La castración alarga la esperanza de vida, pero de una forma inesperada, según sugiere un estudio con ratones

Contra todo pronóstico, los ratones castrados en la edad adulta viven más tiempo que aquellos a los que se les extirpan los testículos antes de la pubertad. El sorprendente hallazgo desafía lo que sabemos sobre el envejecimiento masculino y abre la puerta a futuros tratamientos «miméticos de la castración» que aumenten la longevidad.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un estudio con ratones revela que la castración puede prolongar la vida incluso cuando se realiza durante la edad adulta, con un aumento de la supervivencia de hasta el 33 %.

Un estudio con ratones revela que la castración puede prolongar la vida incluso cuando se realiza durante la edad adulta, con un aumento de la supervivencia de hasta el 33 %. Cortesía: Klaus Nielsen

La ciencia lleva décadas intentando resolver una de las grandes paradojas de nuestra biología: ¿por qué las mujeres viven, por término medio, más años que los hombres? La respuesta podría encontrarse, al menos parcialmente, en unos órganos imprescindibles para la reproducción masculina: los testículos. Un equipo de científicos estadounidenses ha descubierto que la castración de ratones adultos aumenta su supervivencia mediana hasta un 32,9 %, un resultado tan sorprendente que está obligando a replantearse algunas ideas sobre el papel de las hormonas sexuales en el envejecimiento.

Lo verdaderamente desconcertante no es que los animales castrados vivan más, algo que ya habían sugerido investigaciones anteriores. La sorpresa está en el momento de la intervención. Contra todo pronóstico, los ratones que conservaron sus testículos durante las primeras etapas de su vida y fueron castrados en la edad adulta obtuvieron un beneficio mayor que aquellos a los que se les extirparon antes de la pubertad.

El descubrimiento plantea una hipótesis fascinante: los testículos podrían favorecer la supervivencia durante la juventud y convertirse posteriormente en un factor perjudicial. Si los científicos averiguan por qué ocurre, quizá puedan desarrollar tratamientos capaces de reproducir los beneficios de la castración sin necesidad de extirpar los órganos reproductores.

La investigación, dirigida por especialistas del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio, se ha publicado en el repositorio científico bioRxiv. Se trata de un preprint, es decir, un estudio que todavía no ha superado la revisión por pares. Sus conclusiones son prometedoras, aunque todavía no pueden extrapolarse a los seres humanos.

¿Por qué las mujeres viven más años que los hombres?

La mayor longevidad femenina es, sin duda alguna, uno de los fenómenos más consistentes de la demografía humana. Aparece en prácticamente todas las poblaciones, aunque su magnitud cambia según las condiciones sociales, económicas, sanitarias y ambientales.

En España, por ejemplo, los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2024 sitúan la esperanza de vida al nacimiento en 86,53 años para las mujeres y en 81,38 para los hombres. La diferencia supera, por tanto, los cinco años.

Pero ¿a qué se debe esta diferencia?

Parte de la explicación está en los comportamientos y las circunstancias de vida. Los hombres presentan mayor mortalidad por accidentes, suicidios y determinadas actividades de riesgo. También sufren una carga superior de algunas enfermedades, entre ellas las cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

Pero estas diferencias no explican por completo la ventaja femenina. Incluso cuando los científicos tienen en cuenta las causas externas de mortalidad, persiste una desigualdad que apunta a ciertos mecanismos biológicos fundamentales.

🗣️ «La ventaja de longevidad de las mujeres es una de las características más sólidas de la biología humana», explica Steve Austad, biogerontólogo de la Universidad de Alabama en Birmingham, en declaraciones recogidas por la revista Science.

Los investigadores han explorado distintas explicaciones, desde las diferencias entre los cromosomas sexuales hasta los efectos de las hormonas sobre el metabolismo, el sistema inmunitario y el envejecimiento celular.

Entre los posibles responsables destacan los testículos, que producen espermatozoides y secretan hormonas, principalmente testosterona.

La pregunta es inevitable: ¿podría una función biológica tan importante para la reproducción masculina contribuir, paradójicamente, a reducir la esperanza de vida?

Laurence T. Maeyens, investigador de la Universidad de Texas en San Antonio y coautor del estudio que revela cómo la edad a la que se castra a los ratones influye en su longevidad.

Laurence T. Maeyens, investigador de la Universidad de Texas en San Antonio y coautor del estudio que revela cómo la edad a la que se castra a los ratones influye en su longevidad. Cortesía: Laurence T. Maeyens

Un experimento para descubrir cuándo empiezan a perjudicar los testículos

El nuevo estudio está encabezado por Laurence T. Maeyens y James F. Nelson, investigadores expertos en gerontología de la Universidad de Texas en San Antonio, junto con otros especialistas de la misma institución.

Para investigar la relación entre castración y longevidad, recurrieron a ratones UM-HET3, una población de animales de laboratorio genéticamente heterogénea. A diferencia de las cepas muy homogéneas que suelen utilizarse en experimentación, estos roedores presentan una mayor diversidad genética.

Además, sus hembras viven de manera consistente más que los machos, lo que convierte a los UM-HET3 en un modelo especialmente útil para estudiar las diferencias sexuales en la supervivencia.

El equipo de Texas ya disponía de un antecedente importante. En 2023, Nelson y sus colaboradores publicaron en Aging Cell un estudio que demostraba que la castración antes de la pubertad prolongaba la vida de los machos hasta alcanzar una supervivencia comparable a la de las hembras.

Aquello sugería que algún factor producido por los testículos estaba contribuyendo a aumentar la mortalidad masculina. Sin embargo, quedaba por resolver una incógnita fundamental: ¿el perjuicio comienza durante la pubertad, cuando aumentan las hormonas sexuales o aparece más adelante como consecuencia de su actuación continuada?

Tres edades diferentes para medir el efecto de la castración

Para responder, los científicos dividieron a los ratones machos en tres grupos y realizaron la intervención quirúrgica en diferentes etapas de su vida. recordemos que un ratón doméstico (Mus musculus) suele vivir entre dos y tres años en condiciones de laboratorio, donde dispone de alimento, cuidados veterinarios y protección frente a los depredadores.

✅ A los 20 días: antes de que alcanzaran la pubertad.

✅ A los 60 días: después de la pubertad.

✅ A los 240 días: durante la edad adulta, antes del incremento habitual de la mortalidad masculina en esta población.

En todos los casos, los investigadores utilizaron grupos de control sometidos a una operación simulada, en la que los animales conservaban sus testículos. Este procedimiento permite comprobar si las diferencias de supervivencia se deben a la extirpación de los órganos y no simplemente a los efectos de la cirugía.

La castración, denominada médicamente orquiectomía, consiste en la extirpación de uno o ambos testículos. En este experimento se eliminaron los dos, suprimiendo así su función reproductora y la mayor parte de su producción hormonal.

Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.

La castración adulta aumentó la supervivencia un 32,9 %

Los tres grupos de ratones castrados vivieron más que sus respectivos controles. Sin embargo, la magnitud del beneficio dependió considerablemente de la edad a la que se realizó la intervención.

Castración y longevidad: la sorpresa está en la edad

Los tres grupos de ratones castrados vivieron más que los animales de control. Sin embargo, el mayor beneficio apareció cuando la intervención se realizó en la edad adulta, y no antes de la pubertad, como cabría esperar.

20 días de edad
Antes de la pubertad
+19,3 %
60 días de edad
Después de la pubertad
+25,8 %
240 días de edad
Edad adulta
+32,9 %

Aumento porcentual de la supervivencia mediana respecto a los respectivos grupos de control. Las barras representan la magnitud relativa del aumento, no los años de vida.

El hallazgo inesperado: los ratones que conservaron sus testículos durante más tiempo obtuvieron el mayor beneficio de supervivencia tras la castración. Los científicos investigan si los factores testiculares pueden resultar beneficiosos en la juventud y perjudiciales más adelante.

Fuente: Maeyens y colaboradores, bioRxiv (2026). Estudio experimental en ratones, pendiente de revisión por pares. Estos resultados no demuestran un beneficio equivalente en seres humanos.

El dato más llamativo es el último. Los roedores que conservaron sus testículos hasta los 240 días consiguieron el mayor aumento de supervivencia.

Conviene aclarar qué significan exactamente estos porcentajes. La supervivencia mediana es el tiempo transcurrido hasta que ha muerto la mitad de los individuos de un grupo. Así, un incremento del 32,9 % significa que la mediana de supervivencia fue un 32,9 % mayor que la de los ratones de control correspondientes.

No significa que todos los animales vivieran un tercio más, ni que una intervención equivalente pudiera añadir ese mismo porcentaje de años a la vida humana.

Para los investigadores, el resultado fue especialmente desconcertante, porque contradice una explicación habitual del envejecimiento masculino: la posibilidad de que la exposición a las hormonas sexuales durante la pubertad programe daños irreversibles que terminen acortando la vida.

Si esa hipótesis explicara por sí sola el fenómeno, la castración antes de la pubertad debería haber proporcionado la mayor protección.

Pero sucedió lo contrario.

«Pronto quedó claro que estábamos ante algo nuevo, inesperado y emocionante», reconoce Maeyens en declaraciones a Science.

¿Pueden los testículos proteger en la juventud y perjudicar con la edad?

El descubrimiento abre una interpretación completamente distinta del papel de los testículos en el envejecimiento.

Los factores testiculares, es decir, las hormonas y otras sustancias producidas por los testículos que influyen en el funcionamiento del organismo, podrían tener efectos opuestos según la edad: beneficiosos durante las primeras etapas de la vida y perjudiciales posteriormente. Los investigadores todavía desconocen cuáles de estos factores serían responsables del fenómeno y si la testosterona desempeña un papel determinante.

De acuerdo con esta hipótesis, los ratones castrados antes de la pubertad evitarían los posibles efectos negativos de esas sustancias, pero también perderían sus beneficios iniciales. Los animales intervenidos en la edad adulta, en cambio, habrían disfrutado de esa protección temprana antes de eliminar los factores que incrementan su riesgo de mortalidad.

Esta explicación ayudaría a entender por qué la castración a los 240 días fue más eficaz que la realizada a los veinte o a los sesenta días.

Sin embargo, los propios científicos reconocen que todavía no han identificado los mecanismos responsables. El experimento demuestra que el momento de la castración influye en la supervivencia, pero la interpretación de sus causas continúa moviéndose en la esfeta de las hipótesis.

Austad considera que el estudio plantea una cuestión muy provocadora: identificar cuándo los testículos pasan de ser potencialmente beneficiosos a ejercer efectos perjudiciales. El investigador advierte, no obstante, de que harán falta nuevas pruebas para confirmar esta explicación.

Un efecto sorprendentemente rápido sobre la mortalidad

Otro resultado del ensayo llamó poderosamente la atención de los especialistas. Según destaca Austad en Science, ninguno de los ratones castrados a los 240 días murió durante más de un año después de la intervención.

Es un cambio notable porque, en los roedores de esa edad, el riesgo de mortalidad comienza normalmente a aumentar conforme transcurren los meses.

La observación sugiere que los factores testiculares responsables del exceso de mortalidad podrían actuar con relativa rapidez. También indica que su presencia continuada podría ser necesaria para mantener ese riesgo elevado. Dicho de otra manera, no bastaría con haber estado expuesto a ellos durante la juventud: su actividad en etapas posteriores también sería importante.

Esta posibilidad resulta especialmente interesante para la medicina del envejecimiento porque sugiere que algunos riesgos biológicos asociados a la edad podrían modificarse mediante intervenciones relativamente tardías.

Vivir más años no significa necesariamente envejecer mejor

Hay un detalle importante que impide interpretar el resultado como un rejuvenecimiento de los animales. Los ratones castrados en la edad adulta vivieron más, pero no mostraron una mejoría generalizada de sus capacidades físicas durante el envejecimiento. Para valorarlas, los investigadores evaluaron diferentes indicadores, entre ellos la fuerza de agarre, una medida utilizada para estudiar el deterioro muscular.

Los tres grupos de animales castrados perdieron fuerza y desarrollaron otros signos de envejecimiento físico con el paso del tiempo, sin que el grupo intervenido a los 240 días mostrara una protección claramente superior.

El análisis de la composición corporal reveló además que la castración modificaba las características físicas de los machos. Así es, los animales tendían a desarrollar una composición más parecida a la de las hembras, con menos masa magra —principalmente músculos y otros tejidos no grasos— y una acumulación de grasa que continuaba durante etapas avanzadas de la vida.

Estos resultados permiten distinguir dos conceptos fundamentales:

✅ Longevidad o duración de la vida (lifespan): cuánto tiempo vive un individuo.

✅ Esperanza de vida saludable (healthspan): cuánto tiempo vive conservando una buena salud y unas capacidades funcionales adecuadas.

Una intervención puede aumentar la supervivencia sin impedir el deterioro muscular, la fragilidad o la aparición de otras manifestaciones del envejecimiento.

Por eso, uno de los siguientes objetivos del equipo consiste en estudiar los tejidos de los animales fallecidos y determinar sus causas de muerte. Solo así podrán comprender qué enfermedades o procesos biológicos se han visto modificados por la intervención.

¿Es la testosterona la hormona que acorta la vida?

La testosterona aparece inevitablemente entre las principales sospechosas. Los testículos producen más del 90 % de esta hormona sexual masculina, fundamental para la reproducción, el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, el mantenimiento de la musculatura, la densidad ósea y diferentes procesos metabólicos.

Cuando se extirpan ambas gónadas masculinas, la producción de testosterona disminuye drásticamente. Pero eso no significa que la hormona sea necesariamente la responsable de los cambios en la supervivencia.

El estudio no demuestra que la testosterona acorte la vida ni que reducirla prolongue por sí mismo la longevidad.

La castración modifica numerosas funciones fisiológicas. Además de alterar las concentraciones hormonales, produce cambios en el metabolismo, la composición corporal y la regulación de diferentes tejidos.

Michael Garratt, biólogo evolutivo de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, y especialista en envejecimiento, subraya esta dificultad. «Cuando se castra a un macho, se producen muchísimos cambios», recuerda en declaraciones a Science.

Garratt, que no participó en el nuevo experimento, considera convincentes sus resultados: «Estoy convencido de que la castración en etapas tardías de la vida provoca un aumento sólido de la supervivencia».

Sin embargo, identificar el efecto no equivale a conocer su mecanismo. La testosterona podría participar directamente, actuar junto con otras sustancias o no ser el principal factor responsable.

Esta distinción es esencial, porque las hormonas sexuales desempeñan funciones beneficiosas para el organismo. Su reducción indiscriminada puede provocar pérdida de masa muscular y ósea, alteraciones sexuales, cambios metabólicos y otras consecuencias importantes.

Las hormonas sexuales masculinas, especialmente la testosterona, desempeñan funciones esenciales en el organismo, aunque los científicos investigan si también pueden influir en la longevidad.

Las hormonas sexuales masculinas, especialmente la testosterona, desempeñan funciones esenciales en el organismo, aunque los científicos investigan si también pueden influir en la longevidad. Foto: Pixabay

Qué sabemos sobre la castración y la longevidad en otras especies

La relación entre castración y supervivencia lleva décadas llamando la atención de los científicos.

En diciembre de 2025, un equipo internacional encabezado por Garratt publicó en la revista Nature una amplia investigación sobre esterilización, anticoncepción y esperanza de vida en vertebrados. Él y sus colegas analizaron información procedente de numerosas especies de mamíferos mantenidas en zoológicos y acuarios, junto con resultados de estudios anteriores sobre animales vertebrados.

La conclusión fue que determinadas intervenciones reproductivas se asociaban con una mayor supervivencia.

En los machos apareció un detalle especialmente revelador: la ventaja de longevidad estaba relacionada con la castración, pero no se observaba de la misma manera con la vasectomía.

La diferencia entre ambas intervenciones resulta fundamental.

La vasectomía impide que los espermatozoides lleguen al semen, pero mantiene la producción hormonal de los testículos. La castración elimina su función hormonal y reproductora.

Esto refuerza la sospecha de que la ventaja de supervivencia no procede simplemente de impedir la reproducción, sino de modificar determinados procesos fisiológicos relacionados con las gónadas.

Sin embargo, aquel trabajo encontró que, en los machos, los beneficios tendían a ser mayores cuando la castración se practicaba antes de la pubertad.

El nuevo experimento con ratones plantea una posibilidad diferente: en determinadas condiciones, la castración durante la vida adulta puede proporcionar una ventaja superior.

Los resultados no son necesariamente incompatibles. Podrían reflejar diferencias biológicas entre especies, distintas causas de mortalidad o efectos que dependen de la edad y del entorno.

¿Se ha observado algo parecido en seres humanos?

¿Y qué pasa con los seres humanos? Existen antecedentes históricos que apuntan a una posible relación entre la castración y una mayor longevidad masculina.

Uno de los más conocidos procede de un estudio publicado en 1969 en The Gerontologist por los investigadores James B. Hamilton y Gordon E. Mestler, del Departamento de Anatomía en la Universidad Estatal de Nueva York. Estos examinaron la supervivencia de hombres con discapacidad intelectual sometidos a castración involuntaria en una institución.

Los resultados sugerían que algunos de ellos podían vivir considerablemente más que los hombres no castrados. Sin embargo, se trata de observaciones históricas realizadas en circunstancias harto problemáticas desde el punto de vista ético.

Además, estos estudios presentan importantes limitaciones. Las diferencias en los cuidados médicos, las condiciones de vida y otros factores podrían haber influido en la supervivencia.

Por tanto, no existe evidencia clínica suficiente para afirmar que castrar a hombres adultos sanos aumente su esperanza de vida.

Historia y ciencia

Los eunucos de Corea y el misterio de la longevidad

¿Podía la castración prolongar la vida? Un estudio sobre los eunucos de una antigua dinastía coreana encontró una sorprendente diferencia de supervivencia que todavía despierta preguntas entre los científicos.

En 2012, investigadores surcoreanos analizaron los registros genealógicos de 81 eunucos que sirvieron en la corte de la dinastía Joseon (1392-1910). El estudio, publicado en la revista científica Current Biology, reveló que aquellos hombres castrados alcanzaron edades notablemente superiores a las de otros varones de posición social comparable.

70
años de vida media

Entre los eunucos estudiados

+14 a 19
años de diferencia

Frente a otros hombres comparados

3
centenarios

Alcanzaron los 100, 101 y 109 años

¿Cuál podría ser la explicación?

Los autores plantearon que la ausencia de hormonas sexuales masculinas podría influir en la longevidad. Esta hipótesis conecta con investigaciones actuales que estudian cómo las sustancias producidas por los testículos pueden modificar el riesgo de mortalidad a lo largo de la vida.

Una precaución importante: los resultados proceden de registros históricos cuya interpretación fue cuestionada posteriormente. Las diferencias en las condiciones de vida, la selección de los individuos y las limitaciones de los registros impiden demostrar que la castración fuera la causa directa de aquella mayor longevidad.

Fuente: Min y colaboradores, Current Biology (2012). Consultar el estudio científico original .

Pintura mural de una antigua tumba china que representa a un grupo de eunucos. La posible relación entre castración y longevidad sigue intrigando a los científicos.

Pintura mural de una antigua tumba china que representa a un grupo de eunucos. La posible relación entre castración y longevidad sigue intrigando a los científicos. Cortesía: Wikimedia Commons

Los «miméticos de la castración»: una posible vía para combatir el envejecimiento

La perspectiva más interesante de esta investigación no consiste en promover la extirpación de los testículos, sino en descubrir qué mecanismos biológicos explican sus efectos sobre la mortalidad.

Si los investigadores identifican las sustancias producidas por estas gónadas que contribuyen a aumentar el riesgo de muerte en determinadas edades, podrían intentar bloquear específicamente su actividad.

El objetivo sería desarrollar los llamados miméticos de la castración, tratamientos farmacológicos o de otro tipo capaces de reproducir los efectos beneficiosos de la extirpación testicular sobre la supervivencia sin necesidad de recurrir a una intervención quirúrgica.

En teoría, estos tratamientos permitirían conservar las funciones hormonales beneficiosas y actuar solo sobre los procesos responsables del aumento de mortalidad.

Ashley Webb, neurocientífica molecular del Instituto Buck de Investigación sobre el Envejecimiento, en Estados Unidos, considera que el trabajo constituye «un paso importante para comprender por qué existen diferencias entre los sexos en la esperanza de vida».

Webb, que tampoco participó en la investigación, destaca en Science la solidez del experimento y expresa su confianza en sus resultados.

Pero convertir el descubrimiento en un tratamiento exige superar numerosos obstáculos. Lo primero que habrá que hacer es confirmar los resultados en nuevos experimentos. Después será necesario identificar los factores moleculares responsables, conocer sus efectos sobre diferentes órganos y comprobar si los mecanismos se mantienen en otras especies.

Solo entonces podría plantearse la posibilidad de desarrollar y evaluar intervenciones destinadas a mejorar la longevidad humana.

Por ahora, no hay ningún tratamiento basado en este descubrimiento que haya demostrado aumentar la esperanza de vida de las personas.

George Christopher Williams (1926-2010), biólogo evolutivo estadounidense que formuló en 1957 la teoría de la pleiotropía antagonista, según la cual algunos mecanismos beneficiosos durante la juventud pueden resultar perjudiciales en la vejez.

George Christopher Williams (1926-2010), biólogo evolutivo estadounidense que formuló en 1957 la teoría de la pleiotropía antagonista, según la cual algunos mecanismos beneficiosos durante la juventud pueden resultar perjudiciales en la vejez. Cortesía: Michael Shavel

Una paradoja evolutiva: lo que nos beneficia de jóvenes podría perjudicarnos de mayores

El estudio también ofrece una perspectiva interesante desde la biología evolutiva. Los investigadores se preguntan por qué la evolución habría favorecido órganos o mecanismos que pueden contribuir a acortar la vida.

Una posible respuesta se encuentra en la teoría de la pleiotropía antagonista, propuesta por el biólogo evolutivo estadounidense George Christopher Williams en 1957. Esta teoría sostiene que determinados genes o procesos biológicos pueden proporcionar ventajas durante la juventud, especialmente si favorecen la reproducción, y provocar consecuencias perjudiciales en edades más avanzadas.

La selección natural puede favorecer esos mecanismos porque sus beneficios reproductivos aparecen temprano, aunque posteriormente contribuyan al deterioro del organismo.

La hipótesis encaja con la posibilidad planteada por los investigadores: los factores producidos por los testículos podrían mejorar la supervivencia en una etapa de la vida y perjudicarla más adelante.

No significa que este mecanismo evolutivo haya quedado demostrado en el experimento, pero proporciona un marco científico para interpretar sus resultados.

En el fondo, el descubrimiento recuerda que reproducción y longevidad no siempre persiguen los mismos objetivos biológicos.

La evolución favorece los mecanismos que aumentan el éxito reproductivo, pero estos no tienen por qué garantizar una vida excepcionalmente larga.

Si los resultados terminan confirmándose, los investigadores habrán encontrado algo más que una forma de prolongar la supervivencia de unos ratones de laboratorio.

Habrán identificado una pista para comprender por qué una función biológica esencial para la vida puede convertirse, con el paso de los años, en un factor que limite su duración.

Y esa paradoja podría conducir algún día a una nueva generación de tratamientos contra determinados mecanismos del envejecimiento.▪️(2-noviembre-2026)

La ciencia responde

Castración y longevidad: seis preguntas para entender el sorprendente descubrimiento

¿Por qué algunos animales castrados viven más? ¿Es responsable la testosterona? ¿Podría ocurrir lo mismo en los seres humanos? Estas son las claves para comprender qué ha descubierto realmente la ciencia y qué interrogantes siguen abiertos.

01. ¿La castración alarga la vida?

Diversos estudios con animales han encontrado una asociación entre castración y mayor longevidad. Un experimento de 2026 con ratones UM-HET3 observó un aumento de hasta el 32,9 % en la supervivencia mediana de los machos castrados durante la edad adulta. No se ha demostrado que el mismo efecto ocurra en hombres sanos.

02. ¿Por qué los ratones castrados adultos vivieron más que los castrados jóvenes?

Los investigadores proponen que las hormonas y otras sustancias producidas por los testículos podrían favorecer la supervivencia durante la juventud y aumentar el riesgo de mortalidad posteriormente. Esta explicación todavía es una hipótesis: los científicos no han identificado los mecanismos biológicos responsables.

03. ¿La testosterona reduce la esperanza de vida masculina?

No está demostrado. Aunque la castración reduce drásticamente la producción de testosterona, también modifica numerosos procesos metabólicos y hormonales. El estudio no permite determinar si esta hormona explica el aumento de supervivencia observado en los ratones.

04. ¿Es lo mismo la castración que la vasectomía?

No. La castración bilateral consiste en extirpar ambos testículos, lo que elimina la producción de espermatozoides y reduce considerablemente la testosterona. La vasectomía bloquea el paso de los espermatozoides, pero conserva los testículos y su función hormonal.

05. ¿Qué son los miméticos de la castración?

Son posibles tratamientos futuros destinados a reproducir determinados efectos beneficiosos de la castración sobre la supervivencia sin necesidad de extirpar los testículos. Para desarrollarlos, primero será necesario descubrir qué mecanismos moleculares explican el fenómeno. Por ahora, constituyen una posibilidad de investigación, no una terapia antienvejecimiento demostrada.

06. ¿Podría aplicarse este descubrimiento a los seres humanos?

Todavía es demasiado pronto. Los resultados proceden de ratones y el mecanismo responsable continúa siendo desconocido. Serán necesarias nuevas investigaciones para determinar si existe alguna aplicación médica segura y eficaz. No hay evidencia suficiente para recomendar la castración de hombres sanos como estrategia para prolongar la vida.

La gran paradoja: el estudio sugiere que los testículos podrían desempeñar funciones opuestas a lo largo de la vida: beneficiosas durante la juventud y perjudiciales en edades posteriores. Descubrir por qué ocurre podría abrir nuevas vías para investigar el envejecimiento.

Fuente científica: Maeyens y colaboradores, bioRxiv (2026). Consultar la investigación original . Estudio experimental en ratones, pendiente de revisión por pares.

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