¿La Tierra podría seguir siendo habitable si nunca hubiera existido vida? Una sorprendente simulación revela que nuestro planeta habría podido conservar sus océanos y un clima favorable durante miles de millones de años sin un solo organismo, un hallazgo que podría cambiar la búsqueda de vida extraterrestre.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Dos versiones de la Tierra: a la izquierda, nuestro planeta lleno de vida; a la derecha, cómo podría ser sin ella. Una simulación científica revela que ambos mundos podrían mantener océanos y condiciones habitables. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Imagina una Tierra sin árboles, ni animales, ni bacterias ni ningún otro organismo. Un planeta donde nunca hubiera aparecido la vida, pero que conservara sus océanos, continentes, volcanes, atmósfera y un núcleo ardiente. En estas circunstancias, ¿habría podido mantener temperaturas agradables durante miles de millones de años? ¿Seguiría siendo un mundo potencialmente habitable? Y, sobre todo, ¿podríamos distinguirlo de un planeta lleno de vida si lo observáramos desde muchos años luz de distancia?
Estas preguntas, aparentemente propias de una novela de ciencia ficción, están en el centro de una investigación que podría transformar la búsqueda de vida extraterrestre. Un equipo internacional liderado por científicos de la Universidad de Washington (UW), en Estados Unidos, ha desarrollado una simulación informática que reproduce la evolución de los principales sistemas de la Tierra durante unos 5.000 millones de años, pero sin intervención de seres vivos.
El resultado es tan sorprendente como revelador: la Tierra podría haber mantenido océanos de agua líquida y condiciones climáticas potencialmente habitables durante miles de millones de años, incluso si la vida nunca hubiera aparecido.
El estudio, publicado en The Planetary Science Journal, aporta una nueva herramienta para resolver uno de los mayores desafíos de la astrobiología: diferenciar los planetas que reúnen condiciones para albergar vida de aquellos que realmente están habitados.
La distinción resulta fundamental. Los astrónomos han confirmado ya más de 6.000 planetas fuera del Sistema Solar, conocidos como exoplanetas, y algunos podrían tener características semejantes a las terrestres. Pero encontrar agua, una temperatura adecuada o determinados gases atmosféricos no demuestra que exista vida.
Para saber qué buscar en otros mundos, los científicos necesitan comprender primero cómo sería un planeta semejante al nuestro si nunca hubiera albergado un solo organismo.
«Este modelo puede ayudarnos a comprender cómo los planetas habitables, pero sin vida, podrían parecerse a los planetas habitados —explica Samantha Gilbert-Janizek, autora principal del estudio, que realizó la investigación durante su doctorado en la Universidad de Washington y actualmente trabaja como investigadora posdoctoral en la Universidad de California en Riverside. Y añade—: Cuando interpretemos las observaciones de la atmósfera de un exoplaneta, esta herramienta nos ayudará a determinar la probabilidad de que lo que estamos observando indique la presencia de vida en su superficie».
Una simulación de toda la Tierra, desde el núcleo hasta la atmósfera
La principal innovación de la investigación consiste en que los científicos no se han limitado a reproducir el clima o la composición de la atmósfera terrestre, sino que han construido un modelo que integra la evolución del núcleo, el manto, la corteza, los océanos, la superficie y la atmósfera, además de los cambios experimentados por el Sol.
Se trata de una representación matemática unidimensional de los grandes sistemas planetarios, no de una reconstrucción tridimensional de cada rincón de la Tierra.
El modelo se basa en VPLanet, una plataforma informática desarrollada durante años para estudiar la evolución de los planetas. Su principal impulsor es Rory Barnes, profesor asociado de Astronomía de la Universidad de Washington y autor sénior de la nueva investigación.
Las versiones anteriores de esta herramienta ya permitían analizar el comportamiento del núcleo, el manto, la corteza y la influencia de la radiación estelar. Gilbert-Janizek amplió sus capacidades incorporando los procesos de la superficie, los océanos y la atmósfera.
Samantha Gilbert-Janizek, astrofísica y autora principal del estudio que ha recreado la evolución de una Tierra sin vida para ayudar a identificar mundos habitados más allá del Sistema Solar. Crédito: IA-Gemini / RexMolón Producciones
De esta manera, la simulación reproduce cómo el calor se desplaza desde las profundidades terrestres, cómo los volcanes liberan gases, cómo las placas tectónicas transportan materiales hacia el interior y cómo el agua y el dióxido de carbono circulan entre las rocas, los océanos y el aire.
La importancia de integrar estos procesos radica en que ninguno funciona de manera independiente.
Una variación de temperatura en el manto puede modificar la actividad volcánica. Esta altera la cantidad de dióxido de carbono presente en la atmósfera. El CO₂ influye en el efecto invernadero y, por tanto, en la temperatura superficial. Y esa temperatura condiciona, a su vez, las reacciones químicas que eliminan carbono del aire.
El clima de un planeta depende de una compleja red de interacciones entre su interior, su superficie, su atmósfera y la energía que recibe de su estrella.
«Después de más de una década de trabajo de numerosos científicos, la doctora Gilbert-Janizek ha completado por fin un modelo de la Tierra que reproduce simultáneamente las propiedades de su núcleo, manto, superficie y atmósfera», destaca Barnes en un comunicado de la universidad.
Según el investigador, esta calibración proporciona confianza para desarrollar futuras simulaciones de exoplanetas, aunque será necesario comprobar cómo funcionan bajo condiciones diferentes de las terrestres.
¿Qué descubrieron los científicos al simular una Tierra sin vida?
Para recrear un planeta completamente deshabitado, los investigadores iniciaron la simulación unos 50 millones de años después de su formación, cuando ya había terminado la fase primitiva en la que gran parte de la Tierra estaba cubierta por un océano de magma.
A partir de ese momento, dejaron evolucionar sus sistemas geológicos y atmosféricos hasta alcanzar una edad planetaria de 5.000 millones de años.
La simulación abarca así prácticamente toda la historia terrestre, desde hace unos 4.500 millones de años hasta aproximadamente 500 millones de años en nuestro futuro.
Pero había una condición fundamental: ningún organismo vivo intervenía en el funcionamiento del planeta.
No existían plantas ni microorganismos fotosintéticos que produjeran oxígeno. Tampoco seres vivos que generaran grandes cantidades de metano o modificaran los ciclos naturales de los elementos químicos.
El modelo reprodujo diecisiete de las diecinueve propiedades terrestres dentro de los márgenes previstos
Para comprobar si su Tierra virtual funcionaba correctamente, los científicos compararon las propiedades obtenidas al cabo de 4.500 millones de años con diecinueve características conocidas de la Tierra preindustrial, es decir, anteriores a las grandes transformaciones provocadas por la industrialización.
Entre ellas figuraban la temperatura media superficial, la cantidad de agua oceánica, la concentración de dióxido de carbono, el pH del océano, el flujo de calor procedente del interior terrestre, la temperatura del manto, el tamaño del núcleo interno y determinadas propiedades del campo magnético.
El modelo reprodujo diecisiete de esos diecinueve parámetros dentro de los márgenes de incertidumbre establecidos. Los otros dos, relacionados con la química de los océanos, presentaron desviaciones relativamente pequeñas.
Entre los resultados más significativos, la simulación reprodujo una temperatura media superficial próxima a los 13,8 °C y una concentración atmosférica de CO₂ cercana a las 280 partes por millón, valores semejantes a los estimados para la Tierra preindustrial.
También consiguió mantener una cantidad de agua oceánica comparable a la terrestre.
Un paisaje desértico y sin vegetación evoca cómo podría ser la superficie de una Tierra sin vida, aunque el modelo científico indica que también podría conservar océanos y un clima habitable. Foto de Wolfgang Hasselmann en Unsplash
Y apareció un resultado todavía más interesante: durante la evolución simulada, las temperaturas medias superficiales se mantuvieron aproximadamente entre los 12 ºC y los 24 °C, pese a que la luminosidad solar aumentó alrededor de un 30 %.
Esto sugiere que un planeta rocoso podría conservar condiciones compatibles con agua líquida durante miles de millones de años sin necesidad de organismos vivos que contribuyeran a regular su clima.
Sin embargo, los investigadores advierten de que la simulación no demuestra cómo habría sido realmente una Tierra sin vida. Algunos parámetros del modelo fueron calibrados para reproducir las condiciones conocidas de nuestro planeta.
Lo que sí demuestra es que, bajo determinadas hipótesis físicas y químicas, una Tierra geológicamente activa puede mantener condiciones en potencia habitables sin intervención biológica.
El termostato geológico que mantiene habitable un planeta
Una de las claves del resultado reside en un mecanismo natural que ayuda a regular la temperatura terrestre durante millones de años: el ciclo carbonato-silicato, un proceso geológico que controla parte del intercambio de carbono entre la atmósfera, los océanos, las rocas y el interior planetario.
Su funcionamiento depende del equilibrio entre el dióxido de carbono liberado por los volcanes y el que es retirado mediante reacciones químicas.
Los volcanes expulsan CO₂, un gas de efecto invernadero que contribuye a calentar la superficie. Al mismo tiempo, el agua de lluvia reacciona con determinados minerales de las rocas, especialmente los silicatos, mediante un proceso conocido como meteorización química.
Estas reacciones favorecen la retirada de dióxido de carbono de la atmósfera. Parte del carbono acaba incorporándose a los sedimentos marinos y, mediante la tectónica de placas, puede regresar posteriormente al interior de la Tierra.
Esquema de los procesos que intervienen en la evolución de una Tierra sin vida: desde el calor de su núcleo y la actividad geológica hasta el intercambio de agua y CO₂ entre los océanos, la superficie y la atmósfera. Crédito: IA-DASLl-E / RexMolón Producciones / Fuente: Geophysical Research Letters (2026).
¿Cómo regula el dióxido de carbono la temperatura terrestre?
Cuando el planeta se calienta, las reacciones de meteorización suelen acelerarse. Esto favorece la eliminación del CO₂ atmosférico y contribuye a reducir el efecto invernadero.
Si la temperatura disminuye, la meteorización se ralentiza. Entonces, el dióxido de carbono liberado por la actividad geológica puede acumularse, aumentando la capacidad de la atmósfera para retener calor. El resultado es un mecanismo de retroalimentación negativa que ayuda a amortiguar grandes cambios climáticos a escala geológica.
Este termostato actúa durante periodos extraordinariamente largos, por lo que no puede neutralizar con la rapidez necesaria el calentamiento global actual provocado por las emisiones humanas.
La nueva simulación demuestra que, dentro de las condiciones consideradas, el ciclo carbonato-silicato puede mantener un clima estable incluso en ausencia de vida.
Se trata de una conclusión importante para la búsqueda de exoplanetas habitables, porque indica que los procesos geológicos podrían conservar océanos y temperaturas moderadas durante miles de millones de años, aunque nunca hubiera aparecido una biosfera.
¿Necesita la Tierra la vida para seguir siendo habitable?
La investigación también aporta nuevos argumentos a un viejo debate científico relacionado con la hipótesis de Gaia, propuesta originalmente por el químico James Lovelock y la bióloga Lynn Margulis en la década de 1970.
Esta hipótesis plantea que los seres vivos interactúan con el entorno físico y pueden contribuir a regular las condiciones ambientales de nuestro planeta.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre afirmar que la vida favorece la estabilidad climática y sostener que esa estabilidad depende necesariamente de ella.
La nueva investigación cuestiona esta segunda interpretación, conocida como la versión fuerte de Gaia. Su Tierra virtual mantiene temperaturas potencialmente habitables sin necesidad de una biosfera que intervenga en la regulación climática. Ahora bien, esto no significa que los organismos carezcan de importancia. La vida ha transformado profundamente la composición de la atmósfera, los océanos y los suelos a lo largo de miles de millones de años.
De hecho, el modelo predice una evolución climática generalmente más fría que la que sugieren algunas reconstrucciones de la Tierra primitiva. Una posible explicación es la ausencia de cantidades significativas de metano generado por los microorganismos, que pudo desempeñar un papel importante en el calentamiento terrestre cuando el Sol era menos luminoso.
La conclusión, por tanto, no es que la vida resulte irrelevante para el clima, sino que las condiciones necesarias para su aparición podrían mantenerse durante muchísimo tiempo sin que esta llegue a desarrollarse.
Esta posibilidad abre una pregunta fascinante: ¿cuántos planetas del universo podrían llevar miles de millones de años preparados para albergar vida sin que esta haya aparecido?
Ilustración de una exoluna con un océano que podría mantenerse líquido gracias al calentamiento por mareas, incluso sin luz estelar. Crédito: IA-DALL·E/RexMolón Producciones.
Cómo encontrar vida extraterrestre analizando las atmósferas de otros planetas
La aplicación más prometedora del nuevo modelo se encuentra mucho más allá de nuestro sistema solar.
Los astrónomos buscan posibles señales de vida en las atmósferas de los exoplanetas mediante una técnica denominada espectroscopia, que permite identificar determinadas moléculas a partir de las longitudes de onda de la luz que absorben. Estas señales químicas reciben el nombre de biofirmas cuando pueden constituir indicios de actividad biológica.
Entre las sustancias más interesantes figuran el oxígeno, el ozono y el metano.
En la Tierra, la mayor parte del oxígeno atmosférico procede de la fotosíntesis. El metano, por su parte, tiene diversas fuentes naturales, pero una proporción importante de sus emisiones está relacionada con procesos biológicos, especialmente con la actividad de determinados microorganismos.
Por qué el oxígeno y el metano pueden revelar la presencia de vida
La combinación de oxígeno y metano en una atmósfera resulta especialmente interesante, y lo es porque ambos gases participan en reacciones químicas que tienden a eliminarlos. Por eso, su presencia continuada en determinadas cantidades puede indicar que existen procesos capaces de reponerlos constantemente.
Los científicos llaman a esta situación desequilibrio químico atmosférico.
Cuando una combinación de gases resulta difícil de mantener mediante procesos exclusivamente geológicos o fotoquímicos, los investigadores pueden considerar la actividad biológica como una posible explicación. Sin embargo, encontrar oxígeno o metano no basta para afirmar que existe vida extraterrestre. Ambos pueden generarse también mediante mecanismos no biológicos.
Estos últimos constituyen uno de los mayores problemas de la astrobiología: los llamados falsos positivos de vida extraterrestre, señales químicas que podrían interpretarse erróneamente como pruebas de actividad biológica.
Precisamente para ayudar a identificarlos, Gilbert-Janizek y sus colaboradores calcularon el espectro de luz reflejada por su Tierra virtual sin vida y lo compararon con el de una Tierra habitada. Ambos espectros contenían señales de vapor de agua y dióxido de carbono. Sin embargo, en el modelo de planeta deshabitado faltaban las características señales del oxígeno, el ozono y el metano presentes en el espectro terrestre utilizado para la comparación.
La simulación permitió demostrar que el programa puede generar espectros atmosféricos artificiales que sirvan de referencia para interpretar futuras observaciones de exoplanetas.
El procedimiento consistiría en introducir las características estimadas de un mundo distante y comprobar si sus gases atmosféricos podrían explicarse mediante una evolución exclusivamente física y química. Si las observaciones no encajaran con las predicciones de los modelos sin vida, ese planeta podría convertirse en un candidato especialmente interesante para continuar investigando.
No obstante, una discrepancia tampoco demostraría automáticamente la existencia de organismos extraterrestres. Podría deberse a procesos geológicos desconocidos o a limitaciones de la propia simulación.
Habitable Worlds Observatory: el futuro telescopio que buscará otras Tierras
La investigación adquiere especial relevancia ante el desarrollo del Habitable Worlds Observatory (HWO), un futuro observatorio espacial impulsado por la NASA para buscar posibles señales de vida en planetas semejantes a la Tierra que orbitan estrellas parecidas al Sol.
El proyecto contempla obtener imágenes directas de exoplanetas rocosos y analizar la composición química de sus atmósferas mediante observaciones en distintas regiones del espectro electromagnético.
Será un reto extraordinario: vistos desde grandes distancias, estos planetas son muchísimo menos brillantes que sus estrellas.
La simulación desarrollada en la Universidad de Washington podría ayudar a interpretar sus atmósferas y a determinar qué señales químicas ofrecen mayores posibilidades de distinguir los procesos biológicos de los no biológicos. También podría contribuir a diseñar estrategias de observación y seleccionar las longitudes de onda más interesantes para los futuros instrumentos.
Pero todavía quedan dificultades por resolver. El modelo presupone la existencia de tectónica de placas durante toda la evolución terrestre, una cuestión que sigue siendo objeto de debate científico.
Además, simplifica la química oceánica, no incorpora todos los posibles procesos de producción abiótica de gases y todavía no representa de forma completa la pérdida de sustancias de la atmósfera hacia el espacio.
Una de sus limitaciones más llamativas es que utiliza una representación simplificada de las nubes que, tras la calibración, equivale a una cobertura de aproximadamente el 8 %, muy inferior al 67 % de cobertura nubosa media observada en la Tierra.
Los investigadores reconocen que será necesario mejorar estos aspectos y ampliar el modelo a diferentes tipos de planetas y estrellas.
Tres propuestas de diseño del futuro telescopio espacial Habitable Worlds Observatory, con el que la NASA pretende estudiar exoplanetas potencialmente habitables y buscar señales de vida extraterrestre. Cortesía: NASA Goddard / Conceptual Image Labs
Aun así, el trabajo representa un avance hacia una herramienta especialmente valiosa: construir una referencia científica de cómo puede evolucionar un planeta habitable sin vida para reconocer con mayor fiabilidad aquellos en los que realmente existe.
🗣️ Gilbert-Janizek es consciente de que responder a la gran pregunta de la astrobiología exigirá la colaboración de distintas generaciones de científicos: «Hacer realidad los ambiciosos objetivos de un telescopio como el Habitable Worlds Observatory requiere décadas de trabajo de numerosas generaciones de científicos».
La investigadora espera contribuir a esa tarea y transmitir algún día el testigo a quienes continúen intentando resolver uno de los mayores enigmas de la ciencia: si estamos solos en el universo.
Porque la gran enseñanza de esta Tierra virtual es que un planeta puede tener océanos, volcanes, una atmósfera y temperaturas aparentemente acogedoras sin albergar un solo organismo.
El universo podría contener numerosos mundos donde las condiciones necesarias para la vida hayan persistido durante miles de millones de años sin que esta llegara a surgir.
Reconocerlos será tan importante como identificar aquellos en los que la biología haya dejado una huella inequívoca. Antes de anunciar que hemos encontrado vida extraterrestre, habrá que descartar que sus supuestas señales puedan explicarse mediante el funcionamiento natural de un planeta.▪️(3-noviembre-2026)
¿Podría existir una Tierra sin vida? Cinco preguntas clave
Una simulación de 5.000 millones de años plantea que nuestro planeta podría haber conservado sus océanos sin un solo ser vivo. Estas son las claves para entender el descubrimiento y su importancia en la búsqueda de vida extraterrestre.
¿Qué pasaría si nunca hubiera existido vida en la Tierra?
Según el modelo desarrollado por la Universidad de Washington, la Tierra podría haber conservado océanos de agua líquida y un clima relativamente estable durante miles de millones de años sin organismos vivos. Sin embargo, su atmósfera, su superficie y su historia climática serían diferentes de las actuales.
¿Puede existir un planeta habitable sin vida?
Sí. Un planeta habitable reúne condiciones potencialmente compatibles con la vida, como la presencia de agua líquida en su superficie, pero eso no significa que esté habitado. La simulación muestra cómo los procesos geológicos podrían mantener esas condiciones durante miles de millones de años sin actividad biológica.
¿Cómo pueden los científicos detectar vida en otros planetas?
Los astrónomos analizan la luz de los exoplanetas para identificar gases atmosféricos. Algunas combinaciones químicas, como la presencia simultánea y persistente de oxígeno y metano, pueden constituir posibles biofirmas, es decir, indicios de actividad biológica. Sin embargo, antes de atribuirlas a la vida, es necesario descartar explicaciones no biológicas.
¿Qué es VPLanet, el modelo utilizado en la investigación?
VPLanet es una plataforma informática científica que permite simular la evolución de sistemas planetarios. Los investigadores de la Universidad de Washington la han ampliado para estudiar conjuntamente el interior, la superficie, los océanos y la atmósfera de un planeta sin vida.
¿Qué es el Habitable Worlds Observatory de la NASA?
Es un futuro observatorio espacial concebido para estudiar planetas potencialmente habitables alrededor de otras estrellas. Uno de sus principales objetivos será analizar sus atmósferas en busca de posibles señales químicas de vida extraterrestre. La nueva simulación podría ayudar a interpretar esas observaciones.
Fuente científica: Gilbert-Janizek y colaboradores, The Planetary Science Journal (2026). Consultar el estudio original.
Información facilitada por la Universidad de Washington
Fuente: Samantha Gilbert-Janizek et al. A Whole-planet Model of the Earth without Life for Terrestrial Exoplanet Studies. The Planetary Science Journal (2026). DOI: 10.3847/PSJ/ae9d79
🦖 NO TE PIERDAS LA CIENCIA QUE ESTÁ CAMBIANDO EL MUNDO
-
Cada domingo seleccionamos para ti las noticias y los descubrimientos científicos más fascinantes de la semana, explicados con rigor, claridad y el estilo de RexMolón, la Ciencia en Acción.👉 SUSCRÍBETE GRATIS A LA NEWSLETTER DE REXMOLÓN
-
Si quieres recibir las noticias de ciencia de RexMolón cada día, únete a RexMolón News en WhatsApp, el canal donde compartimos las noticias según se publican.👉 ÚNETE GRATIS A REXMOLÓN NEWS

