron estructuras semejantes a glóbulos rojos y fibras compatibles con colágeno, una proteína fundamental de los tejidos conectivos. Algunas de aquellas estructuras presentaban características químicas similares a las de la sangre de emú, un ave actual.
El trabajo demostró que incluso fósiles sin una apariencia excepcional podían contener vestigios de estructuras biológicas microscópicas.
En 2017, otra investigación, también publicada en Nature Communications, describió indicios de colágeno en una costilla de Lufengosaurus, un dinosaurio que vivió hace aproximadamente 195 millones de años.
Este antecedente es importante para interpretar correctamente el nuevo descubrimiento: los restos del Aratasaurus no contienen las señales de material biológico más antiguas descritas hasta ahora.
Su posible singularidad reside en la asociación de estructuras interpretadas como glóbulos rojos mineralizados con evidencias químicas del grupo hemo conservadas en el mismo contexto fósil.
Imágenes microscópicas y reconstrucción tridimensional de estructuras semejantes a glóbulos rojos halladas en un hueso de Aratasaurus museunacionali de hace 115 millones de años. Crédito: Universidad de Curtin.
Los descubrimientos de 2025 refuerzan la investigación de moléculas fósiles
La búsqueda de componentes biológicos originales en dinosaurios ha experimentado importantes avances recientes.
En enero de 2025, investigadores de la Universidad de Liverpool publicaron en Analytical Chemistry un estudio sobre un hueso de Edmontosaurus, un dinosaurio herbívoro del Cretácico tardío.
Mediante distintas técnicas analíticas identificaron hidroxiprolina, un aminoácido característico del colágeno, y secuencias de pequeños fragmentos proteicos compatibles con esa proteína.
El resultado reforzó la posibilidad de que algunos componentes moleculares originales sobrevivan en fósiles de decenas de millones de años.
En febrero del mismo año, Schweitzer y sus colaboradores publicaron en Scientific Reports una investigación sobre estructuras vasculares recuperadas de seis dinosaurios diferentes. Encontraron pruebas favorables a su origen biológico, aunque también detectaron señales de microorganismos que habían penetrado en los restos.
El trabajo confirmó que la conservación de tejidos fósiles es mucho más compleja de lo que parecía y que resulta imprescindible distinguir los componentes originales de las posibles contaminaciones.
Posteriormente, en septiembre de 2025, otro equipo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte publicó en Proceedings of the Royal Society A una investigación especialmente relacionada con el hallazgo brasileño. Mediante espectroscopia Raman de resonancia, una técnica que permite identificar determinadas moléculas a partir de su interacción con la luz, los científicos encontraron evidencias de conservación parcial de hemoglobina en restos de Tyrannosaurus rex y Brachylophosaurus canadensis.
También identificaron transformaciones químicas del hemo y su asociación con goetita, un mineral que contiene hierro.
Estos resultados respaldan la idea de que ciertos minerales pueden desempeñar un papel decisivo en la conservación de las señales moleculares de organismos extinguidos.
¿Son realmente glóbulos rojos? El hallazgo también genera controversia
Pese al entusiasmo de sus autores, la interpretación de los resultados del Aratasaurus museunacionali no convence por completo a todos los especialistas.
Schweitzer, una de las principales investigadoras en el campo de los tejidos fósiles, ha expresado reservas sobre la identidad de las estructuras descubiertas. En declaraciones recogidas por The Guardian, señaló que los glóbulos rojos de los dinosaurios deberían presentar características semejantes a las de las aves actuales.
El problema de la forma de las células
A diferencia de los eritrocitos maduros de los mamíferos, que carecen de núcleo, los glóbulos rojos de las aves conservan un núcleo, que produce un abultamiento característico.
Schweitzer observa que algunas estructuras descritas por el equipo de Curtin presentan una superficie cóncava, una característica que no encaja claramente con la morfología esperada.
La investigadora considera más convincentes las evidencias químicas relacionadas con el hemo y los aminoácidos del colágeno, aunque estas no demuestran por sí solas que las estructuras sean auténticas células sanguíneas.
Esta distinción resulta esencial. Los minerales pueden producir formas que imitan estructuras biológicas y, por tanto, la semejanza microscópica debe interpretarse junto con los datos químicos, el contexto geológico y los mecanismos de fosilización.
El debate no resta necesariamente importancia al hallazgo. Al contrario, señala qué aspectos deberán comprobar futuras investigaciones.
Qué podría decirnos la sangre fósil sobre el metabolismo de los dinosaurios
Si los científicos consiguieran identificar de manera fiable componentes relacionados con la sangre en otros fósiles, podrían abrirse nuevas posibilidades para investigar la fisiología de los dinosaurios.
Uno de los grandes interrogantes de la paleobiología es cómo funcionaba el metabolismo de estos animales. Durante décadas se discutió si dependían principalmente del calor ambiental, como muchos reptiles actuales, o si algunos mantenían una actividad metabólica elevada, comparable en determinados aspectos a la de aves y mamíferos.
El estudio de antiguas moléculas relacionadas con la hemoglobina podría aportar información sobre la evolución de los mecanismos de transporte del oxígeno.
Sin embargo, los científicos todavía están lejos de poder deducir la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca o la velocidad de desplazamiento del Aratasaurus a partir de las señales químicas descubiertas.
La posibilidad más inmediata es otra: aplicar nuevas técnicas de análisis molecular a los innumerables fósiles que ya se conservan en museos y colecciones científicas.
Algunos podrían contener información que pasó inadvertida cuando fueron descubiertos, simplemente porque todavía no existían instrumentos capaces de identificarla.
Parte del equipo internacional que ha identificado posibles glóbulos rojos fosilizados en Aratasaurus museunacionali, junto a los huesos estudiados. En el centro, Kliti Grice, autora principal de la investigación. Cortesía: Universidad de Curtin.
¿Podremos recuperar ADN de dinosaurio y recrearlos como en Jurassic Park?
La respuesta, con los conocimientos actuales, es no. Encontrar restos químicos relacionados con la sangre no significa haber recuperado ADN de dinosaurio. Tampoco implica disponer de células funcionales ni de proteínas completas.
El ADN es especialmente vulnerable a los procesos de degradación que se producen después de la muerte.
Uno de los registros más antiguos de ADN recuperado y secuenciado procede de sedimentos de Groenlandia de aproximadamente dos millones de años, según una investigación publicada en Nature en 2022.
La distancia temporal respecto a los dinosaurios no avianos, extinguidos hace unos 66 millones de años, sigue siendo enorme.
El propio equipo de Curtin advierte de que su objetivo no consiste en encontrar material genético para recrear dinosaurios, sino en determinar cuánta información molecular original puede sobrevivir a través del tiempo geológico.
El descubrimiento también puede tener implicaciones para la astrobiología. Comprender cómo se conservan determinadas señales químicas de organismos terrestres podría ayudar a los científicos a reconocer posibles indicios de vida antigua en otros planetas.
Por ahora, el principal valor del fósil brasileño reside en una idea que está transformando la paleontología: los huesos de los dinosaurios no son únicamente archivos de su anatomía, sino que también pueden conservar fragmentos de su historia química.
Hace 115 millones de años, un joven dinosaurio murió en el territorio que hoy ocupa el nordeste de Brasil. Su cuerpo desapareció y sus huesos quedaron enterrados bajo sedimentos que, con el paso del tiempo, se transformaron en roca.
Ahora, aquellas diminutas estructuras plantean una posibilidad extraordinaria: que una parte de la biología de los dinosaurios siga escrita en sus fósiles, esperando a que aprendamos a leerla.▪️(3-noviembre-2026)
Sangre de dinosaurio: seis preguntas para entender un hallazgo extraordinario
¿Puede sobrevivir la sangre durante 115 millones de años? ¿Es posible recuperar el ADN de un dinosaurio? Estas son las respuestas de la ciencia a las principales incógnitas de un descubrimiento que está cambiando nuestra comprensión de los fósiles.
1. ¿Se ha encontrado sangre auténtica de dinosaurio?
Los investigadores han identificado estructuras mineralizadas compatibles con glóbulos rojos y señales químicas del grupo hemo en un dinosaurio de hace 115 millones de años. No se trata de sangre líquida ni de células vivas. La identificación definitiva de estas estructuras como glóbulos rojos todavía genera debate científico.
2. ¿Qué dinosaurio conservaba esos restos de sangre?
Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio carnívoro que vivió durante el Cretácico temprano en el actual Brasil. El ejemplar estudiado era juvenil, medía aproximadamente 3,12 metros y tenía una masa estimada de 34 kilogramos.
3. ¿Cuál es la sangre de dinosaurio más antigua descubierta?
El nuevo estudio describe uno de los registros más antiguos de estructuras interpretadas como glóbulos rojos acompañadas de señales químicas del hemo. Sin embargo, investigaciones anteriores ya habían identificado indicios de componentes sanguíneos y otras moléculas biológicas en fósiles de dinosaurios.
4. ¿Cómo puede conservarse la sangre durante millones de años?
En determinadas condiciones de enterramiento, algunos minerales pueden estabilizar estructuras celulares y proteger parcialmente sus componentes químicos. En Aratasaurus, los científicos consideran que la hausmannita, un óxido de manganeso, pudo contribuir a este extraordinario proceso de conservación.
5. ¿Se puede obtener ADN a partir de sangre de dinosaurio fosilizada?
No se ha recuperado ADN en este descubrimiento. Los compuestos químicos identificados no permiten reconstruir el genoma del animal ni clonarlo. La posibilidad de recrear dinosaurios como en Jurassic Park continúa fuera del alcance de la ciencia.
6. ¿Por qué es importante este hallazgo para la paleontología?
Porque sugiere que algunos fósiles pueden conservar información molecular sobre animales extinguidos, además de sus características anatómicas. Si los resultados se confirman, nuevas técnicas podrían ayudar a estudiar la evolución de la sangre y determinados aspectos de la fisiología de los dinosaurios.
Fuente científica: investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 2026.
PALEONTOLOGÍA Y FÓSILES
Información facilitada por la Curtin University
Fuente: K. Grice, Y. Isaji, J. Wiemann et al. Heme signatures in mineralized red blood cells within vascular canals of a 115-million-year-old dinosaur bone. PNAS (2026). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2614248123(2026).

